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miércoles, 26 de abril de 2023

Sigüenza, una larga historia


Una histotria de Sigüenza, pero en un forma hasta ahora inédito, que sorprende y capta: en forma de cómic, o de historia narrada a lo largo de cientos de viñetas que muestran en dibujos nítidos los acenteceres variados de esa historia multisecular.

La idea surgió de la Editorial La Plazuela, de Sigüenza, y fue madurándose a través de la documentación histórica aportada por Pedro Olea Álvarez. Durante bastante tiempo, porque esta es tarea de largo desarrollo, se juntaron los esfuerzos de Carlos Amo Usanos y Pedro A. Olea Álvarez para diseñar una historia que en breves retazos sucesivos diera con veracidad el relato del devenir de esta ciudad castellana. A ellos se añadieron, en tarea complementaria pero imprescindible, los artistas catalanes Isidre Monés Pons, que se encargó de los dibujos, y Marta Cera a cuyo cargo vinieron los colores. Todo ello conforma una publicación excelente, de 26 páginas, encuadernadas en formato folleto, que se forma con 78 viñetas, de las cuales 5 son planos que representan la evolución de la ciudad a través de los siglos, y al final se completa con dos esquemas que muestran la localización en Sigüenza de sus principales monumentos, y los pueblos del entorno.






Puede servir, y ojalá se haga durante los próximos años, para dar a conocer a los más pequeños la historia de Sigüenza. En la provincia de Guadalajara este folleto debería ser de uso obligado en todas las escuelas. Aunque también a los mayores les supondrá un estímulo para conocer más sobre la ciudad, y, sobre todo, para dar apoyos a la imaginación aunque se conozca ya su avatar entero. 

El diálogo entre un joven caballero juguetón, don Martín (¡sí, el Doncel de la capilla de San Juan, vivo y alegre!) y su infantil compañero de correrías por las páginas de su historia, Vicentín, unidos en trío con un leoncete (Leo) que se ha escapado de los pies del sepulcro, supone una divertida y vibrante sucesión de escenas, coloridas y magistralmente dibujadas, con los edificios seguntinos en primer plano. Realmente es una publicación original, divertida, útil, y, sobre todo, muy bien hecha. Un aplauso a todos sus autores, y en especial a ese genio del dibujo que es Isidre Monés.

 

A.    H. C.



Homenaje de Monés Pons a la reconstruida ermita de Santa Librada


sábado, 24 de junio de 2017

Sigüenza, una vez más, protagonista

MARTÍNEZ TABOADA, Míriam, El misterio de la llave de oro, Toledo, La Autora / Ed. Cuarto Centenario, julio 2016, 119 pp. (Ilustraciones de Isidre Monés Pons) [ISBN: 978-84-945579-5-8].
Desde nuestro punto de vista, el libro que comentamos -dedicado a Juan Antonio, in memoriam, y a Pilar, Cronistas Oficiales de Sigüenza-, puede analizarse a través de dos puntos de vista fundamentales: por una parte su tamaño (22 x 21 cm.), que hace que se preste al empleo de un buen tipo de letra y tamaño adecuado a su lectura por personas de todas las edades (aunque al comienzo parece estar escrito para la grey infantil) y las maravillosas ilustraciones de Monés, realizadas con un gran amor hacia Sigüenza, -eso se nota a primera vista- y hacia la autora del cuento, si es que de esta forma puede ser denominado.
Viene, por lo tanto, a tratarse de una mezcla armónica de elementos diversos, como la historia seguntina, alguno de cuyos aspectos más sobresalientes de finales del siglo XV se analizan con motivo de las vísperas de la visita que llevarían a cabo los Reyes Católicos, así como de otras pinceladas referentes a su arte, especialmente representado por su propia catedral y el extraordinario púlpito de la Epístola, amén del coro encargado por el Gran Cardenal don Pedro González de Mendoza al tallista Rodrigo Alemán, a los que hay que añadir, sin lugar a dudas, esas otras manifestaciones que dan idea del vivir local, de las gentes que entonces poblaban Sigüenza, sus trabajos y ocupaciones, etcétera, que por doquier se dejan ver a lo largo de las casi ciento veinte páginas que lo conforman.
El lector, como decimos, va a encontrarse con un cuento como motivo principal, como eje de una historia que le irá atrayendo poco a poco y que, a lo través de su desarrollo, atractivamente misterioso, le irá conduciendo por la Sigüenza Medieval hasta la del Renacimiento (a la espera de que la plaza fuese terminada), totalmente amurallada, como en una especie de viaje en el que nada se deja por ver.
La historia es sencilla y se sitúa en los prolegómenos de un viaje programado por Isabel y Fernando, los Reyes Católicos, a Sigüenza. Un viaje sabido de antemano para que diese suficiente tiempo como para acicalar convenientemente la ciudad mitrada, como así se puso de manifiesto el día 5 de noviembre de 1487, en que los reyes, entre vítores y aplausos, hicieron su entrada atravesando la puerta de Guadalajara, a la que entonces se llegada siguiendo el camino de la Vega, para una vez en el interior de la ciudad, ascender hasta la catedral, oír misa y agradecer al Señor el haber tenido un viaje, aunque cansado, sin contratiempos ni peligros, y subir después hasta el castillo-fortaleza en compañía del Gran Mendoza, Obispo y Señor de la Ciudad, en busca de un merecido descanso.
Tras una estancia breve, el rey Fernando parte nuevamente de viaje, aunque en esta ocasión su destino es Zaragoza. Mientras, la reina Isabel permanece en Sigüenza, momento oportuno en que el Cardenal, aportando sus peculios particulares, solicita de Alemán la talla de la sillería y del  púlpito arriba mencionado, que debía realizar en madera y con los escudos mendocinos entre las figuras de Santa Elena -como descubridora de la cruz en que clavaron a Cristo-, San Jorge alanceando al dragón -o sea, la representación medieval de la lucha entre el Bien, siempre vencedor, y el Mal- y Santa María “in Navicella”, al parecer, títulos del eclesiástico anfitrión.
Y si la historia es, más o menos, la hasta aquí mencionada, el cuento tiene como protagonistas a dos niños: Crispín y Martín, que son los que viven y conviven en directo con las gentes de la Sigüenza del momento, con judíos, moros y cristianos, eclesiásticos al servicio de la catedral, canteros y forjarios que en ella realizan sus trabajos cotidianos, médicos, albéitares, carniceros, albañiles y estudiantes pícaros y tabernarios, toda esa gente y mucha más, que participa “arrimando su hombro”, al engrandecimiento de una ciudad en constante cambio y evolución.
Todo ello, cuando aún se mantenía fresco entre los seguntinos el recuerdo, -ya que tan solo había transcurrido un año-, de la muerte -en la Acequía “Gorda” de Granada-, del tantas veces llorado don Martín Vázquez de Arce, “el Doncel”, mientras intentaba ayudar a su señor natural, el duque del Infantado.
Algo que, como profesora y seguntina, ambas cosas a la vez, según señala el Cronista Dr. Herrera Casado, no debía dejar pasar por alto su autora, Miriam Martínez, y recuerdo, a un mismo tiempo, que nos indica la dificultad existente a la hora de realizar una separación entre la Historia real que en el libro se recoge y el cuento, es decir, el mundo ideal que éste representa, porque, a todo lo hasta ahora visto y disfrutado, habría que añadir unas bellísimas descripciones del tramado urbano de la Ciudad, aspecto, tal vez, que se deba a la “participación” de Pilar, hermana de la autora, como autora de la “Introducción” del libro y cuya tesis doctoral trataba de este aspecto.
Algo que también incluye el libro son unos gráficos que ayudan al lector a situarse en el tiempo y en el espacio. Así, desde la fecha de la reconquista de Sigüenza se van datando los personajes que aparecen en el mismo. Un esquema cronológico que abarca desde 1124 hasta 1492. Sigue un plano de la Sigüenza de la época en el que figuran señalados los más importantes elementos urbanísticos: las puertas del Hierro, del Arquillo, del Portal Mayor, de la Cañadilla, del Portalejo, de los Perdones y la posible ubicación de las de Molina y de la Salida, las murallas de los siglos XII, XII-XIII y XIV, el Portillo, el Cubo del Peso, las iglesias de San Vicente y Santiago, la Catedral y el Castillo y la Casa de los Vázquez de Arce. Un glosario, diversas notas: histórica:
“Provenientes de Córdoba, los Reyes Católicos pasaron por Baides y llegaron a Sigüenza el 5 de noviembre de 1487. El día 7 se separaron los monarcas y Fernando el Católico, por Fuencaliente, Medinaceli, Arcos, Huerta, Monreal y Ariza, viaja a Zaragoza donde llega el 9 de noviembre. La reina por su parte permaneció en Sigüenza hasta el 14 de noviembre en que hizo el mismo recorrido que su esposo, llegando a Calatayud el día 15. En Sigüenza la reina celebró Consejo Real los días y, 9 y 10 de noviembre de 1487.”
[Rumeu de Armas, A.: Itinerario de los Reyes Católicos 1474-1516, Madrid, p. 155. Citado por D. Pedro Olea Álvarez en su opúsculo El Rey en Sigüenza. Visitas reales a su obispado desde Alfonso VI a Felipe II, Ediciones de Librería Rayuela, Sigüenza, 1999],
gráfica: sobre Carlos Aragón Menéndez y su técnica de diseño e ilustrativa, acerca de Isidre Monés Pons y la suya de dibujo, más una dedicatoria a su hermana Pilar y una serie de “Agradecimientos” completan en texto.
En fin, un hermoso libro de fácil y amena lectura, recomendable fundamentalmente a cuantas adultos deseen conocer los entresijos de la Sigüenza de finales del siglo XV. Un libro para disfrutar de su contenido y para fijar la pupila en sus ilustraciones.
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martes, 15 de noviembre de 2016

El misterio de la llave de oro

Martíez Taboada, Miriam: “El misterio de la llave de oro”. Editorial Cuarto Centenario. Madrid, 2016.  120 páginas. Ilustraciones a color, de Isidre Monés Pons. Introducción de María Pilar Martínez Taboada. Tamaño 22 x 21 cms. ISBN 978-84-945579-5-8

Como la propia autora dijo en su presentación, en Guadalajara, en octubre de 2016, “este libro es una obra de arte” porque así ella quiso conseguir que fuera su edición, y porque su contenido le avalora en ese mismo sentido. Se trata de una pieza maravillosa de la bibliografía, editado con el esmero que ahora ya muy pocas veces se ve en los libros. Ello incita a su lectura, a acariciarlo, a pasar sin prisa las hojas y disfrutar con los dibujos a color de Monés, ese artista catalán que vence cualquier quimera que se le ponga por delante. La autora del texto, profesora, y seguntina, ejerce de ambas cosas en esta libro. Y el conjunto (que recuerda a Juan Antonio Martínez Gómez-Gordo, el ilustre cronista seguntino, su padre) es un valor seguro que se adentra en la biblioteca de quienes pueden sin duda sentirse orgullosos de poseerlo. Porque nunca se desprenderán de él. Y porque –y esto lo seguro porque ya lo he leído- el libro se mete en el corazón, y lo llena de asombro y gozo.

Se trata de un relato con intenciones infantiles, pero termina siendo un libro de universal utilidad: una narración de un momento y de un lugar. Se desarrolla en la Sigüenza del otoño de 1487. Es el momento en que los Reyes Católicos, acompañados de su canciller don Pedro González de Mendoza, que además es obispo de Sigüenza, llegan a la ciudad, camino de Zaragoza. Fernando sigue, dos días después de su llegada. Isabel permanece bastante más tiempo. Y el Cardenal aprovecha la visita para supervisar y generar nuevos adelantos urbanísticos, nuevos proyectos artísticos en la Catedral de Santa María.

Es también el año siguiente a la muerte, en la vega de Granada, en el mes de julio, de Martín Vázquez de Arce, “el Doncel de Sigüenza”. Cuando todos lloran aún la salida de este mundo de aquel malogrado joven, a quien tanto querían.

En esas aparecen los protagonistas, que son dos muchachos, Crispín y Martín, rodeados de su familia, de sus perros y gatos, de sus vecinos moros, judíos y eclesiásticos, de bachilleres y canteros, de canónigos y escultores, de herreros y físicos… la sociedad entera de esa Sigüenza que despide a la Edad Media, cobra una vida singular, perfecta. El dinamismo de las descripciones y de las frases, la intención moralizadora y vivificante, el deseo de la fraternidad entre razas y religiones, la bondad última de las acciones de todos, conforma un mundo ideal pero posible. La autora hace además muchos retratos. No solo de personajes, sino de la ciudad, de sus murallas, cuestas y portillos. De los acontecimientos históricos y costumbristas. De los hechos reales.

El cuento narra en clave de imaginación desbordante, con un hilo de misterio que se eleva a razones culturales de peso, una fábula que bien pudiera ser verdad y no haber ocurrido. Todo casa al final, y todos sonríen, porque se lo merecen. La carrera literaria de Miriam Martínez Taboada está asegurada sobre el firme pilar de “El misterio de la Llave de Oro”, y ya quedamos sus lectores esperando una continuación, una similtud, o en cualquier caso otro libro tan estupendo, y tan bonito, como este.


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A.H.C.

miércoles, 25 de marzo de 2015

Sigüenza al fondo


Aunque concluida el 4 de marzo de 2014, martes de carnestolendas, La República Archipiélago de Ignacio de Sigüenza, editada por J. I. Costero, no habría podido ver la luz, por razones que no vienen al caso, hasta principios de 2015, coincidiendo así con el cuarto centenario de la publicación de la segunda parte de El Ingenioso Hidalgo.

Coincidencias aparte, su editor considera irrelevante el profundizar en más detalles sobre la autoría de dicha obra. Una obra que nace con vocación de ser, como lo fueron la mayoría de las obras en el medioevo, anónima. Por el contrario, sí que considera de interés resaltar la figura de Ignacio de Sigüenza, del “Bachiller” Ignacio de Sigüenza, para ser más precisos, quien, en la ficción,  habría sido expulsado por converso del Colegio de San Antonio de Portaceli de Sigüenza, y que, tal vez por ello, habría recibido también el encargo de Lucronio (verdadero protagonista de esta historia) de escribir un coloquio renacentista, con el que glosar las gloriosas gestas de los dos pícaros que venden su alma al demonio con tal de detentar el poder en una próspera República: La República Archipiélago.

Escrita a contracorriente de las modas literarias actuales, en un español tradicional, aderezado con giros y modismos, seguntinos y alcarreños, pero también con viejos refranes, aforismos y sentencias, La República Archipiélago no es solo el sueño fáustico de dos pícaros, como reza en su cubierta, es también, o al menos pretende serlo, un diálogo “lucianesco” (coloquio renacentista) sobre el poder político y quienes lo detentan, coloquio al que se ha dotado de una estructura dramática para hacer más amena su lectura y más fácilmente identificables, bajo el maquillaje y los trajes, a sus numerosos personajes (coro incluido); coloquio por otra parte en el que se lleva hasta sus últimas consecuencias, en clave de comedia, la metáfora política de la transformación geográfica de la Península en “Archipiélago”, expuesta por vez primera por Juan Goytisolo en sus Nuevas Cartas Marruecas, en el año 1979, recién estrenada la democracia.

Diálogo “lucianesco” o coloquio renacentista, con él se ha querido también rendir homenaje a Miguel de Cervantes -uno de los autores que más cultivó este género literario-, en especial con escenas como:De la Realidad (Acto III - Escena 3) contemplada, como no podía ser de otra forma, desde la perspectiva caballera de Clavileño el Alígero, o con La lección de anatomía (Acto III - Escena 6) del cuerpo de la República.

Por otro lado, sus 422 notas al pie de página, en su mayoría de fuentes primarias (grecolatinos, autores clásicos de la literatura española y universal, humanistas, historiadores, filósofos, políticos, etc.), además de familiarizar al lector con el contexto histórico y político de la imaginaria Península en la que supuestamente transcurre la acción dramática, hacen de La República Archipiélago una obra de teatro bastante insólita y cuando menos singular.


martes, 31 de enero de 2012

Memoria de Alfredo Juderías


Hace pocos días (fue en agosto de 2011) se ha celebrado en Sigüenza un merecido homenaje a la figura de un escritor de nuestra tierra que en 2010 ha cumplido el centenario de su nacimiento. Se trata del molinés Alfredo Juderías, quien fue además de médico y estudioso de la obra de Marañón, fue un cumplido escritor y cantor de las excelencias históricas y monumentales de nuestra tierra.
Alfredo Juderías nació en Molina de Aragón, en 1910, y murió en Madrid, en 1991. Estudió en Madrid junto a las primeras figuras de la clínica y la cirugía española en los años de la República. Intimó con Gregorio Marañón, de quien fue discípulo, amigo y compañero, hasta el punto de que cuando el profesor de Medicina Interna murió, Alfredo Juderías se encargó de ser el editor de sus “Obras Completas”, entre las que se cuenta un gran tomo conteniendo todos los prólogos que escribiera en su vida el médico madrileño.
Juderías siguió la especialidad de la Otorrinolaringología, que practicó en el Hospital “La Paz” de Madrid y en diversas clínicas particulares. Además de algunos temas profesionales, Juderías escribió muchos libros de dietética, y algunos de gastronomía, entre ellos el “Cocina para pobres” que le ilustró Antonio Mingote, y que sigue hoy reeditándose, además de un cuaderno de recetas culinarias de origen judío.
El título que le dio a su libro máximo, por el que ha sido más conocido, vino heredado del que su amigo Marañón dedicó a Toledo, lugar en el que convocaba a toda aquella intelectualidad de la República a revitalizar la auténtica cultura hispánica. El “Elogio y Nostalgia de Toledo” de Gregorio Marañón fue padre adoptivo del recorrido literario por Sigüenza que escribió Juderías y dejó como texto básico, entrañable y delicioso sobre la Ciudad del Doncel.

lunes, 23 de enero de 2012

La obra clásica de Orueta



Muertos y bien muertos, en estatua

Es este un libro que todos los aficionados al arte español deberían tener (porque es un clásico) pero he de confesar que yo creo que a la mayoría de ellos les iba a decir muy poco. O muy poco nuevo. Porque la obra que planteó Orueta sobre la escultura funeraria en España, partió con las ínfulas noventayochistas de exaltar la gran cultura hispánica (reflejada en los rostros de los muertos, ahí es nada) pero al final se quedó en unos etéreos y literarios comentarios acerca de las impresiones estéticas que unas y otras figuras de venerables cadáveres le surgían al mirarlos.
Fue Ricardo de Orueta un vasco que anduvo por Madrid, muy culto y preparado, viajero incansable, y fotógrafo, en los inicios del siglo XX, que se planteó hacer una gran obra: nada menos que el gran Catálogo de los enterramientos artísticos antiguos. Y hacer de todos y cada uno de ellos un estudio pormenorizado, acerca del autor, la época, el personaje, el estilo, la novedad en su contexto, etc. Con esta intención se lanzó a la planicie castellana y empezó a recoger material. En 1923 tenía anotados y fotografiados todos los monumentos funerarios de las provincias de Guadalajara, Cuenca y Ciudad Real. Y con ellos se lanzó a su edición y apareció ese libro que aquí comentamos: “La escultura funeraria en España. Provincias de Ciudad Real, Cuenca y Guadalajara”. Seguí trabajando sobre todo lo de Toledo, inmenso arsenal que le llevó varios años, y había empezado con Madrid y con Segovia. En esto le llegó la muerte, violenta, en los primeros meses de la Guerra Civil.

domingo, 8 de mayo de 2011

Oportunidades de viaje por Guadalajara





La Ruta del Arcipreste de Hita: un camino vivo

El próximo miércoles 11 de mayo 2011, cuando se abre la Feria del Libro de Guadalajara, se va a presentar un nuevo libro que ofrece amplia y concienzuda la Ruta del Arcipreste de Hita. Fue hace años motivo de un Congreso Internacional, en el que salió resuelta esa ruta, pactada entre analistas del Arcipreste y estudiosos de su Libro de Buen Amor. Ahora su autor se ha atrevido a plasmarla en un libro, que ofrece la posibilidad de entenderla y realizarla en su integridad.

Un camino por tres provincias

Han sido varios los libros que se han escrito sobre el camino/los caminos por los que Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita, marcara su periplo vital. Unos caminos muy amplios porque van desde Toledo al Henares y desde Segovia a Talavera. Y aún más lejos. Este es un libro práctico, porque va al grano: marca un recorrido rápido, escueto, resuelto entre tres provincias: Madrid, Guadalajara y Segovia.
Parte el caminante de Alcalá, donde posiblemente naciera Juan Ruiz a principios del siglo XIV. Sigue Henares arriba, que es sitio que le gusta, que conoce, del que habla por boca de dos ratones (el mur de Guadalajara y el mur de Monferrado) y sigue hasta Hita pasando por el monasterio de Sopetrán, habiendo cruzado, lógicamente, el río Henares por el vado o la barca de Heras.
De allí se va de nuevo al río, y empieza a buscar la Sierra, primero por Cogolludo, por Arbancón después, por Tamajón y baja al Jarama, donde lo encuentra en otro Vado, en Santa María del Vado, a cuya advocación dedica unos versos.
Bordeando el Jarama se llega hasta Uceda, y Torrelaguna, donde emprende la marcha hacia la Sierra. Brava decisión, en su tiempo, cuando no había más que lobos por las espesuras, y no tanto chalet como hay hoy. Allí está en Lozoya, en Riofrío, y posiblemente toma vitaminas espirituales en la Cartuja del Paular. Porque desde allí asciende a la cumbre, donde le azota la cara el granizo y la ventisca, del Malagosto. Los encuentros con las serranas son conocidos de todos. Menudas aventuras se marca con ellas… al final baja hacia la meseta y llega a Sotosalbos. Un lugar, como el cercano Valdevacas, donde el Arcipreste se encuentra feliz.
De allí se allega, andando, hasta Segovia, donde ve el edificio misterioso, sorprendente, del acueducto, al que él denomina “serpiente groya”, el extraño animal articulado y hecho de piedra. Y se estira entre pueblos, vaquerías y amigos que le escuchan su cantar en las plazas. Por las tierras de Segovia es por donde el Arcipreste allega mayor caudal de oyentes. Luego, con prisas, quiere volver a su punto de partida. Y con él rematamos la Ruta, que sube de nuevo la Sierra por la Tablada, (hoy en las “Peñas del Arcipreste” junto al alto del León han tallado una roca con sus versos y han guardado un ejemplar de su libro en una celda fría) y baja a Manzanares, por el Boalo, hasta llegar a Talamanca, y volver junto al Jarama hasta Alcalá, su patria segura. Para seguir dando vueltas, eternamente, por el Henares, por el Lozoya, por el Jarama…

Otros viajes extraordinarios

Para los numerosos ruteros y gentes que deciden conocer palmo a palmo la provincia de Guadalajara, siguen a esta Ruta una serie de 30 propuestas de viaje que se muestran, con algunas fotos, y pequeños planos, para orientar a los nuevos ruteros a descubrir detalles minúsculos, como escondidos y silenciosos, del rico acervo patrimonial, legendario y sonoro de nuestra tierra. Son “treinta viajes extraordinarios” en los que surgen visitas de un día a las tres Cendejas (la de la Torre, la del Padrastro, la de En Medio…), a la ermita de Montesinos en Cobeta, o a la Peña Escrita de Canales, con sus efluvios radiantes, de esos que quemaban los carretes de fotos.
Conduce este libro al lector por las curvas que suben desde el Tajuña a Valfermoso para ver el aljibe moro de su castillo. O les lleva hasta la sorpresa de los capiteles románicos de Sauca, a ver los puentes de piedra sobre el Tajo, o a descubrir, de un vistazo, la fiesta única y colorista de La Caballada de Atienza.
Siguiendo los caminos de la Campiña, de la Alcarria, de la Sierra y del Señorío, hay ofertas para todos los gustos, (a pie y en automóvil) por esos cuatro ámbitos. Por el primero, son los castillos del Henares y la sorpresa de las botargas las que nos sacuden del sueño. Por el segundo tramo, en la Alcarria, va apareciendo el claustro de Lupiana, la ciudad visigótica de Recópolis o el alegre bullangueo de Durón. Por el tercero, la pura sierra, el lector tiene la ocasión de descubrir la Ciudad Encantada de Tamajón, todo un espectáculo que aún está por descubrir/describir, más la alegría urbanística de Valverde en plena Arquitectura Negra, y la nieve que cae mansa sobre Galve. En el último de los trayectos, por el Señorío de Molina, se tiene la posibilidad de visitar su riqueza románica, dar un paseo por la Sierra de Caldereros, o amenizar la tarde apuntando y fotografiando escudos, portaladas y solemnidades entre las Casas Grandes de Milmarcos.

El libro del Arcipreste

Esta “Ruta del Arcipreste y otros Viajes Extraordinarios” está ya en las librerías, en un libro de 180 páginas, con muchas fotografías y planos, algunos en color, dentro de la Colección “Tierra de Guadalajara” que va ya, con este, por el número 80. En esta ocasión se ofrecen al lector un buen puñado de rutas con elementos sorpresa, y otros conocidos, que dan las claves de un conocimiento en profundidad de Guadalajara. Su precio es de 12 Euros, y se puede solicitar también por Internet en esta direccion: www.aache.com/tierra/tierra80.htm.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Una bibliografía con gracia. Sobre Sigüenza




La mesnada del Doncel


Mi buen amigo don Felipe-Gil Peces y Rata, canónigo y sabedor de todas las historias de Sigüenza (aunque él sea de natural atencino) hoy me ha mandado un ejemplar de un libro singular, un libro que a pesar de haberle pasado todas las páginas, de haberme leído muchas de ellas, devorado más bien, todavía no acabo de creerme que sea cierto.
El libro está escrito (trabajado diría yo) por un escritor italiano que se ha enamorado de Sigüenza, Attilio Bislenghi. El cual ha escrito, tras muchos años de esfuerzo y búsqueda, “La mesnada del Doncel” tras cuyo título un tanto peliculero se esconde (lo dice en el subtítulo) nada más y nada menos que la Bibliografía Seguntina que va de 1533 a 2008. En él recoge 1.500 títulos, de más de 400 autores y de casi otras tantas materias. Clasificadas por el orden alfabético de los autores, y de cada uno de ellos sus escritos también ordenador por orden alfabético de sus títulos. Además de libros y artículos, trata de Revistas y Periódicos, de Programas de Fiestas, de lectios, novenas, cánticos y representaciones teatrales. Uno mira este libro, pasa páginas y páginas (no las numera, pero yo le calculo unas 250) y no baja de su alto asombro ante la magnitud de trabajo de este buen hombre.
El propio autor, Atilio Bislenghi, ha escrito un libro que probablemente merecería verse impreso. Porque reconoce que ahora lo tiene, mecanografiado solamente, y en ejemplar único, el Archivo Catedralicio de Sigüenza. Lo titula, en latín ciceroniano, “Iter Seguntinum” y es un viaje de descripción y admiración por Sigüenza escrito por Attilio y su compañero Roberto “con la máxima admiración por la Catedral, por el lugar y por la gente…” Sería muy de leer.
Pero la enjundia de este tomo, que nace ya con el marchamo de lo clásico, va de utilidad y memorias: porque todo lo que se pueda haber escrito sobre Sigüenza está ahí recogido, anotado, con título, autor, año, revista, editorial, archivo, etc. Entretenido (en los límites de lo que puede ser entretenido un listado de bibliografía) y sobre todo con comentarios certeros, sinceros, que nos dan la seguridad de que este autor se lo ha leído todo. Qué bárbaro (aunque sea latino). Una maravilla.

martes, 29 de junio de 2010

Guadalajara en la pluma de Eslava Galán




Para visitar España


Recién comprado, echo un vistazo al libro que Círculo de Lectores ha editado en primicia a Juan Eslava Galán “1000 sitios que ver en España al menos una vez en la vida”. Esta fórmula, probada ya por otras editoriales americanas, con los mil libros, mil películas, mil canciones, etc. que hay que tener consigo antes de morir, es de probada solvencia vendedora, y por eso Círculo la ha puesto en marcha en España de la mano de Juan Eslava, que es ahora uno de los escritores de mayores ventas, y que sin duda alguna sabe de qué habla, cuando lo hace sobre España, sus pueblos, sus gentes y su historia.
Sencillo y sin color, el libro es considerablemente voluminoso (834 páginas) y allí aparecen mil espacios, ciudades y fiestas que Eslava recomienda ir a ver al menos una vez. Y si se puede repetir, mejor. Si a cada unas de las 52 provincias le corresponderían, de media, unos 20 sitios, a Guadalajara solo le han correspondido 11. Qué le vamos a hacer, porque seguro que todos nosotros le habríamos añadido algún lugar más.
Son estos, concretamente, los lugares, los sitios, que Eslava Galán propone en su oferta milenaria: Guadalajara (al amor de la historia), Sigüenza (y el Doncel), Atienza (y su Caballada), (La monumental) Molina de Aragón, El Palacio Ducal (de la princesa de Éboli), La Cueva de los Casares, Una Ruta por los Pueblos Negros, (la ciudad visigoda de) Recópolis, (Arte Vanguardista en) Escariche, Brihuega (y la Alcarria), y el Santuario de la Virgen de la Hoz.
No están mal escogidos los sitios guadalajareños que Eslava propone visitar “al menos una vez en la vida”. Son breves las menciones, ocupan un total de ocho páginas y media. Y alguno de esos sitios parece como que no lo visitado, Por ejemplo, Molina de Aragón, a la que le asigna “el alcázar románico y el castillo con sus torres nominadas”. Para el Doncel tiene autoría: dice que “el maestro Juan” anduvo inspirado cuando talló esta estatua, por encargo de la reina Isabel (La Católica). Y en Pastrana la autoría del palacio se la entrega a la princesa de Éboli. Está muy bien que se haya acordado de ese lugar simpático que es Escariche cubierto de pinturas las paredes de sus casas, y trata muy bien y con cariño a Brihuega, a Atienza, y hasta a Torija, que la engarza en el capítulo briocense, o a los vaquillones de Villares, a los que saca a relucir con detenimiento hablando de la Loa del Santuario de la Virgen de la Hoz.
El resto del libro, interesante y entretenido. Es una guía un tanto informal, de picoteo, por toda España, sin fotos, pero con información breve y sobre todo vivida, y bien escrita. Un libro que regocija.