jueves, 12 de abril de 2018

Sigüenza y alrededores


Herrera Casado, A.; Monés Pons, I: “Sigüenza y alrededores”. Aache Ediciones. Guadalajara, 2018. Colección “Tierra de Guadalajara” nº 103. 136 páginas, numerosas ilustraciones a color. Tamaño 13,5 x 21 cms. ISBN 978-84-17022-57-0. PVP: 15 €.

Aumenta la serie de Tierra de Guadalajara con un precioso libro que es tanto literario como artístico. Se trata de una obra en la que los comentarios del cronista Herrera, en torno a edificios, ámbitos, personajes y lugares de Sigüenza y su comarca, se complementan uno a uno con otros tantos dibujos del artista Monés, perfilando en común una obra que tiene el interés de lo que se muestra escrito con la sorpresa de lo que a su lado aparece dibujado.
Aparte de un breve prólogo introductorio y explicativo, y de unas cuantas frases del dibujante explicando sus motivos, el libro está dividido en cinco partes, aunque sin solución de continuidad entre ellas, notándose el cambio solamente por el icono que encabeza cada texto.
Estas partes son las dedicadas a:

  1. Edificios románicos de Sigüenza y su entorno
  2. Castillos, el de Sigüenza y los de la comarca
  3. Acontecimientos históricos en Sigüenza
  4. Patrimonio monumental de la ciudad y aledaños
  5. Destellos de la naturaleza y la nostalgia

Entre los textos/dibujos, aparecen edificios tan notables como la propia catedral seguntina, sus campanas, su sacristía de las cabezas, o la escultura yacente del Doncel. Y entre los hechos históricos figuran la prision de doña Blanca reina de castilla en el alcázar, la llegada de los Reyes Católicos a la ciudad mitrada, y, especialmente, el tema de la visita de Miguel de Cervantes a Sigüenza visitando la escultura donceliana.
En cuanto a los castillos, están lo típicos, incluidas algunas pequeñas torres vigías de la zona; en el románico aparecen templos como el de Albendiego, el de Carabias, o las portadas de Santiago y San Vicente; enel patrimonio surgen fuentes, conventos y portalones de la muralla. Y, finalmente, en la Naturaleza, no se olvidan los autores de pasarse por La Cabrera, de entrar en el Pinar, de evocar la Plazuela de Hijes, y de llegarse a las ruinas de la fábrica de cerámicas de Alcuneza.
Isidre Monés, que está reconocido como uno de los más veteranos y polifacéticos artistas del dibujo en España, se crece ante la posibilidad de retratar a Sigüenza y alrededores en todas las perspectivas posibles. Usa para ello numerosas técnicas diferentes, como nos explica al inicio: grafito, aguada, pastel, acuarela, óleo, y varias más con las que consigue visiones inéditas de esta tierra impar.
Herrera Casado, por su parte, y alejado de erudiciones y notas, de interpretaciones y visiones de conjunto, se entretiene en esbozar lo esencial de cada tema, desde la caza del conejo en Campisábalos, a las romerías de Barbatona, o desde el Arco de Arrebatacapas de Atienza, al significado de las gárgolas de la catedral. Todo en pequeñas dosis (texto e imágenes) que así entretienen, asombran y, sobre todo, animan al lector a echarse al monte, a irse hacia Sigüenza, a recorrer sus calles, y visitar sus pueblos. Una tarea que, en nuestra opinión, consiguen perfecta.

miércoles, 11 de abril de 2018

Don Quejote Coné, un salvador de la humanidad, en nuestra provincia


Díaz González, Luis Miguel: “El ingenioso Quijote de nuestro siglo don Quejote Coné”. Aache Ediciones. Colección “Letras Mayúsculas” nº 45. Guadalajara, 2018. 288 páginas. Numerosas Ilustraciones. Prólogo de Pedro Villaverde Embid. ISBN 978-84-17022-56-3. PVP:: 18 €.

Genial, divertido, original, entretenido, con carga filosófica de trasfondo que invita a la reflexión sobre nosotros mismos y esta sociedad. Así es ‘Don Quejote Coné’, libro que cuenta las aventuras que vive Quintín Elvigoraco, el Quijote de nuestros tiempos, un hombre convertido en telespectador obsesivo gracias a la docena de televisiones de que dispone en casa, que considera que las personas, buenas por naturaleza, han recibido a través de la pequeña pantalla mensajes nocivos. Lo llama idiotización. Confuso y vacío, contempla, además, con estupor las redes sociales y se acerca a la filosofía zen, así como a  libros de la otra vida, a pensadores, poetas y místicos diferentes, sintiendo la obligación de salvar la humanidad. Lo hace, o al menos lo intenta, acompañado de Peloescombro, una especie de Sancho Panza, que lejos de ser un criado o escudero, es un hombre ilustrado, un tanto fuera de sus cabales, entrometido y chivato, con una personalidad que contrasta y choca con la suya. 

El texto, una particular forma de rendir homenaje a la obra culmen de la literatura universal, comparte la esencia del caballero aventurero, noble e idealista, que ve el mundo con ojos distintos a los de los demás y quiere transformarlo según su interpretación. Si el Quijote se había vuelto loco leyendo libros de aventuras y distorsionaba la realidad, don Quejote se presenta como el cuerdo, eso sí excéntrico, para cambiar una sociedad enloquecida o trastornada por esa carga de información venenosa recibida. Se trata de abrir los ojos a la humanidad. Dulcinea, recurso retórico que utiliza Miguel de Cervantes, es sustituido por una antigua amante, Carlota, y una desatenta madre, Eufemia. Además Quintín cree en una pareja de santos de nuestro tiempo, sus Eremitas de Henarejos, y admira a Cirigallote, un personaje poco diplomático, crudamente espontáneo y de palabra sincera y osada. 

Un rasgo a tener en cuenta en la personalidad de Don Quejote es su capacidad de dudar y la volubilidad. A lo largo del libro le veremos presentarse como un batallador de ánimo irrefrenable, pero también como un luchador agotado a las fuerzas de la vida y un místico envuelto en una ternura imposible. 

El protagonista, Quijote en un escenario muy distinto al que describió Miguel de Cervantes, vive en la provincia de Guadalajara su particular periplo. Así le vemos enfrentarse a la burocracia para constituir una asociación benéfica del espíritu, a la que llama ‘Quejemos’, y posteriormente en trifulca con unos gitanos que terminan siendo sus amigos, con los que comparte una boda multirracial y  llegan a curarle de la paliza recibida a manos del guardaespaldas de un alcalde corrupto al que se enfrenta, el de un pueblo de cuyo nombre no queremos acordarnos. Después de convalecer en Sigüenza aún le quedan ánimos para conspirar con los opositores de este cacique, ya junto a su compañero Peloescombro, siendo ambos ‘molidos’ a palos. Repuestos, recalan en Almiruete, donde recibidos con mil amores por su alcalde pedáneo, el Trovador Astérix, participan en la Fiesta de Laudeo, cuyo fin es rendir honores a varias Damas de Honra. 

También pasan por Zarzuela de Galve, siendo testigos de la hermosa historia de amor de dos ancianos y llegan a un bosque de encinas en Iriépal en el que un grupo de aficionados radicales al fútbol les deja medio muertos tras importunarles don Quejote con sus enseñanzas, especialmente al hijo de uno de ellos al que aterroriza con la leyenda de Bartolo el Largo. Son rescatados por un lugareño gracias a cuya ayuda acaban siendo trasladados alHospital General Universitario. Aquí conocen a un hombre misterioso que tiene mucho que ver con su buen amigo el Trovador de Astérix, primer edil de Almiruete. En el centro hospitalario viven la experiencia de los internos del pabellón de psiquiatría. 

En el Hospital finaliza este I Volumen cuando nuestro ingenioso y peculiar don Quejote recibe su alta médica y se marcha a Madrid sin la compañía de su consorte Peloescombro tras romper relaciones. Esperemos en próximos capítulos el reencuentro de ambos personajes para seguir riéndonos de sus viajes e historias llenas de humor y situaciones hilarantes. 

Nos queda invitar a los lectores a  pasarlo bien leyendo esta brillante publicación, pedir a su autor, Luis Miguel, un enamorado de la literatura, autor de varias novelas, que complete los cuatro volúmenes proyectados, y, evidentemente, agradecerle el haber elegido Nueva Alcarria como periódico para publicar por capítulos esta historia desarrollada en nuestra provincia. Es un placer contar con su firma en nuestra nómina de colaboradores como no menos lo constituye el haber escrito estas líneas de preámbulo. La edición, a cargo de nuestro común amigo Antonio Herrera Casado, y las ilustraciones, dibujos espectaculares de una serie de artistas, hacen más atractivo aún el ejemplar que tenemos entre las manos y al que auguramos muchos éxitos.

Pedro Villaverde Embid
Director adjunto de Nueva Alcarria 

lunes, 9 de abril de 2018

López de los Mozos: etnólogo, historiador, bibliógrafo, bibliófilo y poeta


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José Ramón López de los Mozos
(1951 - 2018)
A los quince días de la calenda del tercer mes del año, al cumplirse las ocho jornadas de la nona de esta mensualidad dedicada por los romanos a Marte, su dios de la guerra, y justo en la fecha de los renombrados idus de marzo, teórico tiempo de buenos augurios que no se han cumplido en esta ocasión, el etnólogo, historiador, bibliógrafo, bibliófilo, poeta y muchas cosas más que han de quedar en el tintero por economía de espacio, José Ramón López de los Mozos, falleció en Madrid, a la edad de 67 años. Ha muerto cuando aún le quedaban muchos momentos de disfrute con su familia y amigos, entre los que me precio encontrarme, y todavía nos restaba a todos bastante tiempo para disfrutar de su bonhomía, pero, especialmente, de su gran sabiduría y talento. No es una norma general, pero sí una circunstancia que con frecuencia se repite, el hecho de que los mejores se vayan mucho tiempo antes de lo que sería previsible y deseable, en razón de la biología, aunque bien es cierto que, a todos los hombres, pero sobre todo a ellos, hay que medirles su paso por la vida por sus biografías. El gran Ortega y Gasset lo dejó muy bien pensado y dicho: “El hombre, más que biología, es biografía”.
Cuando escribo este “Guardilón” de abril, hace apenas unas horas que nos hemos despedido de José Ramón -con un hasta luego, un hasta siempre, pero jamás un adiós- y todavía tengo el alma encogida por su marcha porque ha sido tanta la huella e impronta que ha dejado en la cultura de Guadalajara, en general, y en mi propia biografía, en particular, que, aunque pase el tiempo y la distancia mitigue el dolor y enfríe los sentimientos, seguirá estando entre nosotros. A pesar de que suene a tópico de pésame aliviador de dolores de luto aún en carne viva, verdad es que nadie muere del todo mientras se le recuerda.
Con intención de reconocimiento y agradecimiento, pero con ánimo de contribuir a ampliar el conocimiento de su gran labor y propiciar su recuerdo escribo estas líneas en las que voy a intentar resumir los principales hitos de la importante y amplia obra que López de los Mozos nos ha dejado y de la que, por cierto, ha quedado singular huella en estas páginas de NUEVA ALCARRIA, periódico del que fue un destacado colaborador durante mucho tiempo, sobre todo dedicado a la difusión y crítica de libros. Precisamente, una de las grandes aportaciones que ha hecho a la cultura de Guadalajara fue su magnífico trabajo en el campo de la bibliografía pues era un bibliófilo empedernido. “José Ramón López de los Libros” le ha llamado, de forma ocurrente y expresiva, el prolífico escritor, Juan Pablo Mañueco, en esta hora de su despedida.
En el amplio campo bibliográfico, cuatro han sido las principales aportaciones de José Ramón: Su decisiva tarea para el nacimiento, puesta en marcha y consolidación de la Biblioteca de Investigadores de la Provincia de Guadalajara, que gestiona la Diputación Provincial, institución de la que fue funcionario entre 1979 y 2014; las relaciones bibliográficas de y sobre Guadalajara que periódicamente elaboraba y difundía en publicaciones especializadas; las numerosas críticas de libros, especialmente de temática y/o autores provinciales, que realizó, muchas de ellas publicadas en este periódico como ya ha quedado dicho, y, por supuesto, su propia y fecunda producción de libros, ensayos y artículos, fundamentalmente de materia etnológica, su gran especialidad. Una cifra rotunda evidencia su ingente tarea como investigador y escritor; en la base de datos de la propia Biblioteca de Investigadores que él tanto contribuyó a crear y consolidar, hay 213 referencias suyas. Sus primeros libros datan de 1976 y se titulaban “Miscelánea de folklore provincial de Guadalajara” y “Guadalajara y su folklore”, pero su obra más conocida y reeditada es “Fiestas tradicionales de Guadalajara”, cuya primera edición salió a la calle en 2000, si bien ya en 1986 había anticipado esta obra con otra titulada “Folklore tradicional de Guadalajara (Fiestas declaradas de interés turístico provincial)”. Cabe señalar que, precisamente fue él, como técnico del servicio de Cultura de la Diputación, quien realizó los informes para declarar la primera y más importante relación de fiestas de interés turístico de la provincia, contribuyendo así al conocimiento de todas, a la preservación de no pocas de ellas y hasta a la recuperación de algunas.
Aunque la etnografía fue su gran campo de acción -y la creación de los Cuadernos de Etnología de Guadalajara, probablemente, su gran aportación en este área, al tiempo que sus estudios sobre las botargas-, José Ramón también cultivó otros terrenos del conocimiento, especialmente la historia y el arte y, de manera muy señalada en los últimos tiempos, la toponimia, esa ciencia lingüística que, como afirmó el veterano académico de la RAE, Francisco Rodríguez Adrados, es fronteriza con otros campos como la historia, la política, la geografía, la topografía, la botánica y el resto de ciencias naturales. En el ámbito de los estudios toponímicos, José Ramón trabajó codo con codo con otro gran especialista guadalajareño, con raíces seguntinas en Riosalido, José Antonio Ranz Yubero. Numerosas fueron las obras firmadas conjuntamente por ambos, tanto referidas a toponimia mayor como menor. Otro campo de alta especialización en el que López de los Mozos destacó y llegó a ser todo un referente a nivel nacional, fue en el del estudio de las estelas discoideas, monumentos funerarios en piedra, formados por un disco y un pie que, clavados sobre la tumba, se erigían en recuerdo de un difunto y que, después, en numerosas ocasiones eran reutilizados e implementados en muros de edificios, generalmente iglesias.
De su importante labor como historiador queda también reflejo en bastantes publicaciones, especialmente en “Wad-al-Hayara”, la gran revista de estudios históricos de la Diputación Provincial, cuyo primer número data de 1974 y en el que, entre los seis pioneros artículos que se publicaron en él, ya hay precisamente uno suyo: “Datos curiosos para la historia de Lupiana”. José Ramón publicó habitualmente y con regularidad trabajos en esta prestigiosa revista, al tiempo que, hasta su jubilación profesional en 2014, fue coordinador del comité de redacción de los antes citados Cuadernos de Etnología de Guadalajara, desde su número “0”, que vio la luz en 1986. De esta publicación etnográfica acaba de presentarse el número 49, en formato digital dado el signo de los tiempos, reemplazando José Antonio Alonso a López de los Mozos en las tareas de coordinación.
Pero la labor de José Ramón en el amplio campo de la historia no se ciñó solo a su trabajo en “Wad al Hayara”, sino que dejó también su impronta en los Encuentros de Historiadores del Valle del Henares -en 2016 se celebró el XV-, de cuyo comité ejecutivo era secretario y representante en él de la Diputación de Guadalajara, entidad coorganizadora de los mismos junto con la Institución de Estudios Complutenses, de Alcalá, y el Centro de Estudios Seguntinos, de Sigüenza. López de los Mozos, por otra parte, fue “Cronista Oficial de Maranchón”, localidad molinesa a la que estaba muy vinculado y en la que tenía vivienda propia donde albergaba una parte importante de su amplia colección bibliográfica particular. Finalmente, en el momento de su fallecimiento, era presidente de la Asociación de Amigos del Museo de Guadalajara.
Fue tal el polifacetismo creador de José Ramón que no solo nos ha dejado un amplio y valioso legado en el campo del estudio, la investigación y la difusión, especialmente en los ámbitos de la etnología, la historia, el arte, la bibliografía y la toponimia, sino que también exploró otros caminos de expresión, como es el de la poesía, siendo uno de los miembros del recordado grupo literario alcarreño “Enjambre” y un habitual recitador en los “Versos a medianoche”, tanto en su versión original en Pastrana, como en la que en los últimos años se convoca mediado julio en Guadalajara a las puertas de la iglesia del Carmen.
No debo concluir este artículo, porque seguro que él me lo censuraría, sin hacer mención a su pertenencia a las dos cofradías más antiguas de la ciudad: la de los Apóstoles - de la que fue titular del rostro de San Bernabé al tiempo que secretario hasta su renuncia voluntaria por razones de salud, en junio de 2017, y cuyos hermanos portamos solemnemente a hombros su féretro en su funeral en San Ginés-, y la de la Soledad.
Con José Ramón se nos ha ido un hombre bueno, estudioso y sabio que ha contribuido, decisivamente, al estudio y conocimiento de numerosos aspectos de la provincia de Guadalajara, especialmente en los ámbitos reiteradamente ya señalados de la etnología, la historia y el arte, y cuya pasión bibliográfica y bibliofilia constituyen un impagable legado en sí mismas pues, como decía la canción de Aute y Munárriz, “todo está en los libros”. Y López de los Mozos nos ha ayudado a conocer y a querer más y mejor Guadalajara a través de ellos. Como bien dijo en su funeral el Vicario general de la Diócesis, Agustín Bugeda, José Ramón no ha muerto, reposa.

(La imagen de López de los Mozos que acompaña este texto la tomé yo mismo en el “ambigú” del Teatro Buero Vallejo en 2014, el día que sus compañeros del servicio de Cultura de la Diputación le dimos un homenaje con motivo de su jubilación)

Jesús OREA SÁNCHEZ
periodista y escritor



sábado, 7 de abril de 2018

La España de Cela

García Marquina, Francisco: “La España de Cela”. Aache Ediciones. Colección “Letras Mayúsculas” nº 47. Guadalajara, 2018. Páginas 262. Tamaño 13,5 x 21 cms. ISBN 978-84-17022-55-6. PVP: 15 €.

De nuevo nos ofrece García Marquina, el gran estudioso y conocedor de la vida y la obra de Camilo José Cela, unas cuantas reflexiones sobre el escritor gallego, de quien hace dos años, al cumplirse el centenario de su nacimiento, publicó (también en AACHE Ed.) su obra cumbre “Cela, retrato de un Nobel”.
Ahora, y ya en la tranquilidad de las relecturas, de los análisis objetivos, de las valoraciones desenfadadas, Marquina se enfrenta a un pequeño reto, impuesto por sí mismo: buscar la huella de España y los españoles en la obra de Cela. No ha sido difícil, porque toda ella está impregnada de esas premisas. Cela se siente español (antes que gallego) y se siente humano (antes que la crítica lo divinizase, en su día, cuando el Nobel). Hoy Cela está muerto, la españolidad es un plato vacío, y la crítica se ha olvidado casi al completo de él. Pero aún queda un devoto, un estudioso, un analista sin cansancio: Francisco García Marquina se acerca a la hondura de la obra literaria y cultural de C.J.Cela. Y nos dice lo que piensa de ella.

A lo largo de 76 entradas, a modo de breves análisis / artículos, Marquina nos ofrece aspectos claves de la visión que Cela tiene de España, y de su maquinaria literaria, en profundidad. Las iniciales versan sobre temas más conocidos, resúmenes de sus libros de viajes, análisis del “Viaje a la Alcarria”, la visión de Galicia, su sentido del vagabundeo, la sencillez de un libro, y el coleccionista de decires. Las otras van de aspectos más puntuales, pero todos desveladores del escribir celiano: costumbres perdidas, su idea de España, la República y la Guerra Civil en su obra, visión de la mujer, de los niños, de los minusválidos, de los prepotentes, de las autoridades y de las gentes marginales.


Esta obra que es enciclopedica sobre el sentir hispano de Cela, no tiene desperdicio. Al menos la variedad está asegurada, y el desgrane de frases, de anécdotas y de posturas está muy bien llevado. Hay un artículo que puede simbilizar perfectamente la intención de este libro de Marquina sobre la literatura celiana. Es el que que aparece en la página 93 y siguientes, “El arte de ver y contar” donde pudiera decirse que se resume la intencion del Nobel español, de hacer una literatura clara y sencilla, directa, utilizando para ello la más compleja carga de la artillería léxica. Ahora lo que importa es leer este nuevo libro de Marquina, un libro de ensayo literario, un libro que trata, fundamentalmente, de España y de sus gentes.

viernes, 16 de marzo de 2018

El patrimonio artístico de Pastrana durante la Guerra Civil


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Ranera Nadador, Juan Gabriel: “El patrimonio artístico de Pastrana durante la Guerra Civil. Destrucción, protección y recuperación”. Aache Ediciones. Guadalajara, 2018. Colección “Claves de Historia” nº 5. 192 páginas. Numerosas ilustraciones en B/N y color. ISBN 978-84-17022-53-2. P.V.P.: 20 €.

Esperado y necesario, este libro aporta un gran caudal de noticias acerca de la evolución de las piezas más señaladas del patrimonio artístico de la villa alcarreña de Pastrana (Guadalajara). Desde su gestación y creación, hasta su pérdida/desaparición/destrucción, el autor analiza el camino seguido por numerosas obras de arte, que van desde las piezas de orfebrería, a los altares y retablos; desde los grandes tapices flamencos de la Colegiata a las telas y pinturas.
El autor consigue aunar en este gran libro un metódico análisis de piezas artísticas con el relato de su devenir, que generalmente ha durado siglos. Examina las piezas por su destino inicial, esto es, los lugares en los que fueron colocadas cuando se crearon. Y así leemos lo que afecta a la Colegiata, al convento de San Francisco, al de las carmelitas de San José, al de los carmelitas de San Pedro, y a diversas y pequeñas ermitas de la villa y su término. Evidentemente, el mayor porcentaje de páginas lo ocupa la descripción y análisis de las obras de arte contenidas en la iglesia colegiata de la Asunción de Pastrana.
Y de todas ellas, quizás el capítulo con  más garra, y al que primero van a ir muchos lectores, es el dedicado a los Tapices flamencos, que en varias series pertenecen a la Colegiata y de cuyas singladuras podría sacarse una epopeya. Ranera no solo nos dice de su significado e importancia, de su origen y llegada al templo, sino también, y sobre todo, de lo que en torno a la Guerra Civil sucedió con ellos. La serie de tapices de la conquista de África fue sacada de la villa antes de la guerra, volviendo mucho después, no sin atravesar percances y problemas sin cuento.



Todo lo que nos dice el autor, está documentado y analizado con rigor. Acude a todas las fuentes posibles, y en historia local una de las fundamentales es la oral. Todavía hay gente en Pastrana que recuerda lo que pasó en aquellos difíciles días de la Guerra Civil, y de su testimonio echa mano Ranera, confirmándolo con cartas, relaciones, documentos y análisis fotográficos.
Uno de los valores añadidos de este libro es la carga gráfica que nos entrega, con muchísimas fotos, (unas, las más antiguas, en B/N) y otras en color, muchas captadas por la experta mano de Paul Maeyaert, uno de los mejores fotófragos europeos de obras de arte. El conjunto es perfecto, y el libro se constituye ya en bibliografía impescindible para conocer mejor a Pastrana.