domingo, 30 de abril de 2017

Crónica y Guía de la provincia de Guadalajara

Aparece en mayo de 2017 la tercera edición de esta obra, que es una referencia obligada para iniciarse en el conocimiento y estudios sobre Guadalajara.

El autor, Antonio Herrera Casado (Guadalajara, 1947) la comenzó a construir en 1978, un poco como acopio o base de datos personal, para tener todos los datos conocidos sobre las localidades de esta provincia. El trabajo fue intenso y permanente, allegando datos de los archivos, la bibliografía y los viajes del autor.

Tras varios años de trabajo, en 1983 quedó completada, y vio su primera edición, a cargo de la Diputación Provincial de Guadalajara. Pronto agotada, se hizo una segunda edición, apenas corregida, en 1988, esta vez a cargo de la Central de Trillo. Entre ambas ediciones se alcanzaron los 8.000 ejemplares de tirada, que han servido durante años como elemento inicial de cualquier estudio sobre los pueblos y las tierras de Guadalajara.

Agotada en el comercio la edición, el autor ha decidido sacar adelante una tercera entrega, una edición notablemente aumentada y totalmente corregida. Ahora en moderno formato digital, con su tamaño originario, de folio ampliado, y 1.200 páginas ilustradas a todo color. La edición, en formato PDF (Portable Document Format) grabado sobre soporte CD (Compact Disc), se incluye en un estuche plástico con carátula identificativa.

El libro presenta un prólogo de Camilo José Cela, una explicación del autor, y una amplia introducción sobre la historia, el arte y la naturaleza de la provincia de Guadalajara. Le siguen cuatro amplios espacios, referidos cada uno de ellos a las cuatro comarcas en que se divide la provincia: Campiña, Alcarria, Serranías y Señorío de Molina. En cada uno de esos espacios, y por orden alfabético, aparecen referidas las localidades que forman cada una de las comarcas, totalizando 460 referencias. Cada una lleva información acerca de su situación geográfica, evolución histórica, patrimonio monumental, costumbrismo y personajes.

El libro se completa con un índice general, un índice topográfico de localidades, un apéndice cartográfico con varias docenas de mapas relativos a España, Castilla, Guadalajara y algunos municipios, y finalmente unas Páginas Amarillas en las que se ofrecen de forma sucinta los principales datos de algunos temas monográficos como el estilo románico, la fauna y flora, la gastronomía, los museos, etc.

Esta edición, totalmente digitalizada, aporta un gran valor añadido, como es su estructura interactiva, que permite la consulta de cualquier población desde el índice topográfico, o bien acudir de inmediato a cualquiera de las comarcas, o partes fundamentales del libro, desde cualquier página en que se esté leyendo.


La “Crónica y guía de la provincia  de Guadalajara”, de Antonio Herrera Casado, es al fin un elemento de estudio y consulta imprescindible, ahora al alcance de todos. Editado en mayo de 2017, tiene 1.200 páginas en tamaño folio ampliado, un ISBN 978-84-17022-05-1, un Depósito Legal GU-50-2017, y un P.V.P. de 25 €.

sábado, 29 de abril de 2017

Sexto y último comentario al romancero del Cid

(LABRADOR HERRAIZ, José J. (coord.), HYSTORIA / DEL  MUY / NOBLE, Y VALEROSO / CABALLERO, EL CID / Ruy Diez de Biuar: / En Roman- / ces: En  lenguaje antiguo. / RECOPILADOS POR / Iuan de Escobar. / DIRIGIDA A DON / Rodrigo de Valençuela, Regi- / dor de la Ciudad de / Andujar. / EN LISBOA. / Impressa con licencia de la Sancta In- / quisicion: Por Antonio Aluarez. / Anno M.CCCCCCV., México, Frente de Afirmación Hispanista, A. C., 2017, 398 pp. José J. Labrador Herraiz (Preámbulo), Arthur Lee-Francis Askins (Prefacio y actualización bibliográfica) y Arthur Lee-Francis Askins (Introducción). [ISBN: 978-84-617-7060-1].

VI
De todas formas, el trabajo de Escobar, fue debidamente mejorado con otras listas de obras encontradas y de relativa fácil consulta, ya que, de la recién mencionada, se eliminan la edición de 1604 del Romancero general y la Segunda parte, de la Miguel de Madrigal, 1605, como fuentes, pero en la que en cambio se incluyen ciertos aumentos en la obra de Escobar sacados de Sepúlveda y otros más, que se han salvado y cuyos arreglos más interesantes se indican convenientemente, ya sean aumentativos o censorios.
Dada su extensión de las fuentes empleadas, simplemente las daremos a conocer en una lista escueta:
1. El Romancero de Lorenzo de Sepúlveda (hacia 1550, editado unas 13 veces entre 1550 y 1584)[1], y al que le fueron añadidos varios textos del libro Cuarenta Cantos de Alonso de Fuentes, por lo que se suele ramificar en tres familias o grupos claramente diferenciados, a pesar de contener textos comunes, por sus propios contenidos. Son los siguientes[2]:
a) Amberes, 1551; Amberes, s. a.; Amberes, 1566; Medina del Campo, 1576; y Amberes, 1580.
            b) Alcalá, 1563 (2); Medina del Campo, 1571; Alcalá, 1571; y Valladolid, 1580.
            c) Sevilla, 1584 (refundación a base de A y B).
De entre los que Escobar se sirvió de cuarenta y ocho romances del Cid.
2. La Rosa Española, de Juan de Timoneda[3].
3. El Romancero historiado, de Lucas Rodríguez[4].
4. El Romancero general, de 1600.
De donde resulta que, si la edición príncipe consta de sesenta textos cidianos que se consideran como fuente segura, en los treinta y seis que restan en la recopilación no ampliada, las fuentes son más problemáticas y quizás muchos de los empleados por Escobar fueran simplemente pliegos sueltos conocidos en el momento, dejando aparte algunas piezas manuscritas u orales.
De todos modos, de los treinta y seis textos mencionados, veinticuatro son completamente desconocidos, tanto en libros como en pliegos sueltos, antes de su publicación por Escobar, siendo posible documentar los otros doce como pliegos datados a finales del siglo XVI o primeros años del siguiente[5].
Las fuentes incluidas en esta sección son problemáticos, ya que asegurar que son los que conocía Escobar, daría idea de unos grandes conocimientos acerca de la imprenta y los impresores de los siglos XVI y XVII, finales y comienzo, respectivamente. Pero lo que sí destacan es la forma propia de cada una de las que pudo haber trabajado, así como las fechas y formas en que circulaban antes de su publicación y que, por otra parte, aclaran la edición aumentada del Romancero general, de 1604 y la Segunda parte, de Miguel de Madrigal, de 1605, según indicaba Menéndez Pidal.
En las cuatro partes nuevas del Romancero general de 1604, encontramos ocho poemas cidianos, de los que dos nada más, de la Oncena parte, (cuya publicación como libros parece datar de 1602/3), aparecen igualmente, según indica Askins, en Escobar: Hizo hacer al Rey Alfonso, con variables respecto al de Escobar, y el de En Valencia estaba el Cid, mucho más corto en el Romancero general y que, por ello, no es fuente del texto que comentamos.
En la Segunda parte, de Miguel de Mayoral, hay nueve textos cidianos, de los que  cuatro reaparecen en Escobar: Años hace Rey Alfonso; Si atendéis que de los brazos; Tengovos de replicar; y Si de mortales feridas. Los tres primeros desconocidos en libros y pliegos sueltos del XVI impresos antes en Madrigal, Escobar y otras versiones  parecidas.
Los tres figuran en el libro de Madrigal, quizás indicando con ello el que hubiesen sido aprovechados de una fuente anteriormente publicada.
El cuarto figuraba ya impreso hacia 1600 en un pliego, y así lo recogió Rodríguez-Moñino en su colección[6], y el texto de Madrigal, donde puede apreciarse también que entre la fecha de la tasa de su libro (11 de julio de 1605) y la de la primera aprobación del de Escobar (14 de septiembre del mismo año) median tan solo 65 días, poco tiempo como para llevar a cabo la preparación y distribución del primero y su utilización por el segundo, que, probablemente, entregó a la prensa con adelanto a la fecha de su aprobación.
Para finalizar señalaremos que, es el mismo prologuista e introductor, Dr. Arthur Lee-Francis Askins, quien estudia pormenorizadamente las peripecias hasta aquí vistas, así como los antecedentes bibliográficos del Romancero del Cid que en este interesante libro se ofrecen.
Ya vimos al comienzo el peligro de la ausencia de impresos antiguos y sus reimpresiones, por lo que lo que interesa especialmente es tratar de difundir el texto de su primera edición resultado, de la recopilación de romances sobre el máximo héroe nacional; libro, por otra parte, que recibió de la mayor parte de las antologías del Siglo de Oro el mayor número de reimpresiones y uno de los escasos que, por su gran arraigo popular pudo luchar contra los cambios poéticos, según la moda nacida en los primeros años del siglo XVII.
José Ramón López de los Mozos


[1] La bibliografía completa de las ediciones se encuentra en el estudio detenido de Don Antonio Rodríguez-Moñino: Lorenzo de Sepúlveda. Cancionero de Romances (Sevilla, 1584). Madrid 1967. El texto de la edición de 1551 puede ser consultado por la edición facsímil: Romances nueuamente sacados… (Anuers, M.D.L.I.), New York 1903. [Nota tomada de la Hystoria del Muy Noble, y valeroso vaballero, el Cid…].  
[2] Algunos de los romances del Cid aprovechados por Escobar de Sepúlveda habían visto la luz ya en las ediciones del famoso Cancionero de Romances, de Amberes, y las varias Silvas de entre 1550-1551. En todos los casos los textos de Escobar se ajustan a las lecturas de Sepúlveda, a pesar de sus modificaciones propias. Ver: Cancionero de Romances (Anvers, 1550). Edición, estudio, bibliografía e índices por Antonio Rodríguez-Moñino. Madrid, 1967. Silva de romances (Zaragoza, 1550-1551). Estudio, bibliografía e índices por Antonio Rodríguez-Moñino. Zaragoza 1970. [Nota tomada de la Hystoria del Muy Noble, y valeroso vaballero, el Cid…]. 
[3] Escobar se sirvió de 5 de los 18 textos.
[4] Escobar se sirvió de un solo texto, a pesar de tantos como incluyó Rodríguez sobre el Cerco de Zamora y otros cidianos. Síguese vn caso muy notable… Impresso con licencia en casa de Pedro Malo impresor de libros a la baxada de santa Eularia junto a la Seo. Ver: Antonio Rodríguez-Moñino: Diccionario bibliográfico de pliegos sueltos poéticos (Siglo XVI). Madrid 1970, núm. 1079.
[5] La mayor parte publicados en Valencia.
[6] Antonio Rodríguez-Moñino: Los pliegos poéticos… Morbecq, núm. XXVIII. El romance La que a nadie non perdona, que sacó Escobar con toda seguridad de un pliego suelto, aparece también en este pliego.

miércoles, 26 de abril de 2017

Marcas de cantero en el románico de Guadalajara

Rosa, G.; Sousa, M.J.: Catálogo de signos lapidarios y gliptografía. Provincia de Guadalajara. Tomo I: El monasterio de Santa María de Monsalud. Tomo II: La Serranía. Tomo III: La Campiña. Formato PDF grabado sobre CD, incluido en estuche de plástico con carátula informativa. P.V.P.: 10 €. Ejemplar.

El trabajo minucioso, profesional, incansable, de Gerardo Rosa y de M. J. Sousa, consistente en la búsqueda, dibujo, y análisis de todas y cada una de las marcas de cantero existentes en los edificios románicos de la provincia de Guadalajata, es algo que debería reconocerse algún día de forma pública, porque tan silenciosos van por la vida que casi  nadie se ha percatado de lo que hacen.
Y ello es que, a pesar de ese silencio, y esa humildad en la tarea, el trabajo es consistente e importante, porque consiste en acudir ante todos y cada uno de los edificios románicos, fundamentalmente iglesias y monasterios, y darles un completo vistazo, una a una, en sus piedras. Fotografiar y dibujar las marcas encontradas, sumarlas en una base de datos, y sacar conclusiones de sus formas, repeticiones, y coincidencias con otros edificios cercanos o distantes.
Esta tarea se ofrece en libros (digitales, a todo color, y plenos de imágenes) que hasta ahora han alcanzado tres circunscripciones. La primera, se ha dedicado exclusivamente a un solo edificio, el monasterio cisterciense de Monsalud, tanto la iglesia como las dependencias monacales. La segunda, mucho más amplia, ha venido a estudiar todos los edificios románicos de la Sierra Norte de Guadalajara; y la tercera, más reducida, con apenas media docena de edificios, se ha entretenido en el mismo estudio pero de los edificios románicos que aparecen en la Campiña del Henares.
El lector, que ha de serlo a través de un ordenador o medio de lectura digital, se encontrará en cada caso con una introducción histórica y descriptiva del arte románico en la zona, a cargo de la propia empresa editora de los libros, que es AACHE Ediciones de Guadalajara. Y luego aparecen las plantas y la descripción de todos los edificios, con la relación fotográfica en y en forma de tablas de todas las marcas encontradas.

El misterio en torno a estos elementos gráficos del Medievo sigue estando vivo, todavía. Nadie ha llegado a dar una teoría total, e irrebatible, que explique su existencia ¿Por qué se tallaban, de forma al parecer aleatoria, pero fija, esos signos lapidarios, esas marcas que parecen ser el sello de un artista, de una cuadrilla quizás, de un origen común? No se sabe con certeza. En cualquier caso, la tarea de Rosa y Sousa es doblemente de agradecer, porque a pesar de esa inconcreción general, ellos siguen en el único camino que en este momento cabe, y que es en el de la recogida paciente, exhaustiva, de los testigos gráficos de esta aventura extraña y sorprendente, la de las marcas de cantero en el románico de Guadalajara.

sábado, 22 de abril de 2017

El romancero del Cid, parte V

(LABRADOR HERRAIZ, José J. (coord.), HYSTORIA / DEL  MUY / NOBLE, Y VALEROSO / CABALLERO, EL CID / Ruy Diez de Biuar: / En Roman- / ces: En  lenguaje antiguo. / RECOPILADOS POR / Iuan de Escobar. / DIRIGIDA A DON / Rodrigo de Valençuela, Regi- / dor de la Ciudad de / Andujar. / EN LISBOA. / Impressa con licencia de la Sancta In- / quisicion: Por Antonio Aluarez. / Anno M.CCCCCCV., México, Frente de Afirmación Hispanista, A. C., 2017, 398 pp. José J. Labrador Herraiz (Preámbulo), Arthur Lee-Francis Askins (Prefacio y actualización bibliográfica) y Arthur Lee-Francis Askins (Introducción). [ISBN: 978-84-617-7060-1].
V
La serie de Alcalá continua este conjunto con el conocido e importante ROMANCERO E HISTORIA DEL MUY VALEROSO CABALLERO EL CID RUY DIAZ DE BIVAR, EN LENGUAJE ANTIGUO (editado por los herederos de Juan Gracián, a principios de 1612), o lo que es lo mismo, la segunda impresión española del romancero, abanderada de una serie posterior de ediciones que vio la luz en diversas localidades españolas y extranjeras y cuyos últimos estertores alcanzaron el año 1829.
Se trata de una edición en la que se sigue manteniendo la dedicatoria anterior, a Don Rodrigo, del soneto laudatorio a Don Juan Méndez y, los ciento dos romances, que indican su perdurabilidad y firmeza, como ya vimos que sucedía también con otras  ediciones de la presente serie y con otras como la de Córdoba, al tiempo que remiten a su personalidad individual, de modo que, al igual que con los libros de la serie cordobesa, no es menos importante centrarse y estudiar detenidamente las fuentes de la edición alcalaína, de 1612, toda vez que ambas proceden de lugares distintos.
La de Córdoba, vimos con Askins, había manejado las anteriores, pertenecientes a la Chronica del famoso caballero Cid…, pero no así la de Alcalá, que se sirvió de la edición de Lisboa de 1611, al imprimirse de nuevo su aprobación en la misma lengua portuguesa de Manuel Coelho y seguirla en algunas formas textuales, como puede apreciarse si la comparamos con la de 1605, además de habérsele añadido las tres opiniones siguientes:
A. Tassa. Yo Diego Gonçalez de Villaroel […] doy fee, que auiendose visto por los señores del vn libro intitulado Romancero, e Historia del Cid, tassaron cada pliego del dicho libro a tres maravedíes: y mandaron que a este precio se venda, y no a otro alguno: y para que se sepa se ponga esta tassa a principio de cada libro. Y para que dello conste […] y de pedimiento de Bartolomé de Selma, di esta fee, en Madrid a diez y seys de Diziembre de mil y seiscientos onze. Diego Gonçalez de Villaroel.
B. Vi este libro de Romances del Cid, y concuerda con su original. Dada en Alcala en 12 de Dizie(m)bre de seiscientos y onze años. El Maestro Sebastian del Lirio.
C. Licencia. […] a Bartolomé Selma impresor de libros, y vezino de la Ciudad de Cuenca, para q(ue) por esta vez pudiesse imprimir y ve(n)der [vn] libro titulado intitulado, la Historia del Cid que otras vezes ha sido impresso que va rubricado de mi rubrica […] y firmado […] con que después de impresso y antes q(ue) se venda, le trayga […] juntamente con el original para que se vea si la dicha impression esta conforme […] y que se trayga fee en publica forma […] y que el impresor que imprimiere el dicho libro, no imprima el principio y primer pliego del ni entregue mas de vn libro con el original al autor […] hasta q antes y primero el dicho libro esté corregido, y tassado […] y estando fecho, y no de otra manera, pueda imprimir el principio y primer pliego, en el qual seguidamente se ponga esta fee y la aprouacion de la tassa, y erratas […] en Madrid a tres de Setiembre de mil y seiscientos y onze años. Diego Gonzalez de Villaroel.
Donde, como queda a la vista, la tasa y la corrección corresponden al propio romancero, mientras que la licencia, algo imprecisa, deja ver, al igual que lo sucedido en Córdoba, su uso en otra edición de la Crónica, en prosa, financiada por el mismo Selma[1].
Por lo que se sabe de la impresión de Alcalá de 1612 se hicieron dos reimpresiones que la copian en todo, excepto en las fechas de las licencias: Alcalá, 1615 y Zaragoza, 1618, además de otra colección más, proyectada por el editor segoviano Diego Flamenco, para lo que solicitó y recibió licencia el mismo 1618, aunque quedó pendiente hasta 1621, eso sí, llevando una nueva serie de licencias firmadas por Francisco Murcia de la Llana y por Lázaro de Ríos y Pedro Montemayor del Mármol, que conserva completo el título original, la dedicatoria, el soneto y la aprobación de Manuel Coelho, aunque traducida al castellano, lo cual significó un nuevo empuje que se sigue con total fidelidad en las ediciones de Madrid, 1625 y Segovia, 1629 (debida nuevamente a Flamenco), para la serie que comentamos siguiendo al Dr. Askins.
Poco más tarde, en 1650, vieron la luz otras dos ediciones efectuadas en Madrid: una por María de Quiñones y otra, por Díaz de la Carrera, ambas desconocidas hoy, aunque se asegura que una de las dos es pieza clave para el seguimiento de la rama base de la serie que comentamos, dado que se había vuelto a utilizar la aprobación de Coelho en castellano, el título, el soneto y la dedicatoria, según los había publicado Diego Flamenco, en los que además se incluía una nueva serie de licencias, a modo de tercer impulso, firmadas en 1650 por nuevos censores[2], que después se incluirían en las ediciones de Madrid de 1668 y Pamplona de 1706 y que también sirvieron para tiradas tan modernas como las de Madrid 1818 y Francfort, 1828 y siguiente, como ya vimos más arriba, a pesar de la supresión de los preliminares, por haber quedado ya obsoletos.
Las ediciones continúan, puesto que Askins se refiere a dos más, paralelas, que proceden directamente de la de Diego Flamenco y 1621, que mantienen la aprobación de Coelho (en castellano), pero de la que se desvían por otros aspectos: las de Madrid y Alcalá de Henares, ambas de 1661, dedicadas, ex novo, a Don Christoval de Gabiria, sin datar, pero ubicada cronológicamente, con gran seguridad, en los años1670, tipográficamente muy inferior, a las que hay que añadir las de Madrid, 1688 y su reimpresión  de Cádiz de 1702, sin dedicatoria alguna, y en busca de licencia.
La de Madrid, 1695 y su reimpresión pucelana [1695] también carecen de nuevas licencias, algo que, del mismo modo, sucede con las de Madrid de 1726 y la reimpresión, también de Valladolid y 1747.
Queda, por lo tanto, aclarada más o menos la extensa serie de la historia bibliográfica de la serie de Alcalá de Henares, cuya primera luz se vio en 1612, con sus distintas variantes, aunque quedan todavía otras, hoy en paradero desconocido, que posiblemente sean filiales de esta serie y que, al decir de Askins, cuando sean encontradas, si es que llega a darse el caso, podrán ser conocidas por sus características propias, contribuyendo con ello a conocer con mayor calado la historia de dicha serie: Valencia, 1629 [dos: May, Guriz]; Madrid, 1650; [dos: Quiñones, Díaz de la Carrera]; Madrid, 1661; Madrid, 1662; Madrid, 1668; Pamplona, 1702; Madrid, 1746; Barcelona, 1757; y Londres, 1825, de las que, por el momento, sólo es posible conocer, aunque de forma imperfecta,  escasos datos, por ejemplo, que la edición de Madrid de 1661 es de María de Quiñones, que publicó una de las ediciones matritenses, la de 1650, o la que el mismo año le sirvió para sacar las licencias de la de Madrid de 1668 (“por llevar ésta las licencias del nuevo turno de revisores firmadas en 1650”), y la también de Madrid, 1685, modelo evidente de la de 1695, de cuyos mismos tórculos procede.
Finalmente veremos, aunque muy someramente, el apartado tercero del estudio introductorio de Askins, referido a las Fuentes del Romancero de Escobar, que nace con las siguientes palabras:
Acorde según el mio, en escoger esta obra, tan humilde para dedicarla a vuessa merced, aunque de algún trabajo, por auer buscado tantos Romances, y ponellos en concierto como aquí va(n) […] y en romances a lo antiguo, y algunos tan antiguos, que ya casi no auia memoria dellos.
Palabras, por cierto, las de nuestro compilador Escobar, con las que viene a abocetar lo que será su libro, realizado en base a los romances recopilados y cuyo conocimiento permite conocer en profundidad qué libros, antiguos y modernos, pudo emplear a comienzos del siglo XVI, y la gran importancia de “ponellos en concierto” para un mejor conocimiento de la historia del romancero español y de su transmisión, aunque, al parecer, Escobar se preocupara de algo más que de aunar los textos recogidos y ponerlos siguiendo lo que podríamos considerar como su orden lógico, antes de publicarlos.
Según se desprende de la lectura del texto fue muy posible que el autor no emplease únicamente las copias de los romances ya impresos, sino que, en alguna que otra ocasión introdujese aspectos propios de su creatividad, con lo que en ocasiones viene a alterar el contexto de algunos romances, no solo de los relativos al Cid, sino de otros más modernos, con lo que los reforma.
Pensemos que nos encontramos en el siglo XVII, un siglo más tarde, confiriéndoles una nueva visión, que terminó por imponerse gracias a la gran cantidad de reimpresiones del texto y que vino a mantenerse viva hasta mucho tiempo después, siglo XIX, de modo que el mismo Don Ramón Menéndez Pidal, en su Romancero hispánico, diera a conocer una de las primeras valoraciones de los romances recopilados y publicados por Escobar, realizando, además, “la primera tentativa de identificación de sus fuentes, según el texto ampliado (102 romances) de las series españolas.”
La inmensa mayoría son  poemas eruditos o artificiosos que, generalmente se nutren de las fuentes ya reeditadas como los “Romances nuevamente sacados de historias antiguas”, debidos a Lorenzo de Sepúlveda (1551, etc.), del que tomó 26 romances. Después, hace lo propio con 20 del Romancero General de 1604; 2 con la Segunda Parte del Romancero de Miguel de Madrigal, 1605, y otros 2 del Romancero Historiado de Lucas Rodríguez, 1582, aunque, sin duda, la mayor parte de las fuentes empleadas por Escobar permanece desconocida: así, 40 [sic, por 42] romances de los que se desconoce su publicación anterior, aunque, más tarde dirá que “Escobar tomo cinco de Timoneda…, otros cinco del Cancionero de Amberes…”, etc.
Con lo que, los ciento dos romances de que constan las series españolas, los atribuyó de la siguiente forma: 42 a fuentes desconocidas; 26 procedentes a Sepúlveda; 20 al Romancero General de 1604; 5 a Timoneda y otros 5 al Cancionero de romances de Amberes, y 2, a Lucas Rodríguez; fuentes que también podrían aplicarse a los 96 romances lisboetas, según fueron pensados por Escobar para su romancero, ya que de los seis añadidos en las series españolas, cinco pertenecen a una fuente todavía desconocida y el otro se corresponde con uno de los dos hallados en la obra de Lucas Rodríguez.
A pesar de todo lo anterior el Dr. Askins es del parecer de que todos los textos que Escobar utilizó en beneficio propio, como hemos podido comprobar, llegan a ser sorprendentes, puesto que las dos colecciones romancísticas mayoritarias estaban al alcance de la mano de cualquiera en aquellos tiempos, es decir, a principios del siglo XVII, aunque también pudo haber manejado otras fuentes de menos interés.
Esto solo podría afirmarse con claridad en caso de haber conocido otros textos de los que también se sirvió como fuente en notable proporción y que, tal vez “¿Representan una fuente única, de importancia primaria, desconocida en la actualidad? Poco probable. ¿Atestiguan el aprovechamiento de fuentes diversas: libros, pliegos sueltos, y manuscritos? Parece algo más probable.”
 (Continuará)
José Ramón López de los Mozos



[1] De gran interés es la nota en la señala:
Confesamos que, mientras tuvo feliz resolución la busca de la edición de la Crónica que dio sus licencias a la edición de Córdoba, ha sido frustrada la identificación del supuesto libro de Selma. Todavía está por esclarecer la bibliografía de las varias Historias y Crónicas en prosa del Cid, y a ello se dedica actualmente nuestro colega Don Felipe R. Camarero Maldonado.
[2] Entre ellos, por Don Carlos Murcia de la Llana, hijo del Licenciado, por Don Diego de Cañizares y por Mateo de la Bastida.