viernes, 26 de junio de 2020

La Carta Candelas de El Casar: color y alegría

Marcos Ruiz Atance: “La Virgen de las Candelas en El Casar”. Aache Ediciones. Colección “deCastillaPueblos” nº 7. Guadalajara, 2020. 514 páginas, muy ilustrado. ISBN 978-84-18131-12-7.

 

Al patrimonio cultural de Guadalajara se le suman las fiestas y celebraciones tradicionales que cada año, en cada sitio, o con motivos diferentes pero repetidos, tienen lugar en todos sus pueblos. Uno de esos lugares es El Casar, y una de sus fiestas es la Lectura de la Carta de Candelas, en la que se integran celebraciones religiosas cristianas, de esencia mariológica, con otras populares, ancestrales, en las que se mezcla los carnavalesco con el homenaje a los animales, y el enaltecimiento del grupo con la literatura jocoso-festiva. Una fiesta, en definitiva, muy popular, llena de sonrisas, carreras y buenos apetitos.

Ya fue analizada, en su día, esta fiesta por López de los Mozos, el especialista en folclore alcarreño del que muchos nos sentimos orgullosos. Y nos decía que “estamos ante una fiesta en la que se entremezclan varios elementos: por un lado hay actos desde los que se puede decir que se trata de una tradición de carácter votivo; por otros, de rito iniciático, y por los demás, de censura pública”.

En ella destacaba el grupo de “personajes” (los mayordomos, los funcioneros, con un capitán, un cura de candelas, un teniente, un alférez, varios cabos, un botarga (¡¡¡en esta fiesta va vestido de frac y con sombrero de copa!!!) y el grupo de los símbolos, entre los que destacan las “picas” de cintas de colores, la bandera que se baila en la plaza, los pichones que son llevados por niños, o las mulas que se lanzan a la carrera por la plaza mayor, con los lomos “pintados” y recortados, luciendo el escudo heráldico municipal en las ancas.

Otro de los momentos más tensos y vistosos es el de “dar la bandera”, cuando los mozos o funcioneros la bailan, con un solo brazo, en medio de la plaza…


En el libro de don Marcos Ruiz, que se titula “La Virgen de las Candelas en El Casar” bien con todo detalle las partes, protagonistas y secuencias de esta fiesta.


La obra comienza con una revisión de la historia de El Casar, y luego de la iglesia. Pasa después al análisis de la parte religiosa de la fiesta, y finalmente se adentra, cada vez con más detalle, en los entresijos de la fiesta profana, del correr las mulas, del ondear banderas, y, sobre todo, del leer la Carta Candelas desde el Balcón del Ayuntamiento, la tarde del día 2 de febrero, Virgen de la Candelaria…  esa parte (primera) del libro, además de una información al milímetro, y de la interpretación que el autor hace de la fiesta en comparación con otras similares de España, se complementa con la siguiente (segunda) parte del libro, en la que reproduce las “Cartas Candelas” de muchos años anteriores, llegando a poner algunas del siglo XIX, muchas del XX y todas las del XXI. Anotando quienes fueron sus autores. Esta parte del libro es de lectura mucho más fácil, distendida y divertida.

Las mulas decoradas

Una de las cosas que, al menos a mí, más me llaman la atención de esta fiesta, es el adorno de las mulas y las carreras que con ellas dan los mozos por todo el pueblo, por la plaza… sin duda deviene de un ancestralismo ganadero. Se mima al animal, se le embellece, se está orgulloso de él. Se le muestra, bravo y ágil, adornado de campanillas, de cintas, de colores, bien peinado y arreglado. En definitiva: el hombre ensalza al animal que le ayuda.

Segundo aspecto de entraña y fuerza es el revoloteo de la bandera, su baile y manejo, con tino y fuerza, por los jóvenes del pueblo. Heredada de la primitiva bandera de Castilla, la Cruz de San Andrés, dice el autor que “La Fiesta de Candelas tiene el signo distintivo propio de su institución: tiene bandera, y en ella está contenida y con ella se rinde homenaje a la historia, los valores, la realidad de una entrañable identidad y recibe muestras de respeto y consideración”.

El otro aspecto, el de la lectura de una carta que es jocosa, divertida, plural, nos dice el autor que “la Carta de Candelas es una composición poética que tiene por argumento glorificar a la Virgen de las Candelas, en cuyo honor se celebra la Fiesta, y enalteciendo a los Funcioneros, dar a conocer alguna característica divertida de su “vida y milagros”. De cada uno de los participantes en la Fiesta se hace una pincelada de su personalidad, se resaltan aspectos jocosos de su conducta o carácter, sus modos de ser o decir peculiares, y se cuentan anécdotas curiosas o sucedidos que contengan algún atractivo hilarante o morboso con intención de divertir al auditorio”.

Forma parte esta fiesta de El Casar, del acervo más antiguo y vibrante del costumbrismo alcarreño. Aunque esté en la Campiña, entre Henares y Jarama, la tierra casareña comulga de los antiguos fueros histórico y sociales de la Alcarria, es mendocina y comunera, tierra de buenos amigos y de entrañables encuentros. Todos debería asistir, al menos una vez en la vida, a esta gran Fiesta de la Carta Candelas, en El Casar, que ahora don Marcos Ruiz, en un voluminoso y hermosísimo libro cuajado de noticias y de imágenes, nos entrega.

 

Sobre su autor, Marcos Ruiz Atance (Cubillejo del Sitio, 1931) podemos decir que es un estudioso e historiador molinés. Sacerdote desde 1954, ha ejercido como párroco en diversas comunidades castellanas, y en sus ratos libres se ha dedicado al estudio de la historia de los pueblos de la provincia en que ha nacido, y muy especialmente de la devoción a la Virgen en su advocación de "la Antigua" en la villa de la que ha sido párroco durante más de 30 años: en El Casar.  Realizó los estudios de filosofía y teología en el Seminario de Sigüenza, y fue ordenado sacerdote en 1954. Ha sido Coadjutor de Pastrana y Párroco de Chaorna (Soria), Rueda, Poveda y Torija. Actualmente jubilado, vive en Guadalajara.

Ruiz Atance es aficionado a la investigación histórica, y viene publicando desde hace cincuenta años datos y noticias sobre la devoción a la Virgen de la Antigua de El Casar, sobre la construcción de sus monumentos y la vida de sus numerosas Cofradías y Fundaciones. En 2002 completó su obra titulada "La Virgen de la Antigua de El Casar (Monumentos, Cofradías y Fundaciones en las fuentes documentales)". Y en 2003 otro libro sobre “Los Coronados de la Inmaculada Concepción de la villa de El Casar”. En todas sus obras, Ruiz Atance pone una atención completa sobre datos, rituales y personajes, consiguiendo libros perfectos en torno a las tradiciones de El Casar.

miércoles, 10 de junio de 2020

La Martiniega de Atienza y otros temas medievales

Rodríguez Castillo, José Ignacio: “La martiniega de Atienza y el mayorazgo de El Sotillo. Orozcos, Veras, Zúñigas y Pachecos en tierras de Guadalajara”. Aache Ediciones. Colección “Claves de Historia” nº 7. Guadalajara, 2020. 246 páginas. ISBN: 978-84-18131-10-3. PVP.: 20 €.

Acaba de aparecer un libro escrito por José Ignacio Rodríguez Castillo, un historiador que está haciendo, desde hace pocos años, una gran labor de investigación y análisis de temas que pudieran parecer marginales, pero que llegan sin duda, como dardos finos, al corazón de la Historia Medieval de Guadalajara. Esa palpitante materia de la que -por diversos motivos- aún vivimos como herederos.

El libro lleva un largo, un prolijo título, que sirve para orientarnos a través de los complicados caminos que transita. Es el estudio de “La Martiniega de la Villa de Atienza y su tierra, y el Mayorazgo de El Sotillo en los siglos XIV al XIX: Orozcos, veras, zúñigas y pachecos en tierras de Guadalajara”. Un apretado resumen de toda una obra que comporta 246 páginas, muy ilustradas de escudos y fortalezas, muy bien aderezada de árboles genealógicos explicativos.

 

Cualquier libro que nos muestra la historia de la tierra en que vivimos es interesante y viene a abrirnos nuevos caminos de conocimiento. Por este libro, como por seguro camino, vamos a poder transitar para saber algo más de nuestros ancestros, de esas instituciones antañonas y prolijas que articulaban la existencia en tiempos pasados. Gentes, reuniones, villas y símbolos… todo se da cita en las páginas de Rodríguez Castillo, para desvelarnos viejos misterios.

Nombres importantes en la Guadalajara medieval

Aparecen en este libro nombres importantes en la Guadalajara del siglo XIV, que era ya por entonces una ciudad de respetables dimensiones para lo que era uso habitual en Castilla. Tenía barrio hebreo ­–judería– donde radicaba el rumor del comercio, además de un buen núcleo de artesanos mudéjares­ que se ocupaban sin descanso de elevar templos, casonas, edificios públicos y obras de mejora en la vida cotidiana del burgo, acabando con otro grupo, el menos numeroso, de hidalgos, nobles y clérigos que dejaban reducida a la mínima expresión la clase de los pecheros, de los ciudadanos que se ocupaban en trabajar duro y en pagar impuestos.

En esa sociedad un tanto desequilibrada, surge la memoria de nombres ilustres. De gentes que fueron a las guerras en Andalucía, que se ocuparon en fundar conventos, en promover obras públicas y en acaudalar ingentes cantidades de dinero para luego usarlas en empréstitos a los que pensaban que el comercio era la mejor arma para hacer crecer la sociedad.

De esa remota época surgen ahora, y a través de las páginas de este libro, las presencias de linajes ilustres (los Zúñigas, los Vera, los Orozco, los Pecha…) que van repartiendo y heredando las mejores zonas de la Campiña y la Alcarria, en el contexto del gran Común de Villa y Tierra de Guadalajara. Y así encontramos cómo Enrique II entrega la martiniega de Atienza a Fernán López de Orozco, hijo de don Íñigo López de Orozco, emparentado con los Mendoza y hacedor de hazañas sin cuento. También vemos surgir la figura de Isabel de Vera instituyendo el “mayorazgo del Sotillo” que pasa luego en mayorazgo legal a Juan de Zúñiga y Vera… y aún atisbamos entre los cientos de documentos que aquí se manejan la creación del “mayorazgo de Marchamalo”, mientras por Lupiana y los cerros alcarreños se van imponiendo los Fernández Pecha entre rezos, fundaciones y categorías episcopales.

Uno de los ejes en torno al que gira esta obra –que es entretenida, curiosa y cargada de sabidurías documentales– es El Sotillo, esa cuesta que va desde Cuatro Caminos, tras pasar junto a la ermita del Amparo, hasta el llano de Alcohete, y a poco nos lleva en derechura al real monasterio jerónimo de Lupiana. Es un placer el camino que el autor nos hace recorrer para saber quienes fueron sus propietarios, promotores y mantenedores, viendo cómo llamaban a sus caminos, a sus huertos y a sus montes por donde la Galiana cruzaba polvorienta bajo las pezuñas de ganados milenarios.

De esta parte, mínima y entrañable, de la ciudad de Guadalajara, pero también de la creación del cenobio de Lupiana, de los derechos sobre el impuesto de la martiniega de Atienza, de caballeros nobles del Renacimiento, y de sus damas, y de sus perdidos enterramientos, y de sus escudos y solemnes genealogías, trata este libro. En densa sonoridad y curiosa avenida de nombres, lugares y fechas. Por todo ello, debemos felicitar al autor, y agradecerle que nos haya abierto la capacidad de saber muchas más cosas del pasado medieval y renacentista de nuestra ciudad.

 

domingo, 7 de junio de 2020

Brújula poética

Brújula. Poesía de / en Castilla-La Mancha (50 años; 50 nombres; 50 poemas). Editorial Almud. Biblioteca Añil Literaria. Toledo, 2020. 124 páginas.

Sencilla y elegante la edición de este último número de la Colección Biblioteca Añil Literaria. Con una pintura de Trinidad Fernández, el editor Alfonso González-Calero nos ofrece una peculiar antología de la poesía en nuestra Región, a través de 50 poetas y a lo largo de 50 años … el caso es que siempre vienen bien estas tareas de recopilación, de detenerse un minuto y echar cuentas: de quienes son, de lo que han hecho, de cómo lo han hecho.
Tras una breve introducción explicativa, González-Calero nos ofrece (dedicando dos páginas a cada uno) el nombre, las fechas de su vida, el retrato, la abreviada biografía, un comentario a su obra, y una pieza de su repertorio. Empieza por Juan Alcaide (que nació en 1907)  acaba con Amparo Ruiz Luján, que lo hizo en 1956.
Los analistas de la poética persiguen muy a menudo encuadrar a cada poeta en un grupo, en una generación, o en un estilo. Y creo que esto es muy difícil, porque todo poeta que haya leído (se supone que para ser poeta hay que haber leído mucho) tiene raíces en muchos campos, y hojas de todos los colores. La poesía es una planta que crece en el corazón, peor se riega con lecturas, amistades, viajes y sufrimientos. Quizás haya algo común en todos estos antologizados poetas: que han desarrollado subra en el siglo XX, y que han tenido ante los ojos una tierra (fundamentalmente la manchega) que te pide que la antes, que la manejes con ganas, que la añores siempre.
De Guadalajara hay varios y fundamentales representantes en esta antología. Porque trae a José Herrera Petere, con su poema al padre muerto en el destierro, y a José María Alonso Gamo, el poeta de Jadraque que ganó el Premio Nacional de Literatura en 1952. Desde Ramón de Garciasol, de Humanes, a Antonio Fernández Molina, que anduvo por Guadalajara fundado “Doña Endrina”. Desde Francisco García Marquina, hoy residente en El Cañas, hasta Julita González Barba, la Julie Sopetrán de “Nueva Alcarria”. Completando la nómina con Alfredo Villaverde Gil, capitán de los escritores alcarreños, hoy todavía.
Un libro que se hace entrañable, a la que se pasan sus páginas, y querido, cuando se lee su contenido, sus saberes, sus decires limpios. Con la poesía se construye la Región, y se da paz a los espíritus, que hoy más que nunca la necesitan.

jueves, 28 de mayo de 2020

Miedes de Atienza, en el confín

Javier Ortega Alcaide:

 “Miedes, un señorío olvidado”.

Aache Ediciones. Colección “Tierra de Guadalajara” nº 112.

Guadalajara, 2020. 202 páginas.

ISBN 978-84-18131-11-0. PVP.: 15 €.

 

Aunque este pueblo serrano tenía ya elaborados y publicados algunos apuntes de su historia, llega ahora el arquitecto Javier Ortega aportando un gran libro sobre la historia y el patrimonio de esta localidad, Miedes de Atienza, en el confín con Soria. Se trata de un lugar fronterizo, al pie de una sierra por la que cabalgó, en su día, el Cid Campeador, en cuyo poema se menciona expresamente este lugar como de paso.

El autor analiza con meticuloso pormenor el conjunto de cavidades primitivas que existen en el término, con especial atención a la cueva que hay en la roca sobre la que se sustenta la ermita de Nuestra Señora del Puente, que viene a ser lugar de habitación y culto durante el periodo visigodo. Muchas otras cuevas, y hallazgos arqueológicos dan prueba de la importancia que este lugar tuvo en siglos primitivos. Además se extiende en el análisis de los restos romanos, visigodos y árabes, para pasar luego a la enumeración de señoríos, personajes, hazañas y edificios que restan de un pasado denso y glorioso.

Aquíi consideramos que debe resaltarse el núcleo del libro, dedicado a la reseña y estudio de las cavidades distribuidas por el término. Espeicalmente la que aparece tallada bajo la roca que sostiene la ermita de Santa María del Puente. Está en un altozano, sobre el pequeño valle del río Pajares, en cuyas orillas se abren otras cuevas, como las de El Espinarejo, tres más en Los Villarejos, y otra en Corral García. Similares entre sí, talladas sobre la roca arenisca de los bordes del valle, tienen amplios interiores con bancos, alacenas y capillas. En las rocas, se aprecian inicios de más tallas, que no llegaron a completarse, y un detalle muy revelador, el de los mechinales que aparecen perforados sobre las entradas y más allá, denotando el uso que tuvieron de parapetos, o cabañas construidas a la entrada de la cueva, que vendría a ser como capilla, o residencia de ermitaño.

Lo que se evidencia, leyendo este libro de Ortega, y aprendiendo de él, es la enorme base patrimonial, en punto a cuevas y eremitorios de origen visigodo, que existe todavía hoy en este término municipal de Miedes. Y nos cuenta además, por descripción, y por análisis documental, que en el actual término de Miedes hubo además otros tres pueblos, hoy ya abandonados completamente, que fueron “Santa María de la Puente”, “Torrubia” y “Las Casillas”.

Además, por el término se encuentran numerosos enclaves primitivos, quizás castros celtibéricos, poblados visigodos, aldeas medievales…. El “Castro de Perniles” que fue en su origen habitáculo celtibérico, debió tener una vida muy prolongada en los siglos iniciales de nuestra Era, porque aún en época visigoda tenía ocupación. En él se ven tallados en la roca numerosos intentos de perforación, pero también mechinales, y silos. En Santa María del Puente, que se puede localizar muy bien pues está en pie todavía una gran ermita visible en la distancia, debió haber un amplio poblado en torno a la roca, donde estaría la capilla, o la residencia del mandatario religioso. El ambiente de ese entorno es realmente mágico, como sonoro.

La Cueva de Corral García es otro lugar a tener en cuenta: enorme, bien tallada, con diversas estancias comunicadas por pasadizos. En la más grande, hay un banco corrido, y muchos detalles incluso grabados de cruces y signos sobre los muros. Javier Alcaide parece decantarse por su origen celtibérico, arévaco, como hasta hace poco se fechaban todos estos lugares, pero los estudios de Daza y otros apuntan a que realmente su origen es visigótico. En todo caso… más de 1.500 años tiene estas cuevas, estos restos habitacionales y estos recuerdos patrimoniales de unos pueblos que hoy siguen (aunque a tranca y barrancas) vivos y latientes.

Este libro será especialmente bien recibido por los amantes de esta tierra silenciosa y expresiva, la Sierra Norte de Guadalajara.

 

 

martes, 19 de mayo de 2020

Un diccionario de dentistas

Sanz Serrulla, F. J.: “Diccionario biográfico histórico de dentistas”. 172 páginas. Delta Publicaciones. Colección “Humanidades Médicas”. Madrid, 2019.
La instauración de la Odontología como carrera universitaria trajo anexa la implantación de la asignatura “Historia de la Odontología” con el propósito de que los futuros dentistas conociesen el progreso de esta especialidad sanitaria y tomaran conciencia de la lainiana “instalación en el presente” para mejor abordaje de un futuro inminente. No obstante, los historiadores de la Medicina no habían profundizado lo suficiente en el estudio histórico de la Odontología, de tal manera que la falta de fuentes básicas era evidente, de ahí que fuera un reto la reconstrucción de la evolución odontológica tanto a nivel mundial como español. Tras más de un cuarto de siglo de investigaciones por parte de un reducido grupo de estudiosos, se han venido cubriendo aquellas carencias y hoy forman parte de las bibliotecas universitarias algunas historias odontológicas por países, entre ellos España que cuenta, del mismo autor de este diccionario, con una “Historia General de la Odontología Española” editada en 1998. Sin embargo, muchos de los dentistas que en esta historia aparecían eran apenas conocidos por el colectivo odontológico, de ahí que el mismo autor editara un “Diccionario histórico de Dentistas españoles” en el año 2001 que ha tenido posteriores incorporaciones a través de la página de la Sociedad Española de Historia de la Odontología (SEHO).
Cubierto, aunque nunca cerrado, este ámbito local, el autor se propuso hace algún tiempo extender la investigación a un nivel más general, pues ningún repertorio similar a este último existía y así, tras varios años de trabajo ha dado a la luz un “Diccionario Biográfico Histórico de Dentistas” que viene a cubrir una de las carencias mencionadas, si bien a nivel mundial. Se trata de una nómina de 84 personajes de muy diversos países que son referencia en la Odontología universal, quienes con su trabajo hicieron posible el avance de una especialidad que se consolidaría en fechas tan tardías como fueron las de mediados del siglo XIX. Los más de ellos son estadounidenses, pues fue en los EE.UU. donde despegó definitivamente la dentistería, a partir de esas fechas si bien hubo aportaciones muy tempranas en otros lugares, tal es el caso del cirujano hispanoárabe Abulcasis, de quien existe constancia de sus minuciosas técnicas de cirugía bucal, o de otros hombres del Renacimiento, caso del español F. Martínez de Castrillo o del italiano B. Eustacchio, autor del primer libro de anatomía dental, y, cómo no, del francés P. Fauchard, a quien se le viene considerando el padre de la Odontología moderna gracias a su obra Le Chirurgien Dentiste. Estos 84 “dentistas” de muy variados países son referencia inexcusable para quien acceda al estudio histórico de la Odontología, pues con sus trabajos, inventos, técnicas o con sus obras escritas contribuyeron al avance definitivo de la especialidad. Pero nunca un libro histórico queda definitivamente cerrado, sino que, en este caso, se unirán en un futuro otras voces, tanto actuales como remotas.
Sanz Serrulla es natural de Sigüenza, y ha escrito además de este numerosos libros sobre Sigüenza, Guadalajara, e historia de la Ciencia.
RANM 2020

lunes, 6 de abril de 2020

Budia, corazón de la Alcarria

Bermejo Millano, J.J.; Herrera Casado, A.: "Budia, corazón de la Alcarria". Ediciones AACHE. Guadalajara, 2005. 232 págs. ISBN 978-84-96236-39-4. PVP.: 15 €.

Todos los pueblos deberían tener ya su historia escrita. Los anales más o menos abultados de su devenir secular, puestos en letra de molde, para que las siguientes generaciones los conozcan y defiendan. Y no solo la historia: también el patrimonio, el costumbrismo, las destacadas singladuras de la naturaleza, los personajes que allí nacieron, las coplas y canciones, etc. Budia tiene todo eso en cantidades abundantes.
Algunos datos: de historia, cosas sorprendentes, que los autores de este libro analizan a cuento del Catastro del Marqués de la Ensenada. Nos dicen como en la segunda mitad del siglo XVIII, la industria de los curtidos en Budia era muy fuerte, dando ocupación a cientos, a miles de personas, y vendiendo sus productos en la Corte, donde apreciaban esas pieles tratadas y curtidas en Budia como de altísima calidad para hacer muebles, encuadernar libros, forrar altares y reforzar cualquier elemento sujeto a golpes.
De arte, las dos tallas de madera policromada que aparecen hoy en el presbiterio de la iglesia parroquial, a ambos lados del altar mayor. Son el Ecce Homo y la Dolorosa tallados personalmente por Pedro de Mena, el artista que a mediados del siglo XVII talló estas preciosas y emotivas figuras por encargo del coronel de los reales ejércitos don Ambrosio Sáez Bustamante. 
De arquitectura, el templo de los frailes carmelitas, prodigio de elegancia de formas y volúmenes. 



De costumbres, la Sampedrá olorosa y sonora, la fiesta más “rara” de la provincia en la que participa, según dice la leyenda, el mismísimo diablo, pues Pedro Botero, que es uno de los nombres por el que se le conoce, debió trabajar en las tenerías y talleres de curtición de Budia, y en esa fiesta dedicada a San Pedro que se hace quemando los restos de pieles, los fragmentos de botas rotas, y la mezcla de insufrible olor de lo que sobró a lo largo del año,  entre los enmascarados danzarines, sudorosos y “asfixiaos” de calor y humo, está siempre el diablo. 
Esta obra que lleva por título “Budia, corazón de la Alcarria” y tiene por autores de los textos a Juan José Bermejo Millano y Antonio Herrera Casado, consta de 232 páginas en gran tamaño, y se ilustra de cientos de fotografías, la mayoría en composiciones a todo color.
Ofrece mapas del término, referencias a todos los temas importantes de su historia, arte y costumbrismo, y aún estudia con detenimiento esos mismos elementos de Valdelagua, un antiguo despoblado que, anejo al Ayuntamiento budiero, hoy es lugar revitalizado y en marcha. 
Personajes de tono eclesiástico (Budia fue conocida en tiempos antiguos como “el pueblo de los Obispos”), artístico, literario y teatral, cinematográfico y político, a pesar de su tradicional aislamiento ha sido capaz de generar gentes que han llevado su nombre con honra por todo el mundo. Entre ellos, el Nóbel Camilo José Cela, que aquí escribió algunas de sus mejores páginas; el dramaturgo Manuel Catalina, y el filántropo e historiador Andrés Falcón y Pardo, al que cuando este libro apareció se rindió homenaje, con la inauguración de una calle en la memoria que se le debía.

jueves, 2 de abril de 2020

El patio renacentista alcarreño

Le doy un nuevo repaso a este libro que siempre me pareció fabuloso. Un libro modélico y esencial para entender la carga patrimonial de nuestra tierra, de Guadalajara.
Me estoy refiriendo a “El patio renacentista alcarreño”, escrito por Antonio Miguel Trallero Sanz, y editado por Ibercaja en 1998. Con 250 páginas de buen papel, cientos de ilustraciones a color, gran tamaño, encuadernación en tapa dura, elegante diseño, y claridad meridiana en textos y conceptos.
A propósito de analizar el palacio de don Antonio de Mendoza, en la capital de la Alcarria, y que está reconocido como uno de los primeros ejemplos en España de la arquitectura del Renacimiento, el arquitecto profesor Trallero, nos da resúmenes claros, concisos y aleccionadores de temas como la historia de la ciudad, el sistema constructivo en ella, los edificios singulares de antes del siglo XVI y la familia Mendoza. Todo ello en la base de conocimientos de un análisis de arquitecturas. Trallero ha sido siempre un gran estudioso, un comunicador claro, un experto en historia de la arquitectura a quien ya va siendo hora que se le valore como debe.

Este libro sobre “El patio renacentista alcarreño” de Antonio Trallero es hermoso y elocuente. Nos presenta el gran elemento que es el palacio de Antonio de Mendoza (el viejo y querido Instituto de Enseñanza Media) y nos lo dibuja en su totalidad y en sus detalles, entendiendo enseguida su novedad, su valor, su belleza… sigue luego con el análisis de otros patios renacentistas en la ciudad (el de los Condes de Coruña, el de los Dávalos, y el de los Laso de Mendoza en Yunquera). Y aun acoge la memoria de otros edificios, desaparecidos ya, que tenían elementos parecidos (elpalacio del nº 13 d ela calle Creus, el palacio de los Gzmán, el palacio de los Labastida donde hoy los Juzgados, el palacio de los condes de Priego, el convento de San Bernardo, el gran patio de Santa Clara…. 
Pero además, sigue su análisis con elementos que, sin llegar a patios, muestran el tratamiento del espacio bajo techumbres y entablamentos, con columnas, zapatas y capiteles de talla, en galerías de Ayuntamientos, en soportales (los de la plaza mayor de Guadalajara, por ejemplo, o el de Fuentelencina) en atrios porticados (muy especialmente el de Santa María) y en muy variadas formas, de tal modo que retrata con perfección y totalidad un modismo constructivo tradicional, y que podría (que debería) ser utilizado hoy en día con mayor profusión.

De Antonio Miguel Trallero Sanz, autor además de su gran estudio sobre la Arquitectura Mudéjar de Guadalajara, solo cabe decir en este comentario que es un estudioso serio y productivo, un hombre que sabe de lo que habla, y una referencia clara de la cultura y el estudio en Guadalajara. Al que aplaudimos sin reservas.

domingo, 15 de marzo de 2020

La Masonería en Guadalajara

Julio Martínez García: La Masonería en Guadalajara. Editorial Aache. Colección "Tierra de Guadalajara", nº 111. Guadalajara, 2020. 168 páginas, Numerosas ilustraciones. ISBN 978-84-18131-08-0. PVP.: 14 €.

Uno de los temas que desde hace más de dos siglos se arrastra por los libros de historia, por las tertulias, conversaciones en voz baja, y elucubraciones de muchos, es la Masonería, que sería difícil de explicar aunque todos sabemos de qué se trata. Nacida al calor de las ideas de igualdad y libertad social que en Francia estallan con la Revolución, por todo el mundo a partir de la Galia se instauran sociedades (siempre llamadas secretas) de gentes que, con muy buena voluntad, pretendían implantar ideas y actitudes de bondad, solidaridad, trabajo, honestidad y todo ello en un espíritu de colaboración entre los miembros del grupo, que, en todo caso, debía ser reducido, con miembros selectos, y por lo tanto con cierto secretismo frente al común de la sociedad.
Todo ello lo explica, con mucho más detalle, Julio Martínez en su interesante libro sobre la masonería, que además dedica la máxima atención a lo que viene a ocurrir en la provincia de Guadalajara en el transcurso de esos dos siglos largos.

Siglo XIX

Por resumir un poco, conviene decir que en Guadalajara, como en toda España, la masonería conoce un resurgimiento a partir de la Revolución “Gloriosa” de septiembre de 1868. 
Desde diversas grandes logias nacionales se da consistencia a otras locales. Y así en el libro nos recuerda Martínez que el Gran Oriente de España dio espaldarazo a la Logia Caracense nº 224, de Guadalajara capital, y a la Amor Fraternal nº 56 de Alcocer. Que el Gran Oriente Nacional de España avaló la creación de la Unión Universal nº 266 en Cifuentes, la “Idea 66” en Atienza, y “El Deber 33” más “La Joaquina 53” en la capital.
Y todavía el Gran Oriente Español soportó la creación en Torija de la “Caracense 197” y del “Triángulo de Luz de la Sierra nº 2” en Checa.
Es una época en la que aparecen, junto a la masonería, otras sociabilidades mejor soportadas por los españoles, como hermandades (de antigua tradición religiosa cristiana), sociedades filantrópicas, Sociedades de Socorros Mutuos, asociaciones musicales, bandas, y, por supuesto, partidos políticos de masas. En este sentido, el Partido Republicano de la Sierra, fundado por el farmacéutico Federico Bru y Mendilluces, en Checa, tuvo fuerte voz a través de su órgano de expresión, “La Voz de la Alcarria”.
Pero también los carlistas, muy activos a través de “Juventud Católica”, con Enrique Aguilera Gamboa, marqués de Cerralbo, y con Juan Catalina García López, primer cronista provincial, como líderes, tuvieron gran participación en la vida social. 
En nuestra provincia tuvo cierto relieve, incluso, don Enrique Pastor y Bedoya, (siempre escribiendo bajo el alias de Alverico Perón) como activo propagador del “pensamiento espiritista”, que era doctrina religiosa fundada en Francia por Allan Kardec)

Siglo XX

La restauración borbónica frena un tanto en España el desarrollo de la masonería, aunque algunos de los relevantes políticos de la época, como el liberal Sagasta, pertenece a la Fraternidad. La dictadura del general Primo les da problemas, y la llegada de la Segunda República aporta, según dice ellos, una gran “esperanza” al movimiento masón. Así ocurre que tras las elecciones de 1931, al Parlamento llega más de 130 diputados que son masones.Tras las elecciones del 36, el PSOE recoge el mayor número de diputados masones.



El reflejo de todo ello en Guadalajara se hace palpable: en la ciudad se crea la logia “Arriaca nº 8” que es impulsada por Miguel Benavides. Dos destacados miembros de ella son los profesores del Instituto Miguel Bargalló y Marcelino Martín, junto a Ricardo Calvo Alba. Entre los diputados, y procedente la logia “Luis Simarro nº 3” de Madrid, llega a Guadalajara Eduardo Ortega y Gasset, hermano mayor del conocido filósofo. No es muy seguro -nos dice Julio Martínez- que José Serrano Batanero fuera masón, aunque fue acusado de serlo, cuando fue procesado por el franquismo.
Este grupo alcarreño quedó acogido al Rito Escocés, y dependió del Gran Oriente Español. Otros destacados masones del momento fueron el pedagogo local Tomás de la Rica, Andrés Núñez del Rio, Eduardo Bonis Domúnguez, y varios otros, a los que estudia y clasifica el periodista Julio Martínez en su excelente trabajo.
En el que, ya cavando, hace de nuevo un análisis histórico de aquella “Escuela Laica de Guadalajara”, de la que hoy solo queda un cochambroso solar en la calle Ingeniero Mariño, 42, y de la escritora Carmen de Burgos, la inolvidable “Colombine” que en ella tuvo tanta actividad.

El libro

Esta visión de “La Masonería en Guadalajara” viene a ofrecernos, en apenas 120 páginas, un vistazo general del fenómeno masón, desde su creación a nuestros días; un concentrado recorrido por la historia de la masonería en España, destacando los lugares y los personajes que impulsaron esta idea; y finalmente un minucioso, y bien compuesto análisis evolutivo de la presencia de los masones en Guadalajara, contando sus logias, sus centros de reunión, sus personajes, con retratos, imágenes de lugares y una adecuada bibliografía.



El autor del libro

Julio Martínez García (Guadalajara, 1985) es licenciado en periodismo por la Universidad Complutense de Madrid y graduado en Historia por la de Salamanca, donde también ha realizado el máster en Estudios Latinoamericanos, teniendo las maestrías sobre "Historia de la Masonería en España" y “Periodismo Transmedia” en la UNED. Ha intervenido como periodista en varios medios locales y regionales de Guadalajara, Castilla-La Mancha y Zaragoza. Ha trabajado en la Agencia EFE, en Wall Street International y en empresas periodísticas mexicanas. Ha sido ponente en varios congresos académicos celebrados en Puebla (México), París, Lisboa, Madrid, Gijón, Gibraltar y Guadalajara (España), centrados en comunicación, periodismo e historia de la masonería. Está considerado hoy en día como uno de los más activos estudiosos de este tema, la masonería, y las sociedades secretas.

sábado, 16 de noviembre de 2019

Por las orillas del río Tajo

Aache Ediciones. Guadalajara, 2019.
316 páginas.
Tamaño: 17 x 24 cms.
Encuadernación: rústica.
ISBN,: 978-84-18131-00-4.  PVP.: 15 €.

Va este libro de viejas historias, de memorias de la tierra, de personajes que se disolvieron en el olvido, y de mucha emoción, y encuentros.
En la ya contundente carrera literaria de Eugenio Feijoo, faltaba quizás esa “novela histórica” que da la verdadera dimensión de un escritor. Y aquí aparece la de Feijoo, ambientada en la España de la Guerra de la Independencia.
Dice el autor en su inicio que esta es “una de esas historias, o leyendas, que se relatan en un viejo manuscrito casualmente descubierto en un viejo arcón. Esa historia que uno “no inventa” sino que “rescata” es un buen comienzo. El autor de ese manuscrito sí se conoce, es un fraile franciscano del convento de San Sebastián, en Auñón (La Alcarria de Guadalajara). Es un gallego que todo lo mira y todo lo sabe, fray Uxío de Abeleda.
En él se refleja la vida en la Alcarria y aledaños durante la invasión napoleónica y años siguientes, pero también otros acontecimientos del momento. Hechos destacados son la muerte del santero o guardián del santuario del Madroñal, en Auñón, que al fallecer a manos de los franceses se llevó a la tumba el lugar donde había escondido los objetos de valor, y durante tiempo se creyeron perdidos. Otro es el desdichado amor de Rosa y Luis que, aunque no están presentes en todas las páginas, son el eje del relato y sin ellos no habría historia. Ambos mantienen un amor sin límites (más allá del tiempo, y del espacio), un amor que finalmente se diluyó en las aguas del padre Tajo.


Es este un libro que se lee con interés desde la primera página, y que nos va descubriendo hechos reales que envuelven las vidas de los personajes imaginados. Una buena mezcla que describe, al tiempo, una Alcarria antigua, tradicional, y muy hermosa. Con un río Tajo al que aún le quedaban aguas para tener vida, y consistencia.

lunes, 28 de octubre de 2019

Soreda y la pintura renacentista en Sigüenza


Francisco Javier Ramos Gómez: “Juan Soreda y la pintura del Renacimiento en Sigüenza”. Colección de Premios “Provincia de Guadalajara de Investigación Histórica”. Excmª Diputación Provincial de Guadalajara. Guadalajara, 2004. 384 páginas, numerosas ilustraciones en B/N. ISBN 84-87791-61-1. PVP.: 18 €.
Un amplio, muy detallado, muy documentado, estudio sobre el arte de la pintura en la ciudad y tierra de Sigüenza. El autor, profesor universitario, ha dedicado muchas jornadas al análisis de documentos de archivo, y al examen de obras in situ, cotejando datos y pinturas, hasta alcanzar un estudio muy bien estructurado y altamente interesante.
El índice de la obra nos da razón de su contenido, lo cual ya supone una tranquilidad en orden a considerar que nada importante se deja. Porque analiza, de entrada, la historia del siglo XVI seguntina, y la pintura llegada de Flandes y su influencia sobre los pintores locales. Pasa luego a considerar en cantidad y calidad, lo que se hace en Sigüenza en la primera mitad del siglo XVI, a través de las obras de pintores conocidos y de otros anónimos.
Al aragonés Juan de Soreda, una de las cumbres de la pintura renacentista española, y autor reconocido del retablo del altar de Santa Librada, le crecieron los discípulos por todo el norte y este de España. De esa manera, en la comarca seguntina fueron muchos los que siguieron su rastro, y de ahí que se pueda decir que existió una “escuela de Soreda” en la antigua diócesis. Pedro de Andrade, Diego de Madrid, Francisco de Pelegrina, Juan de Villanueva, Juan de Villoldo… son muchos los que aquí en este libro se contemplan y estudian.
Finalmente, de entre los anónimos (simplemente porque no se han encontrado hasta ahora documentos que los acrediten) el autor destaca las obras de los maestros de Rienda, de Santamera, de la Riba y de Pelegrina, quienes a través de retablos grandiosos manifestaron pertenecer a un movimiento artístico y cultural cuyas raíces y frutos aún nos admiran.