jueves, 17 de enero de 2019

Juan Guas, el arquitecto de los Mendoza y de los Reyes


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Javier Solano: “Juan Guas, arquitecto”. Edición de la Consejería de Educación, Cultura y Deportes de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha. Toledo, 2018. 360 páginas. 22 x 22 cms. ISBN: 978-84-7788-676-1

Me llega a las manos, con una cordial dedicatoria del autor, este libro que es capital para el conocimiento del patrimonio monumental de Castilla, nuestra tierra. Una obra concienzuda, amplia, muy trabajada. Una obra muy bien ilustrada (porque todo lo que se refiere al arte debe serlo) y muy bien editada, por maestros del tema. En definitiva, un bello libro que promete ser útil.

El libro se constituye en seis grandes capítulos, precedido de unos cuantos prólogos y rematado por una bibliografía amplia, notas al texto y agradecimientos. El primero de los capítulos trata de la forma en que llega el arte europeo a la Castilla de finales del siglo XV, manejado por los grandes aristócratas, y la corte real, contratando a figuras de relieve de Borgoña y a muchos aprendices y ayudantes. El segundo tramo explica la actuación de Guas, todavía joven, en diversos monumentos de Segovia, al amparo de cabildos, Villenas y Trastamaras. Es el tercero y más grande de los capítulos de este libro en el que Solano entra con amplitud a tratar el arte arquitectónico propiciado por el linaje de Mendoza en tierras del centro de España (lo que entonces era “Reino de Toledo” y provincia de Guadalajara, incluyendo sobre Cogolludo, Guadalajara y Pioz, las alturas de Manzanares el Real. Esta parte, fundamental, del libro es la que a los alcarreños nos supone un mayor interés y caudal de datos bajo una perspectiva muy homogénea.
En el cuarto, también sustancial, de los capítulos que componen el libro, estudia Solano las obras que para los Reyes Católicos levanta Juan Guas, convertido ya en arquitecto aplaudido por todos, especialmente por la Corte. El quinto capítulo nos habla de epílogos vitales, con noticias curiosas y análisis de la estela que deja el maestro borgoñón: Lorenzo Vázquez especialmente, y al fin un sexto capítulo en que el autor destaca los elementos -atribuibles a Guas- que han quedado dispersos por Castilla, y que sin tener la documentación apropiada que le digan autor de ellos, sí que proclaman por su estilo la mano cercana del gran arquitecto (Belmonte, Turégano, Mombeltrán, Alba de Tormes…)
Decía al principio que el libro promete ser útil, y al final, tras recorrer su índice, se entrevé que sí lo es ¿Y cuando un libro es útil? Pues hay muchos tipos de utilidades: la principal, creo yo, -y perdón por la aventura literaria que conlleva la definición-, cuando a través de sus páginas te evades de ti, y te introduces en otro mundo, en otra sociedad, en otro ser que actúa de protagonista. Pero los libros son útiles cuando son herramientas para alcanzar otros objetivos vitales. Uno de esos objetivos es saber más de algún tema. Y en concreto de arquitectura, de arquitectos, de caminos creativos, de propuestas simbólicas…



Este libro que ha escrito el arquitecto Javier Solano le consagra como un gran investigador, aunque aún más como un gran divulgador del arte y la historia. Llevo tiempo pensando en que, tal como están los tiempos, tiene más mérito divulgar, dar a conocer a los demás lo que tú sabes y has aprendido, que el mero y simple hecho de adquirir conocimientos. La erudición se consume a sí misma: hay que elaborar los saberes, darles forma y color, ponerlos en una bandeja, y pasarlos ante las manos, los ojos, los oídos y los corazones de quienes esperan aprender. En ese sentido, y sin entrar detalles, -que es lo que deberá hacer el lector de este libro, y cuanto antes- debo decir que es este un libro modélico, porque afronta el estudio de un personaje que hizo cosas, construyó edificios, inventó ornamentos y fraguó destinos. Los edificios que surgieron tras el diseño y bajo la dirección metódica de Juan Guas, son hoy esencia del arte y la cultura de Castilla, de esta nación firme y segura (que existe, que tiene vida incluso aunque ella casi ni lo sepa) que supo proyectarse sobre la faz incierta del planeta. En esos capítulos que he reseñado, ilustrados, anotados, comentados en todos sus detalles, Javier Solano alza un monumental estudio biográfico y analista de la realidad que aún puede contemplarse (complementada con ese otro rastro de edificios desaparecidos o modificados) y al fin llega, con emoción y respeto, hasta el lugar ínfimo de la ciudad de Toledo donde reposan, desde hace más de quinientos años, los restos mortales de un verdadero genio de la Arquitectura.

Antonio Herrera Casado
Cronista Provincial de Guadalajara

martes, 15 de enero de 2019

Vida y obra de la Duquesa de Sevillano


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Herce Montiel, Pablo: “La duquesa de Sevillano y su obra social”. Institución Provincial de Cultura “Marqués de Santillana”, Excmª Diputación Provincial de Guadalajara. Guadalajara, 1999. 224 páginas, ilustraciones en B/N y color. ISBN 84-87791-38-7. PVP.: 18 €.

Un excelente estudio biográfico de una persona que tuvo un gran relieve en la España del siglo XIX. Una mujer, María Diega Desmaissières y Sevillano, condesa de la vega del Pozo, duquesa de Sevillano y marquesa de los Llanos de Alguazas, que alcanzó a ser probablemente, la más acaudalada de toda España en su época, siendo propietaria de grandes extensiones de viñedos en el bordelés francés, también en la rioja, y muchas tierras, empresas y palacios en diversas ciudades españolas. Falleció estando soltera, sola, y sin testar, lo cual supuso un enorme problema a la hora de repartir su herencia, especialmente de sus bienes en España (porque los de Francia se quedó con ellos, con todos, directamente el estado francés).
El autor, un hombre de historia y de historias, Herce Montiel, traza una limpia y bien documentada biografía de esta dama, extendiéndose en tres aspectos fundamentales de su vida:
1.     La dedicación a obras sociales de su gran fortuna, siempre en el ámbito de la religión católica, aconsejada por eclesiásticos, por su tía Santa María Micaela del Santísimo Sacramento, fundadora de las Adoratrices, y por su talento y misericordia.
2.     El empeño en construir grandes edificios (el complejo del Panteón en Guadalajara, el Colegio del Pilar en Madrid, el palacio familiar en Dicastillo, entre otros muchos) destinados también a la acción social, a la religión y a la memoria de los suyos
3.     El complejo entramado de intereses suscitados a su muerte, a causa d ela distribución de sus bienes, inmensos, que en España dio para un larguísimo pleito que el autor analiza con documentos.
Una verdadera novela que no es otra cosa que el relato de una vida ejemplar, sencilla, y cargada de dineros. El libro se lee de un tirón, está muy bien ilustrado, y sobre todo para Guadalajara es la evidencia aleccionadora de uno de sus personajes más destacados.

viernes, 11 de enero de 2019

Una guía poética de los castillos


Mañueco Martínez, Juan Pablo: “Guía poética de los castillos de Guadalajara”. Aache Ediciones. Guadalajara, 2019. Colección “Tierra deGuadalajara” nº 107. 122 páginas, numerosas ilustraciones a B/N. 13,5 cms. x 21 cms. ISBN 978-84-17022-79-2. PVP.: 10 €.

Un libro que enriquece la Colección en que se enmarca, y que ofrece una visión distinta de los elementos más emblemáticos de nuestro patrimonio provincial. “Una guía poética y alentadora” es el subtítulo de esta obra, que se enmarca en la Colección de “Tierra de Guadalajara” de la que hace ya el número 107. Un libro que empezó como un ensayo de poemas para cantar ruinas, y ha acabado en una completa guía de los castillos guadalajareños, con fotos, descripciones, formas de llegar a ellos y poemas que los pintan y ensalzan.
La propuesta es de clasificación por orden alfabético, aunque no llega a cumplirse del todo este objetivo, pues hay castillos que llevan dos y hasta tres nombres. El primero es Anguix, y el último se pone como siempre el de Zorita, en el confín de la provincia y del abecedario. Por entremedias, van surgiendo el castillo de Vállaga en Illana (al que dedica Mañueco un largo romance al uso clásico) y la atalaya mimetizada de Inesque, entre Pálmaces de Jadraque y Angón. Algunos suenan raros, y otros son elocuentes y archiconocidos. Así Atienza, Molina de los Caballeros y Sigüenza. No falta el real alcázar de Guadalajara, ni la recuperada fortaleza de Guijosa, a la que se añade el Castilviejo que la vigila y la Cava de Luzón, como viejos castillos celtibéricos.
Un libro ameno y sorprendente, un libro que trata de hacer, como todos los libros, amable y cercana la realidad que no vemos porque no nos pilla en el camino de la oficina o el taller, y aún más lejos del camino a la discoteca o el instituto. Ahí están los templos de valor recuperados, como el castillo de Cifuentes, que se restaura estos días, y los sufridos alcázares que han derribado, en nuestros días, la mala intención aliada con el pasotismo oficial, como el castillo calatravo del Cuadrón, en Auñón.
Para todos ellos desgrana Mañueco su meditada oración versificada. La mayoría son sonetos, aunque se escapan romances, alguna otra estrofa mayor, y estrambotes de propina. De entre todos destacan, a mi gusto, tres, que lo son en forma de romances, y son los primeros del libro, en tiempo de hechura, y los que dieron origen a esta obra, presintiendo en su rimado compacto y sonoro ese otro “Romancero castellano” en el que Mañueco trabaja desde hace tiempo, peleando en su lucha permanente entre Cronos y Calíope.