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domingo, 17 de abril de 2016

Alfonso VIII, el Rey Pequeño

Pérez Henares, Antonio: "El Rey Pequeño". Ediciones B. 2016. 678 páginas. Con resumen de historia, índices, cronología, personajes, grabados, etc.

Una nueva novela de Pérez Henares, que avanza claramente en el camino, siempre difícil, de la novela histórica. Castilla como protagonista, sus gentes del común, sus villas, sus fueros, su corte, sus costumbres, sus guerras. Por encima de todo, la figura de un rey castellano, de Alfonso VIII. Y en su torno una familia numerosa de gentes sencillas que se gacen a su vez protagonistas. Encabezada por Pedro Pérez de Atienza, un “alter ego” del Rey, que nace en Hita y vive en las tierras de Guadalajara, haciendo de ojos y oidos del monarca para decirle lo que expresa el pueblo.
Lugares como Atienza, Hita, Guadalajara y Sigüenza son protagonistas palpitantes. También Zorita, Huete, Calatrava… La prosa de Pérez Henares se alza vigorosa, clara y nos va llevando con un lenguaje “a la antigua” pero magistralmente domado, por las complicadas curvas de un reinado denso y vibrante.
Es esta, por tanto la gran novela sobre Alfonso VIII, a su vez la historia de un niño huérfano y acosado desde su nacimiento, que acabó por ser el gran vencedor de la batalla de Las Navas de Tolosa, el momento en que la Europa cristiana paró el avance definitivo del radicalismo islámico.
Si decimos algo que al lector oriente, estas frases retratan el inicio y el sustancioso guión de esta obra: A mediados del siglo XII, tras la muerte temprana de su padre, Sancho III , el jovencisimo Alfonso VIII es el rey niño de Castilla. Su tio, el rey Fernando II de León, ve en esto una oportunidad para tener tambien su reino bajo su control. Pero la poderosa familia de los Lara, tras aparentar entregárselo, huye con él a la fortificada villa de Atienza, la Peña Muy Fort del poema cidiano.
Alli vive un niño arriero, junto a su abuela Yosune, la viuda de Pedro el Pardo, el gigante muerto combatiendo en Recópolis al servicio de Alvar Fañez ( de esta manera enlaza el autor con su anterior novela histórica, "La tierra de Alvar Fañez"). Los recueros de Atienza mediante una estratagema lograrán poner a salvo al Rey Pequeño y Pedro que lo acompaña en el viaje, que da origen a "La Caballada", fiesta que desde entonces y hasta hoy conmemoran los atencinos, se convertirá en el amigo más fiel de Alfonso VIII y cuando al fin han de separarse se convertirá en sus ojos y oidos por todo el reino, para informarle y alertarlo de todo aquello que los poderosos le ocultan. 
Ambos, al final, después de todas las peripecias de un largo reinado, tras la terrible derrota de Alarcos donde Castilla estuvo en trance de sucumbir por entero, formarán frente a los almohades para afrontar el decisivo y definitivo combate de Las Navas de Tolosa.
La educación medieval de un rey, la repoblación castellana de la Transierra, bajo la amenaza continua de la caballería agarena, las grandes pasiones humanas, el amor y la venganza, las luchas entres los Castros y los Lara, los caballeros serranos y las mesnadas concejiles, el nacimiento de las órdenes de caballería, los juglares y la juglaresca son también protagonistas en esta gran obra de potentes personajes pero también de protagonismos corales.
Sinceramente, creemos que es una de las obras capitales sobre el rey Alfonso VIII y sobre la Tierra de Guadalajara, nunca hasta ahora agraciada con su muestra en forma de novela histórica. Esta ocasión se merece un sonoro aplauso. Y su lectura inmediata.


martes, 13 de septiembre de 2011

Piedras armeras de Hita





Un catálogo detallado y sorprendente

A nuestra redacción llega, años después de ser editado, un ejemplar de la “Heráldica de Hita”. Apareció en 1991, de la mano de AACHE, como número 6 de su Colección de libros “Archivo Heráldico de Guadalajara” y con el patrocinio de Ibercaja, que hizo posible que la edición saliera adelante. Porque el libro, todo hay que decirlo, no es para un público mayoritario: es un libro para eruditos, o para alcarreños que quieren saber todo lo que atañe a la historia de su tierra. En las 110 páginas que tiene la obra, el autor, que no es otro que Antonio Herrera Casado, manifiesta su conocimiento de la historia de Hita, de sus personajes más señalados, y aporta un esfuerzo que aquí debemos agradecer como merece, y es la reseña minuciosa, detallista, erudita, de todos los escudos de armas que quedan o quedaban en esa época, desperdigados por la villa castellana.
La mayor parte de los 44 escudos estudiados se conservan adosados a las paredes y en el suelo de la iglesia parroquial de San Juan, la única que actualmente tiene culto en Hita. Muchos de estos epitafios, cuajados de leyendas y tallas heráldicas, proceden sin embargo de la vieja iglesia de San Pedro, que fue la más céntrica y principal de la villa, y que quedó absolutamente destruida durante la Guerra Civil española. Tal abundancia de lápidas, con emblemas y títulos, nos demuestran que la importancia de Hita no fue exclusivamente ligada a la memoria de un poeta medieval, Juan Ruiz, “Arcipreste de Hita” que posiblemente tuvo poco que ver con la villa, sino que esa importancia era manifiesta en la abundancia de hidalgos, de aristócratas, de militares y cortesanos mendocinos que habitaban sus palacios y casonas.
Hita tuvo la mala suerte de resultar gravemente herida en la contienda civil de 1936-39, al quedar durante muchos meses, en 1937, en línea de frente, siendo prácticamente reducida a escombros toda la población. En la década de los cuarenta, recibió el apoyo de la Dirección General de Regiones Devastadas con la construcción de un barrio residencial en la parte baja, junto a la carretera, y la precaria reconstrucción de su portal mayor, de entrada a la villa. Pero todo lo demás quedó en ruinas, y poco a poco ha ido renaciendo, con reconstrucciones, rehabilitaciones y apoyos progresivos, que se han concretado gracias al entusiasmo, todo hay que decirlo, de don Manuel Criado de Val, quien hace más de 50 años creó los “Festivales Medievales de Hita” que ha dado lustre y prestigio a la villa.
Este libro de Herrera es erudito, pero ofrece una memoria cierta de la historia de Hita y de la Alcarria. Por sus datos, dibujos detallistas y novedad de la información, merece ser tenido en cuenta por los coleccionistas de libros alcarreñistas, que todavía los hay…

domingo, 22 de mayo de 2011

Una guía perfecta para conocer el mundo geográfico del Buen Amor






GARCÍA PÉREZ, Guillermo, Ruta del Arcipreste. Guía práctica y cultural para recorrer andando, a caballo o sobre ruedas la ruta serrana del Libro de buen amor (1330-1343), Madrid, Ediciones Polifemo, 2011, 446 pp.

Tras las Rutas del Cid (2000), Guillermo García Pérez, gran conocedor de los senderos y vericuetos de la sierra madrileña (entre otras), propuso a la Sociedad Ateneísta de Aire Libre hacer la ruta que comentamos de una forma completa, andando, idea que fue aceptada de modo que la primera marcha tuvo lugar el 20 de enero del año 2005. Visto el éxito alcanzado, las siguientes marchas se sucedieron hasta el 21 de febrero de 2009, es decir, hasta casi cuatro años después. Pero ello mereció la pena, puesto que la presente Ruta…es el resultado de aquellas marchas experimentales que pretendían al menos tres objetivos fundamentales y que, resumidamente, son los siguientes:
- Contribuir mediante el senderismo y la literatura de viajes a la mejora de la calidad de vida de quienes practican este tipo de actividades.
- Potenciar el desarrollo del turismo cultural en las localidades por donde discurre la ruta.
- Y promover y difundir la lectura del Libro de buen amor.
Aspectos que aclara suficientemente en las páginas siguientes, en las que ofrece un amplio comentario acerca de los precedentes existentes sobre la ruta a seguir, comenzando por el primero que se acercó a los espacios naturales que fue Constancio Bernardo de Quirós (1915) y cuyas observaciones vieron la luz en La Lectura (“La ruta del Arcipreste de Hita por la Sierra de Guadarrama”), aunque supusiera equivocadamente “que el Arcipreste habría pasado, en su viaje hacia Lozoya, por el “Portichuelo de Canencia”, que se había encontrado con ocho serranas diferentes, que se habría perdido el topónimo Tablada, que regresaría por el collado de Marichiva (La Tabladilla) hacia Cercedilla y que Santa María del Vado estaba en El Vado de la provincia de Guadalajara”.
Analiza también los escritos de otros pioneros de esta ruta como el mexicano Alfonso Reyes, que aprovechó su estancia en Madrid (1914-1924) para profundizar en el sentido autobiográfico del Buen amor; Federico Torres Yagües, que en 1929 publicó un primer artículo en La Esfera títulado “Hita…” y más tarde, en 1943, en El Español otro: “El Arcipreste de Hita por la sierra de Guadarrama”; Gonzalo Menéndez Pidal (1951) que en su obra Los caminos en la historia de España, dedica media docena de páginas a los del Arcipreste, posicionando acertadamente la aldea de Ferreros en uno de los mapas que incluye; José Sanz y Díaz que dio a conocer en Cultura (San Salvador) un trabajito titulado “Tránsito serrano y aventura del arcipreste” en el que nuevamente vuelve a situarse El Vado en la Sierra de Ayllón; Manuel Criado de Val, que en 1972 publicó La ruta del Arcipreste que comienza y finaliza en Madrid, al igual que su Ruta del Çid, y que hace pasar por Torija, Brihuega, Sigüenza, Atienza y otros lugares de Guadalajara que ninguna relación guardan con los topónimos que aparecen en el Libro; Felipe Torroba que, en lo que toca a la provincia alcarreña sigue a Criado, (capítulo XXII que dedica a “Los caminos del Arcipreste”) de su libro El Cid y Don Quijote. La España de los caminos históricos y literarios; Rubén Caba, cuyo libro Por la ruta serrana del Arcipreste, de 1976, es el primero que recorrió íntegramente toda la ruta con el Libro del Arcipreste en la mochila (libro que García Pérez considera “excelente, divertido y bien escrito, en clave literaria, que rememora y revive a su modo este literario de Juan Ruiz); Manuel Morajudo Manzanet, uno de ellos, escribió en 1986 Cuatro getafeños en la ruta serrana del arcipreste de Hita, emulando a Rubén Caba; Antonio Javier Arteche, Por la Sierra de Guadarrama con el Arcipreste de Hita y con otros personajes singulares (2005), y finalmente, Domingo Pliego Verde, con Tras las huellas del Arcipreste de Hita por la Sierra de Guadarrama (Zaragoza, 2007) que, despreocupadamente, no contempla los trabajos anteriores.
Pues bien, después de estas citas, el libro que comentamos se divide en dos partes bien diferenciadas: la primera lleva por título “El Libro, el autor, el viaje y las serranas”, a su vez constituido por una serie de trabajos monográficos, a cada cual más interesante: “El Libro de buen amor” (pp. 27-71), “Juan Ruiz, Arcipreste de Hita” (pp. 72-78), “El Arcipreste, protagonista ficticio de su Libro” (pp. 79-93), “El relato del viaje por la Sierra, ¿ficción, realismo o realidad?” (pp. 94-100), “Cuatro tipos (arquetipos) de serrana” (pp. 101-115), “Contradicciones y errores en el viaje del Arcipreste” (Episodios de Malagosto, de Riofrío, de la Venta del Cornejo, y de Tablada, en cuaderna vía y en la canción) (pp. 116-223), con la que -como señala García Pérez- se “pretende introducir y orientas al lector en los problemas que plantean estos temas, y en especial en los relativo al discutido y discutible sentido o fines del Libro de buen amor”.
La segunda parte constituye el “Itinerario” que se realiza en quince etapas de 20 más-menos 5 kilómetros.
A modo de ejemplo veamos la primera etapa, I: Hita - Taragudo - Humanes - Malaguilla.
Primeramente se informa al lector de las distancias aproximadas, el desnivel acumulado y el tiempo que se debe invertir en el recorrido, que comienza explicando paso a paso, describiendo el camino y todo aquello que desde él puede verse: los campos, montes, árboles, ríos, lagunas, barrancos, etc.
Y, a modo de tercera parte, también incluida en este mismo “Itinerario”, aunque en páginas de otro color, se da noticia de cada uno de los pueblos por los que atraviesa la ruta que, en este caso, es Hita. Altitud, población, y datos de interés, para entrar en su historia y la descripción de los edificios más significativos (todo ello bien aderezado con numerosas notas aclaratorias y suficientes fotografías), es decir, para poder conocer mejor o dar una idea más aproximada de cómo eran los pueblos, sirviéndose para ello de las Relaciones Topográficas de Felipe II, del Catastro de Ensenada, y de los Diccionarios de Miñano, Madoz y Geográfico de España, además de aquellos otros libros de carácter local tan necesarios en estos menesteres; la toponimia, y una lectura sugerida, que, insistimos, en este caso, es la Historia de Hita y su Arcipreste (Guadalajara, 2.ª ed., 1998) de Manuel Criado de Val.
Una amplísima y atractiva bibliografía, así como los índices de personas, personajes e instituciones, y toponímica, cierran este libro, verdaderamente interesante, seriamente escrito y que, aún plagado de citas (de las que ninguna sobra) es fácil de leer. Un libro con el que se puede viajar desde el sillón de casa (siempre que no se pueda con las piernas del cuerpo y la ilusión por delante, para llevar a cabo aquello que decía Píndaro: “Bendito el que con celeridad de pie y fortaleza de espíritu consigue con su esfuerzo las más altas cumbres”.

Recomiendo la lectura y el uso frecuente de este libro.

domingo, 8 de mayo de 2011

Oportunidades de viaje por Guadalajara





La Ruta del Arcipreste de Hita: un camino vivo

El próximo miércoles 11 de mayo 2011, cuando se abre la Feria del Libro de Guadalajara, se va a presentar un nuevo libro que ofrece amplia y concienzuda la Ruta del Arcipreste de Hita. Fue hace años motivo de un Congreso Internacional, en el que salió resuelta esa ruta, pactada entre analistas del Arcipreste y estudiosos de su Libro de Buen Amor. Ahora su autor se ha atrevido a plasmarla en un libro, que ofrece la posibilidad de entenderla y realizarla en su integridad.

Un camino por tres provincias

Han sido varios los libros que se han escrito sobre el camino/los caminos por los que Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita, marcara su periplo vital. Unos caminos muy amplios porque van desde Toledo al Henares y desde Segovia a Talavera. Y aún más lejos. Este es un libro práctico, porque va al grano: marca un recorrido rápido, escueto, resuelto entre tres provincias: Madrid, Guadalajara y Segovia.
Parte el caminante de Alcalá, donde posiblemente naciera Juan Ruiz a principios del siglo XIV. Sigue Henares arriba, que es sitio que le gusta, que conoce, del que habla por boca de dos ratones (el mur de Guadalajara y el mur de Monferrado) y sigue hasta Hita pasando por el monasterio de Sopetrán, habiendo cruzado, lógicamente, el río Henares por el vado o la barca de Heras.
De allí se va de nuevo al río, y empieza a buscar la Sierra, primero por Cogolludo, por Arbancón después, por Tamajón y baja al Jarama, donde lo encuentra en otro Vado, en Santa María del Vado, a cuya advocación dedica unos versos.
Bordeando el Jarama se llega hasta Uceda, y Torrelaguna, donde emprende la marcha hacia la Sierra. Brava decisión, en su tiempo, cuando no había más que lobos por las espesuras, y no tanto chalet como hay hoy. Allí está en Lozoya, en Riofrío, y posiblemente toma vitaminas espirituales en la Cartuja del Paular. Porque desde allí asciende a la cumbre, donde le azota la cara el granizo y la ventisca, del Malagosto. Los encuentros con las serranas son conocidos de todos. Menudas aventuras se marca con ellas… al final baja hacia la meseta y llega a Sotosalbos. Un lugar, como el cercano Valdevacas, donde el Arcipreste se encuentra feliz.
De allí se allega, andando, hasta Segovia, donde ve el edificio misterioso, sorprendente, del acueducto, al que él denomina “serpiente groya”, el extraño animal articulado y hecho de piedra. Y se estira entre pueblos, vaquerías y amigos que le escuchan su cantar en las plazas. Por las tierras de Segovia es por donde el Arcipreste allega mayor caudal de oyentes. Luego, con prisas, quiere volver a su punto de partida. Y con él rematamos la Ruta, que sube de nuevo la Sierra por la Tablada, (hoy en las “Peñas del Arcipreste” junto al alto del León han tallado una roca con sus versos y han guardado un ejemplar de su libro en una celda fría) y baja a Manzanares, por el Boalo, hasta llegar a Talamanca, y volver junto al Jarama hasta Alcalá, su patria segura. Para seguir dando vueltas, eternamente, por el Henares, por el Lozoya, por el Jarama…

Otros viajes extraordinarios

Para los numerosos ruteros y gentes que deciden conocer palmo a palmo la provincia de Guadalajara, siguen a esta Ruta una serie de 30 propuestas de viaje que se muestran, con algunas fotos, y pequeños planos, para orientar a los nuevos ruteros a descubrir detalles minúsculos, como escondidos y silenciosos, del rico acervo patrimonial, legendario y sonoro de nuestra tierra. Son “treinta viajes extraordinarios” en los que surgen visitas de un día a las tres Cendejas (la de la Torre, la del Padrastro, la de En Medio…), a la ermita de Montesinos en Cobeta, o a la Peña Escrita de Canales, con sus efluvios radiantes, de esos que quemaban los carretes de fotos.
Conduce este libro al lector por las curvas que suben desde el Tajuña a Valfermoso para ver el aljibe moro de su castillo. O les lleva hasta la sorpresa de los capiteles románicos de Sauca, a ver los puentes de piedra sobre el Tajo, o a descubrir, de un vistazo, la fiesta única y colorista de La Caballada de Atienza.
Siguiendo los caminos de la Campiña, de la Alcarria, de la Sierra y del Señorío, hay ofertas para todos los gustos, (a pie y en automóvil) por esos cuatro ámbitos. Por el primero, son los castillos del Henares y la sorpresa de las botargas las que nos sacuden del sueño. Por el segundo tramo, en la Alcarria, va apareciendo el claustro de Lupiana, la ciudad visigótica de Recópolis o el alegre bullangueo de Durón. Por el tercero, la pura sierra, el lector tiene la ocasión de descubrir la Ciudad Encantada de Tamajón, todo un espectáculo que aún está por descubrir/describir, más la alegría urbanística de Valverde en plena Arquitectura Negra, y la nieve que cae mansa sobre Galve. En el último de los trayectos, por el Señorío de Molina, se tiene la posibilidad de visitar su riqueza románica, dar un paseo por la Sierra de Caldereros, o amenizar la tarde apuntando y fotografiando escudos, portaladas y solemnidades entre las Casas Grandes de Milmarcos.

El libro del Arcipreste

Esta “Ruta del Arcipreste y otros Viajes Extraordinarios” está ya en las librerías, en un libro de 180 páginas, con muchas fotografías y planos, algunos en color, dentro de la Colección “Tierra de Guadalajara” que va ya, con este, por el número 80. En esta ocasión se ofrecen al lector un buen puñado de rutas con elementos sorpresa, y otros conocidos, que dan las claves de un conocimiento en profundidad de Guadalajara. Su precio es de 12 Euros, y se puede solicitar también por Internet en esta direccion: www.aache.com/tierra/tierra80.htm.

miércoles, 28 de abril de 2010

La Hita de Criado de Val




Un libro que recuerda y ensalza el Festival de Hita


50 Años de Festival Medieval. Hita 1961-2010, Madrid, Ediciones Bornova, 2010, 136 pp. Catálogo (Textos de Manuel Criado de Val, Plácido Ballesteros San José, Rosa Gómez Moreno y Paloma Rodríguez Panizo). Dentro del Programa Los Legados de la Tierra.

Todo surgió a partir del éxito alcanzado por la representación de Doña Endrina -adaptación al teatro de una parte del Libro de Buen Amor- en el teatro María Guerrero, de Madrid, hace ya cincuenta años, pues ocurrió en el sesenta del siglo pasado (1960), dando paso porteriormente a una nueva representación pero, esta vez, trasladando el escenario a la plaza mayor de Hita. Así surgieron las por entonces denominadas "Endrinas" o "Fiestas de Doña Endrina" que luego fueron acogidas dentro de los "Festivales de España".
El libro -catálogo- se divide, tras una breve introducción, en cuatro apartados: Teatro, Corrida Medieval, Torneo y Botargas y Carnaval.
El escenario del Teatro Medieval de Hita no era, ni es, solamente la plaza mayor de esta localidad, sino todo el pueblo, las calles, las murallas, el palenque, las iglesias... componiendo un bello conjunto en el que también participan, aparte de los propios moradores, aquellos visitantes, forasteros, que lo deseen. Todo ello salpicado con vino y carne asada o los famosos "fygados de cabrón con rruybarbo" que se pueden degustar a la fresca de los tradicionales "bodegos" mientras suenan la gaita y el tamboril en animada comparsa callejera.
Las corridas medievales están basadas en la documentación conservada de siglos pasados, de modo que aparte de las tradiconales suertes del toreo se ofrecen otras basadas, fundamentalmente, en la ley del torneo y de la competencia caballeresca, sin restar importancia al ceremonial, el ambiente, el rito y, más que nada, al riesgo y a la habilidad de quienes participan de la fiesta y sus valores.
Los torneos siempre fueron una importante forma de diversión popular y contenían una doble vertiente. Por un lado, constituían una de las mejores formas de entrenamiento militar a través de los estafermos y los bohordos, pero por otro, eran entretenimientos caballerescos, como las "sortijas", además, claro está, de otras formas más peligrosas o de mayor riesgo cuales son las justas a pie o a caballo, con espadas, mazas y lanzas.
Otro apartado, ya lo hemos dicho, lo conforman las botargas o enmascarados que bailan sin cesar por las cuestudas calles de Hita pidiendo un óbolo a modo de limosna a quienes llegan de nuevo. Son las botargas de Aleas, de Beleña de Sorbe, de Montarrón, de Retiendas y Majaelrayo, todo un mundo de color y sonido. Luego, al anochecer, vendrán las luchas entre don Carnal y doña Cuaresma.
En fin, un bello catálogo, donde aparecen numerosos recuerdos que abarcan la historia de estos Festivales Medievales de Hita en forma de fotografías, muchas en blanco y negro, rancias o asepiadas, que ahora se conviertes en documento de primerísima importancia a la hora de conocer el desarrollo antiguo de la fiesta y su evolución. Carteles, fotos, programas de pano, pasquines y anuncios que vuelven a cobrar vida.

José Ramón López de los Mozos