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martes, 4 de octubre de 2016

Todo sobre La Salceda

López de los Mozos Jiménez, José Ramón: “Algunos datos acerca de la Virgen de la Salceda, hallada entre Peñalver y Tendilla (Guadalajara)”, en Revista de Folclore, nº 415, septiembre 2016. Páginas 4-19.

Cada vez estoy más convencido de que “lo que se escribe, permanece”. Y que la sentencia latina de “verba volant, scripta manent” es absolutamente actual: solo aquello que dejamos plasmado en una publicación, en un artículo, en un libro, en un manuscrito de memorias, en unas anotaciones de archivo, formarán la historia. Las palabras, sin embargo, se las lleva el viento.
A cuento viene todo esto del pequeño y sabrosísimo artículo que López de los Mozos en estos días pasados ha visto publicado en la prestigiosa “Revista de Folklore” que en Valladolid dirige Joaquín Díaz. Es apenas la recopilación de todos cuantos datos ha podido hallar acerca de la Virgen de la Salceda, en el corazón de la Alcarria. Son bastantes esos datos, enjundiosos, gráficos los unos y literarios, documentales, bibliográficos, cancioneros, los demás. Pero todos en conjunto, nos dan una idea muy precisa respecto a la advocación mariana de Nuestra Señora de la Salceda, que con tan profunda devoción cuenta en localidades como Tendilla y Peñalver, pero también en Arbancón y en Las Torres de Cotillas (Murcia) donde la llevó una tendillana.
Todas las noticias, interpretaciones y tratamientos históricos y literarios en torno a Nuestra Señora de La Salceda están tocados, explicados, por López de los Mozos. Desde el librillo de versos que la dedicó don Cecilio Blanco, cura párroco de Peñalver, hasta una serie de grabados que recogen el momento milagroso en que la Virgen, sobre un sauce, se aparece a los caballeros sanjuanistas, los “hermanicos” de la leyenda, decidiendo entonces dedicar un templo a la Virgen.



Muestra la estampa de la “Historia de monte Celia” de González de Mendoza, y la del “Compendio historial del aparecimiento de Nuestra Señora de la Salceda” de Alonso López Magdaleno, así como la de “Arco de Paz entre Dios y el Hombre” de fray Juan Ros. Muchos detalles iconográficos nos dan perfecta idea de la plasticidad de esta leyenda develadora. Con un apéndice poético, en el que se incluyen diversas composiciones rimadas relatoras de la tradición, completa el investigador este trabajo que, sencillo y medido, nos entrega completo todo el saber en torno a un tema de nuestra intrahistoria.


AHC

viernes, 13 de junio de 2014

Una enciclopedia de las máscaras

GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, Oscar J., Mascaradas de la península Ibérica, [Oviedo], El Autor, Febrero 2014, 724 pp. (ISBN: 978-84-616-7534-0).

El libro que hoy comentamos es quizás el más amplio de cuantos existen las mascaradas (de todo tipo) que tienen lugar en la península Ibérica ya que ofrece un conjunto de más de trescientas fichas, concretamente 321, generalmente de notable extensión.
Las fichas son muy completas y en ellas se recogen el nombre de la localidad correspondiente y la provincia a la que pertenece, el nombre que recibe la fiesta, la fecha de su celebración, en qué fecha se perdió (dejó de hacerse)/ cuando se recuperó, personajes que intervienen (blancos y negros), si consta de armazón o no, qué otros instrumentos se emplean en su desarrollo y si actual o antiguamente se celebraban mayos.
La ficha parece proceder del árbol filogenético cultural de este tipo de fiestas, realizado especialmente para el libro por Belén López Martínez y Antonio Fernández Pardiñas, investigadores del área de Antropología Física de la Universidad de Oviedo, que tanto facilita el estudio comparativo de las mismas, como también puede apreciarse en el mapa de la península que se incluye en el que figuran las fiestas con diferentes colores.
Parten todas de un origen común, basado en una reunión de mozos que hacen una cuestación pidiendo alimentos con los que hacer después una comida de confraternización. De esa cuestación o petición por las calles del pueblo surgen los personajes de apertura (fustigadores) que suelen llevar cencerros y de los que proceden los guirrios, por un lado: entre los que se encuentran las y los botargas y, por otro, los zamarrones: diablos, choqueiros, zarragones, etc. Por eso, en el libro que comentamos, aparecen juntas mascaradas en las que salen personajes similares, ya sean de Galicia, León o Castilla-La Mancha, puesto que, aunque sus orígenes sean los mismos, varían el algunos elementos o acciones.
“Todas parecen seguir el mismo patrón de acciones, personajes y  transformándose con la llegada del cristianismo, que crea nuevos tipos sobre la misma base y estructura”, indica Oscar González en el prólogo del libro, añadiendo que “Los estudios realizados hasta ahora se circunscribían a mascaradas individuales o del mismo tipo y las relacionaban con antiguos ritos paganos dentro del marco símbólico”. Lo que viene a decirnos que no pensemos tanto en pasados míticos y vayamos a los hechos reales, puesto que se trata de un rito de paso, en el que los grupos de jóvenes realizan una serie de actividades cara al pueblo en el que viven incardinados, con el fin de obtener de él un reconocimiento a través de los alimentos que solicitan en la cuestación, a cambio de sus danzas, por ejemplo.
Como sigue diciendo Oscar González, estas fiestas carecen de sentido en la sociedad actual y muchas de ellas se han perdido o están en proceso de desaparición, o bien se han mantenido como elementos de atracción turística. Otras, por el contrario se siguen manteniendo o se han recuperado y gozan de excelente salud.
Volviendo al mapa antes citado podrá verse como la mayor proliferación de estas fiestas -mascaradas- corresponde al norte peninsular y más al área noroeste: Galicia y parte de Castilla y León, principalmente, correspondiendo a la provincia de Guadalajara un número importante: 29 mascaradas en total, aunque, evidentemente, no estén recogidas todas las existentes, puesto que tal vez podría incluirse la Loa a la Virgen de la Hoz con sus danzantes, así como los danzantes de Condemios.
No nos resistimos a mencionar las fiestas recogidas por Oscar González, por el mismo orden que llevan en el libro: Almiruete (Botargas y Mascaritas de Carnaval), Membrillera (Carrera del Cabro / Carnaval), Hita (Carnaval), Cogolludo (Los Chocolateros), Sierra de Atienza (Carnaval), Villares de Jadraque (Vaquillones y Zorramangos), Luzón (Carnaval de Luzón), Gajanejos (Carnaval), Valdesaz / Fuentes de la Alcarria (Carnavales), Anquela del Ducado (Vaquilla de Carnaval), Alustante (Los Inocentes), Setiles (Fiesta del Diablo), Mazuecos (Soldadesca y Botarga), Alarilla (Zarragón), Tórtola de Henares (Botarga), Humanes (Botarga), Arbancón (Botarga), Beleña (Botarga), Albalate de Zorita (Botargas de San Blas), Peñalver (Botarga), Montarrón (Fiesta de la Caridad), Robledillo de Mohernando (Botarga), Málaga del Fresno (Botarga), Retiendas (La Botarga de las Candelas), Valverde de los Arroyos (Octava del Corpus),  Majaelrayo (Danzantes de la Hermandad del Santo Niño), Valdenuño Fernández (Botarga o Fiesta del Santo Niño Perdido), Galve de Sorbe (Danzantes de Galve de Sorbe), Utande (Loa de San Acacio). Una interesante colección de fiestas aparentemente diferentes de sus acciones, pero cuyos orígenes parecen ser comunes.
El contenido del libro de Oscar González Fernández (GONFER), en el que nos cabe el honor de haber participado, es gigantesco y muchísimos los datos que aporta que, indudablemente, servirán al estudioso del tema para poder realizar cuantas comparaciones necesite. Aparte, se trata de un volumen cuya materialidad impresiona: buen papel, fotografías en color, encuadernación dura con sobrecubierta que lo hacen quizá un poco caro para el momento actual: 50 euros.

José Ramón LÓPEZ DE LOS MOZOS
 

viernes, 9 de mayo de 2014

Pasión por la Vida

PINEL MARTÍNEZ, José Antonio, Pasión por la vida, Guadalajara, Aache Ediciones (col. Letras Mayúsculas, 39), 2014, 376 pp. (ISBN: 978-84-15537-46-5).

Conocí a Juan Antonio Pinel por el año 2009, cuando acababa de dar a la estampa un bellísimo libro de relatos acerca de Arbancón, su pueblo natal, titulado Arbancón, historias, realidades e ilusiones de un pueblo. Estuvimos hablando un buen rato; me dedicó un ejemplar y tras su lectura, que verdaderamente disfruté, y dejé constancia de lo que aquellos relatos me sugirieron en las páginas de este mismo periódico, a través de una breve reseña.
Me pareció una obra entrañable, escrita con verdadero cariño y es que se nota cuando alguien, acaso un escritor, pone cariño en lo que hace.
Pues bien, ese mismo cariño lo he vuelto a percibir, a comprobar, tras la lectura de Pasión por la vida; la última novela que José Antonio Pinel ha escrito, en la que lo cotidiano rural va convirtiéndose lentamente y como por arte de magia, en narración literaria llena de sentido y profunda belleza.
Leí esta novela hace algún tiempo, cuando aún no era más que un montón de folios, un primer manuscrito ilusionado e íntimo, que José Antonio puso en mis manos para solicitar mi pobre opinión acerca de su contenido, su forma de expresión...
Hoy veo la obra dignamente editada y sigo manteniéndome en mis trece.
El amor que Pinel siente hacia su pueblo se extiende y amplía también hacia sus gentes, las gentes de Arbancón.
Si las descripciones geográficas, pongamos por caso, son deliciosas -el hombre apegado a la tierra que lo vió nacer y que la respeta como a una madre junto a todo lo creado alrededor-, no lo son menos las que dedica a sus convecinos, a los que trata con verdadero respeto y educación, algo poco común en los tiempos actuales. Es el trato que concede la familiaridad que nace de la proximidad vecinal, pero al tiempo, con el respeto que las personas, aunque sea por su edad, o precisamente por ello, merecen.
Pinel lo lleva a rajatabla, puesto que, aunque nació en el cuarenta y siete, aún conserva la huella del tiempo pasado en el pueblo, en Arbancón, y el poso de la educación que recibió en la capital, cuando los tiempos eran tan diferentes y se vivía la postguerra más cercana. El resultado es, como señala Benito Hergueta Barbero en su prólogo, “romántico e intimista”. O, por lo menos, en muchas ocasiones.
Y sí, es posible que existan personajes en esta novela que sean ficticios, aunque creo que no lo serán del todo, porque siempre hay algo del pensamiento del autor en la forma de ser de los personajes que ha ideado. Pero qué más da, si al fin y al cabo, se trata de una obra literaria y aquí sí, aquí están permitidas ciertas licencias. De todas formas son personas y personajes a los que trata con verdadera sensibilidad, esa sensibilidad que permite al escritor situarse ante el sujeto de que se trate en cada momento y analizarlo mentalmente para ver lo que va a suceder antes de que suceda, como si de una partida de ajedrez se tratase. Por eso los diálogos son fluidos, rápidos, no muy alargados, y se pueden leer continuadamente, lo que contribuye a que el lector no pierda su interés por lo escrito.
Paisajes, gentes, tramas que van formando el desarrollo del libro, pero en los que se advierte cierta tendencia a lo nostálgico, al tiempo pasado, a los años que se vivieron en el pueblo y que tanta huella  dejaron después, cuando por circunstancias vitales hubo que alejarse del paraíso cálido y amoroso y formar parte, integrarse, en la vorágine urbana madrileña, tediosa y fría, que, en algunos aspectos, también se puede percibir, especialmente a través de ciertas actuaciones sencillas, cotidianas, de los principales protagonistas de la novela, quizá hoy frecuentes en cualquier película o teatro televisivo:
“Al oír el timbre abrió la puerta con rapidez. En el pasillo el cartero le ofrecía un sobre grande a cambio de una firma en su libreta de control (...) Tras el portazo, controlado con la puntera de su zapato (...) como de costumbre en los momentos de nervios, se dirigió a la nevera, sacó una coca-cola y se metió en su estudio (...) La carta quedó descansando sobre la bandeja.”
Es decir, el detalle, por mínimo que sea, queda patente en lo que Pinel escribe, hasta esos pequeños actos que, por lo general, solemos hacer maquinalmente, como si de un tic nervioso se tratase.
Y, entre medias, vibrando las preocupaciones del autor tendentes a la mejor conservación, prosperidad y desarrollo de su pueblo, que deja ver a lo largo de toda la narración. Los valores heredados de sus antepasados y que el pueblo debe mantener e incluso incrementar, cara a las generaciones que vengan, porque José Antonio Pinel tiene un concepto, digamos histórico, de lo que es la vida actual de Arbancón, como si de un ciclo de tratase, de un constante retornar:
“Enraizados en la cepa castellana jamás pierden (los hombres y mujeres de nuestros pueblos) el rictus de la satisfacción. En las tardes de paseo por tu pueblo, no te olvides, estás andando sobre tu historia y sobre la de ellos. Tus pasos. Tus pasos son de gracia. El camino machadiano que nos acoge a todos”. (Carta del autor).
Y es que hay algo muy importante a tener en cuenta, que también nos señala el autor, para que lo tengamos en cuenta cuando nos dispongamos a leer su libro:
“Sin ellos ¿quién podría atestiguar que el escritor pasó un día por aquí? Suya es, pues, esta novela porque suyo es el camino que se esconde entre callejas, veredas y torrenteras”.
El lector disfrutará de todo lo anterior con la lectura de esta novela que comienza cuando, por culpa de un simple error, una equivocación al teclear el ordenador, en lugar de salir un pueblo sale otro que no podía ser mas que Arbancón 1960, a poca distancia de Madrid, por lo que el protagonista, Ángel, decide hacer una excursión virtual, propuesta por el propio ordenador, que también le ofrece la posibilidad de ir sólo o acompañado: “Con un padre de conductor y su hijo de acompañante”, y la posibilidad de poner nombre a sus acompañantes: Cristóbal y Noé.
A Ángel, todo le llama la atención, los apodos, el que los chavales del pueblo coman pan y quesillo... Y hasta el cartel de la entrada al pueblo que rezaba: “Turismo sexual”, porque los gamberros habían manipulado las letras de “sensual”.
Precisamente esto del “turismo sensual” es lo que da pie a los capítulos que vienen a continuación. La nota decía sí:
“Asistiendo los cinco domingos dispondrá de un bono de pareja para pasar una Noche al Sereno en las Eras de Arriba. Podrá contemplar un mar de estrellas con la boca abierta, oler a trilla, escuchar el cuclillo, conocer la luz de la oscuridad castellana y vivir un sinfín de experiencias. Se le servirá una cena típica de verano. Amará la noche sin descanso: desde que salga Venus hasta que se levante el sol”.
 Cada capítulo se acomoda al programa de una serie de “Degustaciones culinarias” semanales, a saber: el primer domingo toca oler; el segundo saborear, el tercero ver, el cuarto escuchar y, el quinto tocar, finalizando el sexto con el premio indicado en la nota anterior: “Una noche con las estrellas”.
Las semanas se van sucediendo, cada vez con mayor interés. Los descubrimientos que pueden hacerse en un pueblo como Arbancón llaman la atención a un muchacho de la capital que se cree vivir al momento y poco a poco va reconociendo otros valores ocultos que merecen la pena. Entra en el pueblo y en sus protagonistas a través de las cosas que le han ido surgiendo a lo largo de ese mes largo; algunas llamativas, como que el domingo destinado a los olores, sean los de la miel, del taller del abarquero y las especias choriceras, o que el domingo del saboreo comience con pastelillos de “aire frito”, o que el tercero que es de ver, recayera sobre la guía y protección de un ciego... Así domingo tras domingo, con alegrías sanas, a través de las cosas más sencillas, aquellas que vieron nuestros abuelos y nuestros padres, y que nosotros vemos tan alejadas hoy que nos parecen de otro mundo, de un mundo ciertamente perdido. Tan perdido en muchos aspectos que José Antonio Pinel no quiere que desaparezcan del todo, al menos sus nombres y, por eso, ha insertado al final de su novela un amplio “palabrario” en el que ha recogido muchos vocablos que hoy suenan arcaicos y que, seguro, muchos jóvenes (y no tan jóvenes) ya no conocen: acial, adra, bacho, besana, caballón, cabrillas... incluyendo alguna que otra receta de algún que otro dulce.
Un mundo  cercano, al alcance de la mano, al que se llega desde el exterior con buena voluntad y decisión de adaptarse al espacio-tiempo para conocer cosas nuevas, perdidas en algunos sitios y conservadas en otros.
Al fin eso, una novela entrañable que José Antonio Pinel nos regala para alegrarnos, aunque sólo sea por un momento -el de su lectura-, la existencia.


viernes, 5 de octubre de 2012

Arbancón y su legado


BALLESTERO JADRAQUE, Mario, A la luz de un candil: Arbancón y su legado, Guadalajara, Diputación Provincial de Guadalajara, 2011, 272 pp. Premio Provincia de Guadalajara de Investigación Histórica y Etnográfica 2010 (ISBN: 978-84-92502-25-7).

Arbancón y su legado recibió el Premio Provincia de Guadalajara de Investigación Histórica y Etnográfica 2010, convocado por la Diputación Provincial de Guadalajara, que también se hizo cargo de su publicación.
Aparentemente estos libros que pudieran ser tachados de excesivamente localistas no lo son tanto si consideramos que muchos aspectos que ellos se tratan están enfocados desde un punto de vista, metodológicamente hablando, mucho más amplio, como es el caso del libro que comentamos.
Así, comienza ofreciendo unas breves pinceladas acerca del Arbancón actual, en base a su descripción geográfica y humana, a la que sigue un “callejeo” -el mero hecho de ruar ya es importante para el visitante, que así conocerá mejor cualquier población y captará su esencia- a través del que puede contemplarse el patrimonio artístico existente, destacando el retablo mayor de su iglesia, realizado en 1656 por Pedro Castillejo y, especialmente alguna de las pinturas que alberga, como “La batalla de Clavijo” debida al pincel del también seguntino Mathías Ximeno.
También figuran el edificio que sirve de Ayuntamiento y la fuente “de los Cuatro Caños”, que preside la plaza, la ermita…
Apartado especial merece su representación folclórica -o etnográfica- más genuina, que es la botarga, ese enmascarado que recorre las calles del pueblo el día de la Candelaria, cuyas máscaras dejó de hacer ya hace años aquel buen amigo que fuera Hermenegildo Alonso, “el Mere”, con quien tantas horas pasé en su taller o paseando por la carretera, a pesar de su asma y su hipertensión.
El tema de la historia de la localidad comienza en la Prehistoria, se extiende con los arévacos, continúa con la Hispania romana, los visigodos, los árabes, la baja Edad Media, durante gran parte de la cual perteneció al duque de Medinaceli; Arbancón en el Siglo de Oro -sin mención alguna a Arbancón en las respuestas de Cogolludo en las Relaciones Topográficas mandadas hacer por Felipe II, y con una sola cita en las de Muriel y San Andrés del Congosto- momento al que corresponden los “Libros de Cuentas” (1599) que se conservan en su Archivo Municipal, que nuestro autor traslada para mayor conocimiento, y que se extienden a otros años posteriores en los que se trata del abono de salarios, la vida religiosa y otros gastos y cuentas, para dar paso a un capítulo de gran importancia para la historia local, que es el que se refiere a la desanexión de Arbancón del Común de Cogolludo, cuya firma tuvo lugar, tras muchos dimes y diretes, y el pago a Felipe V de una elevada cantidad de dinero, el día 12 de agosto de 1721, con lo que quedó como “Villa de por sí, y sobre sí; con Jurisdicción Civil y Criminal, Alta, y Baja, Mero y Mixto Imperio en primera instancia”.
También llama la atención del lector el capítulo tercero, que lleva por título “Arbancón, Lunes 30 de Octubre de 1752”, fecha que no está elegida al azar, puesto que sirve de entrada a lo que constituye la vida de “un día cualquiera” en la vida del pueblo a la luz de las respuestas, a la encuesta, de la única contribución, o sea, a lo que las gentes de Arbancón contestaron a las preguntas del Catastro del Marqués de la Ensenada. Es un largo capítulo que acerca al lector al pueblo del momento y que invita a comparar aquellas descripciones con lo que ha llegado al momento actual.
Mucho menos conocido es el apartado que Mario Ballestero dedica en su libro a la influencia que la Ilustración dejó en la ya villa, especialmente en lo que al desarrollo de la agricultura se refiere, puesto que explica con detenimiento las experiencias allí realizadas gracias a los auxilios de la Sociedad Económica de Amigos del País de Arbancón que, junto con Sigüenza, fueron las dos únicas poblaciones de la actual provincia de Guadalajara a las que la Matritense, de la que dependían, aprobó sus proyectos.
Desde nuestro punto de vista es el apartado más interesante, por desconocido.
La solicitud de Arbancón lleva fecha de 6 de abril de 1784, pero no fue aprobada hasta el 30 de agosto de 1793, aunque comenzase sus actividades en el verano de 1783, y todo ello gracias al incansable tesón de don Joseph Hidalgo Gutiérrez, alcalde ordinario de la Villa y un auténtico ilustrado, como demuestra en su memoria “Sobre el modo más sencillo de adelantar los Montes y Plantíos en el Obispado de Cuenca, sin perjuicio de la Agricultura y los Pastos” presentada en la Matritense, cuyos méritos fueron premiados con 1.500 reales que donó íntegramente a favor de las mujeres pobres de la población, a las que enseñó el manejo de los tornos de hilar lino y cáñamo, promoviendo así la industria popular, luchando contra la ociosidad, favoreciendo el trabajo de la mujer y, por tanto, tratando de lograr el mayor bienestar del vecindario.
Según la documentación consultada, el 8 de septiembre de 1783 se reunen en la Casa del Ayuntamiento hasta dieciocho almas, con el fin de fundar la Sociedad Económica de Amigos de la Patria de Arbancón, según unos principios basados en el bien público, con la intención de instruir a las niñas y mujeres pobres (y al resto, en general), investigar los medios más eficaces para el desarrollo de la arboricultura, proteger la labranza y la escuela de hilar lana con destino a las Reales Fábricas y conceder premios, a modo de acicate, a los distintos oficios en desarrollo.
Las Juntas se debían reunir una vez al mes y para su desarrollo se nombran los cargos de Director (el párroco licenciado D. Joseph Tomás Zarzalejo), Censores (dos presbíteros), Secretario (el alcalde ordinario), Tesorero y Visitador a los que se explica sus obligaciones.
Varias páginas más ayudan al lector a comprender la idiosincrasia del ilustrado que fue Joseph Hidalgo Gutiérrez, sus desvelos por incrementar la industria local y su lucha contra las mentalidades anquilosadas, representadas por los eclesiásticos.
Los datos de la Sociedad llegan hasta el día 2 de enero de 1799, es decir, dos meses después del fallecimiento de nuestro buen ilustrado. Este capítulo, por sí mismo, debidamente ampliado, merecería una publicación monográfica.
Una serie de apéndices acerca de la “Evolución demográfica”, la “Toponimia”, la “Descripción del escudo de Arbancón” y las “Medidas antiguas” da paso a la bibliografía final.

viernes, 6 de julio de 2012

Una guía perfecta, de nuestra Sierra Norte


UN AMPLIO RECORRIDO POR LOS PUEBLOS DEL OCEJÓN Y ALGUNO MÁS.

ALONSO RAMOS, José Antonio; HERRERA CASADO, Antonio, y MONJE ARENAS, Luis, La Sierra Norte de Guadalajara paso a paso, Guadalajara, Aache ediciones (col. Tierra de Guadalajara, 82), 2012, 272 pp.

La editorial Aache nos sorprende gratamente con la reciente publicación de este libro, que tiene como fin conducir al lector, o mejor al visitante, por los pueblos de la Sierra Norte -37 municipios que, en realidad son 59 núcleos de población-, tal y como se especifica en las tres ofertas de “turismo activo” que sus autores hacen tras su introducción.
Se trata, pues, de una cómoda guía en la que se unifican multitud de datos interesantes acerca de la naturaleza, la historia y el patrimonio (arquitectónico y etnográfico) que, hasta ahora eran -en muchos casos- notas dispersas en tantos otros libros y publicaciones de escasa tirada y difusión.
El libro está dividido en cinco apartados o capítulos de diversa extensión: La Naturaleza, donde se da a conocer el relieve de la zona (Sierras de Ayllón y de Pela, Alto Rey), su geomorfología (propia de las estribaciones del Sistema Central), sus cuencas hidrográficas (del Jarama, Sorbe y Bornova), el clima y la flora y fauna.
Una vez descritas las principales características que conforman esta Sierra Norte, se entra en lo que se ha venido en denominar “la arquitectura negra” (capítulo 2), que recibe este nombre precisamente por el color oscuro de sus componentes, principalmente lajas de pizarra y madera, además de gneis y barro, que se emplean tanto en las viviendas como en las construcciones auxiliares utilizadas para guardar aperos, como para el ganado.

lunes, 6 de febrero de 2012

Sorpresa en Arbancón


Antonio Herrera Casado / 6 febrero 2012
El sábado 4 de febrero de 2012 se ha presentado en el Salón de Actos del Ayuntamiento de Arbancón (Guadalajara) un libro que explica la historia de la villa. Un libro con el que hace un año ganó el Premio de Investigación Histórica “Provincia de Guadalajara” el profesor Mario Ballestero Jadraque. Lleva por título, como no podía ser de otra manera, “Arbancón y su legado” y en él se ofrece como en panorámica visión de veinte siglos, el devenir pretérito de este lugar de la preserranía guadalajareña.
En la cubierta del libro –que ha editado la Excmª Diputación Provincial con un estupendo aspecto y una calidad técnica sin tacha- aparece un rincón del pueblo y unos personajes a los que me atrevo a dar nombres: sentado en su sillón está don Joseph Hidalgo Gutiérrez, y a llevarle conversación se acercan, respetuosos, Ramón Mariano Martínez, y Catalina Montero, sus amigos.
Es un lunes, 30 de octubre de 1752, y en ese día se empieza a anotar, por parte de escribanos y alcaldes, de regidores y procuradores, el total de bienes que tienen y frutos que obtienen los habitantes del lugar. Van a cumplimentar una orden que ha emitido, va ya para dos años, el gobierno de Su Majestad, y que promovida por su secretario o ministro de Hacienda, don Zenón de Somodevilla y Bengoechea, marqués de la Ensenada, pretende analizar los bienes y frutos de todos y cada uno de los españoles, para que coticen impuestos en equidad con sus ingresos, y hacer así un Estado fuerte, desde el que se administren esos dineros allegados por real Orden, y con ellos llenar el país de obras públicas y beneficiar a todos por igual. Es el resultado de la política de la Ilustración, momento en el que España, aún dentro del Antiguo Régimen, da un primer paso para igualarse a la Europa ilustrada y en progreso.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Vieja memoria de Arbancón




Arbancon, de moda


El Premio “Provincia de Guadalajara” de Investigación Histórica y Etnográfica, de 2010, fallado recientemente, ha recaído en un trabajo presentado por Mario Ballestero Jadraque, que es profesor de Física y Química en el Instituto “Grande Covián” de Arganda, y que es de Arbancón. El premio lo ha obtenido con un estudio titulado “Arbancón ilustrado” y cuyo fundamento radica en el análisis concienzudo de la historia de la Sociedad Económica de Amigos del País que se creó en el siglo XVIII al mismo tiempo que las de Guadalajara, Sigüenza y otras muchas por toda España.
En nuestra provincia solamente se llegaron a crear esas tres, aunque en Pareja hubo un intento parecido. El trabajo de Ballestero Jadraque, se adentra en la historia general de Arbancón, de la que refiere elementos desde los precedentes más antiguos, hasta hoy mismo, pero se centra en el estudio documental del siglo XVIII, teniendo por eje, lógicamente, el Catastro del Marqués de la Ensenada, del que añade una aportación fantástica: el mapa completo del pueblo, con las propiedades de todos y cada uno de sus vecinos.
Suponemos que, como en años anteriores, la Excmª Diputación Provincial que es la convocante del Premio, editará este libro para goce de los lectores alcarreños. Un elemento nuevo que añadir a nuestra bibliotecas alcarreñistas. Más datos sobre Mario Ballestero Jadraque y sobre Arbancón.

sábado, 20 de marzo de 2010

Historias de Arbancón




PINEL MARTÍNEZ, José Antonio, Arbancón. Historias, realidades e ilusiones de un pueblo, Madrid, El Autor, 2009, 184 pp.

José Antonio Pinel es otro nombre nuevo, a conocer, dentro del mapa literario de la provincia de Guadalajara. Nacido en Arbancón en 1947, actualmente es Catedrático de Lengua y Literatura en el IES Profesor Máximo Trueba de Boadilla del Monte (Madrid). Tiene publicados libros como Manual de Literatura Española (Castalia), Comentarios a La Celestina (Santillana y Cuentos Medievales (Castalia), que nada tienen que ver con el libro que comentamos.
Se trata de un ramillete de relatos breves, trece en total, escritos con pulcritud y amenidad. En ellos se alude a los viejos recuerdos de la infancia, en algunos casos compartidos. Son relatos sencillos cargados de emotividad, algunos lindando casi con lo antropológico, así el titulado "Las Puertas del Amor". Otros hacen referencia al último periodo bélico: "El Reloj de la tienda" y muchos a la infancia: "El Tren", "El traje de Comunión", "La lorza de la camisa"... Enternecedor el recuerdo del abuelo, de los padres, de los juegos con los otros chicos del pueblo y del exámen de preparatoria en el primitivo Brianda de Mendoza.
Estoy seguro de que cualquiera de los lectores que haya vivido, aunque sea solo por poco tiempo, en uno de nuestros pueblos, se verá reflejado en estos relatos, que dicho sea de paso, se leen de un tirón.

José Ramón López de los Mozos