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martes, 15 de mayo de 2018

El encanto de las plazas mayores



Hace algunos años que el Colegio Oficial de Arquitectos de Castilla-La Mancha, en su sede de Guadalajara, adoptó el acuerdo de editar una obra que recopilaba muchos años de trabajo de un gran arquitecto y académico, de don Luis Cervera Vera. Conocido de todos cuantos aman el arte y el urbanismo en España, Cervera Vera se dedicó no solo a emprender y dirigir obras de restauración en los más emblemáticos lugares de nuestra patria, sino que disfrutó haciendo dibujos, en forma de apuntes, pero muy elaborados, de todos aquellos lugares que visitaba. Entre ellos destacan el monasterio de San Blas de Lerma, la Calle Mayor de Alcalá de Henares, la plaza redonda de Aguilar de la Frontera, la calle mayor de Tendilla, o el pueblo y castillo de Pelegrina, entre otros…

Pero quizás una de us obras más logradas, conocida en toda España a partir de entonces, sea la que supuso la recopilación de todos los estudios, dibujos, planos y detalles de las “Plazas Mayores de las Comarcas Guadalajareñas”, que es el título de este libro que nos ocupa.

Ayudado en la recopilación de imágenes y datos por su hijo, Luis Cervera Miralles, el académico Cervera monta un libro de 420 páginas, en tamaño de folio mayor, con centenares de imágenes. El listado es inmenso, y más de doscientos pueblos de la provincia alcarreña se ven retratados, analizados, estudiados en este fantástico libro, impreso en monocromo, (pues los dibujos de Cervera están todos ellos hechos con estilógrafo de tinta negra) y sobre un papel de gran calidad.

Una obra de imprescindible consulta para quienes desean tener, recogida y analizada, esa profusa y densa carga de ancestrales saberes y perfiles que constituye la arquitectura popular española.

sábado, 29 de octubre de 2016

De nuevo a la Alcarria, en un viaje colorista

OREA [SÁNCHEZ], Jesús, Viaje a la Alcarria en familia, Guadalajara, Diputación de Guadalajara, 2016, 335 pp. [ISBN: 978-84-92886-89-0].

Dos aspectos fundamentales son dignos de destacarse en el libro que comentamos, quizá los más sobresalientes: por una parte, la importancia que dicho libro tiene para, a través de su lectura, comprender mejor esa pequeña parte de la obra celiana que es el Viaje a la Alcarria, por lo que el  autor del mismo se ha planteado su redacción teniendo siempre presente el interés didáctico, dado que está escrito principalmente para esos niños que ya van dejando de serlo y comienzan a preguntar por todo cuanto les rodea, pero sobre todo por el lugar donde viven, aunque también es necesario que lo lean los demás miembros de la familia, fijándose detenidamente en el modelo de “ficha” (que comentaremos más adelante) y que su autor, Jesús Orea, propone como ya lo hizo anteriormente con otro libro de parecidas características y fines, que vio la luz no hace mucho (2014) bajo el título de Guadalajara para niños, ilustrado como el que comentamos por Nora Marco y del que dimos noticia en su momento a través de  una reseña publicada en estas mismas páginas.

El segundo aspecto a destacar se refiere única y exclusivamente a lo que podríamos considerar como la “materialidad” del libro, que lo hacen sobresalir de entre la casi totalidad de publicaciones que van viendo la luz en nuestra provincia.

Tapas duras, papel de excelente calidad, fotografías y dibujos a todo color, tipos de imprenta perfectamente seleccionados, interlineado suficiente que produce la sensación de claridad u ayuda a una más fácil lectura, utilización de tintas de diferentes colores a la hora de indicar las distintas rutas del viajero, así como un mapa del itinerario, etc., que hacen del libro un ejemplar digno de las mejores bibliotecas y colecciones.

Se trata, en fin, de unextenso trabajo de 335 páginas, en el que se va dando a conocer, a lo largo de veinte etapas el libro de referencia -el Viaje a la Alcarria-, comenzando cada una de ellas mediante una breve sinopsis con la que conocer al detalle aquello que podríamos denominar como “las coordenadas espacio-temporales” del momento, es decir, el lugar de que se trate en caso, tal y como lo vio y lo vivió C.J.C. 

Sinopsis que posteriormente se amplía gracias a un apartado fundamental: “Qué saber de Guadalajara” (puesto que, en este caso, al tratarse de la primera etapa el viajero ha llegado a la capital alcarreña, procedente de Madrid).

Este apartado recoge datos históricos sobre la evolución de la ciudad y finaliza con unos datos que consideramos imprescindibles (sobre www.guadalajara.es y la Oficina de Gestión Turística: http://www.guadalajara.es/es/Turismo/Turismo-Oficina-de-Gestion), a los que sigue otro apartado más, pero en esta ocasión centrado en “Qué ver en Guadalajara”, es decir, en sus principales recursos histórico-artísticos: el puente árabe, el Alcázar Real, los torreones del Alamín y de Alvar Fáñez, etcétera, además de otros recursos culturales como la Biblioteca Pública Provincial (palacio de Dávalos), la exposición permanente “Guadalajara en la Historia”, el Museo Francisco Sobrino… y los principales recursos naturales: los parques de la Concordia, san Roque, de la Fuente de la Niña y otros muchos más.

“Cuándo ir a Guadalajara” es el tercer apartado que se propone, aunque todas las fechas sean buenas para visitarla. La propuesta se centra en algunas manifestaciones festivas como “Naviguad” y la Cabalgata de Reyes Magos (2 al 5 de enero), Carnaval (febrero- (marzo-abril, variable), Semana Santa (marzo-abril, variable), el Maratón de los Cuentos (a mediados de junio), “Solsticio Folk (segunda quincena de julio), Ferias y Fiestas (segunda o tercera semana de septiembre) y El Tenorio Mendocino (finales de octubre y primeros de noviembre), algunas de ellas destinadas a personas adultas.

Pero además, y aquí radica en gran parte el interés del libro, se propone un “Viaje a Guadalajara para niños” siguiendo las huellas del literato, en el que todos aquellos monumentos que se reseñaron para los más mayores, se adaptan ahora al nivel de la grey infantil mediante juegos sencillos, por ejemplo, investigando cómo es el escudo de la ciudad o buscando en la iglesia de santa María el Cristo “de los Apóstoles” y saber de donde procede dicha denominación popular.

Además, para ello puede contarse con diversos materiales didácticos preparados por el Patronato Municipal de Cultura del Ayuntamiento de la ciudad, a los que se puede acceder mediante el enlace de Internet que se indica.

El libro va desarrollando sucesivamente todas y cada una de las etapas, de forma similar a la que acabamos de ver, que nos ha servido de modelo. Todo ello al detalle, sin que se escape noticia alguna por pequeña que pueda ser, tratando de que el libro sirva a un tiempo a los mayores y a los niños, de modo que contribuya a que ambos despierten el  “gusanillo” de su amor hacia esta pobre Alcarria, Cenicienta tantos años, a la que, según Cela, “… a la gente no le da la gana ir” (Viaje a la Alcarria, 1948) y que, afortunadamente, se ha ido convirtiendo en “un país al que a la gente ya de va dando la gana ir” (Nuevo viaje a la Alcarria, 1986).

Una bibliografía imprescindible (básica), como para comenzar, completa el libro y lo enriquece.
Enhorabuena a su autor y a su ilustradora, así como a sus patrocinadores, por la edición de este libro que representa un gran acierto, por su aportación al conocimiento de la provincia de Guadalajara por parte de ese turismo “familiar”, que tanta importancia tiene para su desarrollo cultural y económico.


martes, 4 de octubre de 2016

Todo sobre La Salceda

López de los Mozos Jiménez, José Ramón: “Algunos datos acerca de la Virgen de la Salceda, hallada entre Peñalver y Tendilla (Guadalajara)”, en Revista de Folclore, nº 415, septiembre 2016. Páginas 4-19.

Cada vez estoy más convencido de que “lo que se escribe, permanece”. Y que la sentencia latina de “verba volant, scripta manent” es absolutamente actual: solo aquello que dejamos plasmado en una publicación, en un artículo, en un libro, en un manuscrito de memorias, en unas anotaciones de archivo, formarán la historia. Las palabras, sin embargo, se las lleva el viento.
A cuento viene todo esto del pequeño y sabrosísimo artículo que López de los Mozos en estos días pasados ha visto publicado en la prestigiosa “Revista de Folklore” que en Valladolid dirige Joaquín Díaz. Es apenas la recopilación de todos cuantos datos ha podido hallar acerca de la Virgen de la Salceda, en el corazón de la Alcarria. Son bastantes esos datos, enjundiosos, gráficos los unos y literarios, documentales, bibliográficos, cancioneros, los demás. Pero todos en conjunto, nos dan una idea muy precisa respecto a la advocación mariana de Nuestra Señora de la Salceda, que con tan profunda devoción cuenta en localidades como Tendilla y Peñalver, pero también en Arbancón y en Las Torres de Cotillas (Murcia) donde la llevó una tendillana.
Todas las noticias, interpretaciones y tratamientos históricos y literarios en torno a Nuestra Señora de La Salceda están tocados, explicados, por López de los Mozos. Desde el librillo de versos que la dedicó don Cecilio Blanco, cura párroco de Peñalver, hasta una serie de grabados que recogen el momento milagroso en que la Virgen, sobre un sauce, se aparece a los caballeros sanjuanistas, los “hermanicos” de la leyenda, decidiendo entonces dedicar un templo a la Virgen.



Muestra la estampa de la “Historia de monte Celia” de González de Mendoza, y la del “Compendio historial del aparecimiento de Nuestra Señora de la Salceda” de Alonso López Magdaleno, así como la de “Arco de Paz entre Dios y el Hombre” de fray Juan Ros. Muchos detalles iconográficos nos dan perfecta idea de la plasticidad de esta leyenda develadora. Con un apéndice poético, en el que se incluyen diversas composiciones rimadas relatoras de la tradición, completa el investigador este trabajo que, sencillo y medido, nos entrega completo todo el saber en torno a un tema de nuestra intrahistoria.


AHC

viernes, 31 de julio de 2015

Tendilla en la Guerra Civil y el franquismo

DE LUZ MEDEL, Concepción, Tendilla de la Guerra Civil y la represión franquista. Materiales para una historia local, Guadalajara, Federación Estatal de Foros por la Memoria (Foro por la Memoria de Guadalajara), 2014, 363+7 pp. [ISBN: 978-84-617-1399-8].

Concepción de Luz Medel, tendillera de corazón, nos ofrece un libro que podríamos calificar sencillamente -y tanto- como “intenso”, duro, tremendo. Un libro cargado de “adrenalina histórica” en recuerdo a la memoria de las gentes de su amada Tendilla.

Un libro serio y quizás cruel en algunos aspectos, pero bien escrito, que podríamos dividir en tres apartados:

1) “Del golpe de estado y comienzo de la guerra”, que viene a ser el pórtico o manera de introducción al tema, que parte de la conflictividad social y las elecciones de 1936, así como de la creación de los bandos que dieron a conocer el comienzo de la guerra y los hechos más destacados que tuvieron lugar en el pueblo protagonista, tras la incautación de las fincas que se decía o consideraban ¿abandonadas?, así como los hechos que tuvieron que soportar el sacerdote y los llamados “señoritos”, con el asalto a la iglesia y a la imagen del Sagrado Corazón de Jesús que, al igual que en Tendilla, tuvieron lugar en tantos pueblos de España. Luego vendría la ayuda al Socorro Rojo, la implantación de la UGT, la creación de la Casa del Pueblo y las llamadas “Listas Negras del 15 y 16 de octubre de 1936”, así como la influencia que el bombardeo sobre Guadalajara -y el asalto a su cárcel- tuvieron más tarde en el consiguiente bombardeo de Tendilla y los cambios municipales consecuentes: el consejo municipal, la Guardia Civil sustituida por la Republicana, la atención médica y la botica. Importantísimos datos a los que acompaña la serie estadística de nacimientos y fallecimientos, no sólo entre la población civil, sino también, de entre la soldadesca. Curiosamente se conserva y sigue una nómina de matrimonios habidos durante el periodo bélico, al igual que las consecuencias que para la escuela tuvo la guerra; capítulos que dan fin a esta primera parte mencionada con lo que fueron las consecuencias: la represión consiguiente, contando con el establecimiento de los tribunales de urgencia y los posteriores listados de represaliados y ejecutados, cuya relación aparece consignada por la fecha de ejecución, o en su defecto, los campos de concentración para “redención de penas por el trabajo”, prisiones y destierros de los tantos tendilleros.

2) La segunda parte consiste fundamentalmente en un índice, inmenso y gigantesco, de los represaliados por el franquismo, que abarca nada menos que desde la tramitación de expedientes, en su mayor parte denuncias, de cerca de ochenta personas, hasta la retirada del papel moneda y cómo se vio Tendilla en la causa general.

3) Y un tercer capítulo, que consiste en las fuentes utilizadas para la realización de este magnífico trabajo que, aparte de muchas de las personas sobrevivientes o descendientes de ellas, se basa en datos pertenecientes a diversos archivos españoles y a una amplia bibliografía al uso, además de gran copia de anexos entre los que se encuentra una inmensa gama de datos tan llamativos por su interés como, por ejemplo, diversas actas de incautación; árboles genealógicos de familias represaliadas; el acta de cesión del Ayuntamiento a los trabajadores de la tierra; un listado de los ejecutados en Sacedón; la solicitud de nombramiento del boticario; los documentos en que se recoge la serie de heridos, muertos y desaparecidos; un mapa del cementerio de Guadalajara; así como otros muchos más, correspondientes al apartado dedicado a “Documentos que se aportan de la brutal represión”, como carnets, cartas, fichas, filiaciones, juicios, juramentos (de no pertenencia a la masonería), solicitudes de suministros de víveres, de conmutación de penas y montones de testimonios de vecinos y otros Ayuntamientos.

Fue así. (Pero por ambos lados, que eso no consta en el libro que comentamos).

De ahí que el lector se encuentre al comienzo con una frase, tal vez heladora:

Mirar para atrás para recordar, y para saber; Y mirar adelante para aprender y no olvidar”,

aunque seguida de algo más, que no me gustaría dejar en el tintero, por lo que creo que significa para la autora del libro, y que dice así:

“Nos habían contado poco o nada de lo ocurrido pero intuíamos que algo tremendo sucedió. Con el paso de los días muchas voces han ido recordando la tragedia que tantas familias vivieron en Tendilla durante la postguerra. Su testimonio, pese al paso de los años, no llega tarde. Más vale saber que no saber. Al fin y al cabo, la Historia, se cuente o no, es una. Contarla no cambia las cosas pero si las explica”.

Y tras los agradecimientos, muchos, y alguno que otro doloroso, unas palabras más, que también traslado al lector:

“Después de más de 70 años entre todos hemos conseguido que sus nombres [los de los tendilleros que sucumbieron en la guerra del 36-39] y su historia no se olviden”.

En realidad es triste, muy triste, recordarlo, pero el origen del libro está en aquel día de mediados de abril de 2009, en el que el padre de la autora le preguntó, como sin darse cuenta: “Con esto de la Memoria Histórica… ¿podríamos saber dónde está mi padre?”, que, al fin y al cabo, no dejan de ser cosas amorosas, en este caso paterno-filialales.

Fue una pregunta que obligaba a indagar y a pasar muchas horas en los archivos, pero para saber por dónde iban los tiros nada mejor que comenzar por la confección de un árbol, en este caso genealógico, en el que poner cara a las personas. Después ya vendría la labor de seguimiento de pistas y datos, de entrevistas en las que nadie quería contar lo sucedido, como si se tratara de un sueño poco acorde con lo que en su día comentó José Luis García de Paz en su Memoria gráfica de Tendilla en el siglo XX (Guadalajara, Aache, 2009).

En realidad nada indicaba el pasado de una guerra tan cruel y despiadada, ni salían a relucir datos que pudieran indicar lo ocurrido, ni siquiera por parte de los sufridores: “La gente no lo quiere recordar porque fue muy trágico”.

Poco después, en el mismo texto, aparece una frase, para mí lapidaria, de la que quisiera dejar constancia, porque, a veces, el libro que comentamos peca de parcial y subjetivo, lo cual no deja de ser frecuente en este tipo de publicaciones:

“Que en Tendilla no se combatiera ni fuese frente de guerra hace más inexplicable la represión tan dura que sufrieron y que más tiene que ver con saldar viejas cuentas entre quienes tenían ideologías distintas. De algún modo los crímenes cometidos por aquellos milicianos sirvieron de excusa pues hasta entonces, nunca hubo violencia en nuestro pueblo. No les bastó con ganarnos la guerra, querían que nos muriéramos de hambre. Trataron de cambiar la historia y borrarnos hasta del pueblo” (José Luis de Luz Polanco).

(Es muy posible que en estas palabras se contenga todo lo sucedido de forma abreviada: ¿Viejas rencillas que se saldaron por los del mismo color aprovechando la coyuntura? ¿Quién sabe? Pero eso -es decir, aquello- hoy, pertenece oculto en la conciencia de cada cual).

Es, en fin, este, un libro que habla de los vencidos. Pero yo pregunto y me pregunto ¿de qué vencidos? Pues que los dos contendientes, azules y rojos, rojos y azules, terminaron igualmente vencidos y muertos y olvidados.

Vencidos representantes de la única legalidad democrática existente en España hasta 1978, señala nuestra autora, por vencedores del 39 que escribieron su historia “por medio de la fuerza, con crueldad premeditada”. Vencidos de los que tal vez corresponda hablar, porque nunca fueron nombrados en voz alta; de los que tal vez convenga y sea hora de desvelar los hechos sucedidos, de los que se ¿pretende? entender lo sucedido. De saber cómo pudieron salir adelante y de recuperar una parte de la historia que se dice que se les ha negado.

Esa es la idea que ha movido a Concepción de Luz a escribir este libro que he leído y que tan doloroso me parece, por tanto cuanto encierra de tristeza amarga y oscura, amparada acaso en un pasado que no va a regresar, que no debe regresar jamás, y por unos hechos con los que ella -ella- no está de acuerdo. Aunque después añada:

“No me he negado a escuchar a quien ha querido contar, no he descartado a ningún vecino del pueblo y dejo abierta la puerta para todos aquellos que quieran compartir sus testimonios y con ellos nos ayuden a saber más y a completar lo conocido hasta el momento”.

Estamos, en fin, ante un libro escrito fundamentalmente para las gentes de Tendilla que, posiblemente serán los que mejor lo entiendan, puesto que de ellos y de sus antepasados se trata. Un libro que no aporta demasiado al contexto provincial, y que lo que aporta lo hace desde un punto de vista subjetivo y parcial. Un libro escrito desde el punto de vista de una de las partes, sin tener en cuenta a la otra, que en todo caso viene a representar la figura del maligno diabólico.


José Ramón López de los Mozos