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jueves, 10 de diciembre de 2015

Leyendas y tradiciones de la Alcarria



Pareja Serrrada, Antonio“Leyendas y tradiciones alcarreñas”, recopilación, estudio previo y notas, de José Ramón López de los Mozos. Aache Ediciones. Guadalajara, 2015. Colección “Tierra de Guadalajara” nº 96. 144 páginas, ISBN 978-84-15537-93-9. PVP: 10 €.

Un nuevo libro de la Colección “Tierra de Guadalajara” viene a ofrecernos un buen puñado de páginas, -entretenidas y apasionadas- sobre un tema que nunca cansa, y que a pesar de ser conocido, y aprendido desde pequeños, se nos viene a los ojos, a los oidos y al corazón con el empuje nuevo de lo más querido. El libro ofrece un total de 27 leyendas de Guadalajara que son recogidas del decir popular, de las historias y de las ensoñaciones de la gente. Como bien dice el recopilador y analista del conjunto, el etnógrafo José Ramón López de los Mozos, “La mayor parte del conjunto trata de temas históricos, algunos conocidos en parte o sintéticamente -con perfiles más o menos borrosos . Generalmente están basadas en hechos reales, mientras que otras aluden a la hagiografía briocense, por la que tanto cariño sentía nuestro autor, especialmente hacia la Virgen de la Peña, principal advocación briocense”.
Es don Antonio Pareja Serrada el autor de los textos que conforman este libro. Los escribió a principios del siglo XX, y los fue publicando en el periódico quincenal “El Briocense” que él fundó y dirigió desde 1904 a 1907. Con un lenguaje fluido, acorde con la época, pero fácil de leer y nada empalagoso, va desgranando una serie de más de dos docenas de tradiciones, recogidas de los libros de historia y de la tradición popular, rehechas, adornadas, bien compuestas en diálogos y descripciones. De forma que se leen sin esfuerzo. Es más: se leen con entusiasmo, y cuando acaban siempre saben a poco. Nis gustaría seguir leyendo aventuras de princesas moras y bravos caballeros.
La mayoría de las leyendas son del área briocense. Todas de la provincia, y entre ellas algunas relativas al Señorío de Molina, como la dedicada a la historia del Butrón, y la de La Matanza de Cillas, cuando el día de Santa Catalina los asaltantes molineses se hicieron con su castillo.
En Brihuega se centran bastantes de estas tradiciones: la de las Salves del Cerco (de 1445) evocando el asalto a la villa por parte de las tropas navarras, y la defensa de los brihuegos que quedó plasmada en aquellas siete salves que siguen cantando los siete días que median entre la Trinidad y la Pascua… o la poco conocida referencia a la pelea entre Alhakem y el joven mozárabe defensor de Elima. Se añaden la historia de la participación de los tercios brihuegos en la toma de Córdoba, con su capitán Domingo Muñoz a la cabeza, y se hace alusión también al Paso Honroso de Torija en el siglo XVI.
De la Alcarria surgen memorias bien entretenidas por estas páginas. Así de Jadraque nos llegan los ecos del Regreso del Indiano, con la historia de don Juan Gutiérrez de Luna, y en “El ocaso de un astro” la definitiva pelea entre la favorita Princesa de los Ursinos, y la reina Isabel de Parma, que la expulsa directamente desde la Casa de las Cadenas, de la plaza mayor jadraqueña, a Francia… pero también nos encontramos con la historia, sencilla y emotiva, de doña Mayor Guillén de Guzmán, señora de Alcocer y cifuentes, abandonada por el rey Alfonso, o la truculenta memoria de “La Peña de don Astolfo” junto a las Entrepeñas del Tajo, y que en Sacedón le recuerdan como Don Apóstol que murió en las aguas del río cuando las llevaba. Aun cabe la memoria de la actriz “La Calderona” que encandiló al rey Felipe IV incluso cuando ella se recluyó monja entre los muros del monasterio benedictino de Valfermoso.

De todas estas “Leyendas y Tradiciones” sacamos un buen regusto a conseja vieja, a infantil demanda y puros ancestralismos. Es la Alcarria la que tiembla tras sus explicaciones, y por sus caminos, por sus “galianas” y oteros van desfilando (y quedándose para siempre en nuestra memoria) personajes como Carlos infante de Francia, don Beltrán de la Cueva, la Princesa de los Ursinos o el propio Martín Vázquez de Arce, “El Doncel” de Sigüenza, que por Illora se halló cuando la toma, que también Pareja Serrada refiere en este libro, entretenido y ejemplar. Una pequeña joya del alcarreñismo militante.

sábado, 9 de mayo de 2015

Entrañable vuelta a la tradición de La Toba

GONZÁLEZ ATIENZA, Fernando, CANTERO GONZÁLEZ, Javier y ALCORLO MASA, Mª. Concepción, La Toba. Leyendas, Poemas y Cantares, Ayuntamiento de La Toba, 2014, 76 páginas.

Julián Atienza García, alcalde de La Toba, me pasó este librito, tan interesante, de leyendas, poemas y cantares de su pueblo, que tanto le agradezco, pues son escasos los libros que ven la luz hoy en día que traten esos temas, cada día en mayor olvido.
Las personas encargadas de recopilar estas muestras del pensamiento popular tradicional de La Toba, estas manifestaciones de su cultura inmaterial, fueron tres: Fernando González Atienza, Javier Cantero González y María Concepción Alcorlo Masa y dividieron en libro en tres partes dedicadas a cada uno de los aspectos que se recogen en el propio título de la obra.
Las leyendas que se han recuperado son pocas en número, pero muy interesantes en su contenido: la “Leyenda de la Peña de la Moza” (posiblemente el título original sería “de la Mora”), que, como se recuerda, transcurre en un momento en que todavía no existía la villa de La Toba, sino que era un lugar situado en el límite entre las tierras cristiana y musulmana. Una princesa mora y el capitán de su guardia personal van huyendo de una banda de forajidos cristianos que los perseguían incansablemente, buscando refugio en las torres de vigilancia musulmanas -como la del Congosto-. Entre dos esas torres fue muerto el capitán, concretamente el lugar llamado “La Huesa del Moro”, donde se supone que fue enterrado. El caballo de la princesa, que también fue herido, siguió galopando hasta “La Peña de la Moza”, donde clavó sus herraduras en la piedra con el fin de tomar impulso y poder salvar “El Barranco de Valdecastrillo”, y seguir su rumbo hasta encontrar ayuda musulmana.
Allí murió el caballo y, en agradecimiento por haberla salvado tras tan ímprobo esfuerzo, la princesa mandó fundir en bronce, a tamaño natural, otro caballo, que fue enterrado junto al suyo en “El Cerro de la Torrecilla”, lugar donde pudo ponerse a salvo del ataque cristiano.
De la “Leyenda de San Pedro” se ofrecen dos versiones y una opinión particular. La leyenda transcurre en el pueblo de “San Pedro del Castrillo”, cuya existencia real está suficientemente constatada, de modo que en el lugar donde se encontraba enclavado suelen aparecer trozos de cerámica fechados entre los siglos X y XVI y, ya en 1750, en el Catastro del Marqués de la Ensenada, como despoblado. “Las dos versiones -señalan los recopiladores- en su final son iguales pero no en su origen…”.
En la primera versión, cuentan los viejos que el pueblo fue atacado por las termitas, que lo arrasaron, por lo que, por despecho, sus habitantes tiraron el Santo -Pedro- al río, marchándose a vivir a La Toba, que entonces era un lugar más próspero. El Santo fue recogido por los vecinos de Membrillera, a los que les fue asignado el término que bañaban las aguas que recorrió flotando la imagen de San Pedro al ser lanzada al agua. En la segunda versión, se trata de dos pastores que, estando guardando ganado, uno de ellos se comió la merienda de los dos, untando de tocino la cara del Santo, creyendo el otro que había sido el Santo quien se había comido su merienda, por lo que herido de  rabia cogió la imagen y la lanzó al río… A partir de aquí todo coincide con la versión anterior.
Sin embargo, la opinión particular opina que en todas las leyendas hay un trasfondo de realidad y que, como consecuencia de lo que se ha comentado en las los versiones anteriores, -puesto que el despoblado pertenece al término de Membrillera, mientras los dueños de los terreños que ocupa son de La Toba-, los opinantes consideran que posteriormente, hacia finales del siglo XV o comienzos del siguiente, el poblado fue atacado por un grupo de bandidos, por lo que sus habitantes tuvieron que trasladarse a La Toba y a Membrillera, para mayor seguridad.
“El poblado era pequeño y se puede observar sobre el terreno en que se encuentra un montón de piedras en la que se dice que se encontraba la ermita de San Pedro y puede ser verdad porque a su lado se pueden ver como si existiera un pequeño cementerio que me parece que el agua empieza a descubrir al formar un barranco” (sic).
Otra de las cuatro leyendas que se recogen, en las que nos centraremos principalmente, se relaciona con “La Peña Huevera”, que tanto abunda, y que se refiere al mero hecho de horadar una roca que obstruye el camino a base de tirarle huevos, hasta desgastarla. Por eso, en esta leyenda, que también se da en otros lugares de la provincia de Guadalajara, como por ejemplo en Huertapelayo, sucede que un hombre, -casado con una avarienta mujer- bajaba al mercado de Jadraque todos los lunes con un borrico cargado de huevos que, previamente había contabilizado la mujer y tasado el precio de venta, que siempre subía algo el hombre, para tener algo para sí.
Llegado el lunes, como siempre sucedía, ocupó su puesto, siempre de los primeros, ya que madrugaba lo suficiente para llegar a tiempo, pero la gente no se acercaba a su tenderete, por lo que no vendió ni un solo huevo y tuvo que regresar al pueblo con todos ellos. Por el camino de regreso, hablando con el burro, trataba de inventar un cuenterete con el que engañar a su mujer tras el fracaso sufrido. Como siempre hacía, se paró a descansar un rato junto al camino, a la sombra de un chaparro, y cavilando se percató de una gran peña que había al otro lado de la carretera, por lo que para entretenerse, comenzó a lanzarle piedras; pero las piedras que había junto a él, cuando estaba sentado, se le acabaron, de forma que continuó arrojándole los huevos que llevaba en las alforjas, cosa que hacía mecánicamente, como sin querer, hasta que su sorpresa llegó con el último huevo que, al chocar contra la gran peña, hizo que ésta comenzara a rodar por el barranco abajo hasta llegar al fondo. Lo que dio lugar a que ese peñasco recibiera desde entonces en nombre de “La Peña Huevera”.
(Luego, cuando vio que no le quedaba ningún huevo, ni dinero alguno que entregar a su mujer, comenzó de nuevo el camino pensando en la reprimenda que le esperaba, por lo que tuvo que echar mano de la “sisa” que había logrado con engaño y pagarle los huevos a su esposa, cosa que le salvó de la regañina, pero que le agotó el bolsillo).
La cuarta y última leyenda recogida es la “Leyenda de la perdiz pelada”, en la que dos gallegos iban por el campo, con el hambre correspondiente, y se encontraron en el camino con un animal, discutiendo entre ellos de cual se trataba:
“Uno que era una perdiz, el otro que era un sape (sapo)”, por lo que el que tenía más hambre de los dos y decía que era una perdiz, dijo:
“Perdiz pelada, en el campo hallada,
de puro gorda, no tuvo cola,
de puro sebo, no tuvo pelo”.
… y se la comió, pero al rato no le sentó muy bien y dijo a su amigo:
“Ay! compañero, que me jincho”.
A lo que el amigo le respondió:
“Si te jinchas, que te javies,
pues ¿no te dije que era sape?”.
Luego sigue una amplia serie de “Poemas”, por lo general ampliamente conocidos, que no son locales en todos los casos, sino que proceden de multitud de localidades y que bien pudiera parecer que fueran llevados hasta las coordenadas de La Toba por los muchos pastores trashumantes: “La mujer soldado” (versión de Asturias), “A la abuela” e “Ilusión de un joven”, a los que habría que añadir unos “Versos de felicitación” (algunos de reciente creación), para continuar con una amplísima serie de “Cantares”, como las “Coplas de los cazadores a la villa de La Toba”, realizadas por Antolín Elvira, que algún día, quizás, llegarán a perder su autoría y se convertirán en parte de ese patrimonio que no debe perderse y que tan amablemente se recoge en este cuadernillo.
Sigue inmediatamente una gran cantidad de “Coplas populares de la villa de La Toba”, generalmente pertenecientes a canciones “de ronda” -que se cantan al ritmo de “jota”-, recopiladas en los últimos treinta años de los mayores del lugar, y en las que se ha querido respetar la letra -a pesar de que, en la actualidad, muchas de ellas, puedan ser consideradas machistas o malsonantes-. Son muy conocidas y están muy extendidas por otros muchos lugares de la provincia de Guadalajara y adyacentes. Y todas son muy interesantes porque a través de su lectura se puede extraer alguna que otra lección acerca de las producciones del pueblo, las cosechas, las fiestas, las alegrías y las tristezas, las tradiciones amorosas junto a la fuente, las negativas amorosas, las relaciones con los pueblos limítrofes y tantísimas cosas más que no pasarán desapercibidas al ojo del lector, ni mucho menos a los del interesado, del etnólogo que a través de su lectura sabrá sacar las conclusiones oportunas.
Diremos que este apartado ocupa las páginas 21 a 73 (y que se trata de cuartetas de arte menor, tan populares).
Finaliza el libro con un ¿poema? que no quisiera pasar por alto y transcribir en su totalidad para su mejor y mayor conocimiento, que dice así:
“Por Jadraque sale el sol
por Castilblanco los peces
por Medranda los Raneros
por Pinilla los Barriquetes
por Congostrina los Corbatos
por Alcorlo corral de cabras
por San Andrés los Coretes
por Membrillera los ahorcaperros
y por La Toba los Valientes”.
¡Como se nota quien ha hecho el libro!
Enhorabuena a su Ayuntamiento, al de La Toba,  por esta digna edición, sencilla, pero llena de sabiduría ancestral, que aún hoy es capaz de trasladarnos a ese pasado tan cercano que fue ayer.



miércoles, 13 de octubre de 2010

Otra vez las Leyendas y los Relatos de Monje Ciruelo



Una segunda edición para un libro alcarreñista
Tanto para el autor -Luis Monje Ciruelo- como para sus lectores –millares ya- ha supuesto una gran alegría la aparición de la segunda edición de su último libro, “Leyendas y Relatos de Guadalajara”. Antes de cumplirse el año de su aparición, la gran demanda de la obra ha hecho necesaria una nueva edición, que ha aparecido con el mismo texto, sumado de un prólogo optimista ante esta realidad, y una dedicatoria triste, a su esposa Petri recién fallecida.
La obra de Monje Ciruelo, en la órbita de todo cuanto en forma de libro viene publicando desde hace una decena de años, es un gozo para los lectores que aman Guadalajara y sus viejas tradiciones. Unas reales, otras inventadas, pero todas construidas con un lenguaje clásico y accesible, Monje Ciruelo nos da de nuevo sus 30 capítulos en los que aparecen historias actuales, modernas, medievales y aún prehistóricas, centradas en lugares emblemáticos y con personajes conocidos. La suma de ellas es una auténtica enciclopedia de oportunidades para conocer Guadalajara.
En todos sus relatos, Monje se inicia con un recuerdo histórico del pueblo protagonista, una descripción ambiental de la Naturaleza, o un apunte de la sociedad del momento en que se centra su relato. No son noticias, no son crónicas: son relatos y leyendas, qur han gustado tanto, que la segunda edición se propone que llegue a otros cuantos cientos, o miles, de alcarreños, para que sepan en su raíz de qué esta hecha esta tierra.

domingo, 27 de diciembre de 2009

Leyendas de Guadalajara




Para saber más de la tierra de Guadalajara


“Un rato antes de la Nochebuena”, según reza el Hízose del último libro de Monje Ciruelo, nos ha llegado a las manos la quinta entrega de su aportación literaria, que con ella empieza a ser consistente y con calado, al menos por lo que a temas provinciales se refiere.

Un libro de leyendas

Monje Ciruelo, en la cima de su vida, y por todos reconocido como un escritor de raza, de los que se hacen leyendo y escribiendo durante décadas, -cada día una línea, o un artículo, o un capítulo, nos entrega ahora el que hace el número 5 de sus libros. Los primeros con la antología de su mejor aportación periodística, y los últimos con relatos recogidos del acervo popular, o construidos exnovo por su capacidad de inventiva y alambique.
Entre las 30 narraciones que forman este racimo que tiembla de emociones en cada página, surgen relatos ambientados en pueblos, en costumbres, en fiestas, en leyendas, en anécdotas y en ocurridos reales. Todos ellos nacidos y vividos en Guadalajara, por lo que parece lógico que lleve el subtítulo que lleva: “Alcarria, Campiña, Sierra y Señorío”, porque de todas esas zonas aparecen relatos en los que se hacen protagonistas los castillos, las plazas o las fiestas de muchos lugares.
Como en sus entregas anteriores, en esta aparición se ofrecen memorias ambientadas en lugares como Palazuelos, el río Gallo o los pinares de Chequilla. Y en esas ambientes surge la entrevista razón de algún fantasma, de duendes y pescadores.
Pocas veces el título de un libro es más explícito y concreta mejor su contenido que este que acaba de aparecer y echarse a vivir. Estas “Leyendas y Relatos de Guadalajara” no tratan de confundir, de llamar la atención o de espantar a nadie, sino que vienen derechamente a declarar de qué van las páginas que repletas de letras van desgranando historias. Unas historias que entremezclan la realidad y el sueño. Unos relatos que propician el ejercicio de la memoria y la emoción conjuntamente, porque si en alguno de estos treinta relatos se ve con claridad la huella firme de la historia, en otros aparece brillante la creatividad del autor, que presiona la imaginación hasta materializarla y darnos, como un jugo, la belleza de lo imposible volando entre las concretas paredes de nuestra tierra.
Por todos ellos, por sus 264 páginas, he paseado con fruición y atención subida. Uno de los primeros que me ha llamado la atención es la leyenda del caballero de las Tetas de Viana. Quizás por el ambiente en que se sitúa, los altos cerros de las “Peñas Alcalatenas”, en torno a Trillo, y porque el autor con su limpia prosa nos va dando versiones diversas de lo que en esos pueblos del entorno, especialmente en Viana de Mondéjar, donde ha recogido las diversas facetas de la leyenda, se cuenta todavía. Mezcla allí le peripecia de dos hermanas moras, crueles y desalmadas, que terminan siendo lo que su corazón era cuando jóvenes: una roca. Y de ese caballero engañado y perdido que durante siglos ha rondado en las noches más oscuras los altos brañales del monte alcarreño. Hasta recoge Monje la historia real que se basa en leyenda, de la flecha medieval que apareció hace años en el costado de un jabalí.
No es un libro de estampas, apenas lleva imágenes. Es un libro que se mete directamente en el cerebro. Que es donde deben llegar los libros. Hiladas unas con otras las palabras, encadenadas las frases, bien urdidas las historias, aparecen en nuestra mente sitios y gentes de Guadalajara. Una de las hermosas leyendas que cuenta es la de la Caballada de Atienza, con diversos elementos imaginados. O la del peregrino del Hayedo de Cantalojas, del que muchos ha oído hablar, sobre todo cuando se camina por aquellas altas trochas, y uno se siente perdido. Está también la doncella ahogada en la laguna de Somolinos, de la que tomó en su día razón Pérez Henares para empezar su “Río de la Lamia”.
Y además me ha gustado esta obra por la forma en que el autor organiza cada uno de sus treinta relatos. Siempre nos da una pincelada de realidad, nos describe un pueblo, un paisaje, un monumento. Nos dice de su historia, de la forma de visitarlo, del interés por estar allí. Y sobre la realidad, coloca la fantasía, como un árbol sonoro y de límites reconocibles. Cada cosa en su sitio, y la mano de Monje, su palabra cierta, en todos.
Entre los relatos aparecen pueblos y gentes de las cuatro comarcas guadalajareñas: esas historias de reyes castellanos por Atienza, y esfuerzos de molineses de hoy subidos a castillos. Memorias de la Guerra Civil por Brihuega y fascinantes cuentos de caballeros y princesas por las Tetas de Viana. Problemas de hoy entre urbanizaciones de Pioz y el típico misterio de aparecidos en medio de los bosques. Líos de drogas y problemas de ruidos por las urbanizaciones mesetarias. Nada más y nada menos que un denso programa de sorpresas escritas, de narraciones limpias, de memorias imposibles.
Muchas otras esquinas de Guadalajara y su provincia nos salen al paso en este libro de “Leyendas y Relatos de Guadalajara” que no debe perderse quien se apasione por las autóctonas raíces de nuestra tierra. En definitiva, un libro de los que hacen falta, hoy más que nunca: una “herramienta de enraizar” gentes y espíritus a la tierra en que se vive. Un empeño en el que debieran estar más comprometidos los políticos que hoy nos rigen, que andan más pendientes del bienestar de la gente (sin ser este despreciable) que de la conciencia que tengan de estar sobre una tierra de ancestrales leyendas y sabias entrañas, en cuyo discurrir estamos hoy inmersos, y solo conociendo las páginas pasadas podremos encontrar la razón del vivir de hoy.


Monje Ciruelo un autor clásico

Después de hablar del último de los libros publicados por Monje, creo que corresponde decir algunas palabras más sobre el autor, sobre este “palazuelino” de corazón que lleva más de 85 años entre nosotros, y más de 60 escribiendo en este periódico.
Para decir algo somero de Monje Ciruelo, que es amigo, desde hace muchos años, serviría cualquier biografía, aunque fuera breve: la que aparece en las solapas de este su último libro, que es la más actualizada, o la que se publica en Internet, donde figura entre los “alcarreños ilustres” o diccionario de nombres que han sido algo en esta tierra, a lo largo de los siglos. Allí está Monje Ciruelo, como ha estado durante más de 60 años en las páginas de periódicos provinciales y nacionales, sin descanso: este Nueva Alcarria el primero, y ABC, la Vanguardia, aquel “Badiel” que él fundara y aguantó dos números, en época de naufragios.
Antes de este que hoy comentamos, y después de miles de artículos en un buen racimo de periódicos, Monje sacó cuatro libros editados: el primero se titulaba “Guadalajara a mi través” y eran crónicas, selectas, de su andar Guadalajara en plan periodista y buscador de actualidades.
El segundo, titulado “Guadalajara desde el ayer”, resultó más interesante que el primero, porque a través de su mano, como un prestidigitador que saca del fondo de su sombrero sombras y luces que parecían haberse borrado, a través de las palabras ciertas de una vida antigua, yendo más allá de las anécdotas personales (sus ascensiones a la cumbre del Ocejón, al que le tiene por tótem mítico de su caminar provincial) abocando a la palpitante historia reciente de una provincia que ha recorrido muchos más kilómetros que otras en los últimos treinta años.
En el tercero, de fulgurante éxito, -tal que la primera edición se agotó en tres meses y se sacó otra que está a punto de desaparecer- el título desvelaba el camino por el que pasaba la firme literatura de este autor: “Memorias de un niño de la Guerra” que daba inicio a la obra con sus peripecias y recuerdos nítidos de una Guerra Civil que él vivió desde la neutralidad que da la infancia, y que se alargaba en varias decenas de relatos en los que también Guadalajara, sus pueblos y sus gentes, revivían y nos sorprendían con hechos ciertos, plasmados con la brillantez de una película sorprendente.
El cuarto fue otro libro de relatos que empezaba con el que daba nombre a la obra: “11 M: el tren de las 7:10” y en el que aparecían un buen montón de lo que ha dado finalmente a Monje su silueta de narrador: los cuentos y relatos, las leyendas reales o inventadas, el mundo fulgurante de la literatura discurriendo por los límites de Guadalajara.
En el prólogo de su primer libro decía yo mismo que su estilo estaba en la línea de los clásicos castellanos: nada de barroquismos, nada de “diversos ismos” que a todos nos llamaron la atención un día: Monje fue siempre con la palabra justa a describir los hechos ciertos. Hasta ahí la proeza, que no es tan fácil.
La prosa de Monje Ciruelo, desde sus iniciales crónicas en “Nueva Alcarria” y otros periódicos españoles, hasta sus escritos de hoy mismo, los que aparecen en este quinto volumen, ha ido creciendo y depurándose. Con la clásica limpieza de quien va derecho a narrar, a presentar una situación, a plantear un nudo, y a darlo abierto y fácil, los textos de Monje se ofrecen sin música pero con ritmo y claridad perfectos. En ellos vibra, con una gran variedad de temas, la honda raíz de una tierra castellana, esta de Guadalajara que se derrama en estos treinta manantiales de antiguo saber, de pensares inquietos e imposibles.Y en fin, que no digo más que lo referido, porque en otros lugares pueden encontrarse sus méritos e itinerarios vitales. Léase, si no, la página www.aache.com/alcarrians/monje.htm en la que viene con detalle su currículo, sus fotos, hasta su dirección de correo electrónico, que también la tiene Monje, y la usa, lo atestiguo, como un chaval de veinte años. Atento siempre a lo que ocurre, estará a lo que le digan. Es, en todo caso, un verdadero lujo ser su amigo, su admirador, su consejero.