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martes, 16 de mayo de 2023

Vida y obra de Martín de Vandoma

 


Francisco Javier Ramos Gómez, y Amparo Donderis Guastavino:
Martín de Vandoma. Retrato vital de un maestro del Renacimiento en Sigüenza
Edita: Excmª Diputación Provincial de Guadalajara.
Guadalajara, 2023.
Tamaño: 17 x 24 cms.
288 páginas, numerosas ilustraciones.
ISBN: 978-84-19505-01-9  - PVP.: 15 €.

Con este trabajo ganaron los autores el Premio de Investigación Histórica “Francisco Layna Serrano” en 2021, y en su voluminoso texto ofrecen el mejor estudio hecho hasta ahora, de la vida y obra de Martín de Vandoma, un entallador del siglo XVI que ejerció su arte escultórico en la ciudad de Sigüenza, extendiendo su actividad a otros pueblos de las actuales provincias de Guadalajara, Soria y Zaragoza, en territorio de lo que fue antiguamente la Diócesis de Sigüenza, una de las más ricas y potentes de España.

Un trabajo de archivo, sobre documentos, y un análisis de piezas elaboradas, sobre las iglesias y espacios decorados por el artista, es en lo que consiste este libro que aporta muchísimas noticias nuevas, especialmente en lo relativo a la biografía personal, familiar y de relaciones de Vandoma. Destacado protagonista de la vida seguntina en la segunda mitad del siglo XVI, actuó como miembro del concejo, y fue veedor y tasador de todas las obras municipales. Rodeado de buenos amigos y colaboradores, entre los que destacaron el maestro Pierres de la Chapela, el pintor Diego de Madrid, el entallador Juan de la Sierra, siempre se preció de ser aventajado alumno de Felipe Bigarny y de Alonso de Covarrubias, de quienes él adquirió sus mejores fórmulas de actuación.

Destacó Vandoma en la talla directa de obras claves de la catedral seguntina, y muy especialmente en tres estructuras brillantes: el predicatorio de la epístola, la portada del Sagrario, y la techumbre de “la sacristía de las cabezas”, en cuya factura participó muy ampliamente. Además de las tallas de las hojas de sus ventanas, cajonerías, etc. diversos retablos (Caltójar, Pelegrina, Amayas, Alentisque) hoy visitables, y otros varios desaparecidos, son prueba de su maestría y originalidad.

El libro se presenta bien nutrido de ilustraciones, aunque es lástima que se hayan quedado tan pequeñas y por lo tanto no se aprecien los detalles. Amplia bibliografía, capítulo final de transcripciones documentales, y una análisis meticuloso de las obras estudiadas, hacen de este libro otro “imprescindible” para conocer el arte de la ciudad de Sigüenza, rescatando para la historia del arte la figura completa, cada vez más destacada y sobresaliente, de Martín de Vandoma. 


domingo, 10 de junio de 2018

Todo el románico de Guadalajara

Salgado Pantoja, José Arturo: “Todo el románico de Guadalajara”. Editorial Fundación "Santa María La Real”. Aguilar de Campóo (Palencia), 2018. 12 x 23 cms. 320 páginas. Numerosas ilustraciones. ISBN: 978-84-17158-08-8. P.V.P.: 22 €.

Muchos viajeros llegan a Guadalajara con la intención de encontrar y admirar las huellas de un pasado lejano y atractivo, de la Edad Media. Sabiendo que esas huellas están firmes en muchos de sus edificios, en cientos de presencias arquitectónicas, en arcos y muros, en capiteles y cornisas, en perfiles exquisitos. Todo ello constituye el arte románico, expresión de una arquitectura y sus complementos hecha para el culto cristiano.

Del gran compendio románico guadalajareño se han hecho ya estudios y se ha procedido a su catalogación y análisis, de formas y significados. Los estudios iniciales de Francisco Layna Serrano se han visto completados posteriormente, a lo largo del siglo XX, por Antonio Herrera Casado y Tomás Nieto Taberné

Pero ahora nos llega un nuevo análisis, que trata de actualizar este conocimiento ya suficientemente acreditado, y que intenta completar, aunar y mostrar de un modo panorámico la realidad románica de Guadalajara. Este trabajo lo ha emprendido, y completado con seguridad y éxito, el joven profesor José Arturo Salgado Pantoja, a quien la Fundación “Santa María la Real” de Aguilar de Campóo le ha editado su trabajo “Todo el románico de Guadalajara” en un volumen de más de trescientas páginas, ampliamente ilustrado, y muy bien concebido y desarrollado.

Emprende esta obra una tarea difícil por cuanto pudiera parecer que ya todo estaba dicho en torno a este tema. El autor no sólo ha superado el reto, sino que lo ha mejorado. Porque además del estudio inicial que abriga bajo el título de “Introducción”, dividido en dos partes en que trata “Las tierras de Guadalajara en los siglos del románico” y “Panorama general del románico en Guadalajara”, asume la tarea de catalogar todo vestigio románico que encuentra, añadiendo a la nómina anterior muchas piezas que no se habían considerado inclusas en el estilo, y poniendo sobre la mesa muchísimas piezas hasta ahora no catalogadas o analizadas.

Así me parece justo destacar que a los ya conocidos elementos románicos (clásicos unos, como la catedral de Sigüenza, el conjunto de templos de Atienza, las iglesias porticadas de Sauca, Pinilla, Carabias, Tortonda, etc…, y mínimos pero entrañables otros como el ábside de Santiuste, la espadaña de Bochones o la portada de Teroleja) el autor añade numerosísimos elementos hasta ahora con incluidos en el recetario habitual del románico de nuestra provincia.

Este aporte se centra, fundamentalmente, en varias docenas de pilas bautismales que se mantienen, desde los siglos XII y XIII, en los cuartos generalmente oscuros y casi siempre destinados a trastero, de las capillas bautismales de los pies de los templos. Unas en sus lugares de oriegen, otras trasladadas, estas pilas suman un portentoso acopio de formas y decoraciones, que por sí mismas podrían haber constituido otro estudio específico.

Además añade el autor las construcciones o elementos parciales de estética mudéjar, tal como portadas, ábsides, ventanales, y torreones, de tal modo que con esta visión la capital, Guadalajara, consigue entrar en un libro dedicado al arte románico. Este aspecto de incluir en el estudio de lo románico lo puramente mudéjar ha sido siempre controvertido. Porque no solamente son estéticas diferentes, sino que corresponden (al menos en Guadalajara) a periodos diferentes, siendo lo mudéjar más moderno.

También nos presenta en esta nómina románica (el libro está acertadamente estructurado en un listado alfabético de poblaciones) algunos restos de torres de defensa, como la de Albalate en Luzaga, y por ende pasa a considerar elementos de este estudio los castillos de Molina de Aragón, de Atienza, incluso el alcázar de Guadalajara. No cabe poner peros a esta cuestión, puesto que esas fortalezas militares y elementos defensivos están construidos en los siglos XI y XIII que son los de la arquitectura románica en nuestra tierra.

Acabamos el análisis de este libro con un aplauso a la aportación de numerosos elementos hasta ahora desconocidos, especialmente a portadas escondidas y no conocidas aún, o a templos derruidos de lugares despoblados, entre los que aparece Matas, frente a Palazuelos, o la portada de la iglesia de El Peral, de Budia, hoy incluida en la casa del santero de su gran ermita patronal. 

Concluye Salgado su gran trabajo con un breve Glosario de términos alimentado del valor de las imágenes, así como el índice de localidades, y un breve recapítulo de “Vestigios” en el que suma esos fragmentos de antiguas portadas románicas que como en el caso de Galve de Sorbe, se incrustaron en los muros de las nuevas iglesias actuales. 

También ha tenido el acierto de consignar aquellos elementos que, formando hasta hace poco parte del acervo románico de Guadalajara, han sido derruidos de forma incomprensible y reprobable, como es el caso de la iglesia románica de Nuestra Señora de Almuña en Almoguera, y de la iglesia del depoblado de San Miguel de Vállaga en Illana. Ejemplos que demuestran que el arte románico de Guadalajara debe ser fielmente analizado, estudiado y protegido, porque el peligro de agresiones externas sobre sus elementos no ha desaparecido del todo.

En definitiva, una gran libro al que (de nada puede decirse que sea perfecto) aplaudimos y damos la bienvenida, porque va a dar mucha información nueva, bien descrita, y certera, a los muchos seguidores (ojalá fueran muchos más) que el románico de Guadalajara tiene todavía.  

jueves, 14 de mayo de 2015

Sobrino ponderado

Los dos trípticos sobre Francisco Sobrino que ha publicado el Ayuntamiento de Guadalajara
Pradillo y Esteban, Pedro J.: “Sobrino ponderado” y “Obra Arquitectural”. Editad Excmº Ayuntamiento de Guadalajara. 2015. Dos trípticos separados.

Aunque se trata de dos trípticos, impresos a color y sobre magnífico papel, en ellos se nos muestra la esencia de un artista guadalajareño que, por fin, ha sido definitivamente reconocido en su ciudad natal con la apertura de un Museo a él dedicado.
Aparte de la consideración, en todo caso positiva, de la conversión del antiguo Matadero en un moderno espacio de arte, el contenido del Museo –sin ser amplio, porque no hay espacio suficiente, y su obra tiene elementos arquitecturales, demasiado grandes- es muy representativo.
El autor de los dos folletos/trípticos que se entregan al visitante, el historiador y técnico de patrimonio, Pedro J. Pradillo y Esteban, hace una revisión biográfica de Sobrino (1932-2014) y analiza su obra de forma cronológica y por estilos. En ese primer encuentro con el autor, “Sobrino ponderado”, nos deja la visión exacta de la figura y la obra de este artista inigualable. El “arte cinético”, la composición geométrica y los contrastes de colores, son la tónica general sobre la que Sobrino construye una obra impresionante, y única, muy personal. Pradillo nos da en esta breve pero imprescindible publicación su estudio exacto.
El otro de los trípticos refleja la exposición temporal que en la última sala del Museo se expone hasta el próximo otoño. Se trata del análisis de la obra arquitectural (que no arquitectónica) de Francisco sobrino. Por encargo de empresas e instituciones realizó monumentales composiciones en su estilo cinético, y esta parte de la exposición está basada, como es lógico, en fotografías. Entre ellas aparecen destacadas las obras que Sobrino dejó en Guadalajara: las “Relaciones” en hierro lacado en blanco que surge a la entrada a la ciudad llegando desde Madrid por la A2, y el extinto interior de lo que fue Banco Atlántico, la llamada “Banca Cinética”, que fue eliminada al hacer reformas en el edificiuo esquina entre La Carrera y la Concordia.
En todo caso, una aportación bibliográfica esta de Pedro J. Pradillo que merece ser destacada y anotada en el haber de su análisis del hoy y del ayer de Guadalajara. A los bibliófilos que nos siguen, recomendarles que se hagan con estas dos piezas, tan pequeñas y tan valiosas. Se consiguen visitando el Museo Sobrino, cualquier día.


A.H.C.

viernes, 11 de abril de 2014

Un valioso estudio sobre Francisco Sobrino

VICENT GALDÓN, Francisco, “Sobrino un óptico-cinético con proyección internacional”, en Francisco Sobrino geometría, luz y movimiento, Madrid, Guillermo de Osma. Galería, del 6 de febrero al 15 de abril de 2014, 32 pp. (Catálogo).

De los días 6 de febrero al 15 de abril permanecerá abierta al público en la galería Guillermo de Osma (Claudio Coello, 4), de Madrid, una interesante exposición de la obra escultórica del alcarreño Francisco Sobrino.
Francisco Vicent Galdón ha sido el encargado de realizar el texto de este catálogo, y lo hace, básicamente, a través de un amplio e interesante trabajo titulado: “Sobrino un óptico-cinético con proyección internacional”, en el que lo reconoce como un artista hace tiempo olvidado por estos pagos, siendo en realidad un auténtico “ciudadano del mundo” en otros países, al menos en Francia y otros muchos lugares, donde es considerado como uno de los mayores representantes del arte constructivo-geométrico, así como uno de los más valiosos intérpretes del arte cinético español, de modo que instituciones como la Tate Galery de Londres, el Centro Pompidou de París, el Museo de Tel Aviv, la Fundación Peggy Guggenheim  de Venecia, el Albright Knox Museum de Buffalo, la Hirschhorn Collection de Washington, la Beacon Collection y el Fine Arts Museum de Boston, entre otros, conservan obras suyas entre sus fondos artísticos, mientras que en España es injustamente ignorado, puesto que a una breve exposición celebrada en la Galería Grises de Bilbao (1967) le seguirían las de 1975 en la Galería Propac de Madrid y la de Caja Guadalajara, la de la Galería Juana de Aizpuru en Sevilla, la de 1977 en la Galería Aritza de Bilbao y la de 1988 en la Sala Luzán de Zaragoza, con la que parece finalizar su fase expositiva, hasta diez años más tarde en que Guadalajara se vio nuevamente premiada con una exposición retrospectiva (1998), patrocinada por la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha y comisariada por el propio Vicent Galdón, básica y fundamental para llevar a cabo una revisión total de la obra de Sobrino: iconografía, etapas estilísticas, temáticas, matéricas, etcétera, desarrolladas por el artista a lo largo de cuarenta años de trabajo, entre 1958 y 1998, gracias a cuyos ecos su obra ha estado presente en importantes exposiciones colectivas españolas, como las de “Cinéticos” del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid, la muestra “Antes del Arte” en el IVAM de Valencia o la del “Homenaje a Denise René” en el CAM de Las Palmas, instituciones que poseen alguna obra suya entre sus fondos.
Añade Francisco Vicent que, a estos logros, hay que añadir la futura apertura del Museo Francisco Sobrino de Guadalajara.
Tras este estudio introductorio de la obra de Sobrino, siguen otros apartados como el titulado “Argentina, París, Vasarely, el GRAV y Denise René”, en el que recorre esos apartados concretos en la evolución creadora del artista.
Parte, como queda dicho, de la fase argentina, la primera, por los años cincuenta, de iniciación, en la que ya se aprecia en Sobrino cierta tendencia hacía el mundo de lo geométrico. Nacen entonces sus primeras obras, que son expuestas en las salas “Estímulo de Arte de La Plata”, en el Museo “Eduardo Sívori” y en la Galería “Galatea” (1956-1957). Posteriormente, esta sistematización estructural se transformará más racional y constructiva tras sus investigaciones en los mundos iconográfico, cromático y matérico, periodo que abarca desde 1958 -final de su estancia en Argentina- hasta su llegada a París (1959), donde estudia la importancia de la luz, el movimiento y el espacio, que dan como resultado las primeras obras bidimensionales.
A París llega junto a otro joven artista: Julio Le Parc, y allí se reencuentran con parte de los compañeros argentinos: Sergio Moyano y Horacio García Rossi.
Tras un periodo de reflexión e integración, Sobrino piensa que su punto de partida debe encontrarse en la obra de Vasarely, uno de los mayores impulsores del denominado cinetismo, también llamado “movimiento potencial”, con quien comparte la idea de integrar el arte en la vida cotidiana. Es decir, como Vasarely, Sobrino apuesta por el efecto óptico, capaz de integrar al espectador en la obra.
Es un momento este en que su obra guarda cierto parecido con la de Vasarely -en la que el movimiento de gran parte de sus trabajos es irreal- mostrándose, a veces, tridimensional.
Ello hace que nuestro artista revise su obra e investigue a fondo “la inestabilidad visual” y “la ambivalencia de la percepción”, lo que le conduce a someterla a una programación matemática estricta, con un control casi científico de los elementos plásticos, de modo que su propuesta se ve traducida a series de Interrelaciones, Sistematizaciones y Progresiones. Obras de entre 1960 y 1968 en forma de Relieves que surgen de la superposición de planos mediante los que se van creando las anteriormente citadas progresiones.
Es en este momento cuando surge la necesidad de buscar nuevos materiales; en las Estructuras permutacionales y Espacios indefinidos utiliza el metacrilato transparente que da como resultado formas modulares yuxtapuestas y superpuestas en las que, visualmente o por movimiento del espectador, se originan nuevas formas, mientras que en las Estructuras permutacionales, realizadas en aluminio o acero inoxidable, se produce el efecto reflexión, es decir, la luz y el movimiento se integran en la misma obra.
Si la creación individual de Sobrino es importante a nivel internacional, no lo es menos su aportación a trabajos de equipo, por lo que en 1960 decide fundar -junto a Le Parc, García Rossi, Morellet, Yvaral y Joël Stein- el Grupo de Investigación del Arte Visual (GRAV), asociación que contó con la colaboración de Vasarely, que desde la Galería “Denise René” ayudó a difundir el arte de toda una generación geométrico-abstracta. El GRAV se disolvería ocho años más tarde.
Sobrino, como miembro fundacional del Groupe de Recherche d´Art Visuel, participó en todos los trabajos colectivos y sus planteamientos, al igual que los de sus compañeros, se vieron plasmados en varios proyectos basados en “la inestabilidad”, “la luz” y “el movimiento”, de los que surgieron diversas experiencias con el público, ensayadas en diferentes espacios urbanos: “El Laberinto”, “Un día en la calle”, etcétera, además de otras propuestas presentadas en Nueva Tendencia a través de encuentros con grupos los italianos “N” y “T”, con los que compartió los célebres manifiestos constructivos para el arte, aprovechando la celebración de la III Bienal de París (1960).
Finalmente, Francisco Vicent recuerda que la Galería “Denise René” de París -inaugurada en 1944 con una selección de trabajos de Vasarely y una de las salas más importantes y prestigiosas del arte constructivo-geométrico de Europa-, acogió en noviembre de 1968 -el año del Mayo francés- la primera exposición de Francisco Sobrino, a la que seguirían dos más, individuales, en la capital francesa, y otra en su sede de Nueva York en 1971, además de cuantiosas presencias en exposiciones colectivas.
También señala Vicent que, posteriormente, “los trabajos bidimensionales de Sobrino, plasmados en piezas únicas o en serie, en blanco y negro y en color, dan dado paso a sus Progresiones y Sistematizaciones, a los tridimensionales Desplazamientos inestables, Torsiones, Relieves blanco-negro, Blanco sobre blanco y Color, Estructuras permutacionales, Transparencias, Elementos modulares, Volúmenes, Movimiento aleatorio y mecánico, Luces-rotación, Luz-color, Esculturas energéticas y Obras arquitecturales, que hasta hoy han sido contemplados a través de más de medio centenar de exposiciones individuales y varios cientos de colectivas realizadas por todo el mundo”.
La reseña de Vicent para el catálogo de la Galería Guillermo de Osma se completa con el estudio del mundo de las facetas: Blanco y Negro y Color, Transparencias y Metal, Movimiento y Luz, Formas espaciales lumínico-cinéticas, Relieves y vitrales y Esculturas arquitecturales, además de insertar una amplia colección de fotografías -páginas 11 a 26-, el Catálogo de obra -que abarca una colección de veintiocho piezas- y una Cronología de 1932 a 2013.


José Ramón López de los Mozos

viernes, 17 de enero de 2014

El enterramiento de doña Mayor Guillén de Guzmán

Arbesú, David: “Alfonso X el Sabio, Beatriz de Portugal y el sepulcro de doña Mayor Guillén de Guzmán”, en eHumanista, Vol. 24 (2013), pp. 300-320. Universidad de South Florida. Leer entero el artículo en http://www.ehumanista.ucsb.edu/volumes/index.shtml

En este artículo, publicado recientemente en una Revista norteamericana, el profesor Arbesú nos refiere la peripecia de algunos manuscritos del viejo monasterio de Clarisas de Alcocer y, sobre todo, la descripción del monumento funerario de su fundadora, doña Mayor Guillén de Guzmán, perdido en 1936 pero ahora hallado en la memoria escrita de un contrato firmado en el siglo XIII. Una peripecia que recientemente ha sido glosada por Herrera Casado en este artículo.
En este trabajo, se aporta una visión genérica de la vida de doña Mayor Guillén de Guzmán, amante del rey Alfonso X el Sabio, y una referencia breve a la hija de ambos, la reina doña Beatriz de Portugal. Cobra relevancia, de una parte, el estudio de los documentos perdidos y ahora encontrados sobre la historia del monasterio de monjas clarisas que esa señora fundó. Aparecen aquí las aclaraciones del profesor Arbesú, que llega a la conclusión de que existieron dos libros que aportaban el listado de documentos monasteriales: el primero (el Quaderno…) fue escrito por Fray Gregorio de Heredia en 1656, y una copia suya, de 47 hojas en 4º, fue vista por fray Pablo Manuel Ortega en 1732 en el interior del sarcófago de doña Mayor. Estaba fechado en 1720, y era traslado del anterior, conteniendo apuntes y resúmenes de documentos. También lo vio don Juan Catalina García López en la visita que hizo al convento de Alcocer en 1903 pero no estaba ya en 1919 cuando fue Ricardo de Orueta.
Sin embargo, hace unos pocos años, a comienzos del siglo XXI, ha aparecido otro gran documento con resúmenes de los manuscritos originales de Santa Clara de Alcocer, y tras el correspondiente expolio y consiguiente tráfico por anticuarios, ha ido a parar al Massachusetts Center for Interdisciplinary Renaissance Studies, donde debe acercarse quien quiera investigar sobre esta institución monacal alcarreña, como así lo ha hecho el profesor Arbesú, de la South Florida University.
De otra parte, este trabajo recoge fundamentalmente el texto y correspondiente análisis del contrato para la pintura del enterramiento de doña Mayor Guillén. Incluye la larga referencia a la triste historia de este mausoleo, maravilla de la escultura medieval, que finalmente ha desaparecido, en 1936, sin dejar rastro. Cuando aparezca, seguro, lo hará en U.S.A. que es donde se llevó todo el arte español que los norteamericanos rapiñaron en el momento cruel de la Guerra Civil.

lunes, 23 de enero de 2012

La obra clásica de Orueta



Muertos y bien muertos, en estatua

Es este un libro que todos los aficionados al arte español deberían tener (porque es un clásico) pero he de confesar que yo creo que a la mayoría de ellos les iba a decir muy poco. O muy poco nuevo. Porque la obra que planteó Orueta sobre la escultura funeraria en España, partió con las ínfulas noventayochistas de exaltar la gran cultura hispánica (reflejada en los rostros de los muertos, ahí es nada) pero al final se quedó en unos etéreos y literarios comentarios acerca de las impresiones estéticas que unas y otras figuras de venerables cadáveres le surgían al mirarlos.
Fue Ricardo de Orueta un vasco que anduvo por Madrid, muy culto y preparado, viajero incansable, y fotógrafo, en los inicios del siglo XX, que se planteó hacer una gran obra: nada menos que el gran Catálogo de los enterramientos artísticos antiguos. Y hacer de todos y cada uno de ellos un estudio pormenorizado, acerca del autor, la época, el personaje, el estilo, la novedad en su contexto, etc. Con esta intención se lanzó a la planicie castellana y empezó a recoger material. En 1923 tenía anotados y fotografiados todos los monumentos funerarios de las provincias de Guadalajara, Cuenca y Ciudad Real. Y con ellos se lanzó a su edición y apareció ese libro que aquí comentamos: “La escultura funeraria en España. Provincias de Ciudad Real, Cuenca y Guadalajara”. Seguí trabajando sobre todo lo de Toledo, inmenso arsenal que le llevó varios años, y había empezado con Madrid y con Segovia. En esto le llegó la muerte, violenta, en los primeros meses de la Guerra Civil.

martes, 1 de septiembre de 2009

Memorias entrañables de La Fuensaviñán




Los legados de La Fuensaviñán



Otro pueblo de la Alcarria que se viste de libro y cobra vida nueva, e independiente, y para siempre. Es La Fuensaviñán, en las mesetas altas que forman el borde sur del antiguo Ducado de Medinaceli. Un lugar que paisajísticamente dice poco, pero que como todos ofrece su historia, su patrimonio, sus costumbres y sus recuerdos. Diferentes y exclusivos.
El autor de la obra, magnífica en acopio de datos, y en el rigor de los mismos, es el joven investigador Ricardo L. Barbas Nieto-Laina, y el editor del libro la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, que ha abrigado el proyecto bajo el amplio capítulo de subvenciones a la edición de libros de fotografías antiguas conocido como “Los legados de la tierra”.
Con ese motivo principal, la publicación de fotografías recogidas de viejos baúles y de carpetas desteñidas, para con ellas conjurar el pasado y hacerlo vivo y tembloroso, el autor ha aprovechado a hacer una recopilación de datos acerca del pueblo, pero con tanto entusiasmo, propio de la juventud preparada y animosa, que le ha salido una primera parte que es talmente una historia de La Fuensaviñán, entera y verdadera. Con esa estructura antes dicha y que copiamos del Indice: además de una historia de la fotografía en la provincia de Guadalajara, le siguen los capítulos dedicados a la Geografía, la Toponimia, la Historia, los Monumentos, la Tradición y una final y completa Bibliografía. Todo ello ilustrado con profusión, con elementos del patrimonio y de las fiestas.
No queremos dejar de destacar algunos datos de verdadero relieve que se dan a conocer por primera vez en este libro. Por ejemplo: la existencia de una “villa romana” excavada en la inmediación del pueblo, con hallazgos de columnas, capiteles y estatuas, así como unas fuentes de origen romano, en torno a las cuales el Ayuntamiento de La Fuensaviñán ha construido un parque y merendero. Datos sobre la escultura funeraria, apenas conocida, del licenciado Alonso de la Fuente, obra renacentista no mala que se guarda bajo arcosolio en una capilla lateral del templo. Datos de las casas típicas de la villa, con descripción muy bien hecha de estructuras y distribuciones. Aporta datos de olmedas desaparecidas, y letras completas de las rondas populares.
Un libro, en fin, que además del acopio de fotografías, tiernas todas, y revitalizadoras de tantos pasados recuerdos, constituye realmente una “Historia de La Fuensaviñán” de calidad y seriedad aseguradas. Con alegría la saludamos, aunque lamentamos que, como siempre pasa en las ediciones de libros institucionales (en este caso la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha) la posibilidad de adquirir este libro por parte de los bibliógrafos y coleccionistas va a ser difícil. No se distribuyen por librerías.