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domingo, 10 de junio de 2018

Todo el románico de Guadalajara

Salgado Pantoja, José Arturo: “Todo el románico de Guadalajara”. Editorial Fundación "Santa María La Real”. Aguilar de Campóo (Palencia), 2018. 12 x 23 cms. 320 páginas. Numerosas ilustraciones. ISBN: 978-84-17158-08-8. P.V.P.: 22 €.

Muchos viajeros llegan a Guadalajara con la intención de encontrar y admirar las huellas de un pasado lejano y atractivo, de la Edad Media. Sabiendo que esas huellas están firmes en muchos de sus edificios, en cientos de presencias arquitectónicas, en arcos y muros, en capiteles y cornisas, en perfiles exquisitos. Todo ello constituye el arte románico, expresión de una arquitectura y sus complementos hecha para el culto cristiano.

Del gran compendio románico guadalajareño se han hecho ya estudios y se ha procedido a su catalogación y análisis, de formas y significados. Los estudios iniciales de Francisco Layna Serrano se han visto completados posteriormente, a lo largo del siglo XX, por Antonio Herrera Casado y Tomás Nieto Taberné. 

Pero ahora nos llega un nuevo análisis, que trata de actualizar este conocimiento ya suficientemente acreditado, y que intenta completar, aunar y mostrar de un modo panorámico la realidad románica de Guadalajara. Este trabajo lo ha emprendido, y completado con seguridad y éxito, el joven profesor José Arturo Salgado Pantoja, a quien la Fundación “Santa María la Real” de Aguilar de Campóo le ha editado su trabajo “Todo el románico de Guadalajara” en un volumen de más de trescientas páginas, ampliamente ilustrado, y muy bien concebido y desarrollado.

Emprende esta obra una tarea difícil por cuanto pudiera parecer que ya todo estaba dicho en torno a este tema. El autor no sólo ha superado el reto, sino que lo ha mejorado. Porque además del estudio inicial que abriga bajo el título de “Introducción”, dividido en dos partes en que trata “Las tierras de Guadalajara en los siglos del románico” y “Panorama general del románico en Guadalajara”, asume la tarea de catalogar todo vestigio románico que encuentra, añadiendo a la nómina anterior muchas piezas que no se habían considerado inclusas en el estilo, y poniendo sobre la mesa muchísimas piezas hasta ahora no catalogadas o analizadas.

Así me parece justo destacar que a los ya conocidos elementos románicos (clásicos unos, como la catedral de Sigüenza, el conjunto de templos de Atienza, las iglesias porticadas de Sauca, Pinilla, Carabias, Tortonda, etc…, y mínimos pero entrañables otros como el ábside de Santiuste, la espadaña de Bochones o la portada de Teroleja) el autor añade numerosísimos elementos hasta ahora con incluidos en el recetario habitual del románico de nuestra provincia.

Este aporte se centra, fundamentalmente, en varias docenas de pilas bautismales que se mantienen, desde los siglos XII y XIII, en los cuartos generalmente oscuros y casi siempre destinados a trastero, de las capillas bautismales de los pies de los templos. Unas en sus lugares de oriegen, otras trasladadas, estas pilas suman un portentoso acopio de formas y decoraciones, que por sí mismas podrían haber constituido otro estudio específico.

Además añade el autor las construcciones o elementos parciales de estética mudéjar, tal como portadas, ábsides, ventanales, y torreones, de tal modo que con esta visión la capital, Guadalajara, consigue entrar en un libro dedicado al arte románico. Este aspecto de incluir en el estudio de lo románico lo puramente mudéjar ha sido siempre controvertido. Porque no solamente son estéticas diferentes, sino que corresponden (al menos en Guadalajara) a periodos diferentes, siendo lo mudéjar más moderno.

También nos presenta en esta nómina románica (el libro está acertadamente estructurado en un listado alfabético de poblaciones) algunos restos de torres de defensa, como la de Albalate en Luzaga, y por ende pasa a considerar elementos de este estudio los castillos de Molina de Aragón, de Atienza, incluso el alcázar de Guadalajara. No cabe poner peros a esta cuestión, puesto que esas fortalezas militares y elementos defensivos están construidos en los siglos XI y XIII que son los de la arquitectura románica en nuestra tierra.

Acabamos el análisis de este libro con un aplauso a la aportación de numerosos elementos hasta ahora desconocidos, especialmente a portadas escondidas y no conocidas aún, o a templos derruidos de lugares despoblados, entre los que aparece Matas, frente a Palazuelos, o la portada de la iglesia de El Peral, de Budia, hoy incluida en la casa del santero de su gran ermita patronal. 

Concluye Salgado su gran trabajo con un breve Glosario de términos alimentado del valor de las imágenes, así como el índice de localidades, y un breve recapítulo de “Vestigios” en el que suma esos fragmentos de antiguas portadas románicas que como en el caso de Galve de Sorbe, se incrustaron en los muros de las nuevas iglesias actuales. 

También ha tenido el acierto de consignar aquellos elementos que, formando hasta hace poco parte del acervo románico de Guadalajara, han sido derruidos de forma incomprensible y reprobable, como es el caso de la iglesia románica de Nuestra Señora de Almuña en Almoguera, y de la iglesia del depoblado de San Miguel de Vállaga en Illana. Ejemplos que demuestran que el arte románico de Guadalajara debe ser fielmente analizado, estudiado y protegido, porque el peligro de agresiones externas sobre sus elementos no ha desaparecido del todo.

En definitiva, una gran libro al que (de nada puede decirse que sea perfecto) aplaudimos y damos la bienvenida, porque va a dar mucha información nueva, bien descrita, y certera, a los muchos seguidores (ojalá fueran muchos más) que el románico de Guadalajara tiene todavía.  

miércoles, 26 de abril de 2017

Marcas de cantero en el románico de Guadalajara

Rosa, G.; Sousa, M.J.: Catálogo de signos lapidarios y gliptografía. Provincia de Guadalajara. Tomo I: El monasterio de Santa María de Monsalud. Tomo II: La Serranía. Tomo III: La Campiña. Formato PDF grabado sobre CD, incluido en estuche de plástico con carátula informativa. P.V.P.: 10 €. Ejemplar.

El trabajo minucioso, profesional, incansable, de Gerardo Rosa y de M. J. Sousa, consistente en la búsqueda, dibujo, y análisis de todas y cada una de las marcas de cantero existentes en los edificios románicos de la provincia de Guadalajata, es algo que debería reconocerse algún día de forma pública, porque tan silenciosos van por la vida que casi  nadie se ha percatado de lo que hacen.
Y ello es que, a pesar de ese silencio, y esa humildad en la tarea, el trabajo es consistente e importante, porque consiste en acudir ante todos y cada uno de los edificios románicos, fundamentalmente iglesias y monasterios, y darles un completo vistazo, una a una, en sus piedras. Fotografiar y dibujar las marcas encontradas, sumarlas en una base de datos, y sacar conclusiones de sus formas, repeticiones, y coincidencias con otros edificios cercanos o distantes.
Esta tarea se ofrece en libros (digitales, a todo color, y plenos de imágenes) que hasta ahora han alcanzado tres circunscripciones. La primera, se ha dedicado exclusivamente a un solo edificio, el monasterio cisterciense de Monsalud, tanto la iglesia como las dependencias monacales. La segunda, mucho más amplia, ha venido a estudiar todos los edificios románicos de la Sierra Norte de Guadalajara; y la tercera, más reducida, con apenas media docena de edificios, se ha entretenido en el mismo estudio pero de los edificios románicos que aparecen en la Campiña del Henares.
El lector, que ha de serlo a través de un ordenador o medio de lectura digital, se encontrará en cada caso con una introducción histórica y descriptiva del arte románico en la zona, a cargo de la propia empresa editora de los libros, que es AACHE Ediciones de Guadalajara. Y luego aparecen las plantas y la descripción de todos los edificios, con la relación fotográfica en y en forma de tablas de todas las marcas encontradas.

El misterio en torno a estos elementos gráficos del Medievo sigue estando vivo, todavía. Nadie ha llegado a dar una teoría total, e irrebatible, que explique su existencia ¿Por qué se tallaban, de forma al parecer aleatoria, pero fija, esos signos lapidarios, esas marcas que parecen ser el sello de un artista, de una cuadrilla quizás, de un origen común? No se sabe con certeza. En cualquier caso, la tarea de Rosa y Sousa es doblemente de agradecer, porque a pesar de esa inconcreción general, ellos siguen en el único camino que en este momento cabe, y que es en el de la recogida paciente, exhaustiva, de los testigos gráficos de esta aventura extraña y sorprendente, la de las marcas de cantero en el románico de Guadalajara.