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sábado, 7 de marzo de 2026

55 Olmos históricos de Guadalajara



Gracias a un libro que acaba de llegar a mis manos me he podido enterar, ¡por fin! de la diferencia que hay entre olmos y olmas. Hay una sola especie, a la que los científicos llaman “ulmus minor” que pertenece al orden de los Rosales, y que es la más extendida por la Península Ibérica. Se trata de un vegetal arbóreo, que suele crecer en cualquier terreno, que puede alcanzar una vida de varios siglos, y que plenamente desarrollado llega a tener un tronco (rugoso siempre) que da varios metros de circunferencia y hasta 40 metros, o más, de altura. Todos son hermafroditas por lo que no se distingue sexo entre ellos. Así es que la denominación, que en nuestra tierra se les da, de olmos y olmas, proviene tan sólo de la apreciación popular de que algunos tienen una tendencia a alzar sus ramas en forma picuda (y a esos los hacen varones) y otros se orondan más, tienen una silueta más compacta y redondeada (y a ellos los hacen hembras). Como todos los que han existido en nuestra tierra han visto pasar por su sombra a varias generaciones humanas, el apelativo de olmo o de olma con que se les ha señalado vino a quedar muy enraizado en cada pueblo. Era olmo el de Valfermoso de las Monjas, del que pongo aquí junto una foto que hice hacia 1975, alto y espigado, que superaba en altura a la iglesia del pueblo. Y era olma la que llenaba como una bola verde en verano la plaza mayor de Pareja. Uno de los pocos árboles de esta especie al que le cupo el honor de entrar en las páginas de una obra literaria de mérito y recuerdo: en el “Viaje a la Alcarria” que escribió en 1946 el premio Nobel Camilo José Cela, se decía que “La plaza es amplia y cuadrada, y en el centro tiene una fuente de varios caños, con un pilón alrededor, y un olmo añoso -olma le llaman, porque es redondo-, copudo, matriarcal, un olmo tan viejo, quizás, como la piedra más vieja del pueblo. Una fuente en la plaza y una olma vieja…” Así es que entre la gran olma de Yela que casi tapaba, en sus mejores momentos, a la iglesia del lugar, y el olmo de Mandayona que amparaba entera a la plaza, los ojos se nos han ido poniendo en sus redondos y oscuros perfiles, de los que, a lo largo de los últimos 50 años (y yo he podido verlo en todos ellos) se han ido perdiendo sus líneas, sus hojas, y sus presencias ancestrales. Prácticamente todos han perecido en el último medio siglo víctimas de la grafiosis, una enfermedad producida por un hongo al que ha ido inyectando en sus entrañas un escarabajo transmisor y ante lo que no ha habido más remedio que talar, y buscar nuevas especies que sustituyan a los viejos árboles, como el ulmus pumila y otros que el Ministerio de Agricultura está proporcionando, clonados de los antiguos, y hechos por magia de la moderna ciencia de la genética indestructibles (pero que tardarán años, si no siglos) en volver a ser umbrosos y amables.

 

A los olmos se deben muchos paisajes, y también muchas denominaciones. Hay quien lleva Olmo por apellido, y otros más solemnes, lo llevan de Olmeda. En los pueblos había un olmo presidiendo la plaza, pero también recónditos lugares donde solo cantaban los pájaros porque allí vivían felices, y eran las olmedas. El árbol cuyo apelativo científico es Ulmus minor ha sido un referente en el paisaje urbano de los pueblos de Guadalajara durante siglos. Acaba de aparecer un libro, elaborado y editado por el equipo que forma la Asociación Micorriza (de Molina de Aragón) que titulan “55 olmos históricos de la provincia de Guadalajara” y en el que aparte de alguna mínima colaboración que he aportado, –en forma de recuerdos, evidencias y fotografías– surgen cientos de fotografías, noticias y recuerdos que componen un valioso testimonio de la rotunda marca con que la Naturaleza se ha hecho sentir y querer en nuestras comunidades humanas. El libro destila cariño hacia los árboles y pulcritud en los datos. Y ayuda a evocar aquellos enormes ejemplares de olmos que dieron vida a los pueblos. De todos ellos (por eso los denominan “históricos” en el título) solo queda el recuerdo, pues han muerto atacados de la grafiosis, y han sido talados y eliminados. De algunos, muy pocos, a los que denominan “fantasmas”, queda todavía el esqueleto, la masa compacta de su madera renegrida y muerta, todavía en pie.

Uno de estos es al que llamamos “La olma de Bejanque” y que muchos hemos conocido verde y amable en la plaza que se extiende a los pies de la colina del fuerte/monasterio de San Francisco, en la capital. Tan grande era, y su presencia cargaba de significado el lugar donde estaba, que la plaza recibió el nombre de “La Olma” por antonomasia. Y así aparece en los viejos planos que subrayan la topografía de la ciudad antigua. José Antonio Suarez de Puga, nuestro gran poeta universal, le dedicó un poema que dice así, entre otras cosas: “¡Oh disecado vegetal caído! / el largo sueño de tu ser cansado / cómo se desmelena en los tejados / de Bejanque tu pelo encanecido”. Hoy es un monolito denso de madera limpia y ocupado del rumor que produce la nada al ascender por sus cegados vasos. Un armazón metálico sujeta hoy el resto frío de aquella olma que parecía tener savia de antiguos y sabios cantares.

Otros enormes árboles de la especia ulmus minor recuerdan los autores en este libro. Con fotografías, con descripciones de sus vecinos, con la mención que en sus crónicas hacía José Serrano Belinchón en estas páginas de la Nueva Alcarria al escribir sus fantásticos reportajes de “Plaza Mayor”. Por ejemplo, el de la plaza de España en Atienza, junto al que pasaron tantas veces los hermanos cofrades de La Caballada; el buen olmo de la plaza de Chillarón del Rey, de quien sabemos hasta cómo se llamaba el aldeano que lo plantó: era Benito Poveda, y debió hacerlo a comienzos del siglo XIX; en Taravilla hubo una enorme olma que atascaba el paso delante de la iglesia. Una foto le hice que me ha servido para crear ahora esta especie de sello virtual que acompaña estas líneas. Y quizás el más añorado, por lo que significaba, fue el “Olmo del Portalejo” en Valverde de los Arroyos, puesto delante de la puerta de la iglesia, donde se juntaba la gente a escuchar y ver las danzas y comedias de la Octava del Corpus. Cuando en los años cincuenta del pasado siglo llegaron por primera vez los coches a Valverde, hubo que cortarle para que pudiera pasar la gente, no había otra: quizás es de los pocos casos que un olmo cayó ante el avance de la “civilización” automovilística. Aunque en general ha sido la grafiosis, un simple hongo microscópico, el que ha arrasado la población de olmos en nuestra tierra, y de ellos, ahora, solo puede hablarse en pasado, con nostalgia, con resignación incluso, pero con la esperanza de que –quizás dentro de un siglo– otra vez los olmos y las olmas levanten sus copas gigantescas sobre las plazas de nuestros pueblos.

Hay que agradecer al grupo formado por Rafael Marco Lope, Osssian de Leyva Briongos, Rodrigo García Vegas, Iván Maldonado García y Javier Aragoncillo del Río, coautores del libro, más el profesor Luis Gil Sánchez, quien aporta su saber científico, y David León Carbonero, del MITECO, por su contribución esperanzadora, que juntos al apoyo económico de la Fundación Oxígeno, el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, además de la Excelentísima Diputación Provincial de Guadalajara, han hecho posible este libro magnífico que da gusto tener en las manos y dejar que sobre sus páginas se pasee la mirada de los lectores interesados –de verdad– en el futuro de nuestro planeta.

sábado, 2 de julio de 2016

Caminando por el Geoparque

PERRUCA, Marta y CARCAVILLA, Luis (coords.), Guía turística del Geoparque de la Comarca de Molina de Aragón, Guadalajara, Asociación para el Desarrollo Rural Molina de Aragón-Alto Tajo, 2015, 300 pp. [ISBN: 978-84-608-2697-2].

Como señala en su prólogo Jesús Herranz Hernández, Presidente de la Asociación de Desarrollo Rural Molina-Alto Tajo, la comarca de Molina de Aragón ocupa un tercio de la extensión provincial -en la que viven once mil personas-, por lo que no es difícil encontrar diversos espacios protegidos como el Parque Natural del Alto Tajo, el Monumento Natural de la Sierra de Caldereros y el Geoparque que ha motivado la edición de la presente guía turística, cuyo objetivo es la puesta en valor de los principales elementos que en él se desarrollan, principalmente de su flora y fauna, los edificios monumentales, tanto civiles como religiosos, los yacimientos arqueológicos cada día más numerosos, la variada gastronomía, las fiestas de interés etnográfico, etcétera, aspectos muy diferentes que han sido descritos por las plumas de autores locales entendidos en cada una de esas materias: Ángel Saiz, César Sanz, Clara Yarza, David Sanz, José Antonio Lozano, Juan Manuel Monasterio, María Viorreta, Miguel Ángel Langa, Miriam Barahona, Ossian de Leyva, Rafael Marzo y Rodrigo García, además de sus coordinadores Marta Perruca y Luis Carcavilla, equipo pluridisciplinar que, en la presentación de la obra, deja constancia de la facilidad de llevar a cabo esta empresa -dada la ingente cantidad de patrimonio que todavía conserva-, así como también y al mismo tiempo de la dificultad que entraña, puesto que la información existente se encuentra muy dispersa y, en muchos casos, de difícil localización por falta, hasta ahora, de una señalización adecuada.

Por todo ello, a la hora de confeccionar esta guía se fueron seleccionado los valores más destacados e interesantes para el viajero, siguiendo necesariamente una previa labor de síntesis que persiguiera a la vez, un mismo criterio, como por ejemplo el que los lugares de interés fuesen totalmente accesibles y fácilmente localizables, tratando de conservar y proteger con las medidas adecuadas, aquellos otros espacios frágiles y sensibles dignos de conservación y que, por el momento no deben ser divulgados procurando su protección.

Aunque realmente es imposible abarcar todo cuanto esta Comarca ofrece, de modo que no ha sido posible su inclusión en estas páginas, quedando a la espera de un futuro más favorable.

Otro de los fines que motivaron la edición fue comenzar una segunda fase para el desarrollo comarcal, que diese paso a otro tipo de proyectos que contribuyan a generar empleo y riqueza y que sean capaces de mantener la población existente, garantizando así su futuro de la zona.

Una guía, en fin, “que representa a la perfección el espíritu de los geoparques: la colaboración y el trabajo en equipo de un variopinto grupo de personas con un objetivo común que parte de un amor profundo por nuestra tierra” y que principia planteándose cinco preguntas clave: ¿Qué es un Geoparque? ¿Por qué la Comarca de Molina-Alto Tajo es Geoparque? ¿Dónde está? ¿Cómo es? y ¿Qué ver, hacer o visitar? además de unas indicaciones acerca de la forma más cómoda y adecuada de utilizar la guía, para lo que se han establecido cuatro grandes bloques, consistiendo el primero en una breve introducción en la que se da a conocer el contexto, las características y la ubicación del territorio del Geoparque; el segundo -¿Qué ver, hacer o visitar? - recoge los treinta y seis aspectos más singulares y significativos -desde el punto de vista turístico-, para lo que el visitante cuenta con seis grupos temáticos que facilitan su visita, dependiendo del área a que se refiera: geoparques, museos, naturaleza, historia-arquitectura, etnografía y actividades; siendo el tercero de los bloques mencionados el más extenso, puesto que consiste en la descripción de ciento cincuenta y nueve puntos de interés (que recogen los temas citados en el bloque anterior). El cuarto bloque es una Guía Práctica, que ofrece un catálogo de diez y seis propuestas de giras realizables en una sola jornada, enlazando algunos de los lugares más interesantes.

El apartado ¿Qué ver…? da paso a la guía recordando que el Geoparque de la Comarca de Molina-Alto Tajo está integrado en la Red Europea y en la Global de Geoparques, así como en la Red Natura y que, además, cuenta con otros espacios naturales protegidos más, de los que puede verse su distribución en los Puntos de Información y Centros de Interpretación, contando además de un conjunto de museos esparcidos por toda la zona: Comarcal de Molina; Etnográfico “Jorge Bande”, de Corduente; en del castro celtibérico de “El Ceremeño”, en Herrería; Luzón, sobre las antiguas escuelas de la localidad, arte moderno, historia, costumbrismo y tradiciones; Paleontológico, de Maranchón; el torreón de los Ponce de León, en Cubillejo de la Sierra, sobre historia local, y el etnográfico, en El Pobo de Dueñas.

Una zona donde puede encontrarse una amplia geodiversidad en la que pueden verse en directo numerosos minerales -los tradicionales “aragonitos”- y gran variedad de fósiles, junto a una interesante flora “de encrucijada”, que se completa con numerosas arboledas singulares en las que habita un amplio abanico faunístico, todo lo cual da como resultado un paisaje característico que fue habitado dos desde el Paleolítico (30.000 a 11.000 años a.C.) y en cuyos hábitats pueden contemplarse pinturas y grabados parietales, como en la Cueva de los Casares, en Riba de Saelices y, mucho más modernas (8.00 0 a 4.000 años a.C.) e influenciadas por el arte levantino español, en los abrigos de Rillo de Gallo, en las proximidades de Molina de Aragón, declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Otro de los aspectos más destacados y dignos de ser tenidos en cuenta a la hora de conocer a fondo esta Comarca, es el que se refiere a la abundancia de yacimientos celtibéricos en ella existentes, algunos en fase de excavación, que junto a los restos del periodo romano, a los castillos y fortificaciones medievales, y las plazas, puentes y otros muchos monumentos civiles y religiosos: iglesias, ermitas y pairones, el patrimonio industrial, los molinos, las huellas dejadas por la última Guerra Civil, los “chozones sabineros” y las numerosas fiestas y tradiciones como el Desfile de la Cofradía Militar del Carmen, en Molina; la fiesta de los Gancheros; las danzas y loa a la Virgen de la Hoz, en Corduente; la romería a la Virgen del Montesino, de Cobeta; los Cánticos a San Timoteo, con baile de la bandera y posterior “currutaje” (especie de “caldereta”), en Alcoroches, los “Diablos”, de Luzón, y San Bartolomé, en Checa; los oficios tradicionales, la gastronomía y los productos típicos y la artesanía, harán las delicias del visitante, especialmente del que se sienta atraído por los aspectos culturales más sobresalientes, que siempre podrán verse acompañados, si así se desea, por otras manifestaciones del denominado “turismo activo” como la caza y la pesca, las rutas de senderismo y otras grandes rutas -salpicadas de miradores y vistas panorámicas-, la utilización de áreas recreativas y zonas de baño, la observación astronómica (hasta ahora un tanto desapercibida) y el cine, la música y la literatura.

El grueso de la guía está constituido por los puntos de interés de cada una de las sexmas en que se encuentra dividida la comarca, en base a recorridos que siguen determinadas rutas cuyo fin es conocer directamente los pueblos por los que atraviesa. Para ello se ha seguido un modelo sencillo de “ficha”, así, por ejemplo, la correspondiente a las “Parameras de Maranchón, Hoz del Mesa y Aragoncillo”, en la que primeramente se hace una breve introducción de la ruta a seguir, cómo llegar al punto deseado y ampliación de información. Después, siguiendo el orden alfabético, Algar de Mesa, ir conociendo los valores que conserva: la iglesia de Santo Domingo de Guzmán, cómo se puede llegar hasta ella, donde encontrar información complementaria y algunos apuntes sobre la visita, generalmente referidos a otros monumentos existentes en la misma población y en sus alrededores: el castillo de los Funes y el palacio de los Marqueses, como elementos arquitectónicos, y el Pozo Galeano y el Tormo de Mochales, como elementos naturales dignos de verse, para finalizar con una ruta de senderismo, en este caso el denominado “Sendero de la Hermandad” o GR-66, todo ello acompañado de  numerosas fotografías de buen tamaño, a color.

Concluye la guía con otra guía práctica, digamos que menor, que contiene datos útiles a la hora de realizar un viaje de estas características: compras, hoteles y restaurantes, ocio, teléfonos de interés, farmacias, gasolineras y un largo etcétera, además de un necesario índice de puntos de interés que facilita su búsqueda.

Resumiendo, una guía muy útil y sencilla, -que se puede llevar en la guantera del coche o en la mochila-, cargada de datos que, de otra forma, sería muy difícil conocer. Lástima que algunos aspectos festivos ya no se celebren, como la Soldadesca de Hinojosa, o que la Cueva de la Hoz, en Santa María del Espino, permanezca anegada, lo que hace imposible ver sus pinturas rupestres, por lo que creemos que sus menciones deberían eliminarse de la guía, puesto que podrían equivocar al posible visitante y puesto que todos los datos deben ser fidedignos y contrastados.


José Ramón López de los Mozos

miércoles, 22 de junio de 2016

Viaje a la Alcarria, pero en familia

El libro "Viaje a la Alcarria en familia"
que te ayudará, como una guía amigable,
a conocer detalle a detalle esta tierra.
Orea Sánchez, Jesús: “Viaje a la Alcarria en familia”. Edita Excmª Diputación Provincial. Guadalajara, 2016. 336 páginas, innumerables fotografías y gráficos en color. Encuadernación en tapa dura. ISBN 978-84-92886-89-0

Como una aportación más, de las innumerables que viene realizando a lo largo del año 2016, centenario del nacimiento del Premio Nobel Camilo José Cela, la Diputación Provincial de Guadalajara ha promovido y completado la edición de un libro que se nos antoja capital en la promoción que, a través del “Viaje a la Alcarria” del escritor gallego, está realizando de la provincia de Guadalajara y, muy especialmente, de la comarca más representativa de ella, la Alcarria.

Una obra de magnífico aspecto, en tamaño manejable y tapa dura, cuajado de ilustraciones a color, y con un texto muy amplio y bien escrito por el periodista Jesús Orea, quien con esta obra remata perfectamente su imagen de conocedor en profundidad de esta tierra, y exponente de sus riquezas y atractivos de forma clara y asequible.

La obra se plantea en 20 etapas, que son los espacios en que puede dividirse el clásico recorrido celiano, desde Guadalajara a Zorita de los Canes, pasando por otras tantas localidades. Fiel al recorrido del libro, se detiene con mimo en cada villa, y de algunas que solamente son mencionadas por su nombre, él aporta datos, y expresa calidades que incitan al viaje. Además, en cada una de esas etapas, plantea el mismo esquema expositivo, que viene a ser primeramente la Sinopsis de lo que Cela escribe en su “Viaje…” acerca del lugar, mostrando luego un texto de lo que se debe saber del mismo, de lo que hay que ver en él (con recursos monumentales, culturales y naturales), y de cuándo se debe ir para aprovechar sus manifestaciones festivas. Cada etapa lleva al final varias páginas (estas desarrolladas gráficamente por Nora Marco) para que los niños y niñas de esa familia que se plantea viajar puedan aprender cosas en torno al viaje, a los pueblos y fiestas de la etapa correspondiente.

El texto de Orea es medido y sabio, sin concesiones a la literatura, y sin olvidarse del más mínimo detalle. Todo es información útil y justa. Se complementa de una abundantísima aportación gráfica, y sobre todo de una alegría colorista y llamativa incitación al descubrimiento por parte de los más pequeños. El diseño de la obra, finalmente, dentro de una maquetación de corte minimalista muy moderno, se debe a Agueda Herrera, del estudio editorial de Aache, alcanzando con esta obra unas cotas muy difíciles de superar en el arte moderno de diseñar libros.


La obra “Viaje a la Alcarria en familia” se plantea como una novedad asombrosa, y desde aquí queremos felicitar a la Diputación Provincial de Guadalajara que a través de su incansable Servicio de Cultura, ha llevado a buen puerto este proyecto largamente meditado. De los muchos valores que encierra, y que el lector podrá por sí mismo apreciar cuando empiece a pasar las páginas del volumen, está como más importante la posibilidad de aumentar el interés por la Alcarria, por sus pueblos, sus fiestas, sus ofertas culturales y su naturaleza. Un encargo –este de la promoción turística y la protección patrimonial- que cumple a la perfección esta obra, sin duda la más importante en el conjunto de publicaciones que han aparecido este año al hilo del Centenario de Cela y del 70º Aniversario de su “Viaje a la Alcarria”.

viernes, 29 de abril de 2016

100 Propuestas Esenciales

HERRERA CASADO, Antonio y otros 50 autores más, 100 propuestas esenciales para conocer Guadalajara, Guadalajara, Aache Ediciones (Col. Tierra de Guadalajara, 100), 2016, 213 pp. (I.S.B.N.: 978- 84-15537-97-7).

Aache Ediciones ha publicado recientemente este libro -100 propuestas esenciales para conocer Guadalajara- para celebrar por todo lo alto la llegada del número cien de su colección Tierra de Guadalajara.
Se trata de una extensa muestra de artículos, divididos entre Arqueología (3), Arte Románico ( 12), Monasterios (6), Guadalajara [capital] (8), Edificios (22), Patrimonio (25), Naturaleza (12) y Fiestas (12), escritos por cincuenta y un autores entendidos en cada una de las materias de que trata, y que vienen a ser una propuesta que el editor hace a las gentes interesadas para que conozcan más a fondo los aspectos más variados de cuantas maravillas puede ofrecer la provincia de Guadalajara, todas ellas interesantes y dignas de ser conocidas y admiradas.
Una especie de amplio muestrario, que indudablemente puede utilizarse como guía de bolsillo, en la que el lector elija aquello que desee conocer, puesto que, con total seguridad, lo encontrará a lo largo de sus doscientas páginas largas. Además, son artículos, trabajos, que no superan en ningún caso las dos hojas, incluyendo alguna fotografía o dibujo en su caso, por lo que su lectura, ya de por sí amena, se hace fácil y no llega a cansar. Aunque, de todos modos, el lector puede ir “picoteando” los temas de su preferencia.
Quizá una de las cosas más importantes que contenga este libro es que en él se ofrecen noticias tanto de Arte -mezclado a veces con una parte de Historia, puesto que suelen ser inseparables- y Naturaleza, que hasta no hace mucho tiempo venía siendo la cenicienta de los saberes provinciales, por lo cual no ha resultado demasiado fácil escoger los temas, seleccionar cien de ellos y proponerlos como “esenciales”, para penetrar en las interiores histórico-artísticas y naturalistas de esta provincia de Guadalajara: la iglesia cuyo menologio nos atraía desde siempre; el viejo monasterio ya reumático de permanecer anclado tantos siglos en uno de esos bellos lugares donde los monjes sabían establecerse; el palacio que habitaron determinados próceres y que después de tanto tiempo ha tenido la suerte de ser rehabilitado; el recuerdo de alguno de los más destacados personajes que vivieron y murieron en Guadalajara y en ella dieron forma a su obra; las fiestas multicolores, que, por fortuna, todavía se conservan, especialmente las que se celebran a lo largo de los ciclos de invierno y primavera; los hitos fundamentales y más atractivos de nuestra arqueología; el patrimonio, -aunque todo sea patrimonio- a través de arquitecturas y otras obras de arte: pinturas, retablos y hasta el que se conserva en los museos -que cada vez van salpicando la piel provincial con su existencia-, unido a eso que tantas veces se ha considerado obra “menor” que conforman los aljibes, calvarios, picotas, fuentes, casonas, salinas, cuevas y elementos de riego, como el Canal del Henares, además de lo mejor de la naturaleza alcarreña por extensión, los ríos claros junto a los que crecen los chopos, bajo la montaña escarpada, los barrancos y los valles, los quejigares y las atractivas Tetas de Viana (“que muchos las ven y pocos las maman”), los hayedos, las piedras de formas caprichosas que forman como una especie de ciudad embrujada, las lagunas de y el inefable padre Ocejón y sus “chorreras”, entre muchos otros aspectos a tener en cuenta.
Todo un amplio abanico de posibilidades que el lector, poco a poco, puede ir descubriendo en sus viajes a lo largo y ancho de la provincia, puesto que junto a estas sugerencias, vistas in situ, seguro que encontrará algunas más con las que agrandar sus excursiones.   
Se trata, en fin, como así se manifiesta en su “Preámbulo” de “Un libro que viene a ser una inyección de alcarreñismo, de belleza y asombro, dejando ver, como en la mirada rápida de un caminante apresurado, las más señaladas cosas vistas a lo largo de estos últimos veinticinco años, y que poco a poco han ido cuajando en libros, en cien redondos títulos que ahora con este se completan”.
Felicidades por todo ello a Aache Ediciones por la publicación de este magnífico libro y también felicidades por haber alcanzado la cota de los cien números en su colección Tierra de Guadalajara, lo cual no es lo más frecuente en estos tiempos que corren.

José Ramón López de los Mozos 

martes, 17 de febrero de 2015

El bosque de Valdenazar

Guía natural del bosque de Valdenazar. Editado por el Ayuntamiento de Yebes en 2014, va firmado por Roberto Mangas Morales y Pablo Chiloeches Fernández, a los que se añaden las fotografías de Carlos Sanz García, y otros fotógrafios. La obra, de 64 perfectamente maquetadas, nos muestra una de las joyas de la Naturaleza que se ha conservado casi por milagro a escasos minutos del centro de Guadalajara.
El Ayuntamiento de Yebes, que dirige el incansable Joaquín Ormazábal con su equipo de gobierno, ha entendido que el desarrollo pasa también por el cuidado estricto del medio ambiente, y por la divulgación del mismo, no solo a través de publicaciones como esta que comentamos, sino creando las facilidades imprescindibles para que ese cuidado se transforme en disfrute de la ciudadanía. Ejemplar: este puede ser el resumen de la monografía que comentamos, y de la tarea que el municipio de Yebes está llevando a cabo en torno a este gran espacio natural, que sin protección específica ninguna, dentro de los cánones oficiales, mantiene las 43 hectáreas que definen este “bosque mediterráneo” abierto y en condiciones de ser conocido y admirado.
En el libro recién editado, los naturalistas Roberto Mangas y Pablo Chiloeches hacen una revisión exhaustiva de las plantras y animales que pueblan el espacio definido. De todos ellos nos dan breve descripción, anotaciones curiosas y fotografías o dibujos que nos los dejan claros. Además de un mapa muy meticuloso donde aparecen las sendas, espacios de observación, la carbonera, el mirador, y el vadeo del valle del arroyo de Valdarachas que baja desde los altos de Alcohete. Se inicia la marcha desde el aparcamiento que se ha habilitado junto a las instalaciones del Club de golf de Valdeluz, y luego se prosigue mediante indicaciones, carteles, señales y flechas de colores.
En Valdenazar prima la agreste naturaleza que forma el quejigar profuso, pero en el que se muestran sosrpresas continuas de flora y fauna. El libro del consistorio de Yebes nos parece perfecto como obra impresa y como intencionalidad de difundir  y divulgar lo que el mundo en torno aún nos ofrece. Ni que decir tiene que la obra reclama, y desde aquí nos unimos a esta petición, el respeto absoluto hacia este entorno natural, el “bosque de Valdenazar”, junto a Guadalajara, en sus olvidados escondrijos de la amable alcarria que nace y discurre en torno a Yebes & Valdeluz, que ya queda a la espera de que la primavera cercana lo inunde de verdes, flores y silbos varios.


A.H.C.