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jueves, 25 de diciembre de 2014

Hiendelaencina y sus minas de plata


Layuno, Angeles, y otros: “Minas de plata de Hiendelaencina.Territorio, patrimonio y paisaje”. Colección de Monografías sobre Arquitectura, nº 5. Edita, Universidad de Alcalá. 2014. 256 páginas, numerosas ilustraciones a color. ISBN 978-84-16133-12-3. PVP.: 30 €.

Aunque ya se publicó hace años una obra (enorme en el volumen y en el contenido) sobre Hiendelaencina, a cargo del profesor Abelardo Gismera, es ahora cuando la Universidad de Alcalá de Henares, desde su Escuela Superior de Arquitectura, la profesora de Teoría e Historia de la Arquitectura y de Patrimonio Industrial, doña Ángeles Layuno, coordinando un amplio grupo de profesores y arquitectos estudiosos de estos temas, aporta nueva visión, con nuevas metodologías, para proporcionarnos una mirada actualizada de estas ruinas que a quien las contempla por primera vez les causa confusión y deja estupefactos.

Contenido de la obra

El Prólogo corre a cargo del profesor y arquitecto especialista en rehabilitación de edificios históricos, don Javier Rivera Blanco. La directora de la publicación, Ángeles Layuno, se encarga de escribir una Introducción y estudiar el patrimonio y el paisaje industrial de Hiendelaencina. También habla luego de edificios, espacios urbanos e instalaciones de la minería. Por otra parte, Francisco Maza nos informa de la importancia de la cartografía en la investigación, y son Pilar Chías y Tomás Abad quienes se destacan en el estudio de la imagen y construcción del territorio y del paisaje a través de la cartografía histórica.
Les sigue Javier Maderuelo con el tema “Territorio y paisaje”, siendo Antonio Baño quien plantea un gran capítulo acerca de la construcción en el patrimonio histórico y minero de Hiendelaencina. Un último capítulo de Ana Parra y Gloria Viejo está dedicado a “La Constante”, la fábrica de beneficio de minerales de plata. Todo ello complementado con unas conclusiones comunes, más las referencias bibliográficas y gráficas correspondientes. Es de destacar la gran cantidad de imágenes que aporta el libro, tanto en formato fotográfico, como en planos.




Hiendelaencina y sus minas

El trabajo que da pie a la creación de este libro es fruto de los resultados del proyecto de investigación “Bases metodológicas y criterios de identificación, catalogación y recuperación del paisaje industrial. El caso de las minas de plata de Hiendelaencia (Guadalajara)”.
Dicen los autores de la obra que Hiendelaencina, el denominado "país de la plata" debido a la riqueza de sus yacimientos argentíferos, es un municipio situado al Norte de la provincia de Guadalajara, al pie de la Sierra del Alto Rey, que alcanzó entre 1844 y 1925 una gran repercusión dentro del mundo de la minería española. La actividad productiva del antiguo distrito minero fue decreciendo posteriormente, entrando en una fase de obsolescencia asociada a la existencia de un patrimonio y un paisaje minero de evidente valor histórico, geológico, constructivo y paisajístico, generando un conjunto de bienes, que si bien actualmente abandonados y arruinados, mantienen visible las huellas del proceso de explotación.
El estudio de los bienes de la minería se ha derivado de unos parámetros conceptuales y metodológicos vinculados a la dimensión territorial del patrimonio industrial, abarcando desde una mirada transversal la evolución histórica del territorio y del paisaje con el fin de explicar la relación industria-territorio de manera diacrónica, la evolución tecnológica ligada al estudio de las edificaciones e instalaciones en superficie, así como la evolución de la morfología del núcleo poblacional, y de aquellos  otros elementos agropecuarios y etnográficos que descifran la complejidad que todo paisaje entraña, atendiendo a la yuxtaposición funcional y material de los vestigios construidos.
Con ello se pretende individualizar los actuales riesgos de destrucción y degradación del patrimonio minero-industrial, así como establecer unos criterios de identificación y valoración susceptibles de presidir los procedimientos de protección y de intervención para su puesta en valor, considerando que Hiendelaencina es aspirante en la actualidad a convertir su patrimonio industrial en un recurso cultural imbricado en los programas de desarrollo de esta comarca de Guadalajara. Partiendo de esa premisa, los autores han adoptado un doble planteamiento en el entendimiento del paisaje: uno que afecta a su descripción territorial objetiva, y el otro relativo a la construcción del paisaje como imagen cultural derivada de la percepción fenomenológica del medio.

La Constante

Consideramos como especialmente interesante el trabajo monográfico que firman Ana Parra y Gloria Viejo sobre “La Constante, fábrica de beneficio de minerales de plata” con el que han obtenido las mejores calificaciones académicas en sus estudios finales de Arquitectura Técnica en el campus de Guadalajara. El conjunto de imágenes y sobre todo de documentación y narración que nos proporcionan, es quizás lo más nítido y elocuente que hasta ahora se ha escrito sobre este pedazo mínimo e intenso de la geografía provincial. Agradecemos especialmente a estas autoras alcarreñas el esfuerzo y la dedicación larga y profunda al análisis de este lugar que tiene las características de emblemático y mágico en la Sierra Norte, y que reúne al mismo tiempo los elementos claves para considerar con seriedad el patrimonio industrial de nuestro país, que ha sido (y sigue siendo, por desgracia, a diade hoy) olvidado y preterido, dejándolo perder y arruinando en buen modo, con él, la memoria colectiva de los logros humanos.
El libro, en todo caso, nos ha resultado de gran interés y cuajado de ofertas nuevas, visuales, informativas y valorativas. A tener en cuenta por todos los que quieren saber más de Guadalajara y aumentar un poco más su “biblioteca alcarreñista”.



martes, 1 de abril de 2014

Un análisis muy completo de la Semana Santa en Guadalajara

De especial relieve podríamos calificar el trabajo que José Ramón López de los Mozos acaba de ver publicado en la Revista “Motril Cofrade” que se está distribuyendo por gran cantidad de entidades relacionadas –en toda España- con la Semana Santa, sus expresiones y su historia.
Titulado “Algunos aspectos de la Semana Santa en la provincia de Guadalajara”, ocupa las páginas (de tamaño folio) 35 a 47, con numerosas fotografías a color, acabando con una página completa de bibliografía. –tras una presentación del tema, con referencias históricas y literarias, el etnógrafo alcarreño pasa a analizar esos “aspectos” iniciando su recorrido por “La Religiosidad en la calle”, recordando muchos cánticos, pasos y atuendos propios de las ciudades más emblemáticas como Guadalajara y Sigüenza.
Sigue con la visión, ya en detalle, de los actos religiosos y especialmente de las procesiones, de la Semana Santa arriacense, de la que nos dice que apenas dos cofradías y procesiones (la Soledad y los Dolores) son antiguas, de varios siglos de antigüedad, pero que las demás son modernas, de después de la Guerra. Describe títulos, recorridos, pasos y atuendos de los capuchinos, y sigue con un capítulo no menos interesante en el que agrupa otras manifestaciones, más recientes, como son las “Pasiones Vivientes” y otras representaciones, entre las que incluye los “Soldados de Cristo” de Budia, y especialmente la Jornada del Viernes Santo en Hiendealencina, que sigue siendo, 40 años después de su creación, uno de los más impactantes aspectos de la Semana Santa española.
Relacionado íntimamente con ella, pero con un trasfondo más primitivo y ancestral, López de los Mozos analiza la serie de celebraciones de la “Quema del Judas” en muchos pueblos de Guadalajara. Lo vimos estudiando la de Pareja, hace poco, en una publicación específica, y lo vemos ahora, en este gran trabajo, haciéndolo sobre las “Quemas de Judas” de muchos otros pueblos, como Berninches, (con la lectura del “Testamento de Judas”), Sigüenza, El Bocígano, Cifuentes, Zaorejas y muchos otros lugares.



El último capítulo de este trabajo etnográfico de López de los Mozos se dedica a la visión, en retazos, de los aspectos antropológicos de las procesiones, que suelen pasar desapercibidos para muchos, pero que indudablemente laten en el fondo de estas actitudes religiosas, que no dejan de ser sociales y culturales: por ejemplo el sentido de “peregrinaje” de las procesiones, la sensación de “cambio de tiempo” cuando tras la muerte [de Cristo] viene su Resurrección, como ocurre en la Naturaleza, en la que tras el invierno silencioso y muerto aparece la primavera riente y espectacular. Son muchos elementos del vital discurrir de los humanos lo que se evidencia en los ritos, de predominio religioso, de la Semana Santa. López de los Mozos sabe analizar el río ancestral que corre bajo todos ellos, y aquí lo expresa.
Sin duda estamos ante un estudio que trasciende la Semana Santa en exclusiva, y se alza como un análisis certero de la expresividad popular de nuestras gentes. Lástima que la Revista en cuestión donde publkica, “Motril Cofrade 2014” sea de difícil acceso entre nosotros. Esperamos que, al menos, los repertorios habituales de la bibliografía provincial (Biblioteca de Investigadores de la provincia de Guadalajara, y Sección Local de la Biblioteca pública Provincial de Guadalajara) lo puedan añadir a sus anaqueles.


A.H.C.

lunes, 5 de enero de 2009

Las Minas de plata de Hiendelaencina




Hace pocas fechas se ha presentado en Hiendelaencina un libro sobre sus minas de plata, por lo que este aspecto del patrimonio guadalajareño ha vuelto a ser actualidad. Abelardo Gismera Angona, que fue maestro y es natural del pueblo, ha visto por fin en la calle su “obra de toda una vida”, y con ese impresionante volumen bajo el título de “Hiendelaencina y sus minas de plata”, que fue presentado en el Ayuntamiento de la localidad, ofrece la realidad de aquel mundo, que dio para vivir, soñar y aun enriquecerse a muchas gentes de hace ahora un siglo.

El libro de las Minas

Este libro está escrito por Abelardo Gismera Angona, se titula “Hiendelaencina y sus minas d eplata” y tiene 416 páginas con una gran cantidad de imágenes, tanto fotografías antiguas y recientes, comomplanos originales, gráficos de producción, etc. Está editado por AACHE de Guadalajara, y por cuantos lo han visto ha sido calificado de auténtica “enciclopedia de las minas”, tanto por lo que abulta como por la increíble información que aporta. No le falta nada, y anima después de hojearlo a iniciar el viaje a Hiendelaencina, a visitar en directo lo que allí se narra.

La historia de Hiendelaencina

Sobre la oscura planicie que bordea los hondos barrancos del Bornova y sus microscópicos afluentes, con los picos de la sierra encima, y la silueta de las viejas casas de pizarra contrastadas con las medio derrumbadas chimeneas de los complejos mineros, se alza hoy Hiendelaencina, que tiene en todo caso siglos de antigüedad, porque perteneció en su origen al Común de Villa y Tierra de Atienza, rigiéndose por su Fuero. En 1269 aparece citada en documentos como Loin del Encina (más tarde será nombrada Allende la Encina), y quedando luego adscrita al Común de Villa y Tierra de Jadraque, en su sesmo del Bornova. Con él pasó a propiedad y señorío de don Gómez Carrillo, en 1434, por donación que de toda esta tierra hizo el rey don Juan II y su esposa a este magnate castellano al casar con doña María de Castilla. Como el resto de la tierra jadraqueña, Hiende­laencina pasó a poder del cardenal Mendoza, éste instituyó mayorazgo con el título de conde del Cid para su hijo Rodrigo, por cuya vía vino a quedar, mediado el siglo XVI, en poder de los duques del Infantado, hasta el siglo XIX.
Fue en esta centuria cuando la villa conoció el inicio y apogeo de toda su prosperidad, al ponerse en explotación a gran escala las minas de plata que por su término se distribuyen, y que ya eran conocidas desde la época de la dominación romana. Faltas de una utilización y trabajo opor­tuno, habían quedado muchos filones sin ser nunca aprove­chados. La perspicacia y afán emprendedor de un navarro, don Pedro Esteban Gorriz, hizo que éste “descubriera” en 1844 el filón de Canto Blanco, creando una sociedad para su explotación, e iniciando ese mismo año la extracción del mineral en la llamada Mina Santa Cecilia. Es curiosa la rela­ción de los siete valientes que forman esta sociedad, porque está formada por gentes de muy variada condición y procedencia, unidos solamente por la fe en eso que estaba tan de moda en el siglo XIX: el progreso.
El 9 de agosto de 1844 quedó constituida esta primera sociedad explotadora, formada por: don Pedro Esteban Gorriz, agrimensor oficial desde 1840 por varios pueblos de la provincia de Guadalajara, hombre muy aficionado a la minería, y dedicado con pasión al estudio de los suelos y sus propiedades; Francisco Salván, murciano, que trabajaba en Sigüenza como empleado de Rentas Estan­cadas; Ignacio Contreras, natural de Torremocha del Campo donde se ocupaba del tradicional pluriempleo de ser sacristán y maestro de primeras letras; Galo Vallejo, cura párroco de Ledanca; Eugenio Pardo y Adán, sacristán de Bujarrabal, y contador oficial en la catedral de Sigüenza; Francisco Cabre­rizo, leonés, empleado en la cárcel de Valladolid, y Antonio Orfila, mallorquín, administrador en Guadalajara de los du­ques del Infantado, buen conocedor también del terreno y hermano del famoso Mateo Orfila, catedrático de química en París y autor de numerosos tratados científicos, a quien fue­ron enviadas las primeras muestras del mineral extraído, y que, al contestar afirmativamente respecto a su riqueza, dio el espaldarazo definitivo a tan magna empresa.

El patrimonio minero

Si hay pueblos de Guadalajara que tienen un patrimonio románico que les hace destacar entre todos (Pinilla, Albendiego, Carabias…) o un patrimonio renacentista que les lleva a todos los capítulos que tratan de ese tema (Cogollado, Mondéjar…) el patrimonio de Hiendelaencina es el minero, por supuesto.
Para el viajero de hoy no dirá nada su iglesia parroquial moderna y sin arte, o el conjunto de calles y plazas que muy bien arregladas permiten a sus habitantes vivir a gusto, pero perdido ya el aire que tenían en tiempos pasados. Aún se ven algunas casas o, sobre todo, algunas tinadas y corrales viejos construidos al serrano modo, con sus muros de gneis y sus tejados de pizarra. El auténtico patrimonio de Hiendelaencina, a medio hundir y desaparecer, pero testigo aún de su pasado glorioso, son los edificios de sus minas, que se reparten por el término, y que este libro de Gismera Angona rescata, organiza, explica y ofrece en su dimensión auténtica. Valgan las siguientes líneas como memoria apretada de los mejor del conjunto.
Porque de todo ello es sin duda la fábrica de La Constante uno de los elementos claves de esta zona minera. Surge a raiz de la llegada, en 1845, de los ingleses a Hiendelaencina. Durante 30 años, y hasta 1877, es la empresa del señor Pórtland y su compañía quienes se dedican, con los mejores aparatos y elementos técnicos de la época, a extraer y depurar la plata que sale de la tierra. Se calcula que en solamente entre 1854, recién abierto el conjunto, y 1859, se obtuvieron 500.000 quintales de plata por un valor de unos cinco millones de reales. Se creó la Sociedad “La Bella Raquel” y a la fábrica le denominaron “La Constante”, elevando una serie de edificios junto al río Bornova, en la cara sur de la sierra del Alto Rey, en término de Gascueña, y dotando al lugar de todas las comodidades imaginables para la época. Con los años llegó a ser una gran factoría con amplias naves y altas chimeneas, instalando más tarde dos máquinas de vapor. En 1868 la Sociedad “La Bella Raquel” compró otras minas del conjunto: Santa Catalina, Perla, Tempestad, y más tarde Unión, Verdad de los Artistas, Suerte y San Carlos. Todo se vió paralizado, por agotamiento de los filones, hacia 1877 en que la Sociedad prácticamente abandonó “La Constante”, levantando casi todas las instalaciones siendo finalmente vendida a muy bajo precio a los siguientes propietarios y explotadores, los señores Bontoux y Rotschild, que la mantuvieron, a pesar de los problemas de la primera Guerra Mundial, en funcionamiento hasta 1926. Fue adquirida luego por un segoviano, Gregorio Lobo, que arregló una parte para vivienda y planto chopos junto al río, pero luego todo quedó abandonado y aquellos no es hoy más que un montón de evocadoras ruinas. Como todo el resto de bocas de mina, fábricas e ingenios productivos.

Proyectos para Hiendelaencina

El actual Ayuntamiento de Hiendelaencina tiene muchos proyectos para su pueblo. Ya desde antes de saber que esa empresa alemana quería iniciar sus investigaciones para una posible apertura de la minería argentífera.
Se está elaborando un proyecto, y ya existe el local –un edificio consistente- para que pueda tomar cuerpo, de crear un “Museo de las Minas” en la villa. Esto de los museos sí que es un filón que aún no ha sido explotado por nuestros pueblos, más atentos (durante todo el año) a la celebración de unas sonadas fiestas, que se van tan rápido como han venido, disueltas en el humo de los últimos cohetes, que a la tarea de crear anclaje de sus gentes y a la atracción de otras que pasen.
No hace mucho realicé un viaje por Francia, por esa Francia rural y limpia de la Auvernia, el Allier y el Bourbonais, y en muchos de sus pueblos existen pequeños museos que ofrecen la memoria expresa de sus más característicos elementos, históricos y patrimoniales. Están siempre llenos, hay colas para entrar y en todo caso dinamizan los lugares en que están.
Precisamente el libro que acaba de aparecer y va a presentarse, voluminoso y cuajado de antiguas imágenes y datos, está hecho con la mira de ser el referente de ese Museo, de tener por una parte su archivo de datos bien concreto y manejable, y por otra servir de alimento patrocinador, pues por parte del autor sus derechos los ha cedido para apoyar la puesta en marcha de ese Museo.
Sin querer sentar ninguna cátedra en el tema, me atrevería a dar un posible esquema de ese Museo, en el que cabrían, de entrada, una o varias salas explicativas de la evolución histórica de las minas (descubrimiento, descubridores, primeros pasos, épocas de apogeo, ruina…) seguido de otra sala, que tendría que jugar con numerosos gráficos, explicando los volúmenes de extracción, y la riqueza producida por épocas. Un tercer espacio estaría dedicado a las fotografías, imágenes, dioramas, maquetas, de los edificios que dieron vida a aquellas instalaciones. Una cuarta zona podría dedicarse a mostrar los espacios geográficos y posibles rutas, bien indicadas, para recorrer a pie (casi no hay otra posibilidad de hacerlo) los lugares donde quedan ruinas y vestigios. Finalmente, una zona “estrella” del Museo sería la reproducción completa de un modelo, se supone que reducido, de las antiguas minas, bajando a él mediante un descensor de la época, y viendo en directo aquellos sistemas de galería, vagonetas, etc., con lo que el visitante tendría una imagen muy viva de cómo era aquel mundo que ya solo se evoca.