sábado, 23 de mayo de 2015

Un estudio científico sobre Budia

Datos para el estudio médico-topográfico de la Villa de Budia por D. Severino Domínguez Alonso Médico titular de la misma, Guadalajara, Establecimiento Tipográfico de Antero Concha, Plaza de San Esteban (Correos), 2, 1907, 68 páginas + II de Índice. (Guadalajara, Intermedio Ediciones - Edición facsimilar patrocinada por el Ayuntamiento de Budia (Guadalajara) con autorización de la Biblioteca Nacional de España-, 2015, Presentación de Carlos María de Silva).
A primera vista pudiera parecer que un libro escrito antes de 1907, -concretamente en Budia y Diciembre de 1905, según datos anteriores en algunos años-, carezca de importancia. Sin embargo el libro que ahora comentamos demuestra todo lo contrario, puesto que él pueden encontrarse datos que, sin lugar a dudas, servirán de base a otros estudios sobre Budia y su mundo, especialmente en lo referente a sus aspectos médico e higiénico.
La idea de dar a luz pública ediciones facsimilares como la presente es de gran interés, puesto que junto a los datos que el libro contiene como tal, -es decir, su texto-, que no son pocos como podremos ver, se unen esos otros correspondientes a lo que podríamos considerar como la ficha bibliográfica del mismo: el nombre del autor (y, en este caso, su profesión), el título completo, el lugar de edición, la imprenta (y su domicilio) y el año, además del número de páginas de los preliminares, del texto que ocupa el estudio y del índice, amén de otros datos que, en ocasiones, se indican en el colofón, caso de haberlo.
El libro no es muy extenso, sesenta y ocho páginas tan sólo, por lo que los capítulos que lo componen tampoco se alargan y vienen a ser una especie de pinceladas que, precisamente por ello, no se hacen pesadas, más tratándose de un tema tan aparentemente árido como el que trata.
La edición presente, de 2015, contiene algunos añadidos respecto a la de 1907. Así, por ejemplo, dos dibujos a plumilla de Fernando Poyatos y la “Presentación” que escribe el alcalde de la localidad Carlos María de Silva, en la que alude a las peculiaridades del estudio, “tanto por su contenido como por las circunstancias y época en que fue publicado” por Severino Martínez Alonso, médico de la villa a comienzos del siglo XX,  llevado por su propia inquietud, con el fin de mejorar el diagnóstico de las distintas patologías médicas que pudieran afectar a vecinos de Budia y sus pueblos aledaños; una iniciativa difícil de llevar a cabo con los escasos medios del momento y, especialmente, por la falta de estudios anteriores o de simples datos con los que comenzar el estudio, a pesar de lo cual el autor reconoce que en las páginas de su libro recoge gran cantidad de datos y aportaciones que en su día sirvieron para evaluar tratamientos y prevenir enfermedades todavía no muy conocidas.
El resultado -añade Silva- “es un completísimo tratado en el que no solo se refieren las notas médicas y las conclusiones sobre las diferentes patologías, sino que aporta datos muy significativos sobre las condiciones higiénicas y sanitarias en las que él mismo y el resto de la población desarrollaba sus tareas habituales”. Y como complemento una serie de reseñas y estadísticas sobre la geografía, la demografía y los hábitos sociales de los habitantes de los “budieros” durante el periodo comprendido entre finales del siglo XIX y comienzos del siguiente.
Metidos de lleno en el libro de 1907 podremos hacernos una buena idea del mismo a través de sus “Preliminares”, ya que en sus páginas se ofrecen datos acerca de cómo surgió la necesidad de escribirlo, y su contenido. Don Severino Domínguez Alonso comienza por señalar la escasez de este tipo de estudios en la España del momento, teniendo en cuenta que constituían una verdadera necesidad, por lo que los médicos de partido, dice, “estamos obligados” a hacer la topografía médica respectiva, lo que nos supondría una inmensa fuente de ventajas por los datos que aportan, pero siempre que se hicieran las topografías de todos y cada uno de los pueblos, puesto que de lo contrario de nada o de muy poco servirían unas cuantas, aisladamente.
Y es que los poderes públicos no se preocupaban demasiado de este tipo de estudios, por lo que, como indica Domínguez Alonso, “es doblemente meritorio que nosotros subsanemos semejante indiferencia ó error” y añade: “[…] el médico titular, además de prestar la asistencia facultativa necesaria, tiene ó debe tener la obligación de vigilar y hacer cumplir todos los preceptos de la Higiene á todos sus encomendados” (aunque sea una especie de mito) porque los edificios públicos: escuelas, teatros, casinos, etcétera, ni los alimentos, las bebidas y las viviendas, reúnen las condiciones de salubridad apropiadas.
Por eso, este tipo de topografías médicas tuvo tanta importancia; por un lado, para los agricultores, porque les ofrecían datos de gran utilidad y, por otro, para los profesionales, porque les sirvieron de guía en el ejercicio médico, evitándose algunas dudas siempre perjudiciales para el enfermo. Por ejemplo se conocerá mejor la patogenia de las enfermedades parasitarias, “cuanto mejor se conozca la biología de los gérmenes que lo producen, las condiciones naturales para su multiplicación y los medios que tengan para propagarse, así como también el conocimiento del clima, suelo, alimentos, género de vida, profesiones, etcétera, circunstancias todas que determinan la mayor ó menor receptividad de los habitantes” (sic), porque las enfermedades no son más que modificaciones que el cosmos produce en el individuo.
El autor del libro dedica las primeras líneas del mismo a la historia de Budia, para acto seguido entrar en un primer apartado destinado al estudio de su Mesografía (es decir, su Orografía, Hidrografía, Geología, Flora y Fauna, Climatología, Descripción de la urbe, Calefacción, Alumbrado, Vías urbanas y de comunicación en el término jurisdiccional, Bromatología y Policía Sanitaria); que da paso a una segunda parte, correspondiente a la Demografía (Censo por edades, sexos y profesiones, Estadística de nacimientos, matrimonios y defunciones durante el periodo de once años, Frecuencia morbosa, Fecundidad, Defunciones, Movimiento de población, etcétera y, finalmente, se ocupa de la Patología.
En cada uno de los apartados y subapartados anteriores, el lector podrá encontrar siempre algún dato de interés, por ejemplo, en el correspondiente a la alimentación se habla de que a los niños que acababan de ser lactantes se les daban unas gachas con vino tinto…; hay una interesante descripción de los “Caracteres físicos del habitante de la Alcarria”, en la que afirma que:
“[…] Es moreno, de cabello obscuro generalmente, enjuto de carnes, estatura media, de gran vigor físico, y agudeza intelectual precoz. Los signos de la pubertad, no aparecen hasta los 14 ó 15 años, rara vez antes.
Antiguamente, cuando la industria de paños y curtidos estaba en su apogeo, podían establecerse diferencias entre los oficiales, que así llamaban á los dedicados á la industria, y entre los labradores y jornaleros.
Distinguíanse aquellos por su gran desarrollo muscular, sobre todo en los brazos, efecto del uso que hacían con ellos para curtir, y por el color moreno pálido debido á la falta de aireación […] los labradores y peones del campo, que son todos ellos más que robustos, resistentes, de color sonrosado, rostro arrugado, de temperamento sanguíneo, predominante en los varones, y linfático nervioso en las hembras.
Es frecuente la idiosincrasia grastro-hepática (vulgo cóleras) y también lo son las hernias inguinales, debido sin duda a los esfuerzos obligados del azadón […] No suelen darlas importancia, y por no corregirlas a tiempo, he visto dos casos de extrangulación, seguidos de muerte por gangrena intestinal.
También son extraordinariamente frecuentes las hemorragias cerebrales… (de más de sesenta años, el cincuenta por ciento padecen esta afección que, generalmente va seguida de muerte)” (sic).
Sirva esta cita para comprobar el interés del libro.
En lo que respecta a la Patología, el autor divide las afecciones en distintos apartados, siendo las más frecuentes, estadísticamente comprobadas, las que se cita y analiza minuciosamente:
* Enfermedades del aparato digestivo y sus anejos: Enteritis, Oclusión intestinal, Disentería y Ascitis, Hepatitis y Cirrosis hepática y Úlcera intestinal.
* Enfermedades del aparato respiratorio: Bronquitis y Laringitis, Pneumonía lobular y Broncopneumonía, Gangrena del pulmón, Hemotipsis, Congestión y Edema del pulmón.
* Enfermedades del aparato circulatorio: Pericarditis y Endocarditis, Hipertrofia del corazón, Lesiones valvulares y Asistolia, Ateroma y Embolia.
* Enfermedades del sistema cerebro-espinal: Mielitis, Atrofia muscular progresiva y Parálisis general; Reblandecimiento cerebral, Atrofia cerebral, Encefalitis, Anemia cerebral, Esclerosis y hemorragia cerebral, y Meningitis y Eclampsia.
*  Enfermedades del aparato génito urinario: Peritonitis y Hemorragia puerperal y Uremia y Nefritis.
* Enfermedades de la nutrición: Atrepsia, Reumatismo y Cáncer.
* Enfermedades infecciosas: Carbunco, Tuberculosis, Fiebre tifoidea, Grippe, Sarampión, Viruela y Difteria.  
*  Enfermedades de la sangre: Anemia y pnohemia, Senectud y Por falta de desarrollo orgánico.
* Enfermedades de los huesos: Osteomielitis.
Concluye don Severino, entre otras cosas, que “Vulgarizando esta clase de estudios, llegaríamos á precisar casi con exactitud matemática, las enfermedades propias de cada localidad […] a tal pueblo, tal enfermedad, […] claro está que con algunas salvedades, puesto que desgraciadamente la ciencia médica no es exacta”, y ruega a las autoridades competentes que ejerzan su influencia moral y material e inculquen a sus subordinados que la salud es el mayor tesoro que poseemos y que para conseguir hace falta solucionar algunos aspectos higiénicos entonces muy comunes: arrojar las deyecciones a la vía pública, mejoramiento de las conducciones de agua a las fuentes, prohibir los enterramientos en los nichos (mientras no reúnan las debidas condiciones), vacunaciones obligatorias, alimentar a los niños prematuramente y fomentar el arbolado, conservando el existente.
Un librito -permítaseme la palabra- del que en la actualidad pueden sacarse sabrosas e interesantes notas con las que seguir aprendiendo.


2 comentarios:

  1. De este libro y de su autor, habla Cela en su "Viaje a la Alcarria".
    No le habría ido nada mal a su entrada un guiño a Don Camilo.
    Saludos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Budia ha pasado a la literatura sobre todo por su presencia en el Viaje a la Alcarria de Camilo José Cela el 9 de junio de 1946, donde describe la plaza: "parece la de un pueblo moro", y la fachada del ayuntamiento: "está enjalbegada y tiene una galería con unos arcos graciosos en la parte alta".

      En ese momento, el autor se autocensuró las verdaderas peripecias que le sucedieron y lo mal que se le recibió, aunque años más tarde las recordaba:

      "Hubo lugares donde todo se complicaba de repente. El alcalde de Budia, que era un animal, me metió en la cárcel. Cuando abandoné la mazmorra me fui a despedir del gobernador, que era gallego y teniente coronel de Veterinaria militar. Cuando supo lo que me había ocurrido me dijo que si yo quería le daba el cese al hombre aquél, pero que no le gustaría hacerlo porque era el menos burro del pueblo. De modo que así quedó la cosa"

      Cela volvió a visitar Budia con ocasión del Segundo Viaje a la Alcarria en el año 1986, cuarenta años después del primero.

      Eliminar

Tu opinión sobre este libro nos interesa. Escríbela aquí.