viernes, 16 de agosto de 2013


Herranz Martínez, Juan Pablo; López López, Federico: Orea, espacio y tiempo. Aache Ediciones. Guadalajara, 2013. colección “deCastillaPueblos” nº 3. 504 páginas, ilustraciones a color y B/N. ISBN 978-84-15537-29-8

El libro

En este libro, el método científico lo impregna todo, por completo: es claro, metódico, ordenado y cuajado de cifras, a la manera en que el mundo debe ser entendido: midiéndolo. En este libro, voluminoso como pocos, aparece con fuerza un elemento del que muchos hablan y pocos se paran a definirlo: es la intrahistoria, de la que don Miguel de Unamuno decía que era ese discurrir de la vida tradicional que viene a servir de decorado a la historia visible. En Orea apenas han ocurrido cosas que puedan ser anotadas en los libros de Historia. Es más, yo diría que no ha ocurrido nada que deba aparecer en los libros de la historia de Castilla, de España toda. Pero en esta villa cada día que ha pasado, desde hace más de dos mil años, han ocurrido cosas: las que han sucedido a sus habitantes, las que han tenido que ver con ellos mismos y ellos solos, con sus cuentas diarias, con su estructura de grupo, con sus relaciones de poder y con sus formas de pensar. Esa sucesión de elementos es lo que da pie a la historia, que en este caso, y por haber sucedido solo en Orea y a sus gentes, se puede definir como intrahistoria real. De esa que el Diccionario oficial dice que es “La vida cotidiana en la que se insertan los grandes acontecimientos históricos”. Y como a veces la literatura es la única vía por donde puede expresarse la intrahistoria, aquí ni eso, porque en este libro no hay un gramo de literatura. Todo en él es realidad, percepción exacta, apunte verídico.

Los autores
Los autores de la obra, científicos de una pieza, originarios de Orea, entregan a su pueblo este catón curioso y cierto. En él aparece todo lo referente a la geografía (el espacio) y a la historia (el tiempo) de la localidad. Esos son sus dos grandes capítulos. En el primero, el del espacio físico, surgen poderosos los elementos que le dan horizonte y color. Allá van los nombres sonoros de sus relieves y valles, de sus ríos y praderas, de los despoblados que aún suenan, y hasta de sus vientos. Qué sonoridad en ellos, en ese aire tortosino o matacabrasque en el invierno sopla desde el nordeste, o el aire moruno y molinilla frío y húmedo que viene del noroeste.

La Geografía

Qué pasmo saber que sus alturas son nombradas como el Alto de las Neveras, los Castillos Fríos y el Cerro Pirineo, por decir sólo algunos. En esas rigurosas destemplanzas del invierno, en las que todo es hielo duro y blanco, transparente casi. La descripción de los elementos de la Naturaleza de Orea es pasmosamente hermosa. Los autores, que se han pateado palmo a palmo el término, recogen desde sus ámbitos más característicos como la paramera calcárea de Cerro Caballo o el cañón fluvial del río Hoz Seca, a lugares emblemáticos y curiosos como el río de piedras del Arroyo del Enebral o los callejones entre las Peñas Rubias, las altas Lomas y el cerro Caballo a la única laguna del término, la Salobreja, de la que describen fisonomía y origen, como lo hacen de sus bosques (el pino silvestre sobre todo, con sus pintas de roble, sus jarales y hasta las remotas manchas de sabinas rastreras) y de sus muchos pastos a los que califican, con toda razón, de gran calidad y valor: una geografía serrana, de altura, limpia y cuajada de lecciones.

La Historia

La segunda parte, más amplia, de la obra de Herranz y López es modélica en su estructura y contenido. Aparecen ordenados (y medidos en forma de tablas, de gráficos, corroborados en documentos manuscritos y mecanografiados) los datos acerca de su población, de su economía, de su estructura social, de sus organizaciones locales y poderes políticos, e incluso de la distribución y sentido de las ideologías y actitudes vitales de sus gentes, a lo largo del tiempo en que han podido ser constatadas y medidas. El equilibrio entre lo urbano (el caserío de Orea, sede de habitación de sus protagonistas) y lo espléndidamente natural, es lo que da carácter al pueblo y levanta nuestra admiración, nuestro entusiasmo por esta tierra que siempre nos parece estar tan lejos de todo, pero que a través de las páginas de este libro se desvela como salida del corazón, como un pálpito rumoroso que nunca acabará,

Antonio Herrera Casado

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