jueves, 7 de febrero de 2013

Guadalajara, puerta de Madrid


Herrera Casado, Antonio: “Guadalajara, puerta de Madrid”. Ediciones de la Casa de Guadalajara. Madrid, 2001. Colección “Arriaca”. 214. Muchas ilustraciones y dibujos a plumilla de Rafael Pedrós.

En este libro, muy poco conocido, de los que ha escrito el cronista provincial Antonio Herrera Casado, trata de ofrecer, repartidos por artículos y escritos breves, su experiencia en la Corte, y muchos datos y anécdotas que ponen en relación a Madrid con Guadalajara. Escrito con el buen corte literario a que nos tiene acostumbrados este que ha sido durante décadas máximo divulgador de la cultura alcarreña, solamente con referenciar el listado de los temas que presenta el libro, podrá darse cuenta el lector del interés que ofrece.
Comienza con una breve anecdotario de su vida en la capital de España, y que titula “El autor se explica”. Herrera vivió en Madrid entre 1964 y 1970, cuando era sin duda una ciudad ruidosa y sobre todo sucia, de la que él salió espantado. Pero durante ese tiempo la vivió intensamente, y como lo hizo a caballo siempre de su patria natal, la alcarreña Guadalajara, le buscó y le encontró fácilmente las referencias mutuas.
Sigue con un bloque de artículos bajo el título de “Historias de ayer”, mostrándonos primero “El Madrid de tiempos de los moros” hablando luego de las murallas, de la “Puerta de Guadalajara” que fue un espacio esencial en la vida de la corte en los Siglos de Oro, pasando a hablar de los Mendoza en Madrid, de los carlistas, de la Fábrica de Paños, de la Academia de Ingenieros Militares y de la batalla de Guadalajara de Marzo, de 1937, a la que otros llamaron “batalla de Madrid”. Hasta ese punto están juntas ambas ciudades…
Sigue un tercer bloque de temas bajo el epígrafe de “Alcarreños en la Corte” y así nos da certera visión de Bernardino de Mendoza, de la princesa de Éboli, del torijano Antonio de Sancha, y de la duquesa doña María Diega Desmaissières, pero no se olvida del periplo madrileño de algunos otros alcarreños ilustres, como Cascorro, Layna y Buero.
Muy curioso es el capítulo cuarto, que Herrera dedica a “Los signos”, y en el que incluye referencias a esas cosas materiales que emparejan Guadalajara y Madrid, como son el pairón de Cubillejo del Sitio, otros pairones molineses, los  nombres que pueblan el callejero de Madrid con títulos alcarreñistas, y hasta nos habla de una estación de Metro en la que los guadalajareño impera.
El quinto capítulo habla de “La esencia” y está lógicamente dedicado a la Casa de Guadalajara en Madrid, con una historia de esa institución que se hace corta, pero que está muy bien resumida, para que todo el mundo la entienda. Se presentó este libro en el Ayuntamiento de Madrid, presidido entonces por Alvarez del Manzano, y fue toda una fiesta alcarreñista en el casco viejo de la capital de España. Un libro, en suma, entretenido, curioso, y muy bien escrito. 

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