viernes, 21 de diciembre de 2012

Educación, Ciencia y Cultura en España


SÁNCHEZ SÁNCHEZ, Isidro (Coord.), Educación, Ciencia y Cultura en España: Auge y colapso (1907-1940). Pensionados de la JAE, Ciudad Real, Almud Ediciones de Castilla-La Mancha y Centro de Estudios de Castilla-La Mancha (UCLM), 2012, 564 pp. (ISBN: 978-84-939775-8-0).

Después de cinco años de trabajo acaba de ver la luz este magnífico libro, en el que se ha contado con la colaboración de cerca de ochenta investigadores, la mayor parte profesores de Educación Secundaria -profesores de Geografía e Historia casi todos- que desempeñan su labor docente en centros de las cinco provincias que constituyen Castilla-La Mancha.
De esos casi ochenta investigadores mencionados, aproximadamente un diez por ciento son o están relacionados con la provincia de Guadalajara y han escrito acerca de numerosas personas que fueron pensionadas, lo que hoy llamaríamos becarios,  por la Junta Para la Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas (JAE), desde sus orígenes en 1907 -el “auge”, como se indica en el título-, hasta 1940 -su “colapso”, ya en época franquista, en que cambió de esquema y pasó a denominarse Consejo Superior de Investigaciones Científicas- que o bien nacieron en la provincia de Guadalajara, o bien desarrollaron en ella parte de su trabajo, dejando una indeleble impronta.
Podemos decir sin temor a equivocarnos que, quienes tuvieron el encargado de realizar las fichas de los diferentes pensionados, han llevado a cabo una intensa y profunda labor de búsqueda que indudablemente contribuye a sacar a plena luz numerosos aspectos puntuales, hasta el momento poco conocidos y en algunos casos totalmente ignorados, sobre algunos nombres igualmente poco conocidos por la mayoría.
Los autores de las fichas a que nos hemos referido son los siguientes: Juan Pablo Calero Delso, Antonio Herrera Casado, Elena Herreros Tabernero, Sergio Higuera Barco, José María Ruiz Alonso, José Antonio Ruiz Rojo, Julián Vadillo Muñoz y Eduardo Villaverde Marruelo, la mayor parte, como queda dicho, profesores de instituto.

El grueso del trabajo publicado constituye un “diccionario biográfico” cuya lectura no se hace pesada -cosa que suele ser normal en este tipo de libros- y lejos de ser uno mas de consulta al uso, es un libro “de cabecera”, un “libro herramienta”, al que conviene acudir con frecuencia si se quiere tener suficiente información acerca de personas vinculadas a tal o cual faceta del mundo de las ciencias, las artes y las letras del periodo comprendido entre los años que se indican en su título: 1907 y 1940.
De un total de quinientas treinta biografías son numerosas las fichas que se publican sobre pensionados relacionados con Guadalajara, desde los más conocidos como Isidro Almazán, Rufino Blanco y Sánchez o los hermanos Miguel y Modesto Bargalló Ardevol, como más cercanos al primer momento de auge, hasta otros más cercanos al colapso final de 1940, como José Sanz y Díaz.
Unos considerados como de primera fila, aun siendo secundarios en el concierto general de la España del momento, a pesar de su valía profesional e intelectual, como Manuel Serrano y Sanz o Juan Francisco Yela Utrilla y otros, de nombres menos sonoros, quizá por haber estado en esta tierra alcarreña momentáneamente, desempeñando en muchas ocasiones el cargo de maestro, como es el caso de Román Aparicio Pérez, que lo ejerció entre 1914 y 1917 en El Pobo de Dueñas, y otros como Valentín Aranda que nacido en Jadraque se trasladó a Madrid en 1890 para después centrar su peripecia vital en Cuenca.
Son muchos los nombres que recoge este libro y muchos también los datos que pueden interesarle al lector que penetre en las biografías de Eusebio Criado Manzano; José María Eyalar y Almazán; los hermanos Dionisio y Juan Francisco Correas Fernández, de Sigüenza; Cristóbal Espejo de Espinosa, granadino que vivió en el paseo del Dr. Fernández Iparraguirre número 3, de Guadalajara, y tantos otros que dejaron una huella imborrable, como el geógrafo Juan Dantín Cereceda, de fama mundial, o Gabriel María Vergara Martín, suficientemente conocido por cuantos gustan de los temas de etnología provincial, especialmente de los motes, apodos y dictados tópicos.
Sin olvidar a un todavía no muy amplio, aunque interesante elenco de mujeres entre las que cuentan Carmen de Burgos Seguí, -más conocida como “Colombine”-, Antonieta Freixa Torroja, María del Carmen Oña Esper o María Pilar Ramos Jiménez, profesoras en la Escuela Normal de Maestras, o Carmen García Arroyo, que llegó a ser directora de dicha Escuela en 1936, además de algunas profesoras de instituto como María del Carmen Martínez Sancho o María Visitación Puertas Latorre.
Nombres que como puede comprobarse desbordan los límites de Castilla-La Mancha pero que contribuyeron a conformar un amplio capítulo aparte dentro aquella época conocida como “Edad de Plata” de la Cultura, según señala Alfonso González-Calero en el prólogo.
No quisiéramos finalizar esta breve nota sin dejar constancia del agradecimiento que se le debe al coordinador y alma mater del trabajo, el profesor Isidro Sánchez Sánchez, director del Centro de Estudios de Castilla-La Mancha (de la Universidad de Castilla-La Mancha), autor del estudio introductorio titulado “El fin de la JAE y el triunfo del integrismo”, que divide en cuatro apartados: “Premisa”, en que se habla de los “culpables” de la situación vital de aquella España, siguiendo la famosa entrevista de Manuel Aznar a Franco, que después publicó El Diario Vasco (1 de enero de 1939) como saludo al pueblo español del Año de la Victoria; “El cauterio del Caudillo y el fin de una labor modernizadora”, basado en la conocida frase: “A la revolución roja, el socialismo le ha dado las masas y la Institución Libre de Enseñanza le ha dado los jefes” tan divulgado en los escritos contrarios a dicha Institución considerada como “peligrosa” por el contenido de sus ideas adversas al “régimen”: (“Otra vez el aislamiento”, “¿Qué mató el franquismo?”, “La creación de la JAE”, “La puesta en marcha del CSIC” (surgido gracias a la diversidad ideológica de quienes integraban la JAE) y “Convendría pensar en otras personas”, “Un libro colaborativo” (“Biografías”, “Autores” y “Agradecimiento”) y “Textos” (“Cartas de Castillejo a Giner”, “Un sacerdote en defensa de la JAE” y “Castillejo, un hombre de hacer”).
Un libro que hacía falta para conocer en profundidad los nombres más destacados de cuantos formaron parte de aquella Junta que tanto significó para el desarrollo cultural de la España de preguerra, un periodo de la historia hasta hace relativamente pocos años escasa o sesgadamente estudiado.

José Ramón López de los Mozos

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Tu opinión sobre este libro nos interesa. Escríbela aquí.