viernes, 16 de noviembre de 2012

Yeso en Peñalver


REBOLLO PINTADO, Benjamín, El yeso en Peñalver (Guadalajara), Guadalajara, Excmo. Ayuntamiento de Peñalver (Guadalajara), 2012, 44 pp.

El autor, “peñalvero” que ya “hizo sus pinitos” en las lides investigadoras con un interesante libro titulado Cuevas y bodegas de Peñalver publicado en la imprescindible colección Tierra de Guadalajara de AacheEdiciones (2006) y que coordinó la edición de Peñalver, tal como éramos, libro eminentemente fotográfico patrocinado por el Ayuntamiento de Peñalver (2010), es también autor del sencillo folleto que ahora comentamos -puesto que por su paginación no podemos llamarlo libro-, del que se ha hecho una tirada de 300 ejemplares.
Una obra no muy extensa, aunque profunda, parte del estudio de la piedra de yeso en el término municipal de Peñalver, así como de la huella que dicho material y sobretodo su extracción, dejaron en documentos de tanta importancia para el conocimiento de la economía de un lugar como son las Relaciones Topográficas de Felipe II y el Catastro del Marqués de la Ensenada, es decir, datos correspondientes a la segunda mitad del siglo XVI y mediados del XVIII, respectivamente, para pasar seguidamente a la descripción de las dos canteras que existieron y finalizar la parte principal del trabajo con una detallada explicación del proceso de extracción del yeso.
Así, a la pregunta 30 de las Relaciones contestan: “Al treinta capítulos decimos: que los edificios son de calicanto y yeso, que hay mucho en la dicha villa y términos, y maderas; ansimismo que se crian olmos, sauces y robles y carrasca con que se edifica”, sin embargo, el Catastro de Ensenada no indica nada acerca de su existencia, quizá porque las canteras ya no se explotaran en aquellos años.

El autor sigue al pié de la letra lo que dice antes de dar comienzo a su obra: “En este trabajo, el lector encontrará mucha documentación sobre las canteras de yeso que hubo en Peñalver (Guadalajara), así como fotografías del interior y exterior de ellas, con todo ello nos podremos hacer una idea de cómo se trabajaron y su estado actual”, que, al fin y al cabo,  no es otra cosa que seguir ofreciendo a los demás el patrimonio y, en general, los aspectos culturales más destacados de Peñalver, aunque en muchos casos, como indica Benjamín Rebollo, solamente queden algunos restos en el recuerdo de los mayores, (en este caso, de quienes fueron los últimos trabajadores, allá por los años 1943 ó 44: el matrimonio compuesto por Fidel Martínez y Milagros Sánchez, ya fallecidos, que tenían 26 y 23 años cuando sacaron el yeso suficiente para construir su casa en la calle de la Peña, 16) de modo que es necesario recoger de ellos estos conocimientos si queremos cederlos a las generaciones venideras y, para que no nos suceda lo mismo, dejando su huella -la huella de ese recuerdo que hemos recibido gratuitamente- a través de libros y publicaciones que, aunque también efímeros, lo son menos que la humana temporalidad.
Quiere ser también este opúsculo un sencillo homenaje a quienes trabajaron en las canteras de yeso cuando estaban en su apogeo, con el propósito de poder sacar adelante a sus familias.
Hoy, nos dice el prólogo, inactivas y abandonadas, siguen existiendo en el paraje de “La Cantera”, a unos 50 metros una de la otra, en la parte baja de la vega, a unos 200 metros del arroyo o río Pra, como testigos del pasado no muy lejano, pues allí permanecen todavía los restos de los hornos para calcinar la piedra, de la cabaña para guardar y recoger las herramientas, las eras del machacado, con su rulo…, a la espera, quizás, de que el paso del tiempo y la incuria humana colmaten su entrada o se hundan, lo mismo que puede suceder con el antiguo tejar, la Cueva de los Hermanicos, los ya escasos restos del monasterio de la Salceda y sus ermitas y algunas bodegas y covachones, sabiendo que cuando esto ocurra quedarán documentos, como este libro, que podrán ser consultados por los que vengan después de nosotros.
Cada cantera disponía en sus proximidades de una era para el machacado del yeso cocido, así como de horno propio, -aunque actualmente solo quedan restos de uno de ellos, el de la  cantera señalada con el número uno-, que también contaba con una especie de casilla para guardar la herramienta.
Esta mina se trabajaba al aire libre, lo que facilitaba la extracción, mientras que la dos estaba excavada en profundidad, que la dificultaba, aunque a cambio era un material de mayor pureza.
Con gran detalle, especialmente de medidas, continua con las descripciones de las canteras y de las demás construcciones auxiliares, así como de las distintas maneras de extraer el yeso, que solía hacerse mediante la utilización de dinamita -que se introducía en agujeros de 10 a 20 centímetros de profundidad-, y a golpes de pico o con mazas directamente sobre la roca.
En las páginas 17 y 18 puede verse el plano general de la cantera número 1, de los hornos y de la cabaña en uno de los lados largos del rectángulo que formaba la era o rolladero, y de su sección.
Más adelante se describen los distintos procesos de manipilación del yeso, desde su extracción, construcción del horno y colocación de sus piedras, la recogida de la leña, el quemado del yeso (para lo que era necesario extraerlo con el menor número de impurezas; colocar las piedras más grandes y resistentes en la parte inferior del horno, procurando que encajasen bien entre sí; tapar los agujeros que hubiese entre las piedras; mantener constante una temperatura de 160 grados en su interior, y comprobar el tiempo justo de cocción, que podía observarse a través del color más o menos blanquecino del humo que se desprendía).
Después venía el desmonte del horno, limpiando las piedras y transportándolas hasta la era, cosa que se hacía con mulas, donde se machacaban hasta lograr una gran finura, tras la que venía el cribado, a veces varios, y el almacenado en lugar convenientemente seco, donde era ensacado para su mejor comercialización y transporte, que corría por cuenta del comprador.
Finaliza el trabajo con una especie de apéndice fotográfico de especial interés etnográfico.
En fin, un trabajo que da a conocer con todo detalle otro aspecto más de aquellas economías locales, artesanales, que el tiempo y los cambios sociales han dejado en el olvido, pero que conviene recoger con precisión como huella cultural todavía latente entre los “peñalveros”, que no otro es el deseo de Benjamín Rebollo, su autor: que este estudio sea el comienzo de otros muchos, aún pendientes de realizar, sobre la cultura, las raíces y el patrimonio de Peñalver.
Un deseo que todos compartimos.

jrlmozos@hotmail.com





  


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Tu opinión sobre este libro nos interesa. Escríbela aquí.