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viernes, 23 de noviembre de 2012

Yebes: un análisis de su historia y patrimonio



Aurelio García López: Yebes de los orígenes a la modernidad. AACHE Ediciones. Colección “Tierra de Guadalajara” nº 85. Guadalajara, 2012. 304 páginas. Ilustraciones en B/N y a color.

La pequeña localidad alcarreña de Yebes es una de las pocas que en esta provincia está creciendo en población de forma exponencial. Ello se debe a la presencia en su término de una urbanización, “Ciudad Valdeluz”, que tiene junto a ella una estación de la línea de AVE Madrid-Barcelona.
El pueblo antiguo, sin embargo, se encuentra aislado entre los campos de secano, entre umbrías y arroyos, en un contexto netamente rural y castellano.

El libro que acaba de aparecer, editado por Aache, pero con el patrocinio completo del Ayuntamiento de Yebes, es un meritorio trabajo que lleva a cabo con su ya conocido valor el historiador alcarreño Aurelio García López, quien bebe de documentación inédita conservada en el propio Ayuntamiento de Yebes, y en otros archivos nacionales que contienen temáticas relativas montes, sanatorios, familias ilustres, etc.

Porque la referencia histórica, condimentada con análisis demográficos y secuencias de cosechas, pago de impuestos y cumplimiento de normativas, va desde la época prehistórica (localiza un castro ibérico cerca del caserío) hasta nuestros días, resaltando los puntos fundamentales de este devenir comunitario, y en el que destacan algunos puntos interesantes. Entre ellos:
-          la entrega del señorío a la familia Imbrea, banqueros genoveses, por parte del monarca hispano Felipe IV, en 1648.
-          La creación del condado de Yebes que se fue sucediendo en esta familia, y luego en la de los Figueroa, rehabilitado a principios del siglo XX por el Conde de Romanones.
-          La presencia entre los hijos ilustres del pueblo de Pedro Páez Jaramillo, jesuita descubridor de las fuentes del Nilo Azul, quien muy posiblemente viera la primera luz en Yebes
-          El análisis del coto de Alcohete, que siempre formó parte territorial de la ciudad de Guadalajara pero que luego pasó a Yebes y en su espacio se ha construido hoy la Ciudad Valdeluz.
-          Las familias que poseyeron los terrenos de Alcohete, desde los Pecha, pasando por los jerónimos de Lupiana, a los Desmiassières, Figueroa y marques de Casa Valdés.

Y un largo etcétera que se conjuga en el segundo capítulo dedicado a las Tradiciones y especialmente a las cofradías, que García López trata con la meticulosidad que le caracteriza, analizando una vez más, en este caso sobre Yebes y sus gentes, la forma de solidaridad que en siglos pasados constituyeron las Cofradías de tono religioso.

El tercer capítulo está dedicado al estudio de los elementos que constituyen el patrimonio monumental de la villa. Especialmente detallado es el párrafo dedicado a la iglesia, su edificio, sus altares y sus obras muebles. Sigue el dedicado a las ermitas, a las fuentes luego, al urbanismo local, al edificio del Ayuntamiento, muchas veces renovado y al viejo “Hospital de Pobres” del que queda recuerdo en el nombre de una calle.

El capítulo dedicado a Alcohete es singularmente interesante, pues explora con detenimiento la forma en que fue poseido y tratado este coto, en la primera llanura de la Alcarria, junto a Guadalajara: propiedad de los Pecha, es cedido a los monjes jerónimos de Lupiana, que ponen en un altozano casa de retiro, aún viva hoy para otros menesteres. Publica un magnífico mapa del siglo XVI con los detalles de este lugar, en el que hubo dos pueblos vivos, Alcohete y Valverde. Y luego relata con pormenor la construcción en su entorno de un sanatorio antituberculoso, que ha terminado siendo nosocomio, hoy todavía activo.

Esta "Historia de Yebes" está profusamente ilustrada
con imágenes de la villa, de su patrimonio, y de Valdeluz.
Además de la reproducción de unos cuantos interesantes documentos, base de la referencia histórica (el Catastro del Marqués de la Ensenada, o las respuestas al Interrogatorio del Cardenal Lorenzana) concluye el autor con unas palabras descriptivas que aportan fechas y cifras acerca de la Ciudad Valdeluz, lo mismo que sobre el Observatorio Astronómico Nacional, desde hace 40 años radicado en término de Yebes, y elemento consustancial con la dinámica científica y cultural del pueblo.

La cuidada edición de AACHE, con muchas láminas en color, con imágenes antiguas y actuales, hacen de este libro un atractivo elemento de lectura y, sobre todo, de información para quienes siguen estando interesados en conocer las formas de vida antiguas y los detalles anecdóticos del discurrir humano sobre la meseta de la primera Alcarria. El libro se puede adquirir en el propio pueblo y en Valdeluz, además de en algunas librerías de Madrid, Guadalajara y Horche, así como por Internet en los diversos cauces de venta de libros por pedido electrónico. Su precio oficial es de 20 Euros el ejemplar.

viernes, 24 de junio de 2011

Un libro agudo, crítico y sarcástico



Plá escribió un diario conciso, irónico y sin retórica vana.



PLÁ, Josep, Madrid. El advenimiento de la República, Barcelona, Diario Público (Biblioteca de la República), 2011, 158 pp. (La primera edición es de 1933).

Cuando el autor del libro llegó a Madrid por primera vez tenía veintidós años. La segunda, treinta y cuatro. Más o menos, así comienza este libro que hoy traemos a nuestro Baúl, y en el que Plá ofrece al lector una mirada, la suya particular, de los días previos y posteriores a la proclamación de la República. Lo hace a modo de diario “agudo, crítico y sarcástico”, de forma periodística, ya que Plá, cuando viajaba a Madrid, no tenía nada que hacer o muy poco. De ahí que para no aburrirse, por así decir, comenzase a anotar detalladamente los hechos más importantes, algunos meramente anecdóticos, de cada uno de los días que estuvo en la capital de España.
Leer este libro, “conciso, irónico y alejado de cualquier veleidad retórica” es una delicia. Es de esos libros que no se caen de las manos y que al terminar una página pide la lectura de la siguiente. Tal es la belleza del lenguaje que utiliza Plá, para quien esto escribe, sin lugar a dudas uno de los mejores escritores en castellano, a pesar de ser catalán, o quizá por eso.
Poco es, sin embargo, lo que hay entre sus páginas, que tenga una relación directa con Guadalajara y su tierra, apenas dos menciones que son las que vamos a trasladar a nuestros lectores. La primera de ellas nos llamó la atención -suponemos que a quien lea este texto también le sucederá lo mismo-, puesto que estamos, dice Plá, ante un paisaje castellano entendido desde un punto de vista político, que el libro recoge así:
“14 de abril de 1931. Siete de la mañana. Me despierto, sacudido por el coche cama, me visto y me voy a desayunar al vagón restaurante. El señor Cambó, en la mesa del fondo, habla con un señor desconocido. Me hace una señal, me acerco y tras la presentación de rigor me siento para desayunar. El señor es un gran hombre de la burguesía catalana, un industrial importante.
En el vagón, todos hablan de lo que va a ocurrir. Nos envuelve un ambiente de profecía. El industrial sufre. Querría plantearle una cuestión al señor Cambó, pero no se atreve. Hablan del tiempo, de Barcelona, de Madrid, de la crisis mundial… El señor Cambó, que tal vez haya dormido poco, está muy pálido, esquiva las alusiones políticas con sus estiramientos de cuello -el tic de su juventud-. En ésas, pasamos Guadalajara. Las extensiones de los campos de Castilla, tan ligadas a las formas políticas tradicionales, tan característicamente unidas al monarquismo castellano, se pierden de vista franjeadas por las verdes fajas del trigo tempranero, bajo un cielo enorme, puro, claro, azul.
El industrial contempla un rato el paisaje que huye y, de repente, la cara le sonríe.”
La verdad es que, a pesar de que el texto sea un tanto extenso, merece la pena leerlo. Nos recuerda, por momentos, alguna de aquellas descripciones del Cela del primer Viaje a la Alcarria. Pero, a pesar de todo seguimos pensando en la diferencia que pudiera existir entre estos paisajes, estos campos castellanos, de la Castilla Nueva de Guadalajara, que nos hablan de pasadas monarquías, con otros campos de allende Castilla. Paisajes tal vez de La Mancha, o de La Rioja, o acaso del Baix Camp…
Y es cierto lo que dice Plá, estas tierras castellanas tienen algo que no tienen otras tierras, aún siento también castellanas. Hay cierto “inconsciente colectivo” que indefectiblemente nos conduce a tiempos ya lejanos: sangre, sudor y lágrimas…, tierras que cruzaron los caminos del Arcipreste; tierras de pan llevar, bajo el mandato supremo de los monjes; tierras ennegrecidas por la sangre, tras el asesinato del padre, como las de Antonio Machado en su Alvargonzález; o simples tierras onduladas, soleadas, también machadianas o tal vez orteguianas, donde las eras refulgen su dorada cosecha bajo sol inmisericorde del verano, mientras, a lo lejos, se vislumbra el que quizá sea el otero más perfecto del mundo coronado por el castillo de Jadraque. Tierras que llegaros a manos nobles tras la guerra o la simple escaramuza… Tierras monárquicas al fin y al cabo.
La otra cita, cargada de gracia, parece uno de esos chistes que, todavía después de tantos años, se siguen contando sobre el conde de Romanones:
“Romanones es un conversador inagotable, con un picante delicioso, sin respetabilidad, sin cobardía. Hoy los periodistas le referían la consideración que tiene a derecha y a izquierda. El conde encogía los hombros y contaba la siguiente anécdota:
Hace unos días iba a Guadalajara con su secretario, Brocas. Viajaban en coche. En un momento dado, se les acaba la gasolina y tienen que detenerse en un despoblado. Avería de pobre. Descubren a un chaval que apacentaba a unas cabras veinte pasos más allá. Lo llaman y le preguntan si estaría dispuesto a ir, cobrando lo que fuera, al pueblo más cercano, a por unos bidones de gasolina. El chaval no puede ir, pero sugiere la posibilidad de llamar a un labrador que trabaja en el otro extremo del campo. Brocas le dice que lo llame.
- ¡Romanones” -grita el chaval.
- ¿Y por qué le llamaís Romanones al labrador?
- ¿Qué por qué le llamamos Romanones? -dice el chaval-. Pues porque es un hijo de p…
Romanones ríe sin parar mientras cuenta la anécdota a voz en grito.”
Hemos traído estas dos estampas para dar idea de cómo es este libro que, desde luego, recomiendo al lector, especialmente por lo que de acertado tenía acerca de los sucesos que siguieron a la proclamación de esta República.