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viernes, 11 de enero de 2019

Una guía poética de los castillos


Mañueco Martínez, Juan Pablo: “Guía poética de los castillos de Guadalajara”. Aache Ediciones. Guadalajara, 2019. Colección “Tierra deGuadalajara” nº 107. 122 páginas, numerosas ilustraciones a B/N. 13,5 cms. x 21 cms. ISBN 978-84-17022-79-2. PVP.: 10 €.

Un libro que enriquece la Colección en que se enmarca, y que ofrece una visión distinta de los elementos más emblemáticos de nuestro patrimonio provincial. “Una guía poética y alentadora” es el subtítulo de esta obra, que se enmarca en la Colección de “Tierra de Guadalajara” de la que hace ya el número 107. Un libro que empezó como un ensayo de poemas para cantar ruinas, y ha acabado en una completa guía de los castillos guadalajareños, con fotos, descripciones, formas de llegar a ellos y poemas que los pintan y ensalzan.
La propuesta es de clasificación por orden alfabético, aunque no llega a cumplirse del todo este objetivo, pues hay castillos que llevan dos y hasta tres nombres. El primero es Anguix, y el último se pone como siempre el de Zorita, en el confín de la provincia y del abecedario. Por entremedias, van surgiendo el castillo de Vállaga en Illana (al que dedica Mañueco un largo romance al uso clásico) y la atalaya mimetizada de Inesque, entre Pálmaces de Jadraque y Angón. Algunos suenan raros, y otros son elocuentes y archiconocidos. Así Atienza, Molina de los Caballeros y Sigüenza. No falta el real alcázar de Guadalajara, ni la recuperada fortaleza de Guijosa, a la que se añade el Castilviejo que la vigila y la Cava de Luzón, como viejos castillos celtibéricos.
Un libro ameno y sorprendente, un libro que trata de hacer, como todos los libros, amable y cercana la realidad que no vemos porque no nos pilla en el camino de la oficina o el taller, y aún más lejos del camino a la discoteca o el instituto. Ahí están los templos de valor recuperados, como el castillo de Cifuentes, que se restaura estos días, y los sufridos alcázares que han derribado, en nuestros días, la mala intención aliada con el pasotismo oficial, como el castillo calatravo del Cuadrón, en Auñón.
Para todos ellos desgrana Mañueco su meditada oración versificada. La mayoría son sonetos, aunque se escapan romances, alguna otra estrofa mayor, y estrambotes de propina. De entre todos destacan, a mi gusto, tres, que lo son en forma de romances, y son los primeros del libro, en tiempo de hechura, y los que dieron origen a esta obra, presintiendo en su rimado compacto y sonoro ese otro “Romancero castellano” en el que Mañueco trabaja desde hace tiempo, peleando en su lucha permanente entre Cronos y Calíope.


domingo, 24 de diciembre de 2017

Mañueco escribe 20 libros en un año

Una hazaña poco frecuente

El escritor alcarreño Juan Pablo Mañueco ha escrito y publicado 20 libros en un año
En el transcurso de este 2017 que ahora termina, un paisano nuestro, al que de vez en cuando nos lo encontramos paseando por el centro de la ciudad, en sus descansos periódicos de su tarea literaria, ha alcanzado un récord que nunca antes se había producido: nada menos que veinte títulos diferentes, en forma de libro, ha escrito y publicado a lo largo de los último once meses…

Mañueco ha escrito poesía, poniendo en las manos de sus lectores, que son cada vez más numerosos, nada menos que 14 tomos sucesivos de su gran obra “Cantil de Cantos”, en la que además de la belleza de sus poemas, acierta a crear estrofas nuevas, singulares formas de ofrecer sus ideas.

También se ha dedicado a llevar adelante una saga de obras que tienen a un Cervantes de ficción como protagonista:”La Sombra de…” y que le hace discurrir, al genio de la Literatura, junto a dos compañeros de viaje (un tal Alonso Quijano, y el cura Pedro Pérez) por las orillas del río Henares.

Quizás sea él mismo quien mejor pueda explicar el alcance de esta obra, que debe ser tenida en cuenta como la de un creador incansable y en ocasiones genial. Esta es la charla que hemos mantenido con él…




¡Veinte libros publicados en un año, un número destacable…!

Veinte entre enero y noviembre de 2017, once meses, casi un libro cada quince días… Me ha sobrado el mes de diciembre, en que he ido preparando algunos de los de 2018.

¿De qué géneros son los libros de este año?



Catorce libros de poesía (la colección “Cantil de Cantos”, compuesto cada uno de ellos en una estrofa nueva y nunca usada anteriormente), cinco novelas y una obra de teatro.

¿Qué temas has tratado fundamentalmente en ellos?

Las novelas han sido tres correlativas, con sentido propio cada una de ellas (“La sombra del sol”, “El sol de amanecer. Los sueños” y “El sol del camino. Los siglos”) que narran el supuesto viaje de tres camaradas Miguel de Cervantes, el hidalgo manchego don Alonso Quijano y el cura seguntino Pedro Pérez, desde un lugar de la Mancha hasta la ciudad de Sigüenza, patria del sacerdote, pasando por Alcalá y el valle del Henares.

El periplo se efectúa en 1601, es decir, cuatro años antes de la publicación del Quijote, y además Cervantes se halla en un momento de creatividad baja, sin ideas sobre las que escribir, habiendo sobrepasado ya el medio siglo de vida, y superado en todos los terrenos por una generación mucho más joven (la de Lope de Vega, Góngora y Quevedo), que ha impuesto un nuevo estilo, el “Barroco”, que el renacentista Cervantes no entiende y que le ha acabado por desorientar del todo.

¿De forma que Cervantes, Alonso Quijano y Pedro Pérez visitan el valle del Henares en unas fechas de crisis existencial de Cervantes y cuatro años antes de la publicación del Quijote?

Eso es… Son sus dos amigos, el manchego y el seguntino, quienes le tienen que ir subiendo el ánimo y la autoestima y dándole ideas sobre aventuras de las que podría escribir, además de lo que les van ocurriendo realmente en el transcurso del viaje.

Un argumento así, ya se nota que tiene que dar mucho juego, necesariamente... Y lo da.

¿Y las otras dos novelas, además de las tres cervantinas?

Una se titula “San Francisco, papa. La acción del Espíritu”, segunda parte -pero también con sentido en sí misma-, de la trilogía “La conversión del papa Francisco”, cuya primera entrega fue “La ciudad de Dios”, la Historia del Vaticano desde antes de Cristo.

En “San Francisco, papa” se narran los sucesos naturales y espirituales que le sobrevienen al recién electo papa Francisco, en el cónclave de 2013 –al que asistimos desde dentro-, para que las dudas de fe que le asaltan, incluso después de su elección, desaparezcan antes de asomarse al Balcón de las Bendiciones, en la hora más intensa de su vida.





Otro argumento que proporciona emociones y narraciones fuertes…

Así es. La última de las novelas de este año se titula “Castilla y el primer Villalar de 1976”, con prólogo de Miguel Delibes, que ha permanecido guardado varios años. Una profunda reflexión sobre Castilla, que ya hace merecedor de que el libro sea leído.

Narro los acontecimientos que viví en primera persona el domingo 25 de abril de 1976, cuando se celebró el primer Villalar, todavía prohibido por el Gobierno y con un pueblo tomado enteramente por la Policía Nacional y la Guardia Civil.

Donde te encuentras más cómodo, ¿en la prosa o en la poesía?

Hace unos años hubiera dicho que en poesía. Ahora en cualquiera de los dos géneros. Aunque, desde luego es más complejo escribir una novela que un breve poema.

Este año, sin embargo, has publicado más poesía que prosa.

Sí. Tenía que dar salida a las estrofas inéditas (y algunas de ellas con nombres que homenajean a Guadalajara: coplas alcarreñas, soneto alcarreño, lira alcarreña, ribereña…) que componen “Cantil de Cantos”. Pero eso no indica nada para el futuro.

¿Cómo ves el panorama literario en Guadalajara en estos momentos? ¿Es fuerte y coherente? ¿O los autores van cada uno por un camino personal y diferente?

En Guadalajara encuentro el talento de valores consagrados, como José Antonio Suárez de Puga o como Francisco García Marquina. Después hay otros grupos de personas que pugnan por abrirse paso… Las coherencias generacionales son siempre momentáneas; al cabo de pocos años, todo grupo se disuelve y cada uno sigue su propio camino.

¿De qué manera aparece Guadalajara en tu obra literaria? ¿Tiene un interés especial tu obra para quienes quieren saber más de Guadalajara?

Aparece en todo lo que escribo, ya sea en poesía o en prosa. Mis poesías o novelas están ambientadas en Roma, en Sevilla, en Barcelona, en Valencia, en Portugal, pero al final siempre hay algún engarce con Guadalajara ciudad o provincia: me resulta más emotivo que así sea, pero además más sencillo: conozco el terreno.

En la novela “La Virgen de las Batallas” (2015) aporto una visión de Guadalajara en el siglo XIII bastante peculiar, aunque en realidad trata de la reconquista por mar de la taifa de Sevilla por la Marina Castellana de Fernando III.

“Viaje por Guadalajara” (2015) es la narración de las doce horas que pasa en la ciudad un visitante que describe todo lo que le sale al paso, un día de agosto de 2014, con nombres y apellidos de personas reales, establecimientos comerciales y hasta aportando las noticias del día, porque el viajero lee y comenta la “Nueva Alcarria” de ese día.

“Viaje por Guadalajara”, sin embargo, es una obra compleja (es prosa, pero en ella aparece por primera vez la octava ola o copla alcarreña, en forma de monólogo interior del protagonista). Terminada su escritura, me di cuenta de las similitudes de estructura (no de argumento) que guarda con “Ulises” de Joyce, cambiando Dublín por Guadalajara.

Ahora bien, para leer el “Ulises” o “Viaje por Guadalajara” el lector debe esforzarse, hasta encajar las piezas. Esto no ocurre con ninguna de mis otras novelas, más sencillas.

Igualmente, en 2016 escribí dos novelas (más que “libros de viajes”) con el título de “Viaje a la Alcarria, versión siglo XXI”. El propósito está claro desde el título: la imagen que ofrece de la provincia el libro de Camilo José Cela de 1946 ha quedado desfasada y trasnochada. Y además es contraproducente. El que no lo quiera ver, que no lo vea, porque esto suena a sacrilegio y blasfemia en determinados círculos oficiales de esta provincia… Pero es evidente. Y mucha gente común y corriente así lo piensa y lo dice en voz baja.




También has tocado temas provinciales en tu obra poética.

Así es. “Donde el Mundo se llama Guadalajara” (2015) es quizá el libro mío de versos que prefiero (junto con otro titulado “España, mareas de tus tres mares”-2015-): en él no dejo espacio de la capital o de la provincia sin recorrer poéticamente. Y puedo decir que los ciento setenta poemas de que consta me satisfacen, por una sencilla razón: si los poemas no cumplían unas exigencias de calidad muy altas, quedaban fuera.

También aprecio “Guadalajara, te doy mi palabra” (2014), con pretensiones menores.

En esa consistente colección de libros “Cantil de Cantos”, ¿qué destacarías: la variedad de nuevas estrofas, o la fuerza de sus temas?

Sobre todo la sonoridad innovadora que aportan las nuevas estrofas. Ver los temas eternos de la poesía, o los temas particulares de Neruda, de Bécquer, de Garcilaso, de Manrique, de Quevedo, de Lope, de Góngora, de Berceo, de Miguel Hernández, de Lorca, de Rubén Darío… en nuevas estrofas inéditas les otorga una expresividad especial.

Y eso es la Literatura: exponer los temas literarios eternos de una forma inédita, en cada época. Eso trata de conseguir la serie “Cantil de Cantos”…

Has sido reconocido de alguna manera, entre nosotros, ¿en Guadalajara?, ¿en la región de Castilla-La Mancha?

En Guadalajara, obtuve el Premio Provincial de Poesía a finales de los 70 y a principios de los 80, y aparecí en algunas Antologías literarias de la época. Mis versos de entonces eran bastante peores que los más recientes, en mi opinión.

Castilla-La Mancha comenzó el año 2017 otorgándome el Premio “Los Tres Grandes” (Cervantes, Cela, Buero Vallejo), por el primer volumen de ese viaje tan singular cervantino “La sombra del sol”. Me considero reconocido con ello. Y espero que las otras dos continuaciones ya publicadas este año también hayan gustado o gusten a quienes estimaron valores literarios en el primer volumen.

Y debo decir que las continuaciones de “La sombra del sol”, hasta llegar a Sigüenza, van a ser siete más. Diez en total, hasta constituir la saga del valle del Henares, con argumentos novelescos en esta ruta cada vez más sorprendentes y ambiciosos.


sábado, 8 de julio de 2017

La sombra del sol, novelaza de Mañueco



Para Juan Pablo Mañueco este libro constituye su mejor obra, una obra que bien pudiera parecer al lector algo extraña, rara, dado que no se adapta totalmente a la forma tradicional y conocida de tratar la novela, de modo que tras echar un vistazo a su extenso índice es un libro que puede empezar a leerse por donde mejor parezca, incluso pasando por alto alguno de sus numerosos capítulos.
Su contenido se divide en tres libros, más un epílogo y coda y otra coda más llamada “del convoy”, a su vez repartidos en un total de cincuenta y dos capítulos, ya que se trata de un volumen amplio puesto que consta nada menos que de 353 páginas, lo cual no está nada mal tratándose de una novela escrita al “antiquo modo” (comienzo del siglo XVII), que no al actual que en lugar de novelas parece que nos encontramos ante verdaderos mamotretos de más de mil páginas en algunos casos, según sean las exigencias de las empresas editoriales.

No quisiera dejar pasar esta oportunidad sin plantearle algunas preguntas que me han surgido al autor del libro y que, quizás, sirvan para aclararnos, en cierto modo, el nacimiento y la evolución de la novela, porque creemos que cuantos más elementos intervengan en ella, mucho mejor para su más amplio conocimiento: reseña, preguntas, acaso músicas de fondo, etc.:

- ¿Cuál es el origen de este libro?

- Surgió para ser presentado al Premio Periodístico Regional “Los Tres Grandes de 2016” (Cervantes, Cela y Buero), aunque, la verdad es que ya lo tenía en mente, pero a punto de finalizar el año, que era una de las condiciones de la convocatoria, había que publicarlo en un medio de comunicación… y, en realidad, todavía no había escrito nada. Sin embargo, hacia el 26 de diciembre ya estaba terminado y enviado a Toledo. El texto que yo había escrito constaba de tan solo cincuenta folios ya que no se ponía límite a la extensión del trabajo, y lo había publicado en plazo en “Periodista Digital”.

- Mucha velocidad es esa, ¿no?

- Ya sabes que soy tremendamente rápido escribiendo. En fin, me di cuenta que se trataba más bien de un relato corto o de una pequeña novela, pero como los personajes se habían puesto a dialogar, solo bastaba con ampliarlos e incluir algún personaje más para que tuviéramos una novela.

- ¿Y ese personaje, supongo que sería Miguel de Cervantes?

- En efecto. Miguel de Cervantes se encuentra con ellos, con el resto, cara a cara,  y de ese modo inician unas conversaciones, debates y diálogos muy interesantes para el lector, como puede verse.

- Sí, pero, además, hay otros personajes que también intervienen en la narración.

- Sí, de ahí que la novela se va convirtiendo poco a poco en una pintura de la España de 1601, año en que tienen lugar los acontecimientos que se relatan.

- 1601. Eso quiere decir que tu narración fue escrita cuatro años antes de la publicación de la primera parte del Quijote.

- Así es…Esa es una de las principales características del texto: Miguel de Cervantes, don Alonso Quijano y el cura de su lugar, el seguntino Pedro Pérez, se conocen en persona y dialogan sobre libros de caballerías y otras cuestiones, con lo que las posibilidades de la novela se hacen inmensas.  


   
- ¿Qué es lo que destacarías de su contenido?

- Pues sencillamente esta “paradoja” temporal que acabo de decirte y también el hecho de que en 1601, Miguel de Cervantes se acercaba peligrosamente a los sesenta años y era casi un total fracasado en la literatura, porque Lope de Vega, Góngora y Quevedo, mucho más jóvenes que él,  se habían alzado con el reinado de la literatura castellana y habían introducido un estilo nuevo, totalmente incomprensible para el renacentista Cervantes, llamado el “Barroco”.

- ¿Son, entonces, estos diálogos entre Cervantes, Quijano y Pérez los que van introduciendo en el primero la idea de pasarse al nuevo estilo con una novela “de caballerías” paródica, abandonando para ello los géneros narrativos propios del XVI, como la novela pastoril y la bizantina?

- Así es. Lo has expresado perfectamente. Los personajes del Quijote, convertidos en personas reales, tienen que ir convenciendo a Miguel de Cervantes de lo que debe escribir para introducirse con buen pie en el nuevo siglo y estilo… Y se hallan con las fuertes reticencias de éste, que quiere aferrarse a todo trance a su formación renacentista, a la que quiere seguir siendo fiel, ajeno al caos que para él supone el barroco de los jóvenes.

- Por ahora, a lo que se lee, la novela se queda en el ventorro de Meco ¿tienes prevista alguna continuación?

- En efecto, han de llegar a Sigüenza, Dios mediante, que es el objetivo final del viaje. Por ahora tengo previstas y desarrolladas en mente tres continuaciones más, cuyos títulos voy a reservarme, pero que son desarrollos lógicos de “La sombra del sol”, el primero de la serie. Pero quiero que sean más breves que las más de 350 páginas, por lo que, con algo de suerte, estas tres continuaciones pueden estar escritas para el otoño/invierno de este año, y no digo antes porque estoy terminando una serie de catorce libros -“Cantil de Cantos”-, cada uno con unos mil versos, en estrofas inéditas en la métrica universal, que ahora mismo constituyen mi prioridad.

En resumidas cuentas el libro viene a ser una especie de diálogo entre varios personajes cervantinos que se encuentran y recorren algunas leguas en amor y compaña, realizando un viaje que, al igual que sucede en la verdadera Historia de Don Quijote, comienza “en un lugar de La Mancha”, -primera parte-, y que tras visitar Toledo, Madrid y Alcalá de Henares, -segunda parte-, parten hacia la episcopal Sigüenza, -en principio tercera parte-, aunque, y aquí comienzan los sucesos extraños de esta narración, acaban en el ventorro de Meco, todo ello salpimentado con gran cantidad de diálogos a la manera del Siglo de Oro, además de contener numerosos poemas de los que, dicho sea de paso, podría prescindirse con total tranquilidad. Otra novedad o “paradoja” si así se prefiere, es la aparición entre los personajes de las figuras de Camilo José Cela y de Antonio Buero Vallejo, que se incorporan a la trata de una forma normal, sin esfuerzo alguno por parte del autor.

Quien esto escribe piensa que esta novela pudiera recordar otras obras más actuales como las escritas por Álvaro Cunqueiro, José María Castroviejo, Néstor Luján y Joan Perucho, que la crítica ha querido encuadrar en esa tendencia literaria conocida como “neotrovadorismo”.

Antes de finalizar la presente reseña, su autor vuelve a la carga y propone una o varias preguntas más a su autor:

- ¿Podrías señalar algunos párrafos de “La sombra del sol” que creas que debo incluir en mi texto?

- Difícil elección, porque es un trabajo que me agrada de principio a fin… Pero comenzaría señalando esta breve descripción de la ciudad de Guadalajara, puesta en boca de don Alonso Quijano:

“Pues tengo oído que esa vuestra Guadalajara o Arriaca, señor mío, es custodia de la amabilidad, posada de los foráneos, enfermería de los afligidos de ánimo por la belleza, abundancia y cuidado de sus parques, jardines y arboledas, linaje de los más antiguos de España, emplazamiento amable por la gentileza de sus gentes y reciprocidad proporcional para la forja de profundas amistades, cuajadas en el cultivo de la tranquilidad y el sosiego que proporcionan sus calles, casas y plazas, tan humanas como gratamente paseables”.

- ¿Algún otro pasaje más?

- Por elegir alguno, citaría todo el capítulo VII, que se titula “Una bodega de las que marcan tendencia en la cocina y en la bodega regional”, que está en la novela y fue parte del Premio Periodístico, así que es representativo de ambos.

Ya dijimos al comienzo de estas cuartillas que uno de los más importantes valores que atesora esta novela es su relación directa con el Quijote, pero no debemos olvidar la claridad y el dominio del lenguaje, ya que Juan Pablo Mañueco parece “domar” las palabras que utiliza con el fin de conducir al lector por unos vericuetos culturales poco frecuentes en estos tiempos que corren en los que “todo vale”.

Palabras que se adaptan al pensamiento del siglo XVII en su comienzo, con las que es capaz de dar a conocer tantísimos aspectos como recoge en su obra. Una obra que, dicho sea en honor a la verdad y para ser justos, recomendamos al lector amante de los textos literarios y de la novela en concreto, puesto que con su lectura -fácil y amena- disfrutará de lo lindo, ya que se trata de una “diversión” perfectamente construida.


sábado, 17 de junio de 2017

Un "Viaje a la Alcarria" por Mañueco

MAÑUECO, Juan Pablo, Viaje a la Alcarria, versión XXI. Donde se narra la primera salida de Alcarriante, Guadalajara, El Autor / Aache Eds., 2016, 350 pp. [ISBN: 978-84-92886-90-6].
Viaje a la Alcarria, versión XXI. Donde se narra la primera salida de Alcarriante, -palabra que viene a significar tanto como “visitante de la Alcarria”-, es un título que puede llamar a error al lector, puesto que se trata, ni más ni menos, de una novela -¿de viajes?- en la que su autor, Juan Pablo Mañueco, basándose, en parte, en aquel otro Viaje… celiano, recorre, aunque a su manera, algunos pueblos no sólo de la Alcarria de Guadalajara, sino también de las otras alcarrias, las de Madrid y Cuenca, aunque el libro no avance todo lo que el lector espera, puesto que, si antes hemos hablado de una “novela de viajes” -con duda-, creemos más bien encontrarnos en este siglo XXI con una “novela de novelas”, como así se pone de manifiesto a lo largo de las distintas partes en que, curiosamente, su autor divide en “trancos”, al estilo de Vélez de Guevara en su Diablo cojuelo.
La parte primera es una especie de metanovela, algo que va más allá que la propia novela, en la que es poca la acción que se lleva a la práctica y mucho lo que se expone y describe del viaje, que aparece dividida en nueve “trancos” cuyo estilo, como el resto de la obra alcanza un barroquismo inusitado, a imitación de ciertas obras del Siglo de Oro español.
Con esto, se llega a un intermedio, cuando “El viaje” ya camina, constituido por cuatro “trancos”, en el que los protagonistas siguen ruando por la ciudad de Guadalajara, puesto que el viaje en sí se efectúa más con el pensamiento que andando. Interesa especialmente la lectura del “tranco” onceno que es un “Diálogo barroco entre la Concordia, el parque de San Francisco y el Fuerte, que fue convento”, algo poco usual en estos tiempos.
La parte segunda es lo que podríamos decir con propiedad El Viaje ala Alcarria, el meollo del libro, que consta de ocho “trancos”, y en la que el autor ha intercalado dos novelas que el lector puede leer o pasar por alto. Se trata de “La novela de Tórtola de Henares” y “La Novela de Torija”, donde se narran las tan sonoras fiestas que allí se celebran: las rondas navideñas, ya tradicionales, a cuyos postres se reparten migas, caldo y caldereta a todos los asistentes.  
Allí, precisamente, en Torija, es donde el autor del presente viaje el del siglo XXI, mantiene una larga entrevista con el autor de aquel otro Viaje… de mediados del XX -“Conversación entre Camilo José Cela y el escribidor en Torija”-, en la que cada uno de ellos mantiene su postura respecto a las causas que motivaron el haber escrito sus respectivos libros.
A continuación se incluye un epílogo (que en realidad no lo es), acerca del Segundo Viaje a la Alcarria el mismo día que el anterior y que el autor llama de una manera un tanto enrevesada “O vuelo de una pequeña luna volante, por la Alcarria, para alborear el alba alma y ánima alcarreña” y que compara con veintiún saltos de caballo en verso y prosa, a modo de un circuito hípico a lo largo de diversos pueblos y villas alcarreñas, con saltos descriptivos y pormenorizados, cada uno de los cuales va en su correspondiente y mudada estrofa para mayor limpieza en el salto poético.
Circuito que principia en Brihuega y alcanza su meta en la antigua Arriaca, con lo que de esta forma recorre, por segunda vez, la Alcarria (en el mismo libro), aunque de distinta manera.
Para finalizar el libro con un grupo de ocho adendas, de las cuales las tres últimas son “ovillos” sobre varios mensajes: Cela en su centenario y el año cervantino (1616-2016).
En fin, el lector se encuentra ante un libro surgido tras la publicación de Donde el Mundo se llama Guadalajara en el que, a través de diversos periplos por estas tierras, el autor traza algunas rutas literarias por la ciudad y la provincia de Guadalajara, que Mañueco ya daba por finalizados definitivamente. Un libro en el que el autor se entusiasmaba ante la diversidad geográfica de este “país de países” y que optó por describir poéticamente, pero también mediante la prosa y el teatro, de modo que llega a convertirse en una “antología” de sus mejores poemas.
Y a otra cosa o al menos eso pensaba Mañueco sobre lo referente a sus viajes y periplos por los pueblos de esta tierra, hasta que el año 2016, en que se celebraba el IV Centenario del fallecimiento del Genio Miguel de Cervantes -“único con mayúscula y antonomasia, supremo del idioma castellano”-, escribió en su honor el “ovillejo” (formula poética de la que el propio Cervantes fue creador) conmemorativo que figura al final del libro, como poema de cierre. “Ovillejo” que más tarde evolucionaría y sería convertido como por arte de magia en una estrofa inédita a la que Mañueco bautizó como “castellana”.
También se le cruzó ese otro Centenario de Cela, coincidiendo con el LXX Aniversario de Viaje a la Alcarria, así que, a finales de abril de dicho año, jueves 28 para más señas, nuestro autor decidió escribir otro viaje que no tuviera nada que ver con aquel otro, en el que no aparecen personajes de relieve, y donde, con todo el dolor de mundo, se “refleja una Alcarria antigua, desfasada y trasnochada”, “una Alcarria de burros, mulas, carros, malas posadas, piojos, moscas, alcaldes maulas y violentos, y gente vomitando en autobuses de cuarta clase sobre los pasajeros que van junto a ellos, en un canto pleno al subdesarrollo y la triste estampa social de la época” que, en realidad, era lo que había en aquellos tiempos y en aquellas geografías, mal que le pese a nuestro amigo Mañueco, que, entonces, decidió escribir su Viaje a la Alcarria, versión XXI, que dejase huella de un siglo contemporáneo y tecnológico.
Por tanto, y resumiendo, el lector se hallará ante una extensa obra que nace para llevar a cabo un viaje por la Alcarria que se demuestra más mental o, si se quiere metafísico que real, en el que se insertan varias novelas barrocas -cuatro en total, cuya lectura es independiente del resto del libro, lo que quiere decir que puede realizarse aisladamente del resto de la obra-, tal y como hacía don Miguel de Cervantes en su obra El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha; con un diálogo que mantiene con el autor de aquel ya lejano primer Viaje a la Alcarria (C.J.C.), y con una amplia colección de poemas.
Un libro, cuya lectura recomendamos, en el que tampoco se sabe muy a las claras quien es su protagonista, si el andarín Alcarriante, como parece ser, o el propio autor y un viaje que resulta ser dos, de inusitada rareza, de los que el primero se efectúa por tierra y el segundo por vía aérea en los que prima la imaginación aunque basada en aspectos geográficos y sociales diversos, que atraparán, sin duda, al lector.
José Ramón López de los Mozos