sábado, 11 de febrero de 2017

Otro Viaje a Brihuega

MAÑUECO, Juan Pablo, Viaje a Brihuega y las primeras cincuenta castellanas. Donde se narra la segunda salida de Alcarriante, Guadalajara, Aache ediciones, 2016, 194 pp. [ISBN: 978-84-92886-93-7].
El libro que comentamos es, por así decir, la continuación de otro anterior titulado Viaje a la Alcarria, versión XXI (2016) que Mañueco escribió al cumplirse el setenta aniversario de la edición del Viaje… que escribiera C.J.C. Su autor indicaba entonces que no “iba a seguir las huellas de nadie -aunque sí podía seguir la misma dirección-, en un viaje ajeno perteneciente a otra época, donde no hay personajes de relieve que bus car y donde además se refleja una Alcarria antigua, anacrónica, desfasada, trasnochada y rancia”.
Claro está que en la obra de Cela no aparece personaje alguno de la importancia literaria de un Don Quijote de la Mancha y Sancho, su escudero, que jamás morirán.
Es cierto también que Mañueco reconoce que aquella Alcarria que describió más arriba como antigua y anacrónica, de postguerra, ha ido cambiando a pasos agigantados con el paso del tiempo, pero no debe olvidarse que tanto Don Quijote como Sancho, tampoco dejan de ser meros personajes de ficción y que los que mueve Cela en su narración fueron personajes literarios en algunos casos, pero que el resto, un gran resto, fueron seres humanos como usted y como yo, sujetos a las mismas o parecidas pasiones, herederos de una Alcarria de autosubsistencia, por lo que Cela, como su autor que fue, no insufló a tales personajes el toque mágico de la inmortalidad ya que “solo recoge o se inventa sus nombres y su pasar por las líneas de la novela. Sin más ni más…”.
Habría mucho que hablar acerca de este concepto. Pensemos en primer lugar que el Quijote fue escrito a comienzos del siglo XVII (1605, la primera parte) y 1615 (la segunda) y que, a pesar de los pesares, en la obra cervantina se mueven personajes vivos, de carne y hueso, que representaron la vida cotidiana a través de sus trabajos y cometidos: el barbero es barbero, el cura lo es y ejerce, la sobrina y la criada no son personajes ficticios y, hasta el mismo Sancho pasó de labrador y destripaterrones a escudero, en contraposición al sujeto de la obra, un Don Quijote que ha perdido la cabeza de tanto leer libros de caballerías, cuyas hazañas quiere imitar en todo.
Algo parecido ocurre con lo que sucede en el Viaje a la Alcarria de Cela, aunque salvando las distancias que, en general, no son tantas si se analizan en profundidad. Cela, es cierto, no dotó a sus personajes o a alguno de ellos, del don de la persistencia en el tiempo, pero tampoco tenía la obligación de hacerlo, y es que, en efecto, sus personajes viven las vivencias propias de 1os años anteriores a 1946… mal que le siente a Mañueco.
Luego surgen una serie de preguntas: “¿Qué queda en el momento presente de aquellos personajes del año 46 si el contexto ha cambiado y ya murieron?”, “¿Es bueno promocionar la Alcarria actual a partir de una tierra subdesarrollada?”. Quien esto escribe piensa que una cosa nada tiene que ver con la otra y que, a lo mejor, es bueno que el lector de Cela parta en la lectura de su libro de aquella tierra que Mañueco llama, quizás con razón, basta y burda. Pero ahí está el quid de la cuestión, que es necesaria esa partida para poder establecer una comparación con el momento actual.
Eso puede verse clarísimamente en el Segundo Viaje a la Alcarria, un libro escrito, así nos lo parece, de mala gana, con elementos actuales que, en muchas ocasiones, figuran ser más bastos y burdos que los de 1946. Es cierto que el tiempo cambia las cosas, pero las cosas que son mudables, por lo que es  más difícil que cambie la forma de ser y de pensar del ser humano, en este caso del alcarreño de hoy, en algunos aspectos más basto que el del año 46, aunque ahora, en este tiempo, en 2017, haya formas de información, educación y cultura que contribuyan a que esta gente, la de ahora, pueda adquirir una educación general mucho más amplia y selectiva que aquella, y que, aunque los medios existan, no se quieran utilizar como es debido.
Pero no nos desviemos del tema que comentamos. Cierto que los personajes de Cela no representan arquetipos de nada. Pero no se trata de eso ni era eso lo que posiblemente pretendiera Cela a lo largo de su viaje.
Y añade después que al desaparecer físicamente sus personajes, ya no pueden ser entrevistados acerca de si vieron o no pasar al novelista que habló de ellos y dejó su huella en las páginas de sus cuadernos de notas, previa al viaje… Pero eso tampoco puede hacerse con los personajes del Quijote, a pesar de que nuestro buen amigo Mañueco no quisiera interesarse por conocer la ruta geográfica de la obra, ni por las presuntas personas reales en que Cervantes pudiera haberse inspirado y que contienen cierta hondura, cosa que, según Mañueco, no sucede en el libro de Cela donde los personajes carecen de vida propia.
Lo cual no deja de ser una exageración, ni mirar para otro lado, empecinándose en querer olvidar algo que es una verdad de tomo y lomo. Y ni siquiera la Alcarria de Cela ha perdurado. Pero, insistimos, eso también ha pasado con el Quijote. Por eso, concluye, el Viaje a la Alcarria es de Cela, suyo propio, personal, mientras que el viaje de Mañueco sería un libro totalmente distinto, suyo e intransferible y, por eso, quiere abandonar aquella ruta para penetrar en la Alcarria por otros caminos diferentes.
Ese “abandono” surgió precisamente en Brihuega, donde su viaje se separa de la ruta matriz y busca propios y distintos rumbos a seguir, aunque para ello tenga que reincidir y volver a la carga anticeliana, que dibuja una Guadalajara “llena de mulas, asnos, carros, moscas, chinches, malas posadas, peores caminos, alcaldes maulas, delatores, miradas de recelo y de sospecha y usuarios de destartalados autobuses vomitando en el coche de línea sobre el pasajero de enfrente”, una Guadalajara que tampoco ha perdurado, afortunadamente”. O sea, una Guadalajara desfasada y enterrada por el tiempo que “¿Qué puede aportar a los lectores del siglo XXI?”. Quien reseña su obra, piensa que Mañueco se deja llevar por conceptos distintos que nada tienen que ver unos con otros, y piensa también que, simplemente, sin meterse en berenjenales, Cela describe lo que ve, es decir, lo que había, al igual que un libro de viajes de cualquier señorito británico recoge en sus páginas otros aspectos, los que había y los que vio, pongamos por caso en la Andalucía de 1789, cuando los “curiosos impertinentes” hacían su periplo europeo siguiendo la moda burguesa del momento.
Quiero decir, que una cosa nada tiene que ver con otra y que el Viaje… de Cela puede aceptarse o no, pero es lo que había, no hay invento alguno. Hay descripción. Por eso, cuando los chicos del bachillerato leen la obra consideran que es aburridísima “en este libro no pasa nada”. Pero, ¿qué es lo que tiene que pasar? Pasa lo que pasó y eso es lo que quiere Cela que pase, nada y por eso, no obliga a nadie a que lea su obra, esta obra concreta.
Después completa su visión con el “Cela genial” a quien considera el tercer mejor prosista en castellano de todos los tiempos, aunque no sea en los libros de viajes donde esta faceta quede más patente, por lo que el Viaje a la Alcarria no es genial, sino imitable y por eso se le ocurrió escribir este otro Viaje a la Alcarria, a cuyo título añadió la coletilla de “versión XXI”, no para perderse en comentarios sobre lo que ya no existe, sino para dar cuenta de lo eternal de la Alcarria: sus valles, vegas, villas, pueblos, caseríos, sus paisajes, algo de su historia y de su arte, etcétera, algo, en líneas generales que viene a caer en lo que antes criticó, en dejar huella de lo que, simplemente, se ve, aquello que, cuando su libro sea leído dentro de un siglo o mucho menos, será a su vez comentado y podrán oírse comentarios en voz alta tal vez como los que siguen: “¿Hay que ver qué cosas escribía el tal Mañueco este? Porque si os dais cuenta no dice nada de su cosecha propia y sí de lo que anotó en su libreta, acerca de una Guadalajara inexistente, pasada, muerta, olvidada”. Es el ciclo de la existencia llevado a la Literatura.
Mañueco comenzó a escribir su versión XXI el 28 de abril y, a mediados de junio estaba ya lista para su publicación. Evidentemente aparece en ella una Alcarria tecnológica y contemporánea. Es decir, en el momento en que nos encontramos. ¿Su contenido? Dos viajes literarios en un mismo libro; uno en prosa, otro en prosa y verso, que se completan con los pueblos de las alcarrias de Cuenca y Madrid. Y dos novelas breves intercaladas: La novela de Tórtola de Henares y La novela de Torija, en las que sí se recogen algunos diálogos de los ya pasados años 50 y 80.
El Viaje a Brihuega y las primeras cincuenta castellanas es una continuación exacta de la primera parte del libro: comienza físicamente en la hora y el lugar donde concluyó: en un bosque entre Fuentes de la Alcarria, Trijueque y Brihuega donde, camuflados los protagonistas y Alcarriante, contando con la ayuda de un dron para llevar a cabo un experimento científico cuyo alcance todavía no han podido evaluar. Después de la villa de “los andaluces de la Alcarria” siguen camino hasta Villaviciosa de Tajuña (aquí se rompe con el Viaje… celiano), pensando en ir hacia donde ya se verá, cuando la novela que ahora se abre conozca su tercera parte, por lo que Mañueco pide al lector de la obra que comentamos que, de momento, tendrá que conformarse con ver lo que les acaece a Pedro Bernardo Castillo Pastor-Palencia y al escribidor cuando llegan a Brihuega tras contactar con sus habitantes, representados por Manuel Torija Martínez, y que servirá para ponerle en antecedentes de los que muchos sucesos que todavía están por llegar. En el último capítulo mezcla la prosa y el verso, como ya se dijo, puesto que Alcarriante sorprende con ello a sus compañeros de gira. El verso consiste en una composición denominada “castellana”, inéditas y cuyo empleo se puso de manifiesto en un libro digital titulado Saetas a las Semanas Santas de España. Alguna de estas “castellanas” va encabezada por “aria” según se hizo en Donde el Mundo se llama Guadalajara (2015), indicando con ello que son las de lectura recomendada por su autor.
Sea por tanto bien recibida esta nueva entrega, este nuevo Viaje… de Juan Pablo Mañueco, que tantas cosas buenas está aportando a la literatura de Guadalajara y queden atrás las discusiones literarias previas, que a casi nada conducen.


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