sábado, 18 de febrero de 2012

Fuentes históricas de Guadalajara


LUIS LÓPEZ, Carmelo, Fuentes Históricas de  Guadalajara. Archivo Municipal de Guadalajara (IV) (1474-1485), Madrid, Centro Internacional de Estudios Históricos Cisneros (CIEHC), 2008 (pero 2009), XXX + 392 pp. (I.S.B.N. 978-84-8138-836-7).

La edición del presente libro, el cuarto de la colección sobre Fuentes Históricas de Guadalajara, tiene como propósito el estudio de su pasada Historia a través de los documentos conservados tanto en los archivos locales, como en los nacionales.
Los anteriores tres volúmenes, que también se ocupan de la documentación conservada en el Archivo Histórico Municipal de Guadalajara, han sido: Varios autores, Archivo Municipal de Guadalajara, I (1251-1434); José Miguel López Villalba, Archivo Municipal de Guadalajara, II (1436-1459), y Carmelo Luis López, Archivo Municipal de Guadalajara, III (1460-1473) que junto a este último, abarcan un espacio cronológico que va desde 1251 hasta 1485.
Su distribución es muy sencilla y fácilmente asequible, puesto que no está realizada exclusivamente para el especialista.

Comienza con una presentación, en este caso debida a la pluma del Vicerrector de Postgrado y Campus de Guadalajara, Michel Heykoop, en la que da a conocer de forma muy concisa el contenido del trabajo, que continúa el que se inició en el tercer volumen, a través de diversos privilegios concedidos a la ciudad de Guadalajara por distintos reyes, noticias acerca de las relaciones establecidas con otros concejos y la actuación de la saga mendocina durante aquel periodo (1460-1473), de modo que en este cuarto volumen aparecen también multitud de noticias sobre la oligarquía urbana y las clases privilegiadas de Guadalajara, los todopoderosos Mendoza, sus familiares y “clientes”, ya definitivamente consolidados en el poder gracias al favor de los Reyes Católicos, a cambio de su participación de la Guerra de Sucesión, así como de otras importantes intervenciones de Don Pedro González de Mendoza; además de otros documentos que, en algunos casos han sido ya estudiados con anterioridad, mientras que otros, o permanecían en un segundo plano o no han sido suficientemente estudiados.
Advierte Heykoop de la dificultad que ha encontrado Carmelo Luis López a la hora de editar un buen número de documentos de este periodo, dado que muchos se encontraban insertos en otros, por lo que después de transcribirlos ha sido necesario ir entresacándolos para su edición por orden cronológico, con sus correspondientes regestos, “poniendo al alcance de los interesados una documentación de difícil manejo en su formato original”.
La Introducción, debida al propio autor del libro, es muy interesante en sí misma puesto que sirve de resumen de la documentación que posteriormente se incluye y que, como ya se ha visto, comprende el periodo de los años 1474-1485, clave para los Mendoza, en el que tuvieron lugar algunos acontecimientos de gran importancia para la Historia de España, como la muerte de Enrique IV, la proclamación de Isabel I de Castilla, la Guerra de Sucesión, las Cortes de Madrigal y de Toledo, y los primeros años de la Guerra de Granada que cierran este periodo, con la conquista de Ronda (1485).
El autor divide su introducción en varios apartados:
A. Los Mendoza en el periodo 1474-1485. Serie documental que en el volumen anterior había llegado hasta el momento en que el mentor de los Mendoza, Don Pedro González de Mendoza, acababa de conseguir el capelo cardenalicio, logrando la reconciliación entre los príncipes Fernando e Isabel y el rey Enrique IV. Sin embargo, el Gran Mendoza, a pesar de apoyar a Isabel en la consecución del reino, siguió rindiendo fidelidad a su señor natural hasta que le alcanzó la muerte en el alcázar madrileño, sin que se hubiese querido pronunciar sobre la sucesión en la Corona de Castilla, y hubiese nombrado para ello una Junta de Nobles a la que encomendó el dictamen sobre dicha sucesión (no conviene olvidar que dicha Junta estaba constituida por el marqués de Santillana, el condestable de Castilla, el marqués de Villena, el duque de Arévalo y el conde de Benavente, además del propio Cardenal Mendoza), que no esperó Isabel, puesto que tras los funerales de su hermano se hizo proclamar reina de Castilla (Segovia, 13 de diciembre), enviando tres días más tarde carta a todos los concejos con representación en Cortes, entre los que encontraba el de Guadalajara: “Por que vos mando que, aviendo consideración a lo susodicho, luego que esta mi carta vierdes, alçedes pendones por mi, reconosçiéndome por vuestra reyna e señora natural e al muy alto e muy poderoso prínçipe, el rey don Fernando, mi señor, conmo mi legítimo marido, con las solebnidades en tal caso acostunbradas”.
Del mismo modo el Cardenal Mendoza, prestará juramento de fidelidad a la misma reina y será el dirigente de la nobleza partidaria de la “solución castellana”, además de consolidarse como canciller del Reino ayudando al bando isabelino en la Guerra de Sucesión, al igual que sucedió en la batalla de Toro. También fue importante la intervención del Mendoza en las negociaciones de paz con Francia, y muy especialmente en las Guerras de Granada.
B. La documentación del Archivo Municipal de Guadalajara:
1. Confirmación de privilegios a la ciudad de Guadalajara, concretamente el privilegio otorgado por la reina en Segovia el 19 de enero de 1475, mediante el que confirma al concejo de Guadalajara todos sus privilegios, buenos usos, costumbres y exenciones que ya tenían de anteriores reyes de Castilla, lo cual indicaba que dicho concejo había prestado el juramento de obediencia a la nueva reina.
También se publica el documento con el que se convoca a Cortes a los representantes (dos procuradores) de Guadalajara, donde quiera que la Corte se encontrara en la primavera del año siguiente (Madrigal de las Altas Torres), con el fin de jurar como heredera de la Corona a la infanta Isabel y remediar el estado del Reino.
2. Privilegio de las ferias de la villa de Tendilla, considerando que ya venía disfrutando de dos ferias con exención desde tiempo antiguo, confirmadas por Juan II.
3. Informaciones sobre la oligarquía urbana y clases privilegiadas: así las rentas que en Guadalajara gozaba don Lorenzo Suárez de Figueroa; los bienes que constan en el testamento de Alfonso de Carrión; las rentas de Diego García de Guadalajara, secretario del Consejo Real, regidor de la Ciudad y representante del concejo en las Cortes de Madrigal; los señoríos de la tierra de Guadalajara de Álvaro Gómez de Ciudad Real y, muy interesante, el durísimo juicio que de este personaje hace el cronista Diego Enriquez del Castillo: “... así fue de baxa sangre, que de su linaje no conviene hazer memoria, este después que el rrey lo hizo su secretario, confió del quanto de ningund secretario se pudo hazer mayor confiança, hízole señor de Maqueda, ganó tanto con el favor de la secretaría que pudo mercar a San Silvestre e a Torrejón de Velasco, estava rrico, prosperado e puesto ençima de mucha onrra, mas como sus meresçimientos heran pocos, los defectos muchos, huyó dél la lealtade halló cabida la trayçión, en tal manera que, no acordándose de quién e era, ni de las merçedes rresçibidas, pospuso el temor de Dios e la vergüença de las gentes para destruyr al rrey”.
4. Ordenanzas (como las del monte de Santorcaz) y vecindades.
5. Censos, de distintos tipos: eclesiásticos, del concejo de Guadalajara -a aquellos vecinos de los lugares de la tierra que habían roturado parte de los comunes del concejo y los habían puesto en cultivo, tras haber sido restituidos por Luis González de Sepulveda, pesquisidor, y por Juan de Alcalá, ejecutor, nombrados por los Reyes Católicos- y de particulares).
6. Ocupaciones de términos (proceso de ocupación de los comunes de la ciudad de Guadalajara, por aumento de la población).
C. Normas de la presente edición, que siguen los criterios expuestos por la Comisión Internationale de Diplomatique, Normes internationales pour l’edition des documents médiévaux, publicados en Folia Caeraraugustana. I: Diplomática e Sigilographica, Zaragoza, Institución Fernando el Católico, 1984, páginas 19-64.
El grueso del trabajo se dedica a la transcripción de los sesenta y dos documentos más interesantes, páginas 1 a 340, desde el primer documento:
Carta de pago otorgada por Pedro Sánchez de Rueda, clérigo de Guadalajara, a favor de su hermano Francisco López de Buendía, de haber recibido 1 gallina y 50 maravedís, como pago del censo anual de una casa que tenía del cabildo de los clérigos de la ciudad de Guadalajara,
hasta el último:
Relación de las sentencias que adjudicaban los términos que habían sido ocupados a la ciudad de Guadalajara y que se tenían que ejecutar,
pasando por la
Concordia entre los escuderos y los hombres buenos del concejo de Taracena sobre la utilización y aprovechamiento de la dehesa de La Cuesta;
la
Confirmación por la reina Isabel la Católica de todos los privilegios, fueros, buenos usos y costumbres de la ciudad de Guadalajara;
o la
Carta de innovación de censo perpetuo otorgada por el monasterio de Santa Clara de Guadalajara a favor de don Samuel de Ariza (Simuel de Hariza, boticario), judío, hijo de Abraham de Ariza (Habraym o Abraym de Hariza, boticario), de una casa tienda en la colación de San Gil en la Plaza de las Carnicerías de Guadalajara por 200 maravedís al año. Contiene el documento la carta de procuración otorgada por la abadesa y monjas del monasterio de Santa Clara a favor de Diego Fernández de Hita, vecino de Guadalajara, otorgada en Guadalajara el 14 de marzo de 1420, y la carta de censo primitiva que otorgó la abadesa  y monjas del Monasterio a favor de Abraham de Ariza, judío, vecino de Guadalajara, con fecha Guadalajara, 11 de diciembre de 1427;
etcétera, que hemos traslado a modo de ejemplo con el fin de poder observar, tan sólo con estos cinco regestos, la importancia que dichos documentos tienen para el conocimiento de la sociedad del momento, formas jurídicas, nombres de elementos urbanos (iglesias y conventos, calles y plazas, términos municipales, y tantos otros más, que servirían para llevar a cabo un amplio estudio de toponimia menor), profesiones, clases sociales, religiones, y tantos otros aspectos que, en gran parte, han servido para la confección de los utilísimos índices que se insertan al final de la documentación: onomástico y toponímico que, sin duda, contribuyen a un más fácil manejo del presente volumen, sencillo ya de por sí y que lo convierten en un imprescindible “libro herramienta”, de esos que dejan huella por el valor de su contenido.
Un libro que pudo llevarse a buen fin gracias al esfuerzo y la unión de la Universidad de Alcalá (Servicio de Publicaciones), del Centro Internacional de Estudios Históricos Cisneros, la Diputación de Guadalajara y el Ayuntamiento de Alcalá de Henares, con el asesoramiento de Bornova A.T.C.
Y un claro ejemplo a seguir.

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