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viernes, 26 de junio de 2020

La Carta Candelas de El Casar: color y alegría

Marcos Ruiz Atance: “La Virgen de las Candelas en El Casar”. Aache Ediciones. Colección “deCastillaPueblos” nº 7. Guadalajara, 2020. 514 páginas, muy ilustrado. ISBN 978-84-18131-12-7.

 

Al patrimonio cultural de Guadalajara se le suman las fiestas y celebraciones tradicionales que cada año, en cada sitio, o con motivos diferentes pero repetidos, tienen lugar en todos sus pueblos. Uno de esos lugares es El Casar, y una de sus fiestas es la Lectura de la Carta de Candelas, en la que se integran celebraciones religiosas cristianas, de esencia mariológica, con otras populares, ancestrales, en las que se mezcla los carnavalesco con el homenaje a los animales, y el enaltecimiento del grupo con la literatura jocoso-festiva. Una fiesta, en definitiva, muy popular, llena de sonrisas, carreras y buenos apetitos.

Ya fue analizada, en su día, esta fiesta por López de los Mozos, el especialista en folclore alcarreño del que muchos nos sentimos orgullosos. Y nos decía que “estamos ante una fiesta en la que se entremezclan varios elementos: por un lado hay actos desde los que se puede decir que se trata de una tradición de carácter votivo; por otros, de rito iniciático, y por los demás, de censura pública”.

En ella destacaba el grupo de “personajes” (los mayordomos, los funcioneros, con un capitán, un cura de candelas, un teniente, un alférez, varios cabos, un botarga (¡¡¡en esta fiesta va vestido de frac y con sombrero de copa!!!) y el grupo de los símbolos, entre los que destacan las “picas” de cintas de colores, la bandera que se baila en la plaza, los pichones que son llevados por niños, o las mulas que se lanzan a la carrera por la plaza mayor, con los lomos “pintados” y recortados, luciendo el escudo heráldico municipal en las ancas.

Otro de los momentos más tensos y vistosos es el de “dar la bandera”, cuando los mozos o funcioneros la bailan, con un solo brazo, en medio de la plaza…


En el libro de don Marcos Ruiz, que se titula “La Virgen de las Candelas en El Casar” bien con todo detalle las partes, protagonistas y secuencias de esta fiesta.


La obra comienza con una revisión de la historia de El Casar, y luego de la iglesia. Pasa después al análisis de la parte religiosa de la fiesta, y finalmente se adentra, cada vez con más detalle, en los entresijos de la fiesta profana, del correr las mulas, del ondear banderas, y, sobre todo, del leer la Carta Candelas desde el Balcón del Ayuntamiento, la tarde del día 2 de febrero, Virgen de la Candelaria…  esa parte (primera) del libro, además de una información al milímetro, y de la interpretación que el autor hace de la fiesta en comparación con otras similares de España, se complementa con la siguiente (segunda) parte del libro, en la que reproduce las “Cartas Candelas” de muchos años anteriores, llegando a poner algunas del siglo XIX, muchas del XX y todas las del XXI. Anotando quienes fueron sus autores. Esta parte del libro es de lectura mucho más fácil, distendida y divertida.

Las mulas decoradas

Una de las cosas que, al menos a mí, más me llaman la atención de esta fiesta, es el adorno de las mulas y las carreras que con ellas dan los mozos por todo el pueblo, por la plaza… sin duda deviene de un ancestralismo ganadero. Se mima al animal, se le embellece, se está orgulloso de él. Se le muestra, bravo y ágil, adornado de campanillas, de cintas, de colores, bien peinado y arreglado. En definitiva: el hombre ensalza al animal que le ayuda.

Segundo aspecto de entraña y fuerza es el revoloteo de la bandera, su baile y manejo, con tino y fuerza, por los jóvenes del pueblo. Heredada de la primitiva bandera de Castilla, la Cruz de San Andrés, dice el autor que “La Fiesta de Candelas tiene el signo distintivo propio de su institución: tiene bandera, y en ella está contenida y con ella se rinde homenaje a la historia, los valores, la realidad de una entrañable identidad y recibe muestras de respeto y consideración”.

El otro aspecto, el de la lectura de una carta que es jocosa, divertida, plural, nos dice el autor que “la Carta de Candelas es una composición poética que tiene por argumento glorificar a la Virgen de las Candelas, en cuyo honor se celebra la Fiesta, y enalteciendo a los Funcioneros, dar a conocer alguna característica divertida de su “vida y milagros”. De cada uno de los participantes en la Fiesta se hace una pincelada de su personalidad, se resaltan aspectos jocosos de su conducta o carácter, sus modos de ser o decir peculiares, y se cuentan anécdotas curiosas o sucedidos que contengan algún atractivo hilarante o morboso con intención de divertir al auditorio”.

Forma parte esta fiesta de El Casar, del acervo más antiguo y vibrante del costumbrismo alcarreño. Aunque esté en la Campiña, entre Henares y Jarama, la tierra casareña comulga de los antiguos fueros histórico y sociales de la Alcarria, es mendocina y comunera, tierra de buenos amigos y de entrañables encuentros. Todos debería asistir, al menos una vez en la vida, a esta gran Fiesta de la Carta Candelas, en El Casar, que ahora don Marcos Ruiz, en un voluminoso y hermosísimo libro cuajado de noticias y de imágenes, nos entrega.

 

Sobre su autor, Marcos Ruiz Atance (Cubillejo del Sitio, 1931) podemos decir que es un estudioso e historiador molinés. Sacerdote desde 1954, ha ejercido como párroco en diversas comunidades castellanas, y en sus ratos libres se ha dedicado al estudio de la historia de los pueblos de la provincia en que ha nacido, y muy especialmente de la devoción a la Virgen en su advocación de "la Antigua" en la villa de la que ha sido párroco durante más de 30 años: en El Casar.  Realizó los estudios de filosofía y teología en el Seminario de Sigüenza, y fue ordenado sacerdote en 1954. Ha sido Coadjutor de Pastrana y Párroco de Chaorna (Soria), Rueda, Poveda y Torija. Actualmente jubilado, vive en Guadalajara.

Ruiz Atance es aficionado a la investigación histórica, y viene publicando desde hace cincuenta años datos y noticias sobre la devoción a la Virgen de la Antigua de El Casar, sobre la construcción de sus monumentos y la vida de sus numerosas Cofradías y Fundaciones. En 2002 completó su obra titulada "La Virgen de la Antigua de El Casar (Monumentos, Cofradías y Fundaciones en las fuentes documentales)". Y en 2003 otro libro sobre “Los Coronados de la Inmaculada Concepción de la villa de El Casar”. En todas sus obras, Ruiz Atance pone una atención completa sobre datos, rituales y personajes, consiguiendo libros perfectos en torno a las tradiciones de El Casar.

sábado, 30 de septiembre de 2017

La Carta Candelas de El Casar en 2017

CARTA / de / CANDELAS / Leída en El Casar / 4 Febrero 2017 / CARTA de / CANDELAS / Sábado 4 de febrero 2017 / Escrita por: / Mario Carpintero López / Vicente Marcos López / Julia Martín Pérez, Ayuntamiento de El Casar, 2017, 72 pp. (365 estrofas de cuatro versos). Sin Depósito Legal ni ISBN.
Cada día es más importante para en bibliófilo alcarreñista -por antonomasia- conservar como oro en paño y con verdadero mimo este tipo de publicaciones, quasi “volanderas”, de cortísima tirada y carentes de datos, precisamente por su escasez.
La estructura de esta carta es similar a las editadas en ocasiones anteriores: título y autoría, alguna que otra fotografía en blanco y negro, una necesaria, siempre necesaria, relación de funcioneros, comenzando por el capitán, los cabos, el teniente abanderado, los mayordomos, el cura, el pagador, los mozos de las mulas, los niños de la bandera y de los pichones y los pintores de las mulas, lo que viene a indicarnos bien a las claras la evolución que esta fiesta ha ido sufriendo con el paso de tiempo, incluyendo elementos hasta hace poco superfluos.
Del mismo modo conviene dejar constancia de que el hecho de “pintar las mulas” no consiste en decorarlas a base de brochazos de colores, sino en los recortes y dibujos a tijera que se les hace en el pelaje de las ancas y el rabo.
Sigue el saludo poético (estrofas 1 a 6), la Salve (7 a 21) y continua con la tradicional introducción (22 a 54), para entrar de nuevo y específicamente en las descripciones críticas, caaricaturescas, de cada uno de los funcioneros anteriormente mencionados (55 a 322: cura 66 a 81, capitán, 82 a 101; teniente abanderado, (102 a 120); mayordomo primero, (121 a 135); mayordomo segundo, (136 a 153); mayordomo tercero, (154 a 168); cabo del capitán, (169 a 188); cabo del teniente, (189 a 206); Cabo del primer mayordomo, (207 a 122); cabo del segundo mayordomo, (223 a 235), y cabo del tercer mayordomo, (236 a 249), para pasar al pagador, (250 a 262), al mozo de mulas, en esta ocasión Alfredo, (263 a 286); y a los niños de la 302 a 313), y pintores de las mulas, (314 a 322).
En esta fiesta y, por lo tanto en su correspondiente “Carta de Candelas”, se han incluido además otros personajes como los artesanos de las picas, (323 a 327) y los músicos, (328 a 342) y seguir, como venía sucediendo tradicionalmente, con los forasteros, contra los que siempre suelen meterse, (343 a 349), aunque después se les pida perdón por la especie de broma, y finalizar con la despedida, (350 a 365) ya clásica: ¡Viva la Virgen de las Candelas!¡Viva El Casar!, nuevas fotografías, más bien “de relleno”, igualmente en blanco y negro, y el escudo de la villa.
Es evidente que hace unos pocos años la serie de funcioneros participantes en la fiesta o “función” (de donde le viene el nombre), era mucho más breve: apenas los cargos militares, puesto que, posiblemente, en sus orígenes, la función fuese, al menos en algunas de sus partes, una especie de soldadesca a la que posteriormente se le añadió un elenco de nuevos personajes: como el cura, etc., cuya misión no era otra sino hacer reír al público asistente a través de las caricaturas-retrato de los “soldados”, por lo general gente joven, dada a la juerga y a la diversión con las correspondientes “meteduras de pata” propias de la edad: irse de mujeres malas, exceso de alcohol, enamoramientos falsos, accidentes de tráfico, etc.
Todo esto quiere decir al lector -entre líneas- que la fiesta, la función, se va ampliando, quizá debido al coste de su realización ya que mientras más participantes sean, cargos,  a menor cantidad tocan a pagar, aunque con ello también se contribuya a que se vaya deteriorando y aunque nosotros no seamos quienes debamos decirlo, puesto que las fiestas son como todo en la vida: evolucionan hasta cierto punto en que, si no se cuidan como es debido, terminarán desapareciendo.

sábado, 4 de abril de 2015

La Carta Candelas de El Casar

CARPINTERO LÓPEZ, Mario, Carta de Candelas leída en El Casar el día 31 de enero de 2015. Escrita por…, sin datos, 88 pp. (Contiene 497 estrofas de cuatro versos y dos fotografías b / n).
A mi querida amiga Inmaculada Moreno Laredo, que tanto tiene que ver en esta fiesta tan maravillosa.

La denominada “Carta de Candelas” de El Casar (Guadalajara), viene a representar el final feliz y jolgorioso de una fiesta que anualmente se viene realizando, desde no sabemos todavía cuándo.
Se trata de una fiesta muy vistosa en la que se entremezclan varios elementos. Por un lado hay actos desde los que se puede decir que se trata de una tradición de carácter votivo; por otro, hechos que se corresponden con lo que podría ser considerado como un rito iniciático, y por otros, -algunos, que no todos-, como una especie de censura pública muy medida y controlada, cada año más atenuada, que es, precisamente, el texto de la famosa “Carta” que comentaremos más abajo.

La fiesta

Un grupo de “mayordomos” elige a sus correspondientes “soldados”: a saber, un “capitán”, un “teniente abanderado”, un “teniente”, un “alférez”, un “sargento” (que forma parte de los propios “mayordomos”), varios “cabos” sin número fijo, y aparte, fuera de este equipo que podríamos denominar como una “soldadesca”, un “pagador”, un “yuntero” y el “cura de las Candelas”, especie de “botarga” vestido de frac y sombrero de copa. Grupo total que se conoce con el nombre genérico de “funcioneros”.
El grupo que podríamos considerar como “soldadesca” va “armado” con una especie de “pica” engalanada con cintas y flores de diversos colores.
Los mozos van reuniéndose poco a poco hasta la hora de la misa, a la que acuden al templo parroquial, en cuyo pórtico -a ambos lados de la entrada- dejan las mencionadas “picas” y forman una especie de procesión, hasta recoger las velas o “candelas”, que deberán permanecer encendidas durante todo el tiempo que dure la misa y la procesión de la Virgen, que tiene lugar después de haber “dado a la bandera” (es decir, después de que cada uno de los miembros de la, hasta aquí llamada “soldadesca”, haya ondeado la bandera -liándola y desliándola con una sola mano-, como signo de hombría). A la hora de la comunión, la tropa de la “soldadesca” permanece de rodillas, a los pies del altar mayor, donde asisten al sacerdote cuatro monaguillos escoltados por otros tantos “cabos”.
Posteriormente, un niño -símbolo de la pureza angelical-, ofrece dos pichones blancos en recuerdo de aquellos otros que la Virgen ofreció el día de su purificación, cuarenta días después del parto de Jesús.
Terminada la misa, el sacerdote bendice un par de mulas debidamente “pintadas” en sus ancas -es decir, con adornos dibujados en forma de esgrafiado, en su pelaje, a base de motivos decorativos de tipo geométrico, especialmente simbólico: estrellas, pentalfas, etc., realizados a punta de tijera) y, nuevamente, la comitiva se encamina hacia la plaza lanzando las “picas” al alto, para ver quien llega más alto, procurando siempre que en su bajada no caigan al suelo, puesto que ello entrañaría un castigo por parte de los “mayordomos”. Una vez en la plaza tienen lugar los ondeos de la bandera, como nuevo acto de destreza. Cada uno de los “funcioneros”, “dando a la bandera”, deberá liarla y desliarla con un solo brazo.
Así, llega la hora de la comida, que realizan juntos todos los “funcioneros”. Posteriormente es cuando se procede a la lectura de la “Carta de Candelas”, que no consiste en otra cosa, más que una colección de sencillas composiciones poéticas, cuartetas, a través las que se dan a conocer los “pecadillos” de los propios “funcioneros” -desde el punto de vista del autor de la “Carta”-, ante un auditorio -que conoce a los “funcioneros”, por ser del mismo pueblo-, atento a las ocurrencias que se digan, y que reirá sus gracias, juzgadas desde un punto de vista meramente jocoso. Lo que viene a significar una nueva “purificación” (no olvidemos que estamos a 2 de febrero) de quienes, como “soldadesca”, representan a su pueblo -al que deben defender, como “quintos” que son- y al propio pueblo de su “pecado colectivo”, iniciando así un nuevo ciclo vital.
Pero también es llamativo el que antes de la citada lectura, los “funcioneros” den varias vueltas a la plaza del pueblo, corriendo perseguidos por un jinete vestido estrafalariamente, especie de “moro”, al que a su vez siguen las mulas “pintadas”, que parece no poder alcanzar a la “soldadesca”.
Pues, bien, esa “Carta de Candelas-2015”, al igual que otras de años anteriores, ha sido escrita por Mario Carpintero López, que también la leyó desde el balcón del Ayuntamiento, el día 31 de enero.
La “Carta” está compuesta, en esta ocasión, nada menos que por 497 cuartetas de rima siempre fácil y sonora, con el fin de que llegue mejor al pueblo, que seguramente, será el que mejor sepa entender su contenido, puesto que van destinadas a recordar aquellos defectos que han tenido lugar a lo largo del año transcurrido, siendo los “funcioneros” los sujetos de dichos comentarios carnavalescos y jocosos las más de las veces.

La Carta

La “Carta”, como viene siendo tradicional, se divide en varios apartados:

Introducción, a modo de bienvenida a propios y forasteros: “El saludo es el comienzo / de esta singular misiva, / escrita desde el cariño / con pluma siempre sentida”.
Salve, dedicada a la Virgen de las Candelas: “Virgen clemente y piadosa; / Madre nuestra, te imploramos. / Bajo el nombre de “Candelas” / un año más te invocamos”.
Funcioneros: “La lista que me han  traído / es larga y de mucho alterne; / siete picas nada menos: / esto no hay quien lo gobierne”.
Cura: “El Cura de las Candelas / es tranquilote y grandón; / Santiago tiene por nombre / y por apodo “Tolón””.
Capitán: “Con las monjas mismamente / lio una de pistones / cogió la caja de tizas / y la llenó de tampones”.
Teniente abanderado: “Ahora se sonroja y calla / y no dice ni palabra, / pero si se suelta el pelo / es un fenómeno “El Cabra””.
Mayordomo primero: “Tiene una gran verborrea / y una labia extraordinaria. / por eso le va tan bien / la gestión en la inmobiliaria” (sic).
Mayordomo segundo: “De cabeza generosa / y de cuerpo muy menguado; / paticorto, culibajo / y aspecto desaliñado”.
Mayordomo tercero: “Se bajó los pantalones / por las buenas descarado / había niños y mujeres / que se fueron asustados”.
Mayordomo cuarto: “Cuando hay que pagar a escote / sus amigos corroboran / que no sé sabe porqué / es el último que “afora”” (sic).
Mayordomo quinto: “Cuando se pasa de copas / no creáis que es muy locuaz; / se ríe y sólo hace muecas / parece un ave rapaz”.
Cabo del Capitán: “También tiene este lo suyo / en la juerga y el alterne; / cuando se mete en faena / no hay mando que le gobierne”.
Cabo del Teniente: “Me refiero acto seguido, / y de la lista destaco, / a un cabo soso y bisoño / de la estirpe del “burraco””.
Cabo del primer mayordomo: “Buenas tardes tengas, cabo, / bienvenido debutante, / en qué lío te han metido / alguno de estos tunantes”.
Cabo del segundo mayordomo: “Ahí donde le veis tan “cutio” / tan modoso y tan formal, / en cuanto sale de noche / da un cambio descomunal”.
Cabo del tercer mayordomo: “Juega al fútbol en Madrid / y también en El Casar, / por eso a veces no llega / y le tienen que esperar”.
Cabo del cuarto mayordomo: “De pequeño ya era un bicho; / con cuatro años en la escuela, / saltó una valla del patio / y se fue a donde su abuela”.
Cabo del quinto mayordomo: “Sus amigos que le temen / dicen con rotundidad: / “cuando Pablo abre la boca / en el acto “sube el pan””.
Pagador: “Mejor estarías Poli / viviendo del alicate, / pues la chispa da dinero / y la tierra es un dislate”.
Mozo mulas: “Un carro con una mula / en el Rocío alquiló. / carro arriba carro abajo / toda la noche pasó” (sic).
Ramón, capitán, / a Candelas le ha traído”.
Muchachos de la bandera: “La bandera que lleváis / llevarla con arte y celo, / seguro que la está viendo / la abuela Luci en el cielo”.
Pintor de mulas: “Pintar una mula tiene / muchísimas dificultades, / y en ello pones tu empeño / y todas tus facultades”.
Músicos de Candelas: “La vena del cuello tensa, / los carrillos bien “hinchaos”, / los labios bien comprimidos / y el “culo bien apretao””.
Forasteros (a los que en un principio no se les quiere bien, pero a los que después se les ofrece volver en futuras ocasiones a participar de la fiesta): “Sortean cualquier obstáculo / “pa comer por la patilla”; / parecen subsaharianos / en la valla de Melilla”.
Despedida: “Como dicen en las jotas, / allá va la despedida, / comenzando por la Virgen / que es nuestra Madre querida // […] // Esta  carta ya se acaba / no creo haber ofendido; / perdonadme en todo caso / si algún verso os ha dolido” // […] // ¡Seguid por tanto la fiesta / con vuestra ilusión sin par! / ¡Y que vivan las Candelas, / las Candelas de El Casar!”.

Una “Carta de Candelas” sencilla y humana, escrita con el amor que el autor debe a su pueblo y a su gente, queriendo poner en ridículo a los protagonistas de la fiesta, pero sin atreverse osadamente, dejando huella, -apenas unos rasguños-, de los defectillos cotidianos de la juventud que la protagoniza: alguna borrachera, mal genio, salir de mujeres malas, algún accidente de tráfico, glotonería…
Antiguamente sí que había mala intención en los comentarios, que hoy, si se quiere, han perdido en mordacidad y se han convertido en algo un tanto edulcorado y melifluo.
Quien esto escribe piensa que la crítica carnavalesca debería ser más dura y contundente… pero tal y como van las cosas, conformémonos con que, al menos, la fiesta de las Candelas de El Casar se siga manteniendo alegre y vital.