miércoles, 28 de octubre de 2009

Una publicación sobre el escritor y poeta José Herrera Petere



Un Centenario sonado: el escritor Herrera Petere

José Herrera Petere. Memoria de una vida (Guadalajara, 1909–Ginebra, 1977), es el título del interesante catálogo de la exposición de fotografías, dibujos y documentos (Guadalajara, 29 de octubre–22 de diciembre de 2009. Espacio de Arte Antonio Pérez), que ha editado la Diputación de Guadalajara, con motivo de cumplirse el centenario del nacimiento de este poeta nacido en Guadalajara.
Sus 210 páginas aparecen divididas en dos partes principales: textos referentes a la peripecia vital de Petere y el catálogo de los materiales expuestos.
Así, en la primera parte, pueden leerse trabajos de indudable importancia para el mayor conocimiento de la vida y la obra de este poeta, hasta hace poco no muy conocido. Una de las comisarias de la exposición, Dolores Fernández Martínez, colabora con un breve texto titulado “Las imágenes y su sombra. Construcción de una exposición”, en el que queda patente la importancia que para Petere tuvo su nacimiento en Guadalajara, su amor a la sierra madrileña y a toda la geografía nacional, así como la relación que mantuvo con sus amistades, además de su arraigado compromiso con el bando republicano, que dieron como resultado una densa obra, esa que la Diputación de Guadalajara, en unión con la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha y familiares y amigos del poeta, viene dando a conocer a través del material, en parte inédito, hasta ahora editado, y que compone sus Obras Completas: Poesía I, Narrativa II y III y Epistolario, a las que habrá que añadir en breve las Actas del I Congreso Internacional sobre José Herrera Petere: Vanguardia y exilio -Guadalajara, 30-31 de octubre de 2009-.
Sigue un extenso y documentadísimo trabajo (constituye el grueso del libro) escrito por Jesús Gálvez Yagüe: “José Herrera Petere: Memoria de una vida”, que consta de una nota introductoria y ocho apartados: 1.- Guadalajara y Emilio Herrera Linares, dos vocaciones aeronáuticas a comienzos del siglo XX; 2.- Primeros años de José Emilio Herrera en la capital arriacense (1909-1914); 3.- Años de formación en la capital de España (1914-1927); 4.- El principio de algo nuevo. Comienzos vanguardistas. Hacia una renovación literaria (1927-1931); 5.- Los años de la 2.ª República. Literatura rehumanizada. Petere ajusta cuentas con la pureza literaria (1931-1936); 6.- Soplan vientos de guerra. Historia personal, historia colectiva. En los diferentes frentes. Periodismo y Literatura. La Guerra en los libros. La literatura ideológica de aquella hora (1936-1939); 7.- Hacia un exilio definitivo. Del campo de concentración a las costas americanas (1939-1947), y 8.- Regreso a Europa. De la alegría a la desesperanza (1947-1977).
Plácido Ballesteros San José, Paloma Rodríguez Panizo y Rosa Gómez Moreno firman el siguiente trabajo: “El fondo José Herrera Petere en la Diputación Provincial de Guadalajara”, que clasifican en varios apartados: Documentación biográfica, Correspondencia, Homenajes, Biblioteca íntima, Obras y Estudios sobre Petere y su obra, materiales que pueden consultarse en la página web de la Biblioteca de Investigadores (http://www.bipgu.es/).
El “Catálogo” se debe a la meritoria labor de Dolores Fernández Martínez, Jesús Gálvez Yagüe, Rosa Gómez Moreno y Paloma Rodríguez Panizo y completa el libro que comentamos. Contiene numerosas fotografías que corresponden a la infancia; adolescencia; juventud vanguardista; compromiso y lucha antifranquista; exilio: Francia, México, Suiza; publicaciones en el exilio, y la España peregrina, vividos por Petere.
Finaliza la obra con una “Catalogación de la obra expuesta” (correspondencia (10), cuadernillos de apuntes (11), dibujos (8), documentos (10), fotografías (29), grabados y litografías (6), libros y revistas (54), manuscritos (2), objetos diversos (2) y óleos (1)), en la que han colaborado los mismos autores que han elaborado el “Catálogo” descrito.
Finaliza el libro con una “Cronología”, escrita por Dolores Fernández Martínez y Jesús Gálvez Yagüe, y una “Bibliografía”, realizada también por Jesús Gálvez Yagüe, en la que figuran obras publicadas por José Herrera Petere y José Herrera Petere en romanceros y antologías.
Sin lugar a duda un catálogo que constituirá un referente cara a la realización de futuros estudios acerca de Petere, su vida y su obra.

José Ramón López de los Mozos

viernes, 16 de octubre de 2009

Viajes por la Mancha a ver museos




Museos de Castilla la Mancha

Hace 3 años apareció un libro de esos que quedan vivos para siempre. Lo escribieron conjuntamente, tras muchos viajes e investigaciones, José María Ferrer González y Antonio Herrera Casado. Titulado “Museos de Castilla-La Mancha”, con 352 páginas y cientos de imágenes en color, ofrece las referencias concretas, historia y contenidos principales de los casi 200 museos que hoy existen visitables en este comunidad autónoma, en la que siempre hay rutas nuevas por construir para conocer esa España profunda y eterna que por los caminos de la Alcarria y la Mancha serpentean.
El libro, que hace el número 6 de la Colección “Tierra de Castilla-La Mancha”, se estructura por provincias, dando información de los mayores museos de cada una, y poniendo relación de los más sencillos en un apéndice final. Un buen índice ayuda al lector a encontrar lo que busca. Y su palabra en voz baja, amistosa, siempre dispuesta, como la palabra de los libros, es la que nos brinda la posibilidad de conocer, ahora a través de los Museos, la Región castellano-manchega.
A continuación ofrecemos las palabras que, en parte de su introducción, nos dicen los autores hablando de cuales son, tras recorrer kilómetros y caminos a cientos, sus museos preferidos. Hagámosles caso, que saben de qué hablan.

Nuestros Museos preferidos

De los casi doscientos espacios que catalogados como museos hemos incluido en este libro, es cierto que algunos son especialmente preferidos, por varias razones, que brevemente explicamos.
Por decir algo del mejor montado, con mayor contenido documental y diversidad de aspectos que le hacen único en España, tiene que ser mencionado el Museo Nacional de Teatro de Almagro. Creado a finales del siglo XIX, se ha ido incrementando con el paso de los años gracias a donaciones de artistas, autores, aficionados... su última, y esperemos que definitiva ubicación, en el palacio de los maestres de la Orden de Calatrava de Almagro, en la plaza mayor de esta ciudad manchega, y frente al Corral de Comedias, en un edificio diseñado para la función que realiza, es todo un ejemplo de Museo con mayúsculas. En Valdepeñas no hay que perderse la Fundación Gregorio Prieto con obras del artista y piezas de su colección en una preciosa casona rehabilitada, y los amantes del arte contemporáneo no deben dejar de visitar el Museo Municipal, donde figura una amplia selección de las obras premiadas de nuestros mejores artistas del último medio siglo. Les encantará también el nuevo museo Comarcal de Daimiel y, en la capital, el museo de Ciudad Real con una espléndida colección arqueológica y la sorprendente exposición permanente “Hace tres millones de años”.
En Guadalajara y más en concreto en la villa medieval de Atienza, le han surgido a la población, de apenas 500 habitantes, tres museos extraordinarios, que llevan detrás el nombre de quien los ha concebido, diseñado, y laborado sin descanso para que todas sus piezas fueran restauradas y noblemente expuestas. La labor de don Agustín González, párroco de la villa serrana, es de todo punto encomiable.
En Cuenca saltan los museos de la naturaleza y del arte moderno. En la capital, nos quedamos con el emblema mejor de la moderna dimensión del arte español: su Museo de Arte Abstracto, generado desde Zóbel hasta los más recientes nombres y dinamizadores del espacio, que además asienta en un lugar privilegiado, único, como son las Casas Colgadas de Cuenca. Un poco más arriba de la roca que es Patrimonio de la Humanidad toda, está el laberinto conventual y rompedor de Antonio Pérez, cuya fundación, hecha de cuadros, objetos encontrados y libros, es otro ejemplo de arte museificado, sorpresa y cuestión permanente para el visitante. Aún en Cuenca, en la Huete alcarreña, con varios museos por sus calles, destacamos la Fundación Florencio de la Fuente, en la que se han encontrado dos dinámicas generosas: la del donante de tanta obra de arte, que es sin duda un exponente fiel del quehacer pictórico y escultórico español del último siglo, y la del Ayuntamiento que ha restaurado y puesto a disposición un gran edificio histórico como es el antiguo convento de los mercedarios optenses.
En Toledo resulta difícil espigar sólo unos ejemplos. Puestos a señalar, hemos de apuntar la sorpresa de la recuperación -como visita cultural- al templo de los Jesuitas, el nuevo montaje de la encantadora Casa Museo de Victorio Macho, la soberbia colección de cerámica de la Colección Carranza expuesta en salas del Museo de Santa Cruz, las visitas a mundos tan herméticos como son los conventos de clausura (unos abiertos con horario de visita y otros que requieren la complicidad de las monjitas para visitar el templo y algunos otros espacios habitualmente acotados). También son ahora posibles algunas visitas nocturnas aprovechando las soberbias iluminaciones del cuadro del Entierro del Conde de Orgaz o del monasterio de San Juan de los Reyes, sin descartar el componente turístico de las visitas que nos permitirá en algunos casos (San Román, Santo Tomé, Jesuitas) contemplar la ciudad de Toledo desde las alturas de sus torres.
Queda además la perspectiva de nuevos museos muy esperados como la ampliación del Museo de Santa Cruz, el remodelado Taller del Moro y la reapertura del Museo del Ejército, todos ellos en Toledo, así como las colecciones de Bellas Artes del Museo de Ciudad Real en la nueva sede del antiguo convento de la Merced.
Quizás suenen estas palabras, -de preferencia personal acerca de un conjunto de centros y espacios con múltiples valores-, un tanto aldeanas y cortas de vista. Si uno se adentra, y los autores de este libro no lo hemos hecho, en la consideración científica y universal del fenómeno museístico, todo esto que aparece a partir de esta página no sea más que un folleto monumental explicativo de todos y cada uno de los museos existentes en este pequeño espacio de Europa que se denomina Castilla-La Mancha, con una formulación a su vez un tanto miope o estrábica. Porque los teorizantes de la cuestión, han quedado de acuerdo en que la Museología es una "ciencia social" que no sólo produce un enfrentamiento dialéctico público-museo, sino que trata al mismo contenido del museo como un elemento esencialmente socializado. Lo que antaño, o en su origen, fue un cuadro o una cántara de propiedad individual, destinada a mejorar la forma de vida y el placer de un individuo, ahora es tomada por el mundo todo, por la parte de la sociedad que lo contempla, y que lo hace suyo al menos en la teórica secuencia de ver, entender y anotar. Todavía queda la socialización definitiva del contenido museístico con el permiso universal y sin excepciones de fotografiar las piezas en él contenidas. Tema que no se ha conseguido, ni mucho menos, y a pesar de unas leyes que en lo social están a la cabeza del mundo occidental. El miedo al trípode y a lo que encima de él aparece, quizás como un atavismo difícil de erradicar, no se ha desprendido todavía de muchos administradores de museos.
En todo caso, este es el momento de empezar a viajar y a ver museos. Tarea hay, el camino está abierto, y las maravillas muchas.

miércoles, 14 de octubre de 2009

Un recorrido por la Galicia profunda




Relatos Gallegos

Hemos podido leer un curioso libro que está escrito por un gallego típico, un hombre que nació en una remotísima aldea de la provincia de Lugo, y que por azares de la vida (y de la historia, que en España fue tan convulsa en la primera mitad del siglo XX) fue a parar a Barcelona, donde echó anclas después de pasar y repasar varias veces la geografía ibérica.
Se trata de Evaristo Campo Pereiras, [el autor] y de Bustofrío [la aldea natal], y el libro se ha formado con diversos escritos, concretamente cinco amplios relatos, que escribió hace unos 50 años y que han sido recogidos y ordenados para su publicación por su hijo Ricardo, formando este libro que comentamos, titulado “Pentágona de un lucense”. Lo de pentágona, sin duda, por estar formado de cinco historias, y lo de lucense por estar todas ellas ambientadas en la tierra natal.
Destacaríamos sin duda el tercero, y más amplio de estos relatos, el titulado “Mi aldea” porque está escrito con la precisión y el amor de quien echa de menos a su tierra, y la recuerda entera: en geografía, en gentes, en costumbres, en anécdotas y en experiencias que se mantienen vivas a lo largo de una vida.
Bustofrío [la aldea] está cerca del monasterio de Samos, en el corazón de esas comarcas interiores de Lugo por donde corre, grande y denso siempre, el río Oribio. Describe las sencillas paredes del templo dedicado a Nuestra Señora de los Remedios, y cuenta con detalle las formas de vida, las costumbres, las técnicas de hacer pan, sidra, recoger las castañas y mil cosas más relativas a la vida rural y ancestral de esa Galicia profunda que describe con pasión.
El libro ha sido puesto por AACHE Ediciones de Guadalajara en su Colección “Letras Mayúsculas” como número 23 de la misma, y ofrece un total de 222 páginas con gráficos de la aldea y el personaje. Un libro para nostálgicos de las formas antiguas del vivir hispano.

viernes, 9 de octubre de 2009

La Historia de Horche, en un libro




Memorias de Horche

Hace unos meses que ha aparecido publicada la “Historia de Horche”, un libro que consta de 416 páginas, en cómodo tamaño de lectura, con multitud de fotografías, muchas de ellas en color. Añade de valor los dibujos iniciales de cada capítulo, y aún la ilustración de la portada, que las ha hecho especialmente para la ocasión el pintor Rafael Pedrós Lancha. La obra ha sido editada por AACHE como número 71 de la colección “Tierra de Guadalajara”, y se divide en 5 grandes capítulos, que vienen a tratar de la Geografía, la Historia, el Patrimonio, los Personajes, y el Costumbrismo y fiestas de la villa, con numerosos apéndices que transcriben documentos, algunos tan curiosos como las epidemias que a lo largo de los siglos asolaron al pueblo, las guerras que por él pasaron, o los pleitos que en siglos pasados mantuvo Horche con la capital Guadalajara.
Esta “Historia de Horche” fue escrita por su cronista Juan Luis Francos a lo largo de los años, tras haber pasado largas horas en archivos, sacristías y chancillerías, buscando los documentos precisos que pudieran darle cuerpo al entero vivir de la villa. Lo dejó completamente acabado pocos días antes de morir, en 2008. Es sin duda una obra monumental y concienzuda que da gusto tener entre las manos, abrir pausadamente, leer a pocos.

Paseando por Horche

Todo en Horche tiene su interés. A quienes buscan arte, poco les dirá la iglesia parroquial, aunque ha quedado muy dignamente restaurada, limpia y luciendo lo poco que quedó tras la Guerra Civil, en que fue destruido el retablo mayor que era una joya de la escultura renacentista. Se ve un bonito artesonado sobre el presbiterio y en el atrio exterior lucen perfectos los capiteles que rematan sus columnas. ¿Traídos quizás de Lupiana? ¿Trazados o aún esculpidos personalmente por Alonso de Covarrubias? Lo de menos es el detalle, lo importante es captar la belleza de cada pieza, la armonía del conjunto, la felicidad que emana de cada instante.

Horche y sus metáforas

Se vaya en día de diario, o se vaya en plena fiesta, el aire de Horche siempre está limpio y dispuesto a recibir al viajero. Solo con pasear y mirar, esquinas y aleros, o cuestas y jardines escondidos, ya disfruta el paseante. Pero si además llega con “los deberes hechos” y la historia del enclave sabida, o al menos oída, ganará en mucho el viaje.
Para conocer Horche en profundidad hay que pasar un rato en medio de la cómoda sonrisa de su plaza grande, oyendo el sano sonar del agua en su fuente del lavadero, o viendo la imagen ancha del campo y las vegas que se divisa desde la puerta de la vieja ermita de San Sebastián, donde dicen que estuvo, siglos ha, el castillo. Todo en Horche está “allí arriba”. Eso es lo que dicen algunos que significa su nombre en vascuence antiguo: Or = arriba o en lo alto, y che (de etxea) la casa. La casa allí en lo alto… aunque también podría derivar de “huertos….hortes… y luego …horche”. Cualquier sabe. Esto de la toponimia es ciencia abstrusa que debe cogerse de la punta y mirarse de lejos, sin acercar demasiado la lupa.

El autor

De la incansable actividad de Juan Luis Francos como valedor de la cultura y la historia de la Alcarria, donde más saben es en Horche. De ahí era su Cronista, lo cual supone el mérito de dedicarse a estudiar, a propagar, a defender y a divulgar todo lo relativo a su esencia (que es como debe resumirse el conjunto de cosas que brotan de su historia, su patrimonio, su costumbrismo y su naturaleza). Y tanto sabía de Horche que había iniciado, años atrás, la redacción de una “Historia de Horche” que fuera actual y definitiva, que diera evidencia de lo que fray Juan de Talamanco en el siglo XVIII había escrito, y de lo que desde entonces, hasta hoy mismo, ha ocurrido en esa villa de nuestro entorno. La familia y los amigos se han ocupado de que esa historia no se quedara (como ya pasó con la que escribiera el cura Calvo) guardada para siempre en un cajón (o en un CD corrompible, que es peor).
Antes se había ocupado Francos de otras parcelas de Horche. Desde su puesto de corresponsal, desde hace muchos años, del diario “Nueva Alcarria”, nada de lo que ocurría en Horche dejaba de tener reflejo en sus páginas. Muchas veces añadido de evocaciones, fiestas, anécdotas, siluetas de personajes y proyectos. Él fue uno de los que animó a Juan Francisco Ruiz Martínez para realizar la nueva versión de la picota, que seguramente pronto tendrá silueta en alguna plaza horchana. Él fue quien ha presidido la Asociación Cultural Padre Talamanco en los últimos años, homenajeando a todo y a todos cuantos han tenido que ver con Horche. Él ha sido, y esta me parece batalla difícil de ganar, y más con su ausencia, quien ha defendido la caligrafía de Horche sin hache, en base a que así se escribía en documentos antiguos. La hache muda, y con el solo objeto de adornar las palabras, es bandera del idioma castellano que a va a ser difícil de arriar, a no ser que se empeñen en ello los más encendidos enemigos de nuestras cosas, que los hay y cada vez más numerosos.

Memorias varias de gente horchana

El autor de esta magna “Historia de Horche”, Juan Luis Francos, debiera ser considerado como horchano de pro. Porque aunque nacido en Galicia, uno es de donde deja su corazón y sus amores. De donde la tierra y su memoria le hace vibrar. De la Alcarria toda era, sin duda, cuando ha ocupado (hasta el día de su muerte) el cargo de vocal de Cultura de la Casa de Guadalajara en Madrid. En 1997, fue nombrado Académico correspondiente de la Historia, y algo antes había recibido el título, honorífico, de Cronista oficial de la villa. Durante años fue, además, presidente y factotum de la Asociación Cultural “Padre Talamanco” dinamizando de forma contundente la vida cultural de Horche.
De la memoria de otras gentes horchanas hizo Francos su empeño. A los vivos dio homenajes, y a los muertos les construyó biografías a base de rebuscar en los viejos papeles. De cuantos sujetos trató, fue el primero el análisis biográfico de Ignacio Calvo, un alcarreño que dejó escritas páginas singulares sobre muchos aspectos de Horche, que también inició, y dejó escrita gran parte de la historia de esta villa, habiéndose perdido finalmente su manuscrito. Y que puso traducido al latín [macarrónico] el Quijote bajo ese título que se ha hecho finalmente tan conocido, “Historia Domini Quijoti Manchegui”, cuya última edición fue también prologada por Juan Luis.
De otras figuras horchanas se ocupó en varios libros: del fraile Tomás Moral y su Diario, del soldadito Víctor Muñoz que luchó en Filipinas defendiendo en Asia la bandera española, de la “Lega” una empresaria de espectáculos que siempre llevó –aunque se fuera a Cuba y rodara por España toda luciendo figura- muy alto el pabellón horchano. En el libro ahora nacido, son docenas las memorias de gente horchana que Francos reivindica. Con toda razón.

miércoles, 7 de octubre de 2009

Un diccionario de castellano antiguo




Palabras que reviven


Cuando los monjes de la Edad Media se veían invadidos de la acedía, y el Quijote levantaba la adarga para protegerse de las pedradas de los vizcaínos, estamos viendo situaciones que añaden color al texto que tales cosas narra, pero al mismo tiempo lo limita porque no quedan claras, ya hoy, esas palabras definitorias. Miles de ellas recorren los textos de nuestra literatura clásica, y no todas las ediciones de esas obras llevan anotaciones que expliquen los párrafos o las palabras oscuras.
Para eso ha venido en ayuda de estos lectores del mundo clásico hispano, cada día más numerosos, el profesor Gutiérrez Tuñón, que se ha trabajado un “Diccionario de Castellano Antiguo” monumental y utilísimo.
El autor de esta obra es Manuel Gutierrez Tuñón, doctor en Filología Románica por la Universidad de Oviedo. Nacido en Cela (León), ha sido director del Centro Asociado de la UNED en Cuenca, y ha publicado numerosos trabajos de investigación filológica y lingüística, entre ellos el Atlas Lingüístico de El Bierzo.
Este gran “Diccionario de Castellano Antiguo”, que subtitula “Léxico español medieval y del Siglo de Oro” es un elemento fundamental para comprender y degustar mejor los textos clásicos de nuestra literatura más alta. Es, un poco, el diccionario de la calle y los hogares, de las cortes y los mentideros de las ciudades y pueblos de España durante los siglos de expansión del idioma castellano por medio mundo. Con más de 300 páginas exclusivamente dedicadas a la explicación y revelación del significado de locuciones y palabras hoy difíciles de entender, se alza como amigo y benefactor de cuantos quieren seguir aprendiendo vida y disfrutando con la fuerza innata del lenguaje. Del castellano clásico en este caso.

martes, 6 de octubre de 2009

Vendaval y Marea






Ya su cuarto libro de poemas en la calle, Pablo Emilio Llorente avanza un puesto en las filas de los poetas alcarreños. Ese mundo, casi submundo –por escaso y comedido- cultural de la ciudad alcarreña, está poblado de escritores intromisos, de pintores cautos, de fotógrafos respetuosos, de poetas temblando: un mundo intelectual que no hace ruido, que escribe, pinta, y se expresa calladamente, sin importarle que su derredor vibre de conciertos, encierros y kedadas.
En ese grupo de espléndidos escritores y escritoras, va abriéndose camino Pablo Emilio Llorente (el de Guadalajara, porque hay otros con el mismo nombre y apellido en otros lugares de España). Llorente no ceja. Como tantos otros viaja primero, vive, se enfrenta, lee, piensa, sufre y al final se expresa, en sus poemas. Que son breves, libres, pero muy meditados y sentidos. Escribe de amor y soledades, de querencias difíciles y de muchachas. Ha caído en el embrujo de una ciudad –Tánger- y se ha visto envuelto y maniatado por un viento, el de levante en esa punta africana. El resultado es un libro encantador, sonoro, vivo. Un libro que parece estar hecho de acuarelas, y en ellas plasmada la luz, las mujeres, las charlas bajo los olivos, bajo el castillo, por las callejas… Damos la enhorabuena a Pablo Emilio Llorente por este nuevo, libro, ¡el cuarto ya! de poemas que nos entrega, con sabor a sangre lejana y a sal de mar y lágrima. Vendaval y marea es una mezcla difícil, pero vibrante. Un gran autor, que merece ser leído, y conocido.
El libro va ilustrado por Sandra Gobet Herrera, una joven artista también originaria de Guadalajara, que está abriendo caminos en la ilustración de libros con visiones muy personales de la realidad basada en los textos que se muestran.