jueves, 12 de marzo de 2009

Molinos harineros de Guadalajara




Un magnífico libro, de 580 páginas, de 25 x 25 cms. de tamaño, encuadernado en tela, y con un sobresaliente papel, impreso todo a cuatricromía, dentro de un estuche recio, es la bandeja en que se ofrece el último trabajo de la investigadora alcarreña Eulalia Castellote Herrero. La obra, que constituyó una previa tarea de investigación de cmapo, hace ya años, lleva por título “Molinos Harineros de Guadalajara” y constituye el nº 22 de la Colección de libros “Patrimonio Histórico de Castilla-La Mancha” que viene editando desde hace muchos años el Servicio de Publicaciones de la Junta de Comunidades de nuestra Región.
Dentro de la colección "Patrimonio histórico de Castilla-La Mancha" han prevalecido monografías de contenido prioritariamente arquitectónico o urbanístico, si bien lo que suele denominarse patrimonio intangible está también representado con títulos tan recientes como La fiesta del Corpus en Castilla-la Mancha, precisamente el título que antecede a este trabajo dentro de la colección.
Existe, entre uno y otro, un rico acervo patrimonial formado por testimonios de la arquitectura y la ingeniería pre-industriales, de los que nuestra región, precisamente por su tardía y no masiva industrialización, ofrece un amplio y numeroso muestrario. Los molinos fluviales, concretamente, que tan decisivos fueron en la molienda del cereal y en la subsistencia de tantas generaciones, todavía alzan su genuina estampa, en variable estado de ruina y algunos reconstruidos con mayor o menor tino, en muchos de los ríos de la geografía regional.
Este valioso y completo estudio de la doctora Eulalia Castellote documenta, estudia y cataloga los molinos harineros de la provincia de Guadalajara con el mayor rigor investigador pero ofreciendo la amenidad que cabe demandar a un trabajo de alta divulgación. Consiste dicho trabajo en un análisis tipológico de los molinos, y de sus elementos: los mecanismos de impulso y molienda, las máquinas auxiliares y utensilios, y finalmente un análisis del ciclo del agua.
El voluminoso estudio sigue con un estudio de la técnica de la molienda y su proceso, y posteriormente incluye numerosas y amplias entrevistas a molineros alcarreños, la mayoría ya fallecidos. El estudio finaliza con un catálogo de molinos, en los que se definen, de un lado, los localizados (muchos de ellos en ruinas) y los estudiados, que están más visitables y entendibles. Sabemos que a mitad del siglo XIX había en la provincia de Guadalajara 320 molinos, de los que más o menos visibles quedan hoy 178 que son los que se estudian en esta obra. De 36 de ellos ofrece Eulalia Castellote planos y alzados.
Especialmente interesantes son los restos de los molinos de Bolarque, el gran molino de Alcuneza, hoy transformado en Casa Rural, y el de Almoguera. Son especiales el de Cifuentes, aprovechando el agua de un río (el del mismo nombre) recién nacido; y los de Matillas, Pinilla de Jadraque, Pastrana, y otros muchos. Un estudio suculento en el que nos ha extrañado no encontrar el magnífico molino de Mochales. Pero el conjunto es perfecto y damos la enhorabuena a la autora, y al Servicio de Publicaciones de la Junta por habernos ofrecido este estudio amplio y perfecto.

domingo, 8 de marzo de 2009

Caminar junto al río Gallo




En fechas recientes, la editorial Mediterráneo ha sacado a luz un libro que atrae y enseña, un libro de imágenes y textos que ofrece, entero, el río Gallo atravesando el Señorío de Molina. Ese río al que Sánchez Portocarrero, cuando escribió la historia de la comarca, llamó “nuestro padre río” porque sabía que de él, y de sus aguas, habían nacido los pueblos, las ganas de la gente, los huertos, y los paisajes. Habían nacido, del Gallo, las estatuas y los pilares que hay debajo de la tierra en aquella altura, los cimientos que sujetan desde hace siglos la grandiosidad molinesa.
El autor de los textos es Carlos Sanz Establés, y las fotos se deben a Paco Gracia. En gran tamaño, con todas sus fotografías en color, “El río Gallo” que es como se llama la obra, nos presenta, quizás por vez primera, el recorrido del río, y los lugares, todos (son más de 20) por donde va transcurriendo, dejando sobre su espalda puentes, alamedas frondosas a sus lados, riscos inaccesibles, poblados celtibéricos, ermitas sagradas y castillos legendarios. Buena cosecha de motivos para hacerse el recorrido que Sanz Establés nos indica.
En su obra, Sanz pinta ligeramente la historia de la comarca: su sentido de “estado independiente” durante dos largos siglos de la Edad Media. Y el crecimiento de su ganadería, y la pujanza de sus hidalgos en los siglos modernos. Nos cuenta en detalle cuales son los pueblos que va sorteando el río, desde Motos y Alustante, hasta Cuevas Labradas, pasando antes por Prados Redondos y Chera, bañando un paisaje siempre verde y suave, que ofrece en cada loma el recuerdo de su densa población celtíbera, allá por los siglos quinto y cuarto antes de Cristo. En medio de su camino, el Gallo hace ciudad a Molina, la preña de solemnidad y altivez, con su alcazaba mora, de color rojo sangre, que a nadie que la vea deja indiferente. Y en la suave vega que alcanza, en el aire quieto y oscuro de las amanecidas invernales, las temperaturas más bajas de toda la Península, se alzan como de puntillas los pueblos de Rillo, de Corduente, y los caseríos de Santiuste, de Castellote, con sus muros levemente inclinados, cansados de tanto aguantar siglos fríos.
El libro es un perfecto compñero de viaje, porque hay que leerlo antes de subir al páramo molinés, y empaparse de los colores y estampas que muestra. Leyendo lo que en él se dice tendremos una muy concreta imagen de cuanto hay que ver, y con un mapa de carreteras adjunto (es lo único que le falta al libor, un plano) se puede programar más de una excursión por la tierra molinesa. Un ejercicio que debe empezar ya a maquetarse, pues la primavera llama con fuerza en todas las ventanas.

jueves, 5 de marzo de 2009

La Caballada de Atienza




La Caballada de Atienza es una de las fiestas castellanas más conocidas. Tiene más de 800 años de existencia, y recuerda con su celebración el sacrificio que hizo la gente de Atienza, particularmente sus recueros o transportistas de mercancías con mula, al salvar la vida del joven rey Alfonso VIII cuando estando en la villa fue sometido a un acoso por parte de su tío el rey de León.
Memorando aquella actitud de todo un pueblo, quedó la costumbre de reunirse, el domingo de Pentecostés, los hombres de la cofradía de la Santísima Trinidad, montados a caballo y vestidos con sus capas pardas, para peregrinar a la ermita de la Virgen de la Estrella, y en los alrededores del castillo-fortaleza entretenerse echando carreras.
De aquella costumbre derivó la actual fiesta, más compleja de ritos, de búsquedas, de proclamas y subir y bajar por las calles. La esencia, que es el compañerismo de los cofrades, su ideal de salvar Castilla, su elegancia en el vestir y en la carrera, eso ha quedado y se mantienen incólume por los miembros de la Cofrafía.
Uno de ellos, que ha sido muchos años su prioste, ha escrito un libro magnífico, entretenido y útil. Tomás Gismera Velasco ha escrito una “Guía de la Caballada” que supone decir con detalle la sucesión de ritos de la fiesta, desde el viernes tarde hasta el domingo. Y que cuenta su historia, sus costumbres, sus nombres antiguos, dando además un conglomerado denso y hermoso de fotografías y grabados de los personajes que identifican a la fiesta.
Este libro es de AACHE, la editorial de Guadalajara, y aunque tiene 88 páginas solamente, y muchas fotos en color, da la noticia justa, fundamental y suficiente para con ella ir a contemplar, en la próxima primavera, el correr de caballos y caballeros por las cuestudas callejas de esta medieval villa.