martes, 28 de octubre de 2008

NUEVO LIBRO A LA VENTA! : "Una historia de Anguita: el pueblo y su entorno"

"Este libro ofrece la historia completa de un pueblo emblemático de la Serranía del Ducado: ANGUITA es un espacio cubierto de pinares, de altos páramos y curiosos entornos naturales, en cuyo territorio existió una densa población celtibérica que ha dejado huellas singular es en forma de castros, necrópolis, campamentos, dólmenes, y un largo etcétera de sitios. La historia antigua se complementa con la medieval, y con épocas sucesivas que son referidas por el autor con gran cantidad de datos y enorme sencillez y claridad. Se ofrece también una descripción amenizada de multitud de grabados del patrimonio cultural de Anguita: la iglesia, las ermitas, la torre medieval, los espacios naturales, las fiestas y un largo etcétera de cuestiones que hacen de este libro una auténtica enciclopedia sobre Anguita, la villa serrana que desvela aquí sus misterios y sus encantos, dispuesta siempre a su visita".
Reseña de la solapa


PVP: 20 €
YA A LA VENTA EN LAS MEJORES LIBRERÍAS!

Entrevista a Javier Serrano Copete


















div align="justify">link de la entrevista:


Reseña del Dr. Herrera Casado en:

Por Santiago Ulises Montero

Javier Serrano Copete es descendiente de Anguita, de la "familia de los nenes", y ya tiene publicado a sus 22 años dos libros, un ensayo de articulos de su blog, Nubiru, y el libro "Una historia de Anguita".

Esta entrevista saldra publicada en el proximo numero del canton , que saldra en breve, y aqui lo teneis en primicia.

Cuentanos quien eres y como surge escribir tu primer libro.

Nací en Barcelona el 5 de noviembre de 1985, pero por aquel entonces, y hasta los 11 años, viví en Bellvitge Ahora vivo en Vilassar de Mar, pueblo de gran tranquilidad y belleza, pese a no alcanzar lo bucólico de Anguita. Obviamente, ¡como anguiteño tengo la obligación de decirlo! Estudié Eduación Primaria en el Juan XXIII de Bellvitge, ESO y Bachillerato en el Instituto de Vilassar y la Licenciatura de Derecho en la Universidad Pompeu Fabra.

Más que mi primer libro, me gustaría referirme a mi primera cosa “seria”. Durante la tanda de exámenes de último de carrera (marzo del 2007), tuve la necesidad de “imitar” a un profesor que acababa de tener en Derecho Urbanístico y que regentaba un blog de opinión y tal. Me picó la curiosidad de probar con Blogger y así me dio por crear Nubiru, mi blog-web. Al principio los artículos eran más “casuales”, opiniones y reflexiones cotidianas sin excesiva, en la mayoría de los casos, profundidad. Con el tiempo me envicié con el asunto, al poder ver cómo mis escritos “pescaban” cada vez a más lectores.

Un buen día se me ocurrió mandar un email a algunas editoriales invitándoles a visitar mi blog y proponiéndoles, así mismo, si verían sentido (a la vez que salida) a una eventual publicación de un libro de mi autoría. La respuesta fue afirmativa, y mis dos “padrinos” en el mundo editorial me propusieron, desinteresadamente, dos sendos proyectos: D. Luis Videla (Director Editorial de elAleph.com) se dirigió a mi animándome con ello (surgiendo así mi primer libro: “Di que fue un sueño”), mientras que el Dr. Antonio Herrera Casado (Cronista Provincial y Director de la Editorial Aache) me dio una de las mayores alegrías de mi vida al proponerme la redacción de “Una historia de Anguita: el pueblo y su entorno”.

¿Cómo surge tu vocación de escritor?
Supongo que, como decía antes, el punto álgido fue atreverme con Nubiru. Sin embargo, mi gusto por la escritura viene, como todo lo personal, de mi adolescencia e infancia. Durante la ESO y Bachillerato participé en los diferentes concursos literarios de mi Instituto, ganando en poesía todas las veces sin conseguir nada en Narrativa, que era (y es) el género que de verdad me agrada, ¡después del Ensayo, claro!

¿Sobre que te gusta escribir?
De pequeño sobre animales y dinosaurios, aunque ya se entreveía que lo mío no serían las Ciencias sino las Letras. Roma, Bizancio, Mesopotamia o, ahora mismo, Historia Contemporánea (especialmente de lugares como la ex-Yugoslavia, Rusia o Oriente Próximo) son mis reales vocaciones (a la vez que el Derecho, ¡ojo!). De los artículos de Nubiru, de “Di que fue un Sueño” y de la historia de Anguita se desprenden estas aficiones, como, después de todo, no podría ser de otra manera dentro de lo libre y anárquico que es el pensamiento de cada uno.

¿Qué escritores o que libro consideras que te ha incitado a iniciarte en la escritura?
Siempre he sido más , algunos dicen que lo sigo siendo, de lectura “desordenada”. Me gustaba leer textos de enciclopedias de Vida Salvaje, Dinosaurios, Historia o Mitología, más que leerme novelas enteras. Ahora sigo siendo, “poco amante” de la literatura profunda, siendo más aficionado a los libros de ensayo y todos aquellos, que ya sólo con la cubierta, intuyes que te van a enseñar algo más de lo que cualquier libro, por el mero hecho de serlo, te enseña. ¿Cuáles podrían ser algunos de ellos? Pues me decantaría por diferentes obras en función de la temática. Para las Ciencias y la Historia algunos de los libros que más, y mejor, me han formado durante mi juventud han sido los libros del maestro Isaac Asimov sobre las diferentes civilizaciones de la Antigüedad (lamentablemente no de todas). Puestos a elegir dos o tres grandes novelas “Nerópolis” (la mejor novela ambientada en Roma que leerse pueda), “Alamut” y “El Nombre de la Rosa”. Para los más “freakys”: la primer trilogía de Dune, y, sobre todo, para todos los públicos, “La Historia Interminable” de Ende.

Cuéntanos tus trucos o rutinas para escribir asiduamente.
Tener la mente disconforme con el mundo que te rodea. No me refiero a ser una suerte de “enano gruñón”, sino a tomar la costumbre de preguntarse cosas (y buscar las correlativas respuestas); todo ello sin renunciar a la libertad de opinión que nos brinda nuestra época y los medios, que como Internet, se han abierto a los de mi generación y sucesivas. No sé qué explicación daría la Neurociencia pero creo que se me ocurren mejores escritos en vísperas de ir a dormir o cuando mi mente no puede fagotizar más artículos del Código Civil...

También vas a escribir un libro sobre la Historia de Anguita ¿por qué te decidiste a escribirla?
Publicar “Una Historia de Anguita: el pueblo y su entorno” es una forma de hacer “deberes por anticipado”. Siempre he escuchado decir a mi tío Ángel, desde pequeño, que algún día deberíamos de escribir una historia sobre el pueblo (pues los materiales y, ante todo libros, que se iban acumulando en nuestra biblioteca familiar daban para ello y más). Al final, decidí atreverme con la faena durante un período de cierta calma antes de comenzar a opositar. ¿El resultado? Los lectores dirán.

¿Cuánto tiempo has tardado en hacerla?
Empecé en otoño, teniéndolo acabado “má o menos” para Semana Santa (si bien durante el Invierno la labor fue más de ir contrastando opiniones con estudiosos de las diferentes materias, especialmente en cuanto a la arqueología se refiere, y recopilar fotos y materiales).

¿Cómo y donde has buscado las fuentes?
Supongo que aquí me podría aplicar aquello de “cada maestrillo tiene su librillo”, pero, dado que no soy maestro sino un eterno alumno (a mucha honra), diré que he conseguido la información gracias a un cóctel de ilusión y amor por la materia mezclado con una fuerte dosis de “sinvergüencería” al atreverme a dirigirme a todos los medios, que se me han ocurrido que tendrían algo interesante que decirme respecto a la historia de Anguita.

¿Te gustaría dedicarte a escribir o te tira más la abogacía?.
Bueno... La escritura sería una gran profesión si todo no estuviera tan mercantilizado el mundo editorial o si las letras tuvieran forma de lingote, o mejor aún, de pelota o ladrillo. Dada la realidad, me tira más brindarme un futuro aceptable (no sólo para mí sino especialmente para los míos: presentes y los que espero que vengan en algún momento de mi vida).

¿Tienes alguna idea para próximos libros?
Cuando tenga más tiempo me gustaría atreverme con una “historia de Celtiberia” o una novela histórica, quizás un libro de divulgación histórica novelado, ¡no sé! Aunque tengo claro que, ahora mismo, una de las cosas que más ilusión me haría es escribir sobre la Caída del Imperio Romano, con personajes como Atila, Aecio o Estilicón, y ¿por qué no?, incluyendo a Belisario y Justiniano. De sueños se puede uno llenar, aunque no siempre se saque provecho. A diferencia de lo acaecido con el libro de Anguita, pocos sueños pasan el etéreo filtro que separa la Verdad de la Fantasía... En fin.

ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL CANTÓN" (verano de 2008)

martes, 21 de octubre de 2008

75 Años de Arquitectura en Guadalajara



El 16 de Octubre se ha presentado en la Sala Tragaluz del Teatro Buero Vallejo de Guadalajara el libro que ha preparado el Colegio Oficial de Arquitectos de Guadalajara con motivo de su 75 aniversario. Un libro cuajado y útil, un enorme catálogo de edificios, espacios y perspectivas donde vive o ha vivido la gente de Guadalajara.
Nada mejor que celebrar tan abultado aniversario reuniendo lo más granado de la arquitectura, lo que esos mismos arquitectos celebrantes consideran que ha sido su huella en la provincia, a lo largo de los últimos tres cuartos de siglo.
El libro, como todos los libros, da para ver y leer, para asombrarse y recordar, para disfrutar mirando y aprender. Para juzgar las cosas que nos rodean con más sabiduría y conocimiento de causa. Enhorabuena a quienes, -todos los arquitectos alcarreños- han hecho posible este libro, este recuerdo.

Desde la República a nuestros días

Empieza el libro con dos de los grandes edificios que se levantaron en Guadalajara durante la época de la República, ambos emblemáticos y aunque en desuso de lo que fueron en sus orígenes, piezas fundamentales del horizonte cotidiano. Son el Hospital Provincial, propiedad de la Diputación Provincial de Guadalajara, que comenzó a erigirse en 1928 bajo los planos y dirección de Sebastián Vilata, y la sede del Banco de España en Guadalajara, en pleno centro de la ciudad, dirigido por José Yarnoz.
Ellos fueron los que dieron inicio a una visión contemporánea de la arquitectura. Si recordamos la estampa que nos dejó, en el siglo XVI, Antón van der Wyngaerde, el flamenco que anduvo España entera dibujando las siluetas de las grandes ciudades, de su mano surgió una Guadalajara puesta sobre las terreras del Henares, rodeada de murallas medievales, y cuajada de torres y más torres de iglesias, conventos y palacios. La estrechez del burgo llevó a nuestras autoridades municipales, en los finales años del siglo XIX y comienzos del XX a “ampliar” la ciudad por sus cuatro costados, derribando murallas, torreones y conventos, y dejándola un tanto huérfana de artes, pero, eso sí, más despejada de cómo la inventaron los árabes hace más de diez siglos.

Cientos de nuevos edificios

En estos 75 años que lleva activo el Colegio de Arquitectos en Guadalajara se han construido más cosas y más casas que en toda la historia anterior. Y además más originales, hermosas y útiles. En este libro que acaba de presentarse, que cuenta con 282 páginas, y ofrece 233 obras arquitectónicas relevantes, aparecen tanto edificios públicos (Residencia del Seguro de Enfermedad, Hospital Universitario, colegios, etc.), espacios urbanos (el paseo de la Cruces) y casas o urbanizaciones privadas (desde algunos chalets de Cabanillas hasta los poblados de las centrales nucleares de Almonacid y Trillo). Además de edificios y conjuntos que no llegaron a construirse (el Alcarria Palace o el grupo de viviendas del Paseo de la Estación) y de las restauraciones de edificios antiguos que se han realizado en estos 75 años.
La obra ha corrido a cargo del conjunto de colegiados arquitectos, pero el coordinador principal y responsable último de la obra es José Ramón Martialay Valle, quien se ha ocupado a lo largo de dos años de reunir la documentación precisa para armar esta verdadera enciclopedia de la construcción alcarreña. Ayudado por Sagrario Gamarra, incansable en su capacidad de gestión para esta y mil cosas que la echen, y apoyado por la Junta directiva de la que en las primeras páginas aparecen palabras del presidente Miguel Angel Embid, del tesorero Javier Delgado y el estudio concienzudo, analítico y bibliográfico, del presidente de la Comisión de Cultura, José Antonio Herce Inés. La impresión, en duotono, ha resultado magnífica, corriendo a cargo de los maestros impresores Quílez, de Minaya S.A. Los ojos se van por las páginas viendo, reconociendo, admirando y, sobre todo, descubriendo cosas. Esos edificios que miramos (sin ver) cada día, y que ahora se nos desvelan como señeros y señalados elementos de la cultura arquitectónica.

Algunas sorpresas

Desde nuestra perspectiva de amantes y admiradores de la arquitectura, de entusiastas de los interiores, de degustadores del espacio vital, tenemos en las manos cientos de páginas llenas de apasionantes escenas. Unos son los edificios en que vivimos, en que trabajamos y a los que acudimos a comprar o a divertirnos. Los centros oficiales, los colegios y las fábricas. Además, el recopilador se ha entretenido en unificar los planos de los pueblos que fueron levantados por la Dirección General de Regiones Devastadas tras la Guerra Civil. El gobierno de entonces, en los años 1943 y 1944, dedicó un gran esfuerzo a rehacer cientos de pueblos que en España habían quedado aniquilados por bombardeos o por su situación en la misma línea del frente. Esto es lo que ocurrió con villas como Hita, Esplegares, Gajanejos, Montarrón, Alarilla y Masegoso. De este último, especialmente, aparecen los planos de la población entera, los alzados de sus edificios, quedando evidente la armonía y el buen gusto que guió a aquellos profesionales en tarea tan compleja, eje por otra parte de la arquitectura: hacer poblaciones enteras, con ese empuje casi mitológico que los españoles llevaron a América la capacidad de crear grandes poblaciones de la nada.
La mayoría de las sorpresas que nos vienen a las manos proceden de los chalets, casonas y viviendas unifamiliares que en los últimos años han ido levantándose, por encargo de los propietarios, en urbanizaciones y pueblos de la provincia. Con ellos, con sus ejemplos, podría hacerse una nueva ruta turística (con permiso de los dueños, claro, y en todo caso a admirar desde fuera) que sería la de las “villas contemporáneas”. Hay un edificio sorprendente y cubista trazado por Alvarez Hervás y Barrientos González en la calle Giralda de El Casar; otro espléndido en el camino del Silo de Brihuega, diseñado por Luis Gil de Bernabé, y en varios en la zona residencial de Cabanillas del Campo, del que destacaría especialmente el promovido por María Luisa Celada de Inés en la urbanización “Tres Torres II” y que ha sido firmado por M.A. Sánchez García, E. Pérez Gómez y J. Llorente Orejas. Racionalidad, nuevos materiales y, sobre todo, dimensionamiento del espacio interior, del que se explotan todas las posibilidades.

Restauraciones y rescates

En el libro aparecen los proyectos de restauración que se han acometido en la provincia especialmente desde después de la Guerra (en concreto la recomposición de la destruida Catedral de Sigüenza y el devastado palacio del Infantado) y más numerosos y puntuales, desde la Restauración monárquica y democrática (la capilla de Luis de Lucena, tan demandada siempre, la concatedral de Santa María, el castillo de Torija y el palacio de los Guzmán, entre otros.
Concretamente aparece un dibujo de la sección de la capilla del Doncel en la catedral seguntina, firmado por Juste y BAB Arquitectos, que es una lástima no disponer de un gran cartel en que pueda reproducirse, porque es una auténtica maravilla, de trabajo en detalle, y de medición exacta de los elementos que pueblan su muro norte, en el que es protagonista espectacular el enterramiento de Martín Vázquez de Arce. La restauración de la catedral se hizo inmediatamente acabada la Guerra, quizás como resultado del sentimiento de culpa que le quedó al gobierno de Franco por el ataque y destrucción que hizo de aquel edificio, en el que se hicieron fuertes los milicianos seguntinos, y hubo de ser tomado tras su ametrallamiento y bombardeo. Fue Leopoldo Torres Balbás quien, en el mismo año 1937, comenzó las obras de restauración, seguidas luego por Labrada Chércoles, y en otras campañas sucesivas por Vázquez Noriega, Manzano Monís, Juste Ballesta y Barceló de Torres.

El libro de las arquitecturas

Cuadrado de 22 x 22 cms., con 282 páginas, y el título “75 años -1931-2006- de Arquitectura en Guadalajara”, ofrece 233 obras documentadas sobre fichas que ofrecen título del edificio o espacio, situación, localidad, arquitecto/s, promotor/es y año de proyecto. En la ficha, que suele ocupar una página, aunque hay varios elementos que ocupan más de una, aparece siempre una fotografía y uno o varios planos. Y en los casos –que hay unos cuantos- de obras que se proyectaron y no llegaron a hacerse, solamente los planos. Escritos iniciales de M.A. Embid, J. Delgado, J.A. Herce Inés y J.R. Martialay Valle. Indice y bibliografía finales. Fundamental para saber dónde, y casi hasta por qué, vivimos.

domingo, 12 de octubre de 2008

Castillos del reino de Toledo



El papel de los castillos en Guadalajara: el asentamiento cristiano


José Luis García de Paz.
Publicado en El Decano, 21 de julio de 2008.



En mayo de 2008 la editorial Aache de Guadalajara publicó “Fortalezas y poder político. Castillos del Reino de Toledo”, de José Santiago Palacios Ontalva, investigador de la Universidad Autónoma de Madrid y buen conocedor de la Orden de Santiago. Sobre ella publicó en 2006 “Fortalezas santiaguistas: la Orden en la ribera del Tajo (siglos XII-XVI)”, en que da cuenta de las situadas entre el Tajuña y el Tajo, rayanas algunas con la actual Guadalajara. La nueva publicación corresponde al periodo histórico comprendido desde el siglo IX hasta la mitad del XIII, y es una refundición de su tesis doctoral, que recibió en la U.A.M. la máxima calificación en septiembre de 2004. Ha contado con una ayuda para la edición de la Consejería de Cultura de la J.C.C.M. Tiene mapas, gráficos e ilustraciones en blanco y negro.


El denso texto es una lectura adecuada para conocedores del tema que deseen profundizar más en la evolución de las fortificaciones de Castilla-La Mancha desde el califato hasta cuando la frontera se alejó tras la conquista del valle del Guadalquivir. Muestra su evolución en un conjunto de territorios históricos que ahora se hallan en divididos en las Comunidades de Madrid y Castilla-La Mancha, más algunas zonas fronterizas, como Plasencia (Cáceres) o Medinaceli (Soria). Otro detalle, para el lector de Guadalajara, es que casi la mitad del libro esta dedicado o tiene relación directa con nuestra provincia, sea por su carácter fronterizo (contra los cristianos del norte o los musulmanes del sur) o como sede de Ordenes militares, con casos señeros en el texto.


En la Historia se señala el papel de los castillos y torres como protectores de la red viaria, especialmente en puntos estratégicos de paso de cordilleras o de ríos. Así que el estudio de la red de castillos vino de la mano del estudio de la caminería, modelada a si vez por la red orográfica e hidrográfica de la Submeseta Sur. En cuanto a Guadalajara el autor menciona el puerto cercano a Galve de Sorbe hacia Ayllón (Segovia), los de Somosierra y Navacerrada (Madrid), hacia los que se dirigían los caminantes desde los valles del Henares, Bornova, Sorbe y Jarama, y el camino hacia Zaragoza, que pasaba custodiado entre Medinaceli y Arcos de Jalón (Soria). Al este de Galve, otro camino pasaba hacia el norte custodiado desde Atienza. Atendiendo a los ríos, los puentes en Guadalajara, Murel (junto a Carrascosa de Tajo) y Zorita son los más importantes, entre los más antiguos, bien entendido que en Madrid compitió en importancia con ellos el paso que hubo primero en Alarilla y, luego, en Fuentidueña de Tajo. Como todos saben, las localidades mencionadas tienen elementos fortificados, a los que se unen los de otras como Uceda, Inesque, Alcorlo, Beleña o Peñahora, al norte del Henares.


El sistema establecido en el califato lo formaron las Medinas (ciudades como Guadalajara o Zorita), Hisn (grandes fortalezas, como lo que menciona las fuentes árabes que hubo en Sopetrán), Qala (castillos, convirtiéndose al-qala en los topónimos Alcalá y Alcolea), bury (torre, que dio lugar a los topónimos Bujarralbal, Bujalaro y Bujalcayado) y Qasr (parador fortificado, dio lugar al topónimo Alcocer, pero también a Casar y Casares). Estructuras menores eran las qubba (cúpula, que dio lugar a Alcubilla o Cubillo). Los nombres citados corresponden a los mencionados por Palacios Ontalva a partir de las fuentes musulmanas contemporáneas. La moderna prospección desde satélite (Google Earth, SIGPAC) está permitiendo descubrir los trazados de fortificaciones que permanecen ahora enterradas. Los centros administrativos en nuestra provincia fueron Racupel (Recópolis), Zorita y Guadalajara. Nótese que el más importante, Medinaceli, pertenece a Soria. A menor nivel estaban Alcolea (no se especifica cual de las actuales) y Sabatrán (Sopetrán), siguiéndoles Atienza, Jadraque, Montarrón, Bujalaro, Bujarrabal, Santamera, Santiuste, Sigüenza, Bujalcayado y Peñahora. Permanecen aún desconocidos los emplazamientos de Binna y Usturis, en Guadalajara. Finalmente, en el tiempo, aparecen junto a las anteriores Uceda, Hita, Riba de Santiuste y Brihuega.


Las estructuras musulmanas de los siglos IX y X suelen caracterizarse por el tapial, frente al mayor uso de la piedra por las cristianas, carecen de torre del homenaje y suelen presentar un albacar (cerca protectora) anexo. Las piedras colocadas a tizón en un muro son características de la época califal.


Tras ser conquistadas, alguna (y valga como ejemplo Zorita) vieron reducido su espacio fortificado, siendo parceladas. En primera instancia, las tropas cristianas sustituyeron a las musulmanas en la defensa y el territorio tomó una estructura organizativa “castral”, alrededor de una ciudad (Guadalajara, Toledo) o un punto fuerte como oppidum (población fuertemente amurallada), castillos, torres y villas. Los territorios se donan a nobles para su defensa, como el caso de la tierra de Alvar Fáñez, desde Hita a Uclés, pasando por Zorita. Aunque no es una estrategia nueva, los cristianos levantan junto a fortalezas imposibles de conquistar los “padrastros” o torres de “mal vecino”. El más famoso es Calatrava la Nueva frente a Salvatierra, siendo ejemplo en la provincia de Guadalajara Castilnovo frente a Molina de Aragón.


La organización del reino de Toledo, de fronteras variables hasta el siglo XIII fue vertebrada usando las fortalezas como soporte de buena parte de las iniciativas repobladoras. El castillo y su término formaron una unidad defensiva y económica para facilitar la colonización del territorio. Además, la tenencia de los castillos (siempre propiedad del rey por “ley natural”) fueron parte de los honores o beneficios concedidos a los nobles mediante pacto feudal, formando parte del entramado de los vínculos feudales y vasalláticos. Sobre la “red castral preexistente” el monarca logró la pacificación y estabilización de las ganancias territoriales logradas mediante su entrega feudal a nobles u obispos. Se crearon las diócesis de Plasencia, Sigüenza o Cuenca, sometidas a la de Toledo. Al siglo siguiente a la conquista de Toledo, aparece un nuevo elemento organizativo y de soberanía, las encomiendas de las Ordenes Militares.


Entre los castillos encomendados a la nobleza en algún momento, el autor encuentra mencionados los de Zorita, Almonacid de Zorita, Guadalajara, Hita, Anguix y Moratilla. Bajo señorío de la iglesia estaban las “Peñas Alcatenas” (Viana de Mondejar), Peralveche, Pareja, Uceda, Riba de Santiuste, Séñigo, Aragosa, Peregrina y Sigüenza. La Orden de Calatrava poseyó Zorita, Almoguera, Moratilla, Anguix y Cogolludo, la de San Juan tuvo a Peñalver (Alhóndiga era villa amurallada) y la de Santiago quedó, lo más cerca, en la Alcarria madrileña. Recordemos que el autor llega en su estudio sólo hasta la mitad del siglo XIII, por lo que el lector puede echar de menos a Alcocer o Cifuentes. Asimismo, Molina de Aragón entonces era un señorío independiente del reino de Toledo, al menos formalmente.


Para el mantenimiento de las fortalezas se dedicaron (establecido por ley) parte de los recursos económicos, de las rentas, del territorio a su alrededor. Las rentas se centralizaban en el castillo y, tras descontar las correspondientes a su arreglo, abastecimiento de agua y comida, y a las soldadas (todas ellos eran la principal carga económica), se distribuían a sus señores y, en su caso, al rey. En rigor, desde la época musulmana parte de las rentas tenían este destino.


La explotación de los recursos naturales (caza, pesca, explotación maderera, apicultura, salinas, minería, agricultura y ganadería) solía tener un castillo cercano (primero protector, luego recaudador), y así Palacios Ontalva menciona las salinas de Imón, Riba de Santiuste, Gormellón (Santamera), Atienza, Peralejos, las vecinas de Medinaceli, Almallá, Peralveche, Saelices de la Sal y Molina. Ontalva indica que, en el reino de Toledo, “la mayor parte de las explotaciones salineras acaben siendo denominadas con el nombre de una fortaleza próxima”. Junto a Sigüenza menciona la extracción de un tipo de asfalto, y muchas fortalezas se benefician de las canteras o las minas de cal cercanas.


En cuanto a los derechos reales, portazgos se cobraban en Zorita, Atienza, Santiuste o La Riba. Y, como no, en los rayanos Fuentidueña de Tajo, Ayllón y Medinaceli. Las fortalezas se hacen responsables del tráfico de mercaderías y el paso de ganado (y de proteger a la Mesta tras su creación real en 1273) por las rutas del reino de Toledo. La Orden de Calatrava cobraba montazgo por el paso de Zorita.


Concluye el autor que, junto a las funciones habitualmente atribuidas a la arquitectura militar de vigilancia y control de la red viaria, el estudio de los castillos del reino de Toledo muestra un aspecto económico y fiscal. Respecto a la vigilancia militar, muchos castillos podían ser rodeados y soslayados, “ni siquiera las más abruptas montañas o los más caudalosos ríos fueron obstáculo insalvable de las comunicaciones”. Y, si no, recordemos la ruta a pie del Arcipreste de Hita, algo posterior en el tiempo. Bien es verdad que también hay ejemplos de cuando los caminos se fueron desviando hacia donde estaban situados los castillos, por los servicios y seguridades que proporcionaban. Pero la pacificación del territorio y el alejamiento de la frontera transformó la red fortificada musulmana en otra más acorde con su carácter fiscal y de control de rentas, llegando a reducir en algunas fortalezas su tamaño para lograr este servicio (presencia militar, control de rentas) con un menor gasto en mantenimiento. Por ello, se abandonaron algunos enclaves por otros cercanos pero mejor adaptados.


Se pasó de una relación estrecha entre fortificación y frontera, de punta de lanza en la expansión de Castilla, en el siglo X y XI, a otro de consolidación y articulación del reino. El señorío real era propietario de fortalezas y castillos, pudiendo disponer de ellos para entregarlos y recuperarlos de la nobleza o la iglesia a voluntad. Ciertamente, la recuperación no siempre era fácil, pero los castillos fueron una herramienta del rey para construir fidelidades y clientelas. Los castillos (con las poblaciones y recursos dependientes de ellos) fueron núcleos que estructuraron de la red señorial del reino, pasando a ser un factor decisivo en la explotación de sus territorios.


Finaliza este libro con una abundante y excelente bibliografía hasta 2004. Sólo tengo un detalle negativo, para mí, en este texto altamente recomendable. Y es la pequeñez de las letras en los mapas que se incluyen en el texto.

domingo, 5 de octubre de 2008

Una nueva tarea de José Labrador Herraiz


El Thesoro de Varias Poesias



El profesor emérito José Labrador Herraiz, que es de Cifuentes y por eso aparece en este blog, junto con el profesor Ralph A. diFranco, han visto recientemente editada su monumental obra que es recogida de los versos perdidos de un clásico desconocido, Pedro de Padilla. Ha sido editada por el Frente de Afirmación Hispanista, que tiene su sede en México, ahora en 2008, y es una gozada leer, no solo el estudio previo de los dos profesores, y el prólogo de Aurelio Valladares, sino las poesías de Pedro de Padilla, genial por lo bueno, y asombroso por lo desconocido.
¿Algo de Padilla? Mucho amor clásico por sus páginas, mucha deidad incorpórea, mucha España gloriosa, y mucha amenidad junto a los ríos. Un verso que así empieza (uno entre miles):

El mismo Amor que me forçó a quereros
manda que os dexe para no cansaros,
y con saber que está mi vida en veros
me ausento de la gloria de miraros.


Un aplauso merecido al cifontino Labrador, hoy ya emérito de sus cátedras en USA y retirado felizmente, sosegadamente, en una aldea gallega. Un libro que nos ha llegado, y al que (oh, nada es perfecto) se le ha negado la vida de libro: los impresores no le han pedido ISBN y está huérfano de tal número. En la lista universal de libros, simplemente, no existe. ¡Una lástima!